viernes, 30 de diciembre de 2011

viernes, 16 de diciembre de 2011

Recomenzando a escribir

 Hace tanto pero tanto tiempo que no escribo que me siento como una verdadera infiel a la disciplina que me hac'ia tanto bien: la de dejar en evdidencia los acontecimientos del viaje y m'as importante aun: de mis sentimientos, de mi sensaci'on. Como llevar el tiempo atr'as no puedo, hoy me siento y dejando a mi orgullo a un  lado haciendo mala cara por no aceptarle un d'ia m'as de disculpa para volver a escribir, como no es tarde porque estoy viva, hoy comienzo de nuevo.

A punto de salir de Brasil, tengo una una cosa muy importante que anunciar, hoy desde el mism'isimo Rio de Janeiro: Ya casi me voy de Brasile pero pronto volver'e. No quiero decir que nac'i en el lugar errado, que deb'i nacer en Brasil, aunque debo aceptar que lo he dicho. Soy colombiana de pura cepa y eso es innegable. Aun as'i, respondo al llamado que mi pap'a me hizo cuando era muy chiquita: ojal'a vayas a Brasil: te va a encantar por que por tu frescura pareces brasilera.

Doy cuenta del cambio en mi. Sin tener que ir muy lejos, por ejemplo, la eterna sed de la competencia se me ve reducida, condici'on que evidencio al ver que hoy en d'ia me doy m'as permiso: de dormir hasta tarde, de tener momentos de ocio, de entender mejor los altibajos de estar vivo.

Por dar un ejemplo de esta 'ultima caracter'istica de entendimiento de los altibajos, explico un cambio que aunque aun trabajo, estoy cada vez m'as cerca de conseguirlo. Mientras me rechazaba en voz alta por culparme de no lograr cerrar el bot'on de una pantaloneta al decir tener exceso de peso, me di cuenta de la falla de mi comentario al mencionar: " que cosa horrible, c'omo me he engordado" con tal repulsi'on como me acostumbr'e a hacerlo durante varios años de mi vida.

Me doy cuenta que no estoy logrando otra cosa diferente a perderme de aprovechar del cuerpo que tengo en el momento. Independientemente de que sea o no cierto lo que que estoy diciendo con rabia, al rechazarme, suprimo el poder de aprovechar lo que tengo en el momento.  Acompannando las palabras de desprecio, cubro mi cuerpo con ropas que se que no me favorecen, que me ocultan, que le transmiten al mundo: "Aqu'i no hay nada para ver" y aun peor "no disfruto de lo que soy porque no lo acepto". Si en lugar de hacer esto, me abrazo y acepto mi cuerpo, logro hacer lo m'as sabio: aprovechar lo que tengo. Varias veces ha sido logrado y aunque pueda sonar hasta rid'iculo para algunos, otros lo entender'an porque en cada quien la inconformidad de si mismo se evidencia de distintas maneras.... esta es una de las que trabajo para mi misma.

La ensennanza que me queda es que de nada nos sirve la reciriminaci'on de algo que en ese momento no puede cambiar. No la aprovechamos y la oportunidad paso, sin poder regresar.

Cuatro d'ias en Rio de Janeiro, contando con hoy. Vengo de bailar samba al mejor estilo callejero: como Dios manda, con multitud de personas a quienes no les interesa si mi "swing" es o no el correcto.

Quiero terminar este escrito solo diciendo que ni la inspiraci'on y mucho menos las ganas de compartir lo que siento, lo que vi y lo que soy, se han acabado. Por el contrario: me siento m'as pr'oxima (aunque todav'ia est'e lejos) de cumplir con el objetivo que tengo en este cuerpo: aprender a amar. A pocos d'ias de Navidad, el coraz'on se me llena de sentimientos encontrados. Sigo pensando que la navidad deber'ia ser aprovechada como la disculpa perfecta para decirle a todas las personas que qeremos lo mucho que las queremos, aunque suene redundante.

Ojal'a los regalos comprados desaparecieran en Navidad. Ojal'a las personas fueramos cap'aces de regalarnos unos a otros tiempo para compartir o al menos amor de verdad. Aun as'i, tal como dice me record'o mi amigo Rodrigo en estos d'ias: si estamos esperando a Navidad para decirnos los unos a los otros cuanto nos amamos y los dem'as d'ias del anno nos dedicamos a no hacerlo, estamos jodidos. Los regalos son para darlos en cualquier momento del anno... el significado debe cambiar

Me voy por ahora queriendo mandar este mensaje que queda escrito de corrido, el cual no pretende m'as que darme un empuj'on nuevo para recomenzar.

martes, 15 de noviembre de 2011

Persuadida por una Iglesia Cristiana


Un desafinado instrumento de viento llamó mi atención anoche cuando tranquila daba un paseo en bicicleta. No sé el nombre, solo sé que era soplado por alguien que no conseguía liderar adecuadamente la melodía de los otros varios instrumentos y voces que lo acompañaban. Para hacer peor la situación, era el instrumento principal. Puede que no me haya sido dado el don de tener una voz melodiosa, sensación en un Karaoke, lo que sé es que bueno oído tengo, ese si me fue dado, afortunadamente prudencia también para no estar haciendo mala cara a quien está desafinado. Hay quienes han sufrido de mi comentario "Oye, estás desafinado" el cual suelto cuando ya la copa está rebosada, cuando las horas de canto sobre pasaron mi paciencia. Cuando mis dientes empiezan a rechinar y comienzo a querer tapar mis oídos como lo hago al escuchar el fastidioso sonido de inflar las llantas de mi bicicleta o el de todos los sonidos con los que los dentistas viven a diario en su trabajo; a veces de verdad mis oídos no aguantan más: o me voy o no sobrevivo.

El sonar desafinado del instrumento de viento venía de un local al fondo de la calle. Debía ser una Iglesia cristiana, evangélica o de algún tipo como todas las que hay en Caravelas. Mal contadas he pasado en frente de 10 locales diferentes, de las cuales me he animado a entrar a dos: la del instrumento desafinado y una evangelista en la que la gente palmeaba los hombros de unos y otros con ojos cerrados y una fe inmensa. Creo que cuando hay un llamado a entrar en algún lugar o en general actuar de alguna forma, hay que acudir al sexto sentido; si después de pasar por este que yo llamo "filtro máximo de verdad" la voluntad continua, hay que hacer caso. El problema por lo menos en mi caso es cuando actúo desactivando ese sexto sentido, situación en la que recuerdo a mi última jefa en Colombia cuando irónicamente decía: "El sexto sentido fue el peor repartido y más mal administrado" al celebrar alguna burrada que alguien distinto a ella hizo.

En efecto era una Iglesia Cristiana. Me acordé del retorcer de cara que hacen las personas que he conocido en Caravelas cuando hablo de querer entrar a una iglesia. Aunque no sea representativa mi muestra (hablando como científica), concluyo "a vuelo de pájaro" que las personas de clase social más alta, identificables por ser más blancos y tener mayores intereses en las actividades de buceo e afines, tienen menor interés en asistir a algún tipo de culto religioso, pues hallan que es pérdida de tiempo. Por el contrario, las personas de clase más baja, usualmente de piel más oscura e intereses más básicos, son más devotas y es más común hallarlos en una de las tantas iglesias.

Yo, con mi querer ser ni de un tipo ni de otro de los descritos anteriormente, decido acercarme a la iglesia y deleitarme desde afuera por respeto, porque los hombres están de vestido de paño a pesar del calor y las mujeres están todas bien vestidas hasta de pañuelo blanco bordado en la cabeza. Recostada en la bicicleta que me prestó mi amigo Mitchel, de pantaloneta corta y comiendo pitanga madura que bajé de un árbol al salir del trabajo, me limito a recibir lo que veo, escucho y siento.

De repente un hombre se me acerca y entregándome un libro pequeño que no es la Biblia me invita a entrar. Le devuelvo una sonrisa mayor a la que me dio aceptando su ofrecimiento, no sin antes recordarle que no podré demorarme mucho (no es verdad pero hago la aclaración para que si me paro y me voy no vaya a parecer descortés). Entro por detrás y una mujer se acerca a mí, me toma delicadamente de la mano y me lleva a sentarme junto a ella y las demás mujeres y niñas. Intento jalarme lo que más puedo la pantaloneta consiguiendo bajarla máximo un centímetro creo, no vaya a ser que alguien me expulse por impura, quien sabe. La mujer abre el libro que me dio el señor que me invitó en la página que están siguiendo y con una sonrisa adicional siento la tranquilidad y por un momento me siento en familia, me siento muy a salvo.

El padre desde su andamio lleva un libro como el que tengo en una mano y una batuta en la otra, con certeza es director de orquesta antes que Padre pues tiene los ojos de 22 músicos listos para comenzar una siguiente canción. Al lado derecho de los músicos, hombres sin instrumentos musicales y sin pañuelo blanco en la cabeza. Al lado izquierdo, mujeres y niñas con pañuelo blanco en la cabeza; imagino que lo del pañuelo será por lo puras que deben ser o que deberían ser las mujeres y por lo impuros que son los hombres... solo sospecho que es así y claro con mis teorías sobre igualdad entre hombres y mujeres, el hecho me causa cierto escozor.

Justo antes de comenzar una siguiente canción, algunos hombres y mujeres, lanzan en voz alta una súplica, agradecen a Jesús, alaban a Dios. Me parece bonito. No lo hago porque no siento la necesidad de hacerlo en voz alta, más no me incomoda. Por el contrario me parece bonito que la gente lo haga sin pena. De repente comienza a sonar el instrumento de viento cuya melodía desafinada me llevó a estar sentada ahí. Es un hecho, el hombre bajo, de piel oscura y lentes gruesos, toca con pasión y sin afinación. Puede que no sea mal de oído, solo un instrumento que fácilmente puede pasar de 100 años y poco mantenimiento, me parece, y así salvo de cualquier juzgamiento al señor que toca con tanta pasión. Al ritmo de la batuta, los demás instrumentos comienzan a sonar y poco a poco entran las voces de hombre y mujeres. Hace mucho no estaba rodeada por tanta energía musical. Los pulmones de cantantes e instrumentistas daban todo de si levantando una melodía en común. Qué lindo, que gratificante a pesar de los y las desafinadas. El padre dice que es obra de Jesús el volumen que logran. Si es así, algunos de tantos otros coros que he asistido deberían convertirse al Cristianismo para ver si cantan con esa pasión, no como adolescentes sufriendo de vergüenza.

Imaginé por un momento la cara de dolor que tendrían personas de oídos prodigiosos en ese momento. Vino a mi mente la imagen de mi mamá y mi ex novio Julián a quienes siempre alagué por el oído que les fue dado. Yo por mi parte, como tengo buen oído más no prodigioso, y como mi interés era de tipo espiritual y antropológico, me deleité con el momento, sabiendo que como fuera, hoy día festivo en Brasil, estaría sentada en frente a un computador escribiendo lo que viví.

Mi tiempo en la iglesia acabó cuando después de una hora, parecía no haber fin. Los ojos de las niñas enfrente mío me mantuvieron más de la cuenta pues varias canciones las miré queriendo percibir qué estarían pensando, cómo sería su vida en los años que vienen. Aproveché hasta el cansancio mirarlas, ya que diferente a como nos pasa como adultos, los niños no se incomodan cuando una persona los mira, por el contrario, buscan hacer más y más cosas para mantener la atención viva, para mantener el vínculo, la fuente de comunicación. Me levanté, agradecí, entregué el pañuelo con el libro y me fui.

Me queda una sensación agradable de haber entrado. Mejor ni le cuento a las personas que conozco en Caravelas sobre esta experiencia, me la guardo como un regalo para ser compartida de esta manera, escribiendo para quien quiera la lea. De esta manera en unos años me sentaré a leer para sentir como fue el momento en el que una noche cualquiera en mi tiempo en Brasil, en Caravelas, fui seducida por un instrumento que a pesar de ser desafinado me llevó a vivir un momento que me hizo sentirme viva una vez más.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Tierra a la vista!

Grito "Tierra a la vista!!!" no porque vaya a contar una historia maravillosa de haber encontrado una nueva isla aunque hasta podría ser cierto. Así como ayer terminé en medio de un grupo de ambiciosos buzos que eufóricos hacen planes para encontrar un próximo submarino enterrado en el fondo del mar en la zona, yo por qué no podría estar encontrando una nueva isla?

Bajándome de la nube, cuento porqué grité "tierra a la vista!"... porque diferente a encontrar una isla, fui encontrada y traída de vuelta a tierra, casi jalada de una oreja. Procurando no saltarme más capítulos de viaje, cuento la historia de la llegada de vuelta a tierra firme a la que nos acercamos con prisa, dejando atrás el sueño de haber vivido en el Archipiélago de Abrolhos por 45 días.

Mi papá fue quien me hizo caer en cuenta de un pequeño detalle cronológico en el blog: dejé a un lado cómo fue volver al mundo real después de todo ese tiempo en el mar. Que como me siento? en un palabra, afortunada. En dos palabras: afortunada y perdida. En tres palabras Afortunada, perdida y agradecida. y en 15 palabras: Soy afortunada y aunque estoy perdida, tengo responsabilidad de compartir la experiencia, que agradecida estoy.

Cambiar el mar claro, lleno de peces, por un mar oscuro en el que mi mano no la alcanzo a ver a no más de 10 centímetros, es un cambio. Gente por montón gozando de la playa a su manera, hombres con música en el celular, cerveza en una mano, gafas siempre negras para despistar a las chicas que cazarán, diferente de Abrolhos, donde los turistas llegaban para permanecer poco, para dar un vistazo a la gran diversidad marina, a un hermoso atardecer y a ir de vuelta, es diferente.

Desde bien temprano, la última mañana en la isla, comenzamos a empacar lo que hacía falta. Como es habitual en mí, faltaba encontrar lo menos valioso en precio, más valioso en contenido: la cámara desechable subacuática que unas alemanas me regalaron. De ella (y la personifico por el gran amor que le tengo) no me despegué hasta el día antes de partir, momento en el que usualmente se pierden las cosas. Tal como decimos en Colombia: "En la puerta del horno, se quema el pan". Mi pan, después de haber sido bien amasado, consentido y cuidado estaba por quemarse: mi cámara, después de haberme acompañado en tantas aventuras subacuáticas y siendo usada solo en los momentos MÁS importantes cuando el tiburón limón daba su mejor sonrisa, o la tortuga verde mordía mi aleta, estaba por refundirse. Sin poder encontrarla, empaqué y desempaqué dos veces más. Le eché la culpa a los duendes, siempre se llevan las cosas (o al menos eso pensamos con Claris), momentos en los cuales les dije en voz alta: "Quiubo a ver duendes, devolviéndome mi cámara ahora!".

Bueno pero como es bien sabido por mí y por otras personas olvidadizas, apenas uno deja de buscar las cosas, los duendes las devuelven y aparecen en los lugares más extraños: en el lugar donde un día antes fueron dejadas. Por eso no me gusta organizar tanto. Cuando guardo un tesoro para que no se me pierda, queda tan bien escondido que la probabilidad de encontrarlo cuando la necesito es casi cero.

Supuse que la cámara pasaría a un mundo mejor, me despedí de ella y comencé a llevar todo el equipamiento al barco que nos esperaba. Atrás quedaban mis compañeros marineros con quienes últimamente casi ni hablé. Las ocasiones para hablar con ellos era más que todo en los "churrascos nocturnos" a los que nos invitaban para charlar un rato o como ellos dicen: "a bater papo!!!". La verdad es que cuando estaba con Clari, hacerme la loca y lograr escurrirme de una situación incómoda ante sus insinuaciones era más fácil. Por esto últimamente acostumbré a llegar temprano cuando el alcohol todavía no había infestado sus neuronas y despedirme cual Cenicienta, antes de la media noche, no fuera a ser que el encanto se me perdiera al tener que darle alguno un patadón después de haberle explicado gentilmente que no me interesaba el tipo de interacción que proponían.

Mi gran faro francés de 150 años se quedó allá atrás al fondo, todo lleno de líneas y alto como lo conocí. Hoy se despidió diferente a como me saludó hace 45 días: esa vez, una tarde de llovizna, parecía orquestar con su luz el arcoíris que se alzaba de un extremo al otro, todo lleno de aves, todo lleno de luz. Hoy mi faro me hizo una última despedida antes de que el resto de la isla estuviera en pie: a las 5:30 am, todos los elementos estaban en el cielo para que mi foto saliera perfecta, para que el rojo del amanecer con las aves y su luz intermitente quedaran retratadas en ese momento que era solo para mí, o al menos así lo sentí. Más tarde, con todos los moradores en movimiento, mi faro se despidió triste, apagado, con el cielo lleno de nubes, casi con una expresión gris. Ni las tortugas ni las ballenas salieron como acostumbraban a hacer todos los días, todas hicieron como yo prefiero hacer cuando una persona que quiero se va: no haciendo presencia en ese último momento para no aguar los momentos vividos.

Sumergiéndome por una última vez en el mar que me enamoró me despedí jurando una vez más construir lo mucho o poco que me quede de vida cerca de él. El gusto excesivamente salado, como ningún otro mar en el que estuve, me lo llevo después de tantas limpiezas de nariz, estómago y tripas. Me voy admirando todas las sorpresas que se guarda: bichos de todas las formas, colores, movimientos y texturas. Que Dios no existe? jajá me rio. Tiburones limón, rayas, morenas, ballenas, delfines, tortugas, pez cirujano, pez sargento, pez papagayo, corales, etc., etc., solo por nombrar algunos.

Como era de esperarse, para los demás tripulantes del barco, ver una vez más ese mar o no verlo daba igual. Durmieron todos, excepto el que manejaba y yo. Le hablé para mantenerlo despierto mientras mi querido Abrolhos se hacía atrás cada vez más chiquito, perdido en el horizonte. Mientras tanto el mar fue cambiando de color, el azul profundo se fue convirtiendo en marrón.

Desembarcamos y no hablé más. Mi expresión creo que lo dijo todo cuando uno de los compañeros me preguntó que si me hace falta María Clara. Dije si para no tener que explicar qué más pasaba por mi mente. Volver significa entrar de nuevo en el sistema significa volver a usar zapatos, llevar algo de dinero, buscar donde dormir, ver personas que vienen y van en sus motos, sus carros o bicicletas. Lauro mi amigo que trabaja en el parque conmigo me ayudó a ubicarme. Le pedí que me disculpe por lo aburrida que estaba. Tengo miedo de volver a la realidad. Aunque como bien me dijo Cesar mi jefe del trabajo con Aves, vuelvo a estar feliz porque respiro el aire de libertad. Libertad porque puedo estar acá sentada en frente del computador sin alguien estar cuestionándome lo que hago como pasaba en la isla, aunque el precio que hay que pagar sea el miedo de la incertidumbre.

Tal como les dije a mis amigos con quienes hablé hoy aprovechando el mejoramiento de internet al estar en tierra: Estoy atenta a las señales que el universo me quiera dar. El paso a seguir es incierto, sobre todo porque ahora mi permanencia en este lugar y seguir trabajando depende de otros. Aunque hoy fue un día difícil a nivel emocional (eso que lo diga Claris quien desde el otro extremo de skype me escuchó llorar) sé que mi almohada me aclarará cual es el siguiente paso. Camino dando un paso y después otro, si haciéndolo así me caigo, para eso tengo las manos, para pararme de nuevo.

Último dato curioso: los duendes devolvieron mi cámara: estaba escondida bien envuelta entre una camiseta que juro haber revisado mil veces antes de salir :)

domingo, 13 de noviembre de 2011

Unas por otras

Domingo en frente al computador no va conmigo sin embargo aquí estoy, refugiada en el mundo de lo que no exige ningún tipo de esfuerzo, en frente de este aparato inerte que casi como yo estoy hoy, se limita a estar ahí. Hoy lo que escribo se llama "Unas por otras" porque siempre una elección trae consecuencias. Mi elección de estar esta semana en Caravelas no ha sido fácil. Caravelas (como lo veo hoy) es como un pueblo pequeño a orillas del mar Caribe Colombiano: pocas personas, pocas cosas para hacer, gente viviendo en familia, hombres que gustan de mujeres extranjeras, mar mucho mar con playas no tan bonitas.

Porqué sigo aquí? por la oportunidad de trabajar con Conservación Internacional, ONG muy reconocida por sus proyectos en conservación ambiental. "Haciendo hoja de vida" se llama lo que hago ahora. Me confunde eso de estar "haciendo hoja de vida", me desconcierta pensar que es esa la razón por la cual me quedo en este lugar. También es cierto que así como las mujeres sufren de depresión post-parto al tener un hijo, ahora sufro de "depresión post-íslica" término que no existe en un diccionario pero que oficialmente existe desde hoy en mi diccionario, al describir lo que me pasa HOY, después de haber vivido y trabajado en una isla durante 45 días y estar de vuelta en el mundo real. Ya lo había vivido antes, no me acordaba que me diera tan duro.

El sentirme regular es resultado de la dificultad de administrar la soledad, creo. Tienen razón quienes dicen "No estás sola" y se a que se refieren. Yo me refiero a soledad de "compinchería", de confidente, de parcería, de amistad real. Por ratos es una maravilla, como estado casi constante, no me gusta. Estoy libre de hacer lo que quiero pues tengo bicicleta prestada, algo de dinero por TODO el ahorro que he vivido en este tiempo y aun así, el ánimo no me alcanza para salir, no por ahora. La cabeza es compleja, las emociones más, la mezcla de la cabeza y emociones una batalla... cómo llegar a un punto medio.

Bueno, adicionalmente estoy una vez más "namorando", a lo que nosotros llamamos en Colombia, al hecho de estar "saliendo con alguien". Lo único es que ese alguien no es para mí, razones que prefiero no discutir en este escrito. Por esta razón y porque mi intención se vuelve tan ansiosa de querer estar con él, que ya no quiero estar más... al menos por hoy... Pienso entonces en que mi lucha tiene de raíz aquello que la protagonista del libro "Comer, Rezar y Amar" y Julia Roberts en el filme del mismo libro dicen:

- Necesito no tener otra persona que me ame para llenarme de razones para amarme.

La frase me quedó plasmada y la quiero para ser aplicada en mi vida, en mi día a día: quiero no necesitar que alguien más me admire por fuera y por dentro, me trate bien, me haga sentir especial, etc., etc., para ENTONCES yo justificar el amarme. Quiero no necesitar tener aprobación de alguien más para tener luz verde para amarme, quiero que MIS justificaciones me sean suficientes.


Qué error en el que caemos: Tal como lo hacen los pajaritos en plena lluvia al estar buscando lugares para protejerse, buscamos "paraguas" (parachuva en português) para estar mientras escampa, muchas veces sin ser conscientes de estar siendo o no AUTÉNTICOS con lo que nuestro ser pide a gritos: De esta forma, mientras estamos cómodos en una situación, ALGUIEN MÁS se encarga de nuestro estado emocional: una pareja, un trabajo, los amigos, el dinero, la religión, el psicólogo, el cigarrillo, el alcohol, la comida, etc...

De esta manera, vamos saltando de "paraguas" en "paraguas". Cuando los paraguas se rompen o no los vemos y sigue lloviendo, no nos queda nada más por hacer diferente a rendirnos. El rendirse no es bien visto en nuestra sociedad: estar en la lucha es lo que vale. Así como en el mismo libro "Comer, rezar y amar", cuando la protagonista se rinde al estar "sin un paraguas" es cuando termina de rodillas en el suelo, entregada al llanto. Ella decide entregar todo. La entrega la hace a Dios. Está "tercerizando" la responsabilidad aunque finalmente es su forma de tocar fondo, la mía también es. Igual como hice el 20 de Diciembre del año pasado cuando mi vida tenía que sufrir un cambio, pues el miedo no podía seguir siendo el protagonista después de 4 años de serlo: me recogí varias noches pidiendo una respuesta, entregando lo que estaba sintiendo pues lo que estaba a mi alcance estaba ya todo hecho.


Fue entonces cuando el día 26 de Diciembre del 2010, me desperté con una idea que no esperé tener pero que con certeza cambió mi vida: pude ver escrito en mi cabeza: "América del Sur". Pasó por mi cabeza la imagen de mi misma con morral caminando kilómetros por una avenida gigante, con la suela de las botas acabada, con una sonrisa de estar caminando el camino. En mi imagen venía detrás otra persona, era María Clara. Abrí los ojos y la llamé: Claris? en Febrero comenzamos a mochilear por América del Sur? Sin dudarlo dijo sí.

Ahora cómo lo contaría a mis papás? cómo renunciaría a mis trabajos? cómo dejaría a mi Crayola (mi perra)? Cómo me privaría de estar con mi familia y amigos? Cómo dejaría a mis papás con quienes en ese tiempo habíamos creado una relación desequilibrada por la partida de mi hermana? cómo conseguiría estar una semana por fuera si llevaba 4 años con miedo de pasar más de una noche fuera de casa? algo podría pasarme, la muerte podría venir.... Mi consuelo: cuando es la hora de morir, es la hora. Alojados en el miedo no vamos a llamarla más rápido ni lograr permanecer más tiempo en vida en el cuerpo en el que estamos ahora: la hora es cuando DEBE ser, no antes ni después.

Desde ese día, comencé a respirar diferente. Mis poros, uno a uno, comenzaron a despojarse de ese miedo que los tenía tapados. Las alas de las que ya hablé en otro escrito empezaron a perder su gris característico de ese tiempo de hibernación. No quiere decir que en esos años no aprendí nada, de hecho aprendí más que nunca antes, tema que tocaré en otro escrito. Volviendo al título "Unas por otras" al salir de casa estaría venciendo el miedo, sería un proceso de romper un muro gigante.

Me pregunté si estaría huyendo. Mi respuesta fue y lo es para todos los cambios en la vida: lo importante es que esa energía de huir se transforme en el hecho de cerrar. "Cerrar" diferente de "huir" significa que a pesar de querer salir corriendo, se tiene PACIENCIA para no hacerlo y así, todo de lo que queremos huir elegimos despedirlo. He huido de personas, de situaciones de puertas que se abren... En ese momento supe que huir no sería mi estrategia. Cerraría como hacemos las personas grandes, o bueno las que queremos ser grandes no por la edad edad sino por el espíritu. Sabía de antemano que habría momentos como este en los que tendría ganas de empacar mi mochila y salir corriendo, seguir mi camino huyendo de una situación que POR ALGO estoy viviendo.

Por eso este escrito me da el espacio para compartir que hoy vuelvo a aceptar que no hay CASUALIDADES sino más bien CAUSALIDADES. Hoy mi causa es estar aquí, es hacerme cargo de las posibilidades que en este momento tengo en las manos. Si me quiero ir lo voy a hacer con conocimiento de causa, habiendo cerrado lo que dejé abierto conmigo... bueno de salir también quisiera cerrar la relación amorfa y abstracta, libre y a término fija que comencé con este amigo con quien salgo ahora....

Aun así, tengo planes con Claris. Después de casi un mes separadas, ella va a volver esta semana para trabajar juntas en Caravelas y para luego seguir viajando, ese es el plan. Me da miedo su regreso porque no quiero volcar mi atención en ella desde la energía de CARENCIA que siento tener en este instante. No quiero volcar mi atención en ella para que entre a llenar un espacio que yo ahora estoy queriendo llenar sin conseguirlo del todo. Quiero que nos apoyemos, de hecho en este momento no quiero seguir viajando sola, eso sí que lo sé... y no quiero seguir viajando con cualquiera, quiero que sea con ella como desde un principio lo fue.

Siendo así, sigo asumiendo que todo funciona bajo el dicho “Unas por otras”. Me quedo acá acudiendo a lo más lindo y desconocido de mi ser para buscar reestablecer el equilibrio emocional que en estos días he perdido. Como todos los días, agradezco a Dios, reconociendo su existencia como esa fuerza creadora y sabia. Al mirar hacia adentro también lo estoy buscando, al estar al tanto en cada momento, al buscar que el MIEDO se reemplaza por AMOR solo cuando es aceptado. No es una cuestión religiosa, es una cuestión energética en la que cada día creo más.

Por lo menos por hoy decido no culparme por ser frágil, por no aprovechar al máximo (aparentemente) todo lo que se me presenta, por ser humana… recuerdo la idea que leí un día: La mejor forma de no culparnos es reconociendo que en el momento que hicimos o dejamos de hacer eso por lo cual nos culpamos, hicimos lo que mejor pudimos hacer en ESE momento... teniendo las herramientas que tuvimos en ESE momento. Tal vez si la situación se nos presenta ahora que nos sentimos culpables, actuaríamos igual, o tal vez diferente, quien sabe; la situación se tendría que presentar para saberlo... hoy somos diferentes a ayer, manana diferentes a hoy... escribo y consigo respirar...

Respiro y consigo entender... entiendo y consigo asumir la responsabilidad... asumo la responsabilidad y recibo las situaciones como son... Le pongo felicidad al momento, así recibo lo mejor.

domingo, 6 de noviembre de 2011

El acordionista que por una tarde robó mi corazón

Ni la mosca parada en su frente, ni la mujer desde la cocina pidiéndole bajar un poco volumen, evitaban que Gerardo dejara de lograr las canciones más lindas del mundo con su acordeón. Tanto era el amor con el que este hombre abría y cerraba su instrumento que Lauro y yo desde la distancia no tuvimos otra opción que desviar nuestro camino para entrar en esta humilde casa donde Gerardo, desde que entramos hasta que la mosca despegó de su cabeza para volar, se paró una sola vez para traer un par de sillas, para acompañarlo en su tarde de domingo.

Cuando menos nos dimos cuenta, el yerno ya estaba cortando unos cocos para refrescar la tarde musical, la esposa nos dio a probar dulce de cajú hecho por ella misma y hasta la nieta nos ofrecía la pandereta para demostrar nuestros dotes musicales. Con todos los sentidos puestos recibiendo el instante, fui interrumpida por Lauro cuando dice: "Creo que están haciendo una fiesta, es mejor irnos antes que no podamos salir". Miré a mi alrededor y era cierto: de la nada y después de llegar cuando Gerardo era acompañado solo con la mosca en su cabeza, su instrumento algunas gallinas y la olla de barro con la cena hirviendo, pasamos a ser varias personas de diferentes edades y vínculos mientras Lauro con sus ojos expresivos, callado desde su silla y yo estábamos perdidos en el momento con dulce de cajú en una mano, coco en la otra.

Liberé mis manos para acompañar al gran acordeonista con la pandereta cuando la misma había sido tocada horriblemente al lado del majestuoso acordeón dos canciones atrás: de hacerlo mal, no podría hacerlo peor que los anteriores, pensé. Creo que lo hice mejor; al menos la gente me miraba con cara de estar aprobando mi ritmo, supongo que habrían tenido caras largas si con la pandereta hubiese logrado ser todo un "anti-ritmo".

Entre canción y canción hubo solo un sorbo de café y una sonrisa. Con las uñas de trabajador de campo, el pantalón roto y el semblante típico de su ochenta y pocos años, respiraba amor talentoso por su acordeón. La única interrupción en adelante fue cuando su mujer pidió encarecidamente para él, dejar de tocar para conseguir escuchar la llamada a larga distancia. En este tiempo, solo acariciaba su instrumento mientras nos contaba que era nuevo y que no se arrepentía de haberlo comprado después de haber vendido el antiguo. Me sentí muy contenta al entender todo lo que decía: después de todo según la experiencia que he tenido aprendiendo idiomas diferentes a español, es que el mayor reto es entender lo que habla una persona de edad y que moró toda su vida en frente al mar. La falla: que él entendiera todo lo que yo decía. El acento se compone, ya verán...

La fiesta no duró mucho, no porque el acordeonista o el acordeón se hubieran cansado. Lauro y yo debíamos partir. Así es como después de un día de sentirme un poco desubicada, de vuelta en tierra, el gran acordeonista me recuerda que una de las 100 cosas para hacer antes de morir (escritas en mi diario de viaje) consiste en aprender a tocar acordeón. Gerardo se va a encargar de enseñarme, vamos a ver cuanto logro aprender. Que sea con Gerardo mis primeros pinitos respirar el arte de tocar el acordeón es más que todo la excusa perfecta para deleitarme de sentir la energía de este ser que pierde toda noción cuando hacer lo que ama.

La foto me la quedo debiendo, se la quedo debiendo a este escrito. Preciso cuando más la necesité no la tuve. No se que me pasa con eso de compartir fotos en mi blog. Es tan lindo ver blogs escritos por otras personas con fotos intercaladas con el escrito y me sentí tan feliz la vez que haciendo referencia de mi en un blog salí en unas fotos... creo que siento tener que describir mejor las cosas cuando no hay foto... voy a empezar a poner. Mañana comienza otro ciclo de trabajo, ahora en Caravelas, amanecerá y veremos. Ahora si a trabajar en lo que tengo que trabajar!!! El informe para cerrar el trabajo de Parque Nacional Marinho dos Abrolhos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Teoría: Nacemos con alas que son podadas, crecen, cambian.

Dispuesta para salir de casa e ir al mar siguiendo el consejo de RESPIRAR para tranquilizarme, me encuentro en la puerta con mi jefe actual, el admirable y estricto Cesar: “traje trabajo para ti” dice en portugués. Qué excusa daría para escaparme? Mientras pensaba sin hallar salida alguna para recuperar la paz, él va volteando la bolsa gigante sobre la mesa cubierta por la sábana, cuadrada perfectamente, como él, absolutamente cuadriculado en su actuar. Estruendo metálico inunda el espacio mientras caen unas sobre otras, imagino más de 100 ratoneras.

Ponerme esta labor sería como meterme en un cubículo lleno de papeles sin ventana y en frente a un computador, pensé… Solo esto me faltaba. Mentira, aunque no afin con el no querer matar ningún tipo de bicho, prefiero esta actividad que la del cubículo, así que manos a la obra! Sin saber alistar las agresivas gillotinas de las que tanto me reí en las caricaturas, ahora en vivo, en el plano real, perdieron toda gracia. Les doy vueltas curiosa, imagino mi dedo atrapado si por despistada activo una, imagino la cabeza del ratón… es cruel pero como ecóloga pensante y no solo aficionada, debieron pensar qué hacer con el problemita de los barcos distribuyendo ratones por todos lados. Gran danno que hacen sobre todo en islas. Aunque mi compannero radicalmente vegetariano no concorda con llegar a esta estrategia en un parque nacional, yo sigo en con mi idea y siguiendo curiosa la labor pienso “Alguien tiene que hacer el trabajo sucio”. Después de haber limpiado de pies a cabeza el banno de la casa que es casi del tamaño de nuestro cuarto y después de voltear la pila de residuos orgánicos, este sería un trabajo aunque de otro tipo, “sucio” igual.

Ideándome la forma de hacerlo “a mi manera”, como usualmente lo hago, me encontré de nuevo con la razón que me quería llevar a respirar a la orilla del mar hace unos minutos: Cesar dice que así como lo hago no se puede hacer. Trato de defenderme, me rindo, sabiendo que llegaremos al mismo punto, a hacer las cosas “como deben ser hechas”. Aunque el resultado no se ve afectado por mi toque a mi manera, el deseo de ellos de que las cosas solo se pueden hacer de una única manera, atropella mi creatividad, chocando aunque muy levemente mis alas de libertad.

Aquí es donde va mi teoría: Nacemos con unas alas que se van modificando por nuestra genética, por la sociedad en la que nacemos, por la vida que llevamos. Los mayores alrededor nuestro, van “podando” esas alas siguiendo la forma como lo hicieron con ellos u opuesto a la forma como lo hicieron con ellos, como les parece que es más adecuado. En el colegio nos encontramos con ninnitos con alas de todas las formas, colores y cortes. Los mayores siguen podando nuestras alas cada vez exigiendo más, queriendo que las alas combinen con el uniforme. Entre los mismos niños tratan de cortarse las alas entre unos y otros. Los que más se salvan de que el proceso sea traumático son aquellos cuya materia prima es más adecuada para tener el tipo de alas que la sociedad necesita que tengan. Su autoestima se eleva usualmente soportada por columnas fuertes de ego, no de espíritu. Los que comienzan a dudar sobre si mismos despuntan sus alas, pelean por tenerlas de un tipo u otro, las esconden, avergonzándose de ser diferentes. Estan también los adultos que nos ayudan, nos empujan, nos ayudan a podarlas a nuestra manera. Se hace más fácil para quien mira hacia dentro de sí mismo, me parece, para quien confía en que existe un orden que no conocemos que solo conoce un ser superior a nosotros mismos, también creo.

Las alas fueron hechas para volar tan alto como un condor, tan corto como una gallina, pero para volar. Los moldes exactos se hacen para hacer ladrillos, que son todos del mismo contenido, no para humanos quienes somos tan diferentes. Afortunadamente las alas se regeneran y la mejor noticia es que ya no con un material que se corta con cualquier tijera. Bueno, como en cualquier obra, depende del obrero y del material.

Mis alas siento que crecieron significativa después de ser desenpolvadas desde Diciembre del ano pasado. No son blancas, son de colores, claro. Cuando lloro como lo hice hoy se recogen en la espalda y me hacen sentir en el lugar más seguro del mundo: dentro de la barriga de mi mamá.

Lloré porque cuando tuve rabia de sentir continuamente la sensación de estar TENIENDO que agradar y controlada por bobadas, me dio rabia, mucha rabia. En este punto del escrito siento estar revelando algo adicional que usualmente no revelo: SER MUY DEBIL, TAMBIÉN. Cuando me di el espacio de hacerlo y como una ninnita, me senté en la playa cuestionando en voz alta, “porqué no me siento bien?” repasé mi día, repasé mis días desde que la incomodidad que tengo comenzó. Sin cuestionarlo más, acordándome de Nati para no JUZGAR y de Ani Mahecha quien hoy me sugirió RESPIRAR, así lo hice, pedí a Dios, lo comenté con mi hermana al mirar al cielo.

Lloré y ahora me siento mejor. Llorar obliga a respirar profundo. Si alguien no se ha dado cuenta de este detalle, martílleze un dedo o busque un recuerdo bien triste. Creo que los controladores de mi casa en la isla pensaron que me estaba fumando algo extranno en la playa. Lo que no creo que se hayan sospechado es que mi desaparición no fue más que una pataleta, fue un despertar.

Manana quitaré todas las ratoneras del mueble de la entrada después de sacudir mis alas tantas veces despuntadas, alimentadas, amputadas, de colores, ahora en crecimiento, confío en que son fuertes. Manana en la salida de campo a Isla Reonda les voy a dejar ver a mis companneros mis alas cada vez que traten de despuntarlas. Les dejaré despuntar unas plumas que ya no están agarradas para que crean que los dejé hacerlo. Juego el juego de ellos y así no quedo envuelta en la escala de poderes en el que me quieren incluir. En vez de hacer el esfuerzo por agradar, voy a amar, mientras me acordaré sin mencionarles nuestra frase favorita subiendo a Ciudad Perdida con mi prima Cami y con Nati: “Dejar Ser"

Ahora a dos días de volver a tierra. Clari no está conmigo y sigo viajando sola por ahora, por algo será.....

lunes, 31 de octubre de 2011

el título de mi blog

Publico este escrito que aunque es simple, tiene un mensaje bonito, creo..... preparando el siguiente....

Releí el nombre de mi blog varias veces, algo me pareció errado. "Algo que contar" está bien, pensé, pues siempre, a menos que esté en un día que no quiero hablar que es raro, tengo algo que acontece que quiero contar... todos los días me acuerdo de un tema sobre el cual quiero escribir: a veces encuentro el tiempo y la libreta para hacerlo, otras veces, la idea se queda en el cajón del olvido hasta que un día, algún acontecimiento hace saltar al tema del cajón de nuevo. Ya sé, lo que me suena destemplado es el "viajando por el mundo". Estoy pensando en querer conocer el mundo entero? Curiosidad me da y mucha.... la gente, la comida, las tradiciones, lo que piensan, lo que sienten, como aman, en lo que creen… bueno y cómo? que se puede, se puede de alguna forma... será que terminaría por perder la fascinación de hacerlo?... no hay cosa menos inspiradora que escucharle contar la historia a quien conoció gran parte del mundo, si el hacerlo no le costó esfuerzo. De una forma tan desabrida, sin ni siquiera un ápice de emoción cuenta la historia, como quien se come uno chocolate de un bocadón, por cubrir una necesidad física, sin saborear, sin amor, sin pena ni gloria.

Cambio los relatos de quienes con facilidad recorrieron el mundo a cuerpo de rey, por los relatos de quienes conociendo mucho o poco les costó esfuerzo hacerlo. En vez de una tarde admirando los “souvenirs” de quien miedoso de que alguien rompa alguno, se pavonea contando TODO lo que tuvo que pagar en cada lugar del mundo, por una vida entera de historias como la de mi amigo Cristian, cuando cuenta la vez que ya de adulto conoció el mar. Perdí la cuenta de las veces que lo oí contando la historia. Lo increíble es que sabiendo que pasaría luego, nunca pude dejar de parpadear. No quería perderme ni un microsegundo de emoción, como cuando de niñas con mi hermana vimos “La Bella y la Bestia” a pesar de saber los diálogos por haberla asistido un millar de veces. El brillo en sus ojos como si estuviera viendo el mar allá bien lejos acompañaba el movimiento de las olas que simulaba ondulando las manos.

No creo llegar a olvidar el día en que al mismo Cristhian lo invité a acompañarnos en una salida de campo con mis alumnos de la Universidad Minuto de Dios, en la que trabajé, a Florencia (Caquetá, Colombia). Sus ojos de gratitud cada segundo del viaje pagaban de sobra lo que me costó llevarlo. Será que mi mismo amigo Cristhian, el mismo que hoy aprovecha las oportunidades al máximo, tendría ese mismo sentido de gratitud y de gusto si de un día a otro le dejara de costar esfuerzo lograr las cosas? Cómo sería si su vida cambiara al punto de tener mucho dinero y pudiera viajar por todo el mundo? su esencia se perdería? Por eso no compro la lotería, no vaya a ser que me la gane y que termine perdiendo las dimensiones de las cosas…

Mentira, no compro la lotería porque no creo que me la vaya a ganar. Creo que quien invierte en algo como la lotería debe tener algo de fe, esa fe que tengo cuando juego Bingo... la lotería es algo más grande, más intangible y más impersonal… no me llama la atención. Lógico, quien no quiere ganar la lotería? De pronto algún día tendré mayor ambición y menor incredulidad. En este punto del escrito debo volver y releer porque si no se vuelve como una conversación de locos, solo que conversando es más fácil encaminar las ideas. El que lee lo que escribo, me imagino que si el escrito está muy incoherente, lo cierra y se va sin el mensaje que quiero dejar.


Volviendo a lo que me motiva hoy a escribir, el título de mi blog, el nombre de este archivo que comparto para que no me sientan tan lejos a pesar de estarlo, en el cual pongo mis ideas que a veces tienen eco en la vida de alguien que las lee, este espacio donde materializo mis sueños, las sensaciones para después releerla y sorprenderme a mí misma, hoy necesita un “cambio extremo”. Sueno ambiciosa e insaciable con el título… a pesar de estar cuestionándolo hoy, me gusta el momento en que lo bauticé. Después de tres cuatro años de perder la confianza en la vida recogiéndome como dentro de una concha por la imprevista muerte de mi hermana, comencé a escribir el 4 de Abril del 2009, sin mucha perspectiva, siguiendo la recomendación de abrir un blog, “porque el blog lo tienen los que llevan el ser escritor en la sangre” me dijo mi amiga Marcela (gracias Marce).

Releyendo, el primer nombre fue “Queridisisisisisisismo diario”, queriendo imprimir ideas de lo que iba pensando tal como lo he hecho en el diario que siempre tuve. Era simple, sencillo, sin ambiciones astronómicas. Luego, el día que decidí viajar por América del Sur (26 de Diciembre de 2010) el nombre cambió. Con el nombre, cambió mi perspectiva; me di la oportunidad definitiva de soñar de nuevo, de ser más agradecida, en el proceso de entendimiento de que todo pasa por algún motivo, soñando en ir conociendo el mundo afuera y este mundo interno que día tras día me llena de sorpresas (unas agradables y otras no tanto) , dipuesta a recibir de la mejor forma lo que el mundo me va entregando.
No es que ya no tenga miedo. Como lo dije en unc escrito pasado, el miedo siempre está y a veces es hasta importante para mantener la alerta, para apreciar las cosas buenas cuando estas aparecen.


Espero que así como mi amigo y maestro Cristhian, y así como tantas personas que logran saborear la vida de a poquitos, sin grandes ambiciones y si con grandes emociones, mi esencia se mantenga, que la ambición nunca me ocupe, que siga teniendo ganas de recibir lo que el mundo me entrega. La dificultad y la inconformidad siempre existirán... creo que hay que abrazarlas porque de uno mismo depende darles el poder de ser brujas malas o mejor, ninnitos traviesos.


Dejando el nombre de mi blog tal cual está, si algún día me da el arranque como de quien se raspa la cabeza, hoy no me pre-ocupo por cambiar el nombre, mejor me ocupo. Todavía me cuesta trabajo vivir lo que estoy viviendo: el viajar ahora sola esperando a ver si Claris vuelve, a pocos días de salir de la isla, todavía no voy boyando en comodidad por lo cual sigo, me sigue costando conseguir las cosas; se que sigo saboreando este chocolate de la forma más tranquila posible y aunque a veces me salen piedras en el chocolate, que raro, mis muelas se adaptan a saborearlas... A trabajar que llegaron barcos.

lunes, 24 de octubre de 2011

La inevitable separación de las siamesas

Después de un mes y cuatro días en la isla y después de ser casi sietemeses de viaje como un par de siamesas, lo que parecía inseparable ahora se separa. Clari se va y yo me quedo en la isla. Se va por obligación, toda llena de razones y cartas de los trabajos pasados y los que vendrán, para intentar apelar a lo legalmente inapelable: lograr que la Policía Federal Brasilera extienda su permiso para seguir como legal en Brasil 90 días más después de tener ya tener una renovación. Un simple sello nos arreglaría el caminado. Doy vuelta al nombre de tan famosa película "Sin tetas no hay paraíso" cambiándolo por "sin sello no hay paraíso"... ya habiendo probado el paraíso que es Brasil, el tener que salir por no recibir un sello en vez de salir por decisión propia, nos ata de pies y manos. Sé que acudirá a varias estrategias para lograrlo... hasta hacer los ojos del gato de Shrek a la Policía Federal como último recurso está más que practicado... algo tiene que funcionar.

Queriendo hallar culpable a la situación que nos separa, se que la culpa la tiene la cara de peligrosa que tiene Clari. Pienso y pienso sin encontrar otra razón. Las dos cruzamos el mismo día la frontera con la misma mochila, con los mismos sellos, con el mismo cansancio, con la misma última empanada salteña oriunda de Bolivia. Un soleado 11 de Julio de 2011 pasamos de Puerto Quijarro en Bolivia a Corumbá en Brasil. Por qué razón diferente a la cara que tiene Clari de pilla, vándala y presidiaria, me dieron a mi 90 días en Brasil y a Clari 30 días? En carne propia sufrí lo mismo en dos aeropuertos diferentes en el pasado, tiempo en el que revisaron hasta el último bolsillo buscando algo por lo cual inculparme. La cara de sospechosa la tuve, ahora al parecer la tiene Clari… suerte que al parecer ya no la tengo, ahora solo puras cualidades en mí; modestia aparte.

Hablo de una situación diferente y difícil para mí porque es como si me cortan un brazo si Clari tiene que pasar la frontera en la próxima semana. Me quedaría el otro brazo y las piernas... he pensado si me iría detrás de ella como novia enceguecida de amor y mi respuesta es NO: si ella se va, yo bruta ciega, sorda, muda (tal como diría la filósofa Shakira) y hasta coja y/o manca me quedo. De todas formas, sentir haber perdido alguna habilidad física y al parecer mental por estar llegando a la locura por su ausencia después de 7 meses juntas, sería tener el proceso que tiene la lagartija una vez su cola es comida por el predador o la estrella de mar cuando se comen uno de sus brazos: después de sanar, eventualmente crecerá.... (dato de una amante de la biología y filósofa).

Después de todo, no es tan malo viajar solo. Son varias las personas que tengo como ejemplos y la soledad los ha enriquecido porque dicen abrirse a más oportunidades de conocer a otras personas. Sobre todo hay un ejemplo especial. Como quisiera que el tan bonito carioca que conocí en Cuzco estuviera al alcance para recordarme porqué viajar solo es una buena idea. Rodrigo sí que la tenía clara. Filosofando en la plaza central de Cuzco, sus teorías me hacían pensar en lo importante que es tener un tiempo para enfrentarse solo, tomando decisiones sin el ruido de lo que otra persona quiere, obedeciendo a los deseos propios. Voy a tener que buscarlo a ver si me da otro empujón filosófico, algo que pueda ayudarle a esta alma en pena.... mentira, se que el estar solo, da la gran oportunidad de conocerse de verdad. Bueno y eso es lo que vengo haciendo porque con Claris nos tenemos como bastón la una a la otra pero el autoconocimiento es el pan de cada día...

Intento hacerme el lavado cerebral mientras que Clari sigue alistando su única compañía indispensable: su mochila. Desde el momento en el que ella ponga un pie en el barco quedaré amputada, en esta isla que cumple la regla social de "pueblo pequeño = infierno grande"... a quien le voy a decir lo que realmente pienso y siento? al papel usando el lápiz… a quien me quiera leer por medio del blog. No es incapacidad de relacionamiento ni vergüenza de hablar con otras personas. De hecho yo hablo mucho, a veces de más y a medida que voy entendiendo más los chistes y voy aprendiendo a decir más y más "besteras" en portugués, hablo más. La situación es que con este cuento mío de andar diciendo a cuatro vientos lo que voy pensando y sintiendo, me puedo meter en problemas. Mi catalizador se me va, mi "filtro palabrístico" me deja y quizás no vuelva...

La última posibilidad que tendría Clari para quedarse sería casarse con un Brasilero. Al mejor estilo isleño - Bahiano, el marinero que lleva detrás de Claris sin recibir de parte de ella ni la hora, propone que se casen. Hacen chistes y chistes, trayendo a colación el mismo cuento cada vez que nos reunimos para disfrutar de un churrasco. Decimos nosotras que "entre broma y broma, la verdad se asoma", bien asomada anda la verdad detrás del pobre iluso quien insiste en la propuesta de casamiento abonando que la Luna de Miel sería de 10 días en esta isla de encanto! Creyendo que Clari se va a asustar como un cabrito bebé de los que andan sueltos por toda la isla o que se va a poner roja de la pena, ella responde a su mejor estilo elegante y simple: "Como así, SOLO 10 días? Lo pensaría si fueran mínimo 20"

De volver, le toca traerse mínimo la botella de cachaza para celebrar… mejor chocolate y bien oscuro. Siendo hoy dos días antes de someternos a la esclavitud trabajando con el equipo de investigadores de aves en la última semana que estaremos en la isla espero que vuelva. Si vuelve, estaríamos chismoseando (de fofofa) a la luz del farol de Abrolhos, planeando nuestros días de trabajo en Caravelas, luego los días en Rio de Janeiro y luego quien sabe que vendrá.

Fue correcta la decisión de quedarnos para trabajar de "esclavas" una semana? el fondo de mi razón no de mi corazón, bien el fondo me recuerda que los momentos más difíciles crean carácter... que unos días de esclavitud no matan a nadie, además aprendiendo lo que no aprendería en ninguna universidad y menos en algún canal de televisión sobre aves marinas, que es una experiencia más, que es un estudio más que hago conmigo misma porque así como lo dije en otro escrito lo refuerzo ahora: el trabajo dignifica. Me enfrentaré al lobo sola o con Clari? reconozco con cierta envidia que Clari con esa dulzura no le levanta la voz a nadie, solo a mí... yo por el contrario me puedo ir ganando de enemigo a mi jefe... ay pobres mis papás.... perdónenme tantas veces que levanté la voz, qué irreverente... más te vale Clari volver victoriosa con el tan anhelado sello si o si!!!!!!!!!!!!

De no volver mi querida, la cola cortada de lagartija herida me volverá a crecer. Me preparo psicológicamente para que pase lo que tenga que pasar. Eso es lo que tiene un viaje al mejor se estilo mochilero... los planes cambian en cualquier momento; es posible hacer planes teniendo claro en la cabeza que todo puede cambiar. Esa es la sorpresa a la que no estamos acostumbrados cuando echamos raíces en un mismo lugar durante toda la vida, mudanza que se hace cada vez más difícil entre más nos acomodamos. Todo se vuelve tan predecible. No es que considero malo acomodarme, ni mucho menos. De hecho echar raíces es bonito. Algún día echaré raíces en algún lugar... quizás echar raíces esté a la vuelta de la esquina... aunque a veces me cueste trabajo la asimilación cuando las cosas cambian, sigo dispuesta a dejarme sorprender y espero seguir la vida entera procurando abrazar y entender lo que va pasando en el día a día. Entiendo que todo pasa por algo. Mi momento zen llega ahora antes de cerrar el computador e ir a cumplir con mis labores en la isla.... que sea lo que tenga que ser....

martes, 18 de octubre de 2011

Hombres y Mujeres: al fin quién hace qué?

Quedaron sorprendidos los demás moradores de mi casa cuando levanté el garrafón de 20 litros de agua para reemplazar el que estaba vacío en el bebedero. Al ver sus ojos de sorpresa y adelantándome a la pregunta que me harían, expliqué mi acción: "Estaba vacío el bebedero de agua y tengo sed"

Mi argumento no sirvió para nada más que para causar risa y para dar una razón más para que me llamen "loca". Una compañera, impresionada dijo que ella siempre busca un hombre para que haga esas labores en casa, que yo debo ser muy fuerte para estar haciéndolo. Asentí con la cabeza mientras su compañero me decía que la próxima vez podía pedir ayuda... "o quieres que todos trabajemos en igualdad de condiciones?" También ante estas palabras, las cuales sentí de burla, seguí tomando del agua que gané gracias a mi esfuerzo, queriendo tener la boca llena para no entrar en discusión alguna argumentando la importancia de la autosuficiencia... levanté los hombros con las palmas de las manos hacia arriba (como diciendo "no tiene relevancia") mientras sonreí y sin decir una sola palabra di media vuelta y me fui a seguir calmando mi sed a otro lado.

Pensé antes de dormir en la diferencia de las labores pensadas y aceptadas para ser hechas por hombres y/o por mujeres. Pasó por mi cabeza el niño a quien le tomé varias fotos pues feliz jugaba a barrer con su escobita. De repente el papá se la quita de un manotazo mientras discute con la mamá por dejar al niño tener "ese tipo de juegos". Recordé la cantidad de veces que he visto como un adulto le dice a un niño que no llore como una niña. También a la mujer obrera de una calle en Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, quien me cuenta cómo sus compañeros quieren que ella no sea parte del grupo por ser mujer, por ser ese un trabajo para hombres.

La ganancia de territorio en el campo masculino por parte de las mujeres ha sido una batalla de no miles, más si decenas de años. Mi abuelita Myriam con sus relatos de mujer berraca, hechada "pa´lante" viene desde mi bisabuela (que yo sepa), quien llegó a Bogotá en mula desde Villavicencio, lejos, muy lejos. "Venía sola, me traía bebecita en un hombro y con pocas morrocas (monedas de la época) en los bolsillos". Cuenta de la vez que una vecina en los annos 50´s ganó una lluvia de tomates al atreverse a salir de casa vistiendo pantalones (ropa típica de hombres). Cuenta también del tiempo en el que ella, siendo la única mujer, trabajaba con los militares en Bogotá detrás de una máquina de escribir, repitiendo en su relato mas de una vez lo buena que tenía que ser para ser aceptada en ese trabajo hecho para hombres.

Está como ejemplo mi abuelita Lula, quien desde el más allá estará gozando de verme escribir, quien siempre tan autosuficiente, hacía mil y un cosas a la vez. Coreógrafa de bailes para la tercera edad, guionista de las obras de teatro de los nietos para navidad, artista plástica y entre tantas otras cosas, escritora anónima firmando para peridódico El Tiempo como "Lucía de Mesa" en vez de Lucía Ortíz de Amézquita, crió a sus cuatro hijas con el chip de la autosuficiencia bien instalado. Mientras tanto mi abuelo Antonio dicen quienes lo conocieron que era el consentidor de la casa, quien daba a sus "viejitas" cariños bajo el régimen su esposa, nuetra Lulita.

En el otro extremo están los ejemplos de las mujeres que no mueven un dedo esperando a que los novios, esposos, primos o padres hagan lo que ellas no pueden hacer o dicen no poder. Cómo me cuesta no querer entrar en la cabeza de una mujer que quiere que le hagan todo. No logro entender muy bien ese comportamiento. Como es de inferir por la forma como lo escribo, no comparto esta actitud aunque se que tengo mucho que aprender de ella. Después de todo veo a mi alrededor que los hombres que ayudan a las mujeres que piden ayuda se sienten más grandes, con su ego inflado van levitando al terminar la labor.

Cómo lo voy a entender si de las primeras palabras que dije cuando chiquita, las cuales estoy casi segura haber puesto en algún otro escrito, fueron: "Yo solita". Es tiempo de aceptar que aunque esa autosuficiencia tan característica mía me hace creer que todo lo puedo hacer, también me ha privado de dejar que otros (especialmente hombres) se sientan contentos de poderme ayudar. Me cuesta trabajo creer que hay labores que no puedo hacer y por lo tanto procuro hacerlo yo misma... eso es ser feminista? si un poco y además egocentrista. Dicen amigos míos que las mujeres feministas podemos llegar a ser más machistas que los mismos hombres.

Como ejemplo de hombre que quiere ayudar a mujeres que no se dejan está mi papá. Tengo en la cabeza el tono de su voz diciendo "Ay Laurita, déjate ayudar" El tiene razón y mucha. El dejarse ayudar no es síntoma de debilidad. Si hay algo que tengo que aprender y que ya he aprendido es a dejarme ayudar... porque no puedo? no! porque otras personas quieren sentirse bien de hacerlo.

Repito entonces una vez más y no solo para mujeres feministas y no feministas sino también para hombres, sobre todo a los más machistas: Dejarse ayudar no es signo de debilidad. Entiendo que sobre todo para los hombres, en la sociedad actual en la que se tilda de "mariquita" a muchos de los que se dejan ayudar, es común que esto acontezca. Opino: que cada quien opine lo que quiera. Si me siento tan bien ayudando a los otros, porqué no dejar que los otros me ayuden? Es también ser generoso darle la oportunidad a otros de que se sientan bien.... y aquí va una cucharada para mi de mi propia medicina.

Aceptemos mujeres que por la cadena de reacciones químicas en los hombres, ellos tienden a desarrollar MUCHA más masa muscular que nosotras. Es algo de la naturaleza. Aceptar que ellos levanten lo más pesado, no es símbolo de debilidad y si les damos el gusto de ayudarnos.Si dejamos que nos ayuden gozaremos del mayor beneficio de vivir en sociedad, aunque a veces está bien tener motivos para darnos palmaditas de victoria al lograr algo que no pensábamos poder hacer.

Eso por un lado. Por otro lado, los hombres incursionando en labores de mujeres y viceversa no tiene porqué ser motivo de burla alguna, solo significa que estamos viviendo en un mundo con más alternativas. Creo que el que más se burla o critica a las personas que asumen la labor diferente son quienes más dudan sobre sí mismos.

En conclusión, que viva las mujeres que quieren levantar el botellón de agua gigante sin pedir ayuda, el niño que quiere barrer todo el andén con su escobita, la niña que quiere manejar tractor cuando crezca, la mujer que quiere volver a dejar a un lado el trabajo fuera de casa para dedicarse enteramente a sus hijos, el hombre que pide ayuda aceptando que se requiere más fuerza de la que él tiene, y todos los que de alguna forma viven algún cuestionamiento por parte de la sociedad al querer ser diferentes a lo que la sociedad espera... no hay blanco y negro, bueno o malo; la escala de grises es tan amplia, tan enriquecedora, que seguir juzgando cada hecho sin procurar entenderlo o al menos respetarlo solo nos limita.

A pesar de enrredarme escribiendo, declaro por escrito que voy a dejarme ayudar más. Eso si, si hay un trabajo que me muero de ganas por hacer que sea "solo para hombres" y sé que lo puedo hacer, lo voy a hacer.... no me hace ser menos mujer, solo me hace ser honesta conmigo misma y seguir siendo alumna todos los días... voy a transportar agua en la carretilla y más tarde después de un buen banno me volveré a poner la falda y los aretes largos :)

martes, 11 de octubre de 2011

No señor turista, no se lo puede llevar.

El que se hubiera agachado a recoger algo me pareció muy extraño pues llegó a la isla ligero de equipaje: con una filmadora en su mano. Quizás se encontró algo de alguien más. Al acercarse al final del sendero de la isla, era visible que lo que traía era una concha de caracol pala la cual inútilmente, intentaba esconder detrás de la cámara. Me puse las gafas oscuras y esperé a ver su respuesta. Sus manos ya estaban puestas en la masa pero de apresurarme a pedirle que la devolviera antes de que el "crimen" fuese evidente, me arriesgaba a no lograr mi cometido: hacerlo avergonzar consigo mismo para que nunca más quisiera volverlo a hacer.

Mientras lo veía actuar pensé que tal vez las reglas para estar en la isla no fueron bien dadas o que él y su mujer, cómplice del intento de hurto, no entendían la importancia de no llevarse conchas, corales, caracoles, huesos o cualquier material encontrado en la isla. Volví mentalmente al momento en que les dimos la bienvenida y la información inicial; pudimos olvidar hablar sobre las aves, moradoras y dueñas de la isla, sobre los animales en agua pero nunca sobre no llevarse los tesoros de la isla; o se acordaba Clari o me acordaba yo.

Mientras se acercaba el señor con su mujer no supe si reir o llorar pues de la manera más evidente murmuraban la estrategia para llevarse el caracol. Ella se acercó rápidamente a mí con una sonrisa picaresca para entregarme su cámara de fotos, él mientras tanto permanecía con sus ojos clavados en mí y yo con los míos clavados en el caracol para no perderlo de vista… no fuera a ser que las habilidades de mago que hasta ahora había demostrado no tener, las sacara a relucir haciendo desaparecer el tesoro.

“moza, você pode tirar uma foto por favor?”.

Mientras él se daba la vuelta como si estuviera acomodándose para la foto y demostrando no tener ningún conocimiento sobre magia, menos de como ser disimulado, se guardó el caracol en el bolsillo son dificultad de movimiento, con la delicadeza de un elefante en una cristalería. Recordando la frase de mi mamá “duro con el problema, suave con la persona”, le entregué mi mejor sonrisa mientras le pedí devolverme el caracol. Sin ni siquiera sonrojarse o demostrar algún tipo de vergüenza, el descarado me lo entregó explicándome que lo guardaba para entregármelo más adelante. Le di las gracias mientras quería darle un caracolazo en la cabeza, por tan terrible actuación de mago y de mentiroso.

Les tomé la foto y seguí con ellos mientras pedía a los demás turistas tener cuidado con los nidos en el suelo. Por increíble que parezca y aunque en este momento me dé hasta risa, la famosa pareja de malos magos y pésimos mentirosos, seguía intentando hacerme distraer para llevarse algo. Al ver que yo todavía llevaba el caracol en la mano, me enfrentaron diciéndome que yo me iba a llevar el caracol que ellos se había encontrado y además, que porqué no se podían llevar solo uno habiendo tantos en la isla?

De la manera más calmada y recordando la frase “el cliente siempre tiene la razón” le expliqué, sabiendo que en este caso, con dificultad lo que yo dijera lo haría entrar en razón pues razón en su interior no parecía existir. Le conté que esos caracoles sirven como casa de muchos otros bichos, que todo el material orgánico es reutilizado y reciclado por la misma naturaleza, que de llevarlo a casa, acabaría en un cajón y luego en la caneca... entre tantas otras razones más. No se si fue ilusión pero vi como mis palabras entraban por su oído derecho y salían por el izquierdo. De pie frente a los botes en la arena, fui pidiendo a cada grupo de turistas devolver lo que le pertenecía a la isla.

Teniendo como ejemplo a esta pareja como el tipo de turistas más difíciles de trabajar en cuestiones de educación ambiental, cómo lograr convencer a las personas de que cuidar la naturaleza es responsabilidad de todos? No puede sonar más trillada esta frase pero es verdad. Todos queremos lugares bonitos para visitar, playas llenas de piedras y conchas, ver animales exóticos, gozar de agua limpia, etc, etc. Sigo pensando en cómo construir un mejor discurso para convencer a otras personas de que la responsabilidad es de todos y no solo de quienes trabajamos en este medio.

Entregar la responsabilidad a alguien más es lo más fácil, esperando a que otros actúen. Seguimos todos los que creemos en el cuento, trabajando por convencer, para que cada vez haya
más gente que entienda las razones por las cuales es responsabilidad de todos. De esta forma tendremos más gente que tenga como hábito actuar responsablemente, menos gente haciéndolo por obligación, aun menos incumpliendo por negligencia y mucha menos por ignorancia.

domingo, 9 de octubre de 2011

Encuentro de Laura con Laura

Fue anoche cuando un encuentro más de Laura con Laura ocurrió. El día había transcurrido bien. Despues de un día sin grandes afanes y habiendo cumplido con las labores como voluntaria del Parque y moradora de la isla de la Marina, nos reencontramos una vez más con la pareja de Francés e Italiana con sus dos hijos hippies a la orilla del mar. Los acompañamos en la visita al faro de la isla, el cual, sería encendido a las 5:30 de la tarde, tal como lo hacía cada tarde para cumplir con su mísión. Aproveché para desenpolvar el francés olvidado en el tiempo y abusivamente ocupado por el portugués recientemente aprendido. A pesar de hablar un mundo de burradas, Elena y Jerry, me fueron corrigiendo mientras su hijo mayor de 6 annos de edad, se burlaba de mi como solo lo saben hacer los ninnos, con absoluta franqueza y con un toque de crueldad. Cómo me gusta la sinceridad de los ninnos chiquitos... similar a la de los borrachos cuando todavía pueden hablar.

Ya entrando la noche, fuimos invitadas al barco de turistas por uno de los instructores de buceo a quien conocemos desde la semana pasada. Sin siquiera darme el chance de decir que si, dije NO a la invitación. Dije que no haciendo honor a uno de los pecados capitales: la pereza. No pereza por querer irme a dormir. Pereza de encontrarme con una persona que me había gustado la semana pasada. Sentí no querer estar en el día de querer llamar su atención ni la de nadie más, de reirme de sus bobadas y beber jugo mientras él bebería cerveza. No quice ni quiero volver a hacer esfuerzo al conocer alguien que me gusta, porque me parece que de esa forma me convierto en alguien que no soy. Si no resulta, "de lo que se pierde... de lo que me salvo". Aquí es donde creo que cualquiera que se ha enamorado está de acuerdo con que una de las sensaciones más agradables en la vida, es sentir la inconfundible sensación de la afinidad...

Me dió pesar negarme a la oportunidad, en no darle gusto a Clari a pesar de haber sido honesta con lo que sentí querer hacer. Supongo que fue la mezcla de hormonas con luna llena, más el viaje interno que quiero tener en este momento de mi vida.

Ahora estoy escribiendo, casi amaneciendo un nuevo domingo, con la suerte de empezar a ver formas y colores que se dibujan en el mar frente a mi ventana. No envano estoy despierta a esta hora. Es mi cabeza que me quizo recordar que ayer antes de dormir tuve muchos sentimientos revueltos. De lo que no puedo huir es de mi misma, de mis emociones. Mentira, claro que puedo huir. Podría estar todo el día distraída ocupada haciendo mil cosas o quedándome en la cabeza sin darle importancia a los sentimientos. Después de todo, ya lo he hecho. Creo que todos hemos caído en ese andar loco de estar pensando en que va a pasar mannana, en que pasó ayer, en juzgarnos y juzgar a los demás, sintiendo envidia, movidos por la ira, respondiendo con soberbia, calmando la ansiedad con alguna adicción. No en vano los 7 pecados capitales son los que son... un resumen del genero humano... de lo que todos debemos vivir.

Como resumen de este escrito queda la siguiente frase: Los momentos en los que uno siente estar inconforme con un montón de características propias, son los que con más frecuencia desaprovechamos, siendo los mismos, los más interesantes para conocernos mejor.

Berna, Patrimonio Cultural de la isla.

De tener ojos, el farol que todos los días es encendido a las 5:30 de la tarde podría atestiguar lo ocurrido en 150 annos de historia de la isla Santa Bárbara. Más reciente que el farol está Berna, mujer de sonrisa fácil, sin pelos en la lengua y carácter fuerte; protectora de la ilsa durante más de dos décadas. Hace mucho tiempo no veía una persona con un cuerpo tan bien llevado. De contextura bien gruesa, luce su piercing en el ombligo y una tanga pequenna mientras en el tiempo libre, nos cuenta historias que sacian nuetra curiosidad, abriendo la mente y el corazón a ver la vida desde un ángulo diferente. A la hora de trabajar, se pone su uniforme del parque, nos entrega una camiseta a cada una con el logo "Parque Nacional Abrolhos" la cual nos dice tener que lucir siempre y bien limpia para recibir turistas.

De familia humilde de la zona de Paraná (norte de Brasil), Berna crece cercana a una otra familia de mucho dinero. Sin olvidar su origen y contando con una mente brillante, Berna crece con esa curiosidad de investigadora, apreciendo la simpleza, llenando su mente de lecturas, empapando su vida de experiencias junto al mar. Llega a la Isla Santa Bárbara como acompañante de su primer marido, sin saber que su visita se convertiría en una estadía definitiva. Al paso de las semanas, el gusto con el que llegó se transforma en rabia, por sentirse aislada, por existir en esta isla nada diferente a bichos y agua salada, poca agua dulce. Al darse por vencida, su gusto por habitar la isla comienza a crecer, momento en el cual es contratada como funcionaria del Parque Nacional Abrolhos.

Cuenta sobre esos primeros annos de vida islenna, sobre su marido quien gustaba mucho del buceo a pulmón libre, gusto que en ella comenzó a despertar. Cada vez con mejor resistencia, su marido un día cualquiera colapsa en el agua, su cuerpo deciende al fondo del mar y días después es encontrado de color morado e hinchado de agua, tan irreconosible que Berna casi llega a la locura con solo tener que afirmar con la cabeza que era él.

Berna vuelve a tierra firme y después de dos meses de tristeza decide regresar a la isla queriendo reencontrarse con su alma gemela. Lo encuentra en cada atardecer y cada ola del mar lleva consigo el sabor amargo de los últimos momentos, el sabor salado de los momentos difíciles como pareja y poco a poco deja el sabor dulce que solo se logra cuando la rabia pasa, cuando hay un entendimiento, cuando el amor fue verdadero.

Es así como Berna consigue permanecer en la isla. Vuelve a tierra cada mes para descansar unos días, para ver crecer a su hija, para vivir con su nuevo marido. Aunque lleve annos en la isla, Berna se emociona con un lindo atardecer, quiere pasar horas en el agua tomando fotos del millón de colores, formas y comportamientos subactáticos, saluda a las aves de la isla a los cabritos y hasta a las lagartijas hablando de ellas como sus “amigas”. Su sorpresa no acaba, menos su gusto por hacer su trabajo de la mejor manera posible.

No envano una persona que trae turistas a la zona desde hace bastantes annos llama a Berna “Patrimonio Cultural de la Isla”. Si alguien quiere saber algo sobre la historia del lugar, solo necesita acercarse a esta mujer que con orgullo lleva el nombre en alto del Parque del cual se puso literalmente "la camiseta".

A pesar que mi rebeldía choque a veces con su forma de ser estricta, la admiro y se que tengo mucho que aprender. Hago las cosas como ella dice pues creo que no envano me llama la atención cuando quiero hacer las cosas a mi manera. Juntas bailamos en el "Churrasco" que uno de los marineros decide hacer una tarde cualquiera. Nos reimos a carcajadas. Bailamos. Ella aprende de Clari y de mi. Nosotras aprendemos de ella. El Parque Nacional Abrolhos deja de ser un lugar extranno donde pasamos un mes de vida. Es un lugar lleno de vida que nos acoje y envuelve gracias al mar y a gente como Berna, los 8 marineros y los turistas que vienen y van, de quienes siempre hay tanto que aprender.

jueves, 6 de octubre de 2011

Carta a mi nueva sobrina Julieta:

Movida por el sentimentalismo les escribo a la hija de mi prima Lili quien nació dos días atrás. Desde la isla de los suennos sigo contando algo de mí, de lo que me mueve a escribir...


Querida Mi linda Julieta:

Bienvenida chiquitica a la familia, te escribo de una vez para que así esté lejos, sea la primera carta que recibas. Me imagino que ya habrás llorado, ya habrás tomado leche. El aterrizaje no debió ser fácil, después de todo salir de la barriga de la mamá tan linda que tienes no debió haber sido un paso sencillo. Tu mamá y yo hablamos varias veces de ti, algunas veces por skype trató de despertarte para que mostraras tus mejores destrezas futbolísticas moviendo tu patica en frente del computador, para que yo, con los ojos aguados y en una cabina cualquiera de América del Sur pudiera comprobar que estabas allí. No conseguí ver si te movías o no, pero vi tu casa crecer, la barriga de mi Lili, tu comienzo de vida no pudo ser mejor.

Ahora llegas a la familia donde tú eres la única nacida en el nuevo siglo. Los primogénitos tienen siempre algo muy especial, si no me crees mira a tu tío Alejo, llevando perfectamente el papel de ser el mayor, querido por todos, cuidando de todos a su manera. Llegas además el día de cumpleaños de tu papá. La primera imagen que me llegó a la cabeza al saber este dato fue de ti encaramada encima de él, en cada uno de los cumpleaños que celebraremos; tu queriendo apagar las velas primero.

Te tocó Julieta tener el número de tíos que los niños tenían antes cuando las familias eran numerosas. Todos los primos de tu mamá somos tus tíos y tías. Espero que tu mamá te cuente que mi regalo para ti en el shower que te hizo tu tía Ani es TIEMPO. Te voy a dar tiempo chiquita para que me cuentes lo que quieras llorando o a media lengua, para que me enseñes otra vez a pintar con Crayolas, para que ensuciemos toda la cocina haciendo un ponqué, para verte crecer. Tu abuela Hanit si que sabe de eso, sin ni siquiera proponérselo va a darte el tiempo para que sientas, para que todo lo creativa que eres te salga con cada expresión, para que te sientas tranquila de ser lo que quieras ser.

Cada uno de nosotros te estará queriendo consentir y mal educar a su manera. Tus papás se encargarán de que crezcas vienen, ellos vivieron su tiempo juntos esperando a tener el momento más adecuado para que llegaras. Contandote sobre otras cosas, si tu pelito resulta rebelde, no te preocupes, tu mamá sabe los tips necesarios para poder manejarlo para que nunca andes “peluca”, como ella decía no querer estar de chiquita. Si no sabes que ropa ponerte, tienes también como asesoras de imagen a tu mamá y a Hanit. Todos estamos cerca de ti para lo que necesites. Eso si te digo de una vez: si resulta que un día o varios te quieres escapar de la ciudad, ir a ensuciarte hasta las orejas de barro, a conocer los animales más increíbles, a estar unos días “apanándote” en la arena para después correr al mar, ya sabrás que es a mí a quien deberás buscar. Gozaremos tanto juntas que siempre quedaremos con ganas de un tiempito más.

Te cuento Julieta que hoy que naciste, yo estoy lejos y mentiría si te digo que estoy en el paraíso absoluto. Me hace falta verte apenas abriste los ojos, me hace falta alzarte y transmitirte con una mirada que todo estará bien. Me hace falta estar allí contigo, con tus papás, con mis papás, con nuestra familia. Espero que hayas sentido todo el amor que te mandé telepáticamente. Apenas me enteré, fui a seguir ayudando en la investigación de aves marinas, pesando huevos. Mientras pesaba cada huevo pensaba en escribirte. Mientras pensaba en que escribirte pasó también una ballena la cual varias veces salió para respirar, para hacerme entender el regalo que es para mí ver a esa ballena, el regalo que eres tú para toda la familia que con tanto amor te soñó.

TE QUIERO JULIETA. TU TIA LAU

domingo, 25 de septiembre de 2011

Domingo de reflexión en la isla de los sueños

Si salgo ahora de casa, el viento no me podría levantar, son 60 y pocos kilos de piel, huesos, grasa, emociones y corazón, difíciles de elevar como cometa, solo fáciles de hacer caer como un bulto de papas y rodar por el suelo de la isla. Por eso y por la amenaza de lluvia no salgo por ahora. Los diez habitantes de la isla cruzamos los dedos para que llueva, para que sean llenados los tanques de agua dulce que escurriría por los techos; única fuente de agua dulce en medio de toneladas y toneladas de agua salada. De ser así, podremos bañarnos a diario y no cada dos o tres días. Canto entonces la canción: Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva, la luna se levanta, los pajaritos cantan. Así es como mientras los pajaritos afuera cantan, yo (la bruja) me quedo en casa cantando la canción. En la comodidad de nuestro hogar por el siguiente mes, aprovecho domingo de no trabajo para pensar, leer, escribir, mirar por la ventana, reevaluar la vida, cocinar y comer.

Hoy completamos 5 días en la isla, y en cuatro días, 6 meses de viaje. Quien lo creería. Pienso en lo que estaba haciendo hace un año, el 25 de Septiembre del 2010: trabajando en el colegio y en la universidad, dando lo mejor de mí, buscando algo más, luchando por llegar a confiar en que podría en algún momento salir de esa rutina que parecía ganar una inercia loca de la que no podría salir nunca más. Sentí en los últimos cinco años que el miedo de salir de la rutina era lo que más me mantenía atada a la misma, dejando para después el hecho de viajar. Hoy, viviendo lo que estoy viviendo, confirmo todos los días que fui capaz de hacerlo, me doy cuenta una vez más que si es posible.

La muerte de mi hermana, La Linchi, es sin duda alguna, el corte entre una vida antes y una vida después. Ahora, estando lejos de casa, se que los cambios repentinos pueden ocurrir, que no existe tal suma matemática que me fue enseñada en la religión que indica: si haces las cosas bien, de la mejor forma posible, te es garantizado solo buenas cosas en tu vida… entrega a los pobres y no tendrás dolor alguno. No me fue dicho, o al menos no me acuerdo haber aprendido, que el dolor hace parte de cualquier humano, que el dolor, la risa, el amor y el miedo hacen parte de la estructura de cualquier humano.

El dicho que dice “el que peca y reza, empata” no es más que una frasecilla que habla de una tabla de salvación. No creo en la existencia de un tablero de conteo de los actos positivos y negativos de cada persona. No sé con certeza cómo funciona, pero con plena confianza aplico el “hacer el bien” porque así me siento mejor, no porque por ejemplo, por ayudar a pasar la calle a 1000 viejitos, el ganarme la lotería está a la vuelta de la esquina. Creo que los hechos en la vida tienen que ver con lo que cada individuo necesita aprender para su crecimiento espiritual. Creo que Dios hace parte de nosotros mismos y está en todo lo que vemos alrededor.

Todo lo anterior sonará muy zen o yogui o como sea, el hecho es que he vivido en carne propia que así funciona. Tal vez, al llegar a donde se llega al morir (quien sabe a dónde) me he de encontrar con quien me explique cómo funcionaba este carrusel loco de emociones, esta vida en la que soy Laura Cabrera Amézquita, un ser humano más de tantos otros. Imagino que ese alguien que me recibe (el cual me gusta pensar todo gentil y de alas, como las que también tendré en ese momento) me dirá que la obra de teatro de la que hicimos parte era solo eso, una obra de teatro. Haremos eso sí, con este individuo alado, no el balance de los actos buenos frente a los actos malos que hice para ver si soy mandada al cielo o al infierno, sino más bien un balance de cuantas veces hui o dejé de huir de los momentos difíciles de la vida. Haré un examen para saber cuánto aprendí sobre las personas y los seres vivos, sobre mi misión en esa vida… para dar con el resultado de en que bicho seré convertida al volver a la tierra.

Me encontraré entonces con mi hermana quien después de una buena bailada y varias carcajadas me contará a ciencia cierta qué pasó, porqué terminó su vida tan rápido, y ahí entenderé que el tiempo que sufrimos su ausencia fue perdido porque el reencuentro lo valió todo, ella también hacia parte de la obra de teatro. Así es como por días, meses o años, esperaré a ser devuelta en otro cuerpo, otro empaque a la tierra. Espero poder ser un Atobá, ave moradora del Parque Nacional Abrolhos, Bahía, Brasil (donde hoy me encuentro) de las que viven en el mismo parque, sin predadores, dedicando su día entero a volar, cazar pez, recibir visitas de ballenas y tortugas así como de enamorar, enamorar mucho.

El hecho es que así mi espíritu en una próxima vida sea empacado en un cuerpo humano, un sancudo, un marrano o un elefante, solo sé que en la vida actual, sospechando saber cómo es que funciona, voy haciendo lo posible por seguir mi misión, al menos por el camino que creo tener. Creo en la segundas y terceras oportunidades, en que al caerme, no me queda otra alternativa que levantarme, sacudirme las rodillas y seguir, en que la mente es solo una herramienta de trabajo; no somos mente, somos sensaciones, emociones acompañadas por pensamientos. Creo en que vinimos solos, que no somos dueños ni propiedad de nadie, solo de nosotros mismos. Creo en que todos estamos conectados energéticamente, que puedo ayudar a sanar la relación con otros sin necesidad de tenerlos en carne propia. Creo en que el miedo de vivir siempre existirá y solo puede ser disminuido cuando es lavado mil veces con jabón de amor.

Hablando de amor, cómo me gustaría enamorarme más veces. La informalidad en las relaciones de pareja me tiene un poco aburrida. No busco anillo de matrimonio y ni me quiero imaginar vestida de blanco caminando hacia el altar. Quiero parcería, admiración, una conexión que va más allá del cuerpo físico. Por ahora no me preocupo con ese temita. Para no pre-ocuparme, me ocupo. Me ocupo en entender lo que quiero, lo que soy. Me ocupo en vivir el hoy, de recibirlo de brazos abiertos. De hacer todo aquello que no atente contra mi misma ni contra otras personas. Me ocupo en ser profesora y ser alumna todos los días

Ahora mi gran amor, el mar está afuera de mi ventana recordándome hacerme presente una vez más. Voy a buscar a mi querida Claris para darnos un paseo por la isla antes de volver a preparar lo que necesitamos hacer antes de trabajar mañana. Ya que bajó un poco el viento y aun no empieza a llover, saldremos las dos brujas de la cueva a cantar “que llueva, que llueva, la vieja salió de la cueva, los pájaritos cantan, la luna se levanta” y así al ritmo de la luna saliendo, veremos si por fin llueve.....

Domingo de reflexión en la isla de los sueños

Si salgo ahora de casa, el viento no me podría levantar, son 60 y pocos kilos de piel, huesos, grasa, emociones y corazón, difíciles de elevar como cometa, solo fáciles de hacer caer como un bulto de papas y rodar por el suelo de la isla. Por eso y por la amenaza de lluvia no salgo por ahora. Los diez habitantes de la isla cruzamos los dedos para que llueva, para que sean llenados los tanques de agua dulce que escurriría por los techos; única fuente de agua dulce en medio de toneladas y toneladas de agua salada. De ser así, podremos bañarnos a diario y no cada dos o tres días. Canto entonces la canción: Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva, la luna se levanta, los pajaritos cantan. Así es como mientras los pajaritos afuera cantan, yo (la bruja) me quedo en casa cantando la canción. En la comodidad de nuestro hogar por el siguiente mes, aprovecho domingo de no trabajo para pensar, leer, escribir, mirar por la ventana, reevaluar la vida, cocinar y comer.

Hoy completamos 5 días en la isla, y en cuatro días, 6 meses de viaje. Quien lo creería. Pienso en lo que estaba haciendo hace un año, el 25 de Septiembre del 2010: trabajando en el colegio y en la universidad, dando lo mejor de mí, buscando algo más, luchando por llegar a confiar en que podría en algún momento salir de esa rutina que parecía ganar una inercia loca de la que no podría salir nunca más. Sentí en los últimos cinco años que el miedo de salir de la rutina era lo que más me mantenía atada a la misma, dejando para después el hecho de viajar. Hoy, viviendo lo que estoy viviendo, teniendo que confirmar todos los días que fui capaz de hacerlo, confirmo una vez más que si es posible.

La muerte de mi hermana, La Linchi, es sin duda alguna, el corte entre una vida antes y una vida después. Ahora, estando lejos de casa, se que los cambios repentinos pueden ocurrir, que no existe tal suma matemática que me fue enseñada en la religión que indica: si haces las cosas bien, de la mejor forma posible, te es garantizado solo buenas cosas en tu vida… entrega a los pobres y no tendrás dolor alguno. No me fue dicho, o al menos no me acuerdo haber aprendido, que el dolor hace parte de cualquier humano, que el dolor, la risa, el amor y el miedo hacen parte de la estructura de cualquier humano.

El dicho que dice “el que peca y reza, empata” no es más que una frasecilla que habla de una tabla de salvación. No creo en la existencia de un tablero de conteo de los actos positivos y negativos de cada persona. No sé con certeza cómo funciona, pero con plena confianza aplico el “hacer el bien” porque así me siento mejor, no porque por ejemplo, por ayudar a pasar la calle a 1000 viejitos, el ganarme la lotería está a la vuelta de la esquina. Creo que los hechos en la vida tienen que ver con lo que cada individuo necesita aprender para su crecimiento espiritual. Creo que Dios hace parte de nosotros mismos y está en todo lo que vemos alrededor.

Todo lo anterior sonará muy zen o yogui o como sea, el hecho es que he vivido en carne propia que así funciona. Tal vez, al llegar a donde se llega al morir (quien sabe a dónde) me he de encontrar con quien me explique cómo funcionaba este carrusel loco de emociones, esta vida en la que soy Laura Cabrera Amézquita, un ser humano más de tantos otros. Imagino que ese alguien que me recibe (el cual me gusta pensar todo gentil y de alas, como las que también tendré en ese momento) me dirá que la obra de teatro de la que hicimos parte era solo eso, una obra de teatro. Haremos eso sí, con este individuo alado, no el balance de los actos buenos frente a los actos malos que hice para ver si soy mandada al cielo o al infierno, sino más bien un balance de cuantas veces hui o dejé de huir de los momentos difíciles de la vida. Haré un examen para saber cuánto aprendí sobre las personas y los seres vivos, sobre mi misión en esa vida… para dar con el resultado de en que bicho seré convertida al volver a la tierra.

Me encontraré entonces con mi hermana quien después de una buena bailada y varias carcajadas me contará a ciencia cierta qué pasó, porqué terminó su vida tan rápido, y ahí entenderé que el tiempo que sufrimos su ausencia fue perdido porque el reencuentro lo valió todo, ella también hacia parte de la obra de teatro. Así es como por días, meses o años, esperaré a ser devuelta en otro cuerpo, otro empaque a la tierra. Espero poder ser un Atobá, ave moradora del Parque Nacional Abrolhos, Bahía, Brasil (donde hoy me encuentro) de las que viven en el mismo parque, sin predadores, dedicando su día entero a volar, cazar pez, recibir visitas de ballenas y tortugas así como de enamorar, enamorar mucho.

El hecho es que así mi espíritu en una próxima vida sea empacado en un cuerpo humano, un sancudo, un marrano o un elefante, solo sé que en la vida actual, sospechando saber cómo es que funciona, voy haciendo lo posible por seguir mi misión, al menos por el camino que creo tener. Creo en la segundas y terceras oportunidades, en que al caerme, no me queda otra alternativa que levantarme, sacudirme las rodillas y seguir, en que la mente es solo una herramienta de trabajo; no somos mente, somos sensaciones, emociones acompañadas por pensamientos. Creo en que vinimos solos, que no somos dueños ni propiedad de nadie, solo de nosotros mismos. Creo en que todos estamos conectados energéticamente, que puedo ayudar a sanar la relación con otros sin necesidad de tenerlos en carne propia. Creo en que el miedo de vivir siempre existirá y solo puede ser disminuido cuando es lavado mil veces con jabón de amor.
No hay nada seguro en la vida, por eso tantos luchan por aumentar la posibilidad de vivirla mejor al aumentar cosas materiales, porque a veces son menos probables de ser perdidas con el tiempo que las mismas personas que nos rodean. Me duele decir esto último porque considero que soy de las que necesitan poco material muerto (casas, carros y becas) y más bien muchos amores en la vida (enamorados, amigos, familias y hasta mascota, ay mi Crayola).
Cómo me gustaría enamorarme más veces. La informalidad en las relaciones de pareja me tiene un poco aburrida. No busco anillo de matrimonio y ni me quiero imaginar vestida de blanco caminando hacia el altar. Quiero parcería, admiración, una conexión que va más allá del cuerpo físico. Por ahora no me preocupo. Para no pre-ocuparme, me ocupo. Me ocupo en entender lo que quiero, lo que soy. Me ocupo en vivir el hoy, de recibirlo de brazos abiertos. De hacer todo aquello que no atente contra mi misma ni contra otras personas. Me ocupo en ser profesora y ser alumna todos los días

Ahora mi gran amor, el mar está afuera de mi ventana recordándome hacerme presente una vez más. Voy a buscar a mi querida Claris para darnos un paseo por la isla antes de volver a preparar el comienzo de semana. Ya que bajó un poco el viento y aun no empieza a llover, saldremos las dos brujas de la cueva a cantar “que llueva, que llueva, la vieja salió de la cueva, los pájaritos cantan, la luna se levanta”, a ver qué pasa…

lunes, 19 de septiembre de 2011

De lo básico a lo complejo para ahora regresar a lo básico

De haber creado la “pulsénica”, pulsera para portar papel higiénico de la cual hablé en algún escrito anterior, no habría tenido inconveniente ahora que vuelvo a la vida de viajar a “lo básico”, al vivir entre otras cosas, al hecho de no tener papel en los bannos. El nordeste de Brasil revela lo que no esperábamos encontrar. El Brasil que conocimos hasta ahora, con su comportamiento de país de primer mundo, nos deja sorprenidas y contentas exponiendo a pleno rayo de luz la evidencia de tener tanto de básico como de complejo; un país de fachada de "primer mundo" y con corazón misturado entre primer y tercer mundo.

Viajando por el sureste de Colombia a finales de Marzo y luego degustando Ecuador, experimentamos el aire tan conocido de lo Andino, pura genética indígena con las marcas inexorables de lo europeo. Luego, pasando por Perú, la experiencia del aire de lo sencillo, de lo indígena se hizo aun más fuerte, no solo por la música llena de instrumentos de vientos, gorros lanudos de colores tapando las orejas, sino también por la tradición de lo natural, de lo ancestral, de la cultura de la vida simple, del consumo de más productos necesarios y menos productos de lujo, de lo habitual de tiendas para reparar todo lo reusable, de las cholitas dueñas de los mercados vendiendo su producción vistiendo ropas típicas, de la gallina viva patas arriba bien agarrada por la callosa mano del agricultor viajando en bus, de lo que más me gusta, de lo impredecible, del sazón inconfundible de la informalidad.

Bolivía también tuvo la fortuna de ser "hecha a mano" con similares características de Ecuador y Perú. Con sus precios bajos y cultura exquisita, nos dio la bienvenida este país, al que por muchos años no tuve planes de ir, por ignorancia, por ni siquiera ser mencionado como destino alguno por parte de la gente que conozco o de algún canal de televisión. Mi idea cambió una vez, mi antecesora de viaje mochilero por América del Sur y amiga del alma, Alda así como el mismo Ché en su “Diarios de Motocicleta”, me hicieron querer más que nunca sentir en carne propia, lo que muchos se pierden por pensar en que lo bueno se encuentra mucho más lejos de sus narices (en Europa y afines) = la experiencia Boliviana.

Fue así como hasta el último metro recorrido en Bolivia, vivimos lo que es conocido como "países de tercer mundo" o “subdesarrollados”. Subdesarrollo y Desarrollo son dos términos que a mi parecer suenan despectivos, odiosos casi siempre que son usados. Rara vez escucho quien los utilice con cuidado, siendo más común escuchar a la gente usarlas como quien “toca un violín prestado” (Término usado por mi mamá haciendo referencia a quien da mal trato a lo ajeno). Para no explayarme y evitando levantar polvo entrando en filosofías confusas, prefiero hablar de “diferente tipo de desarrollo” antes de categorizar a los países entre primer o tercer mundo. *(Annotación adicional pie de página)

Volviendo a la historia, después de dos meses en Brasil, viviendo su cara de país de primer mundo con solo rasgos lejanos de país de tercer mundo, ahora volvemos al ruedo. Evidenciamos ayer por primera vez desde que salimos de Ecuador, Perú y Bolivia; entre varias otros hechos, una gallina viva junto a otros víveres en una canasta en el portaequipajes del bus. Calles no del todo pavimentadas, ausencia de mega construcciones, más bicicletas y menos carros, mercados pequeños y disminución de productos light, hablan de una vida más sencilla en el pueblo que nos acoge ahora: Caravelas, Bahía.

Siendo este lugar básico e inmensamente afin con nuestra personalidad, nos lanzamos desde mañana a lo que es aun más básico y por lo tanto mejor para nosotras en este momento de la vida: trabajar por lo menos 30 días en una isla a 70 kms de tierra firme. La isla hace parte de un grupo de 5 islas, formación llamada Archipiélago de Abrolhos, donde solo pueden vivir investigadores y unos pocos militares. Cuentan la historia de cómo el nombre Abrolhos hace mérito a la descripción dada por un tripulante acompañando a Américo Vespucio en 1503 al ver el mismo Archipiélago: Abre los ojos = Abre os olhos = Abrolhos.

Agradecidas con la gente que ha hecho posible construir este suenno y soprendidas de los retos y situaciones que nos pone la misma vida que siempre hemos estado dispuestas a aceptar, nos vamos ahora al cuarto a volver a empacar mochilas para estar listas a las 6 am mannana. Espero estar contando pronto más experiencias de lo vivido, no solo para quien lo quiera leer, sino también para quien se anime a viajar y para que en 10, 20 o 30 annos cuando vuelva a leer lo que está aquí escrito pueda volver a ver los colores que hoy veo.






* Anotación adicional acerca de las connotaciones "Desarrollado" y "Subdesarrollado": De manera revolucionaria más inmensamente pacifista, creo fielmente en que nos merecemos ser vistos como países de diferente tipo de desarrollo ni mejor, ni peor, sencillamente un desarrollo que ES. Eso si, nunca como inferiores, característica que usualmente está incluida en la palabra “Subdesarrollo” en el mundo que apunta a que todo debe caminar hacia lo “Desarrollado”. He dicho

domingo, 4 de septiembre de 2011

El trabajo dignifica

Éramos dos: una peruana y yo. No recuerdo su nombre, imagino que ella tampoco el mío. Recuerdo que lo más importante era hacer la labor mejor que el día anterior y en menos tiempo. Cuando mi papá se enteró del trabajo que estaba haciendo me dijo con la angustia natural y entendible de un gran papá: “Lalita porqué estás trabajando en eso? Necesitas algo de dinero?” Le di la respuesta perfecta, la cual no olvido e imagino que él tampoco: “Papito, tú me enseñaste que el trabajo dignifica” seguido de una larga pausa seguí hablando: “Además te contaré un dato curioso que me enseñó mi compañera peruana y que hace más fácil nuestro trabajo: sabías que usando agua caliente logras usar menos jabón, haces menos esfuerzo y los baños quedan oliendo más rico?”

Gracias a este trabajo no volví a menos preciar el esfuerzo que hizo siempre Rosita lavando los baños de mi casa ni el de millones de personas que lo hacen. Entendí que es mucho trabajo y acepto con vergüenza que fue solo desde ese momento cuando valoré realmente el trabajo que requiere limpiar aquel lugar del que todos precisamos cada día a menos que vivamos en el medio salvaje y/o en condiciones precarias y/o de una manera alternativa: el baño.

Mesera, cocinera, asistente de campo, campesina, pescadora, policía entre otros, son algunos de los roles asumidos que nunca me quitaron cosa alguna, siempre me dieron más herramientas. Hoy pensé en el valor de los diferentes tipos de trabajo una vez conocí al pescador de Playa Almada, oriundo de la zona, pescador de pura cepa. Mi destino de atender todo el día a turistas en el centro de visitantes de tortugas cambió, gracias a la llamada de él mismo a 40 kms de la base donde yo trabajo. Tres tortugas cayeron en sus redes de pesca, quizás heridas, quizás no. Fue entonces cuando armados hasta los dientes con pesa, metro, kit de emergencia y hasta dos cajas de plástico grandes, que utilizaríamos solo en caso de tener que transportar a las tortugas al área de cuidados intensivos, fuimos con Enrique, el Director de Projeto Tamar en nuestra misión “detectivesca” a salvar a las tortugas.

Tal como no lo esperaba, tres tortugas estaban atrás de unas redes, con la panza hacia arriba y la cabeza descolgada mientras los pescadores jugaban cartas en su tiempo libre. Descubrí al acercarme y voltear a una de las pacientes, que afortunadamente estaban todas más vivas que nunca, esperando a ser volteadas para volver al tan anhelado mar. Una vez pesadas, medidas y con una marca para poder estudiarlas en un futuro en alguna playa del mundo, las llevamos de vuelta al mar. Los ojos se me agüaron pero claro, no era momento de llorar pues varios turistas cuasi pelados aprovechando tomar color gracias al sol se acercaron a la escena del anti-crímen, queriendo tomarse fotos con las tortugas, queriendo tocarlas y haciendo mil preguntas a la vez. De la manera más inteligente, el gran jefe enseñó a las personas la importancia de las tortugas mientras las mismas regresaban al mar. El trabajo estaba hecho.

Gracias al trabajo del pescador quien hizo la llamada hoy y la llamada de los miles de pescadores en los pasados 30 años, las tortugas en Brasil están cada vez mejor. El pescador quien antes mataba las tortugas por desconocimiento hoy trabaja por salvarlas porque alguien le enseñó la importancia de cuidarlas. No le prohibió, solo le dio una alternativa y varias razones para no continuar con las prácticas de antes, por medio del arte del convencimiento. Tal como me explicó el gran jefe hoy, la dificultad con el pescador es que pocos reconocen su trabajo: él no tiene la paciencia para explicar el por qué lleva tortugas en su red y el turista no tiene oídos para escuchar, solo para criticar su labor.

Pensé mucho en quienes trabajan la tierra, quienes limpian las ciudades, quienes enseñan; en todos aquellos que tienen los trabajos que realmente dan sustento básico a la sociedad. Pensé en lo injustos que somos al menos preciar una labor que es hecha con las mejores intenciones, en lo expertos que somos en transferir la responsabilidad de todo lo malo a alguien más por el gusto mismo de criticar, por desacreditar lo que no conocemos. El campesino es el culpable: la tierra esta sobre cargada de químicos. El pescador es el culpable: es irresponsable en el uso de la maya de pesca. La señora que hace el aseo es muy lenta: para tan pequeño espacio que hay para limpiar se toma demasiado tiempo. Despues de cada una de estas afirmaciones es donde cabe perfecto la respuesta que oí alguna vez y que yo también utilizaría si la crítica fuera hacia lo que yo hago: “si es tan fácil como dice, venga y hágalo”.

Pensé en el gran valor de trabajar, de arriesgarse a ser “de todero”. Para evitar confusiones, entiéndase “de todero” como aquella persona que realiza un trabajo que sabe desarrollar / cree saber desarrollar / reconoce que no sabe pero quiere aprender a desarrollar. Gusto de los “de toderos”. Gusto ser una “de todera” pues nada he perdido al hacer mientras que mucho he dejado de aprender al no hacer. Ojalá todos nos dieramos la oportunidad de ser “de toderos” y emprendieramos oficios varios para ver si en algún momento ganamos como sociedad la capacidad de ver el valor del vecino, de lo que hace, de quien es realmente el vecino.... de reconocer que cualquier trabajo de buena intención dignifica.