miércoles, 24 de octubre de 2018

El ser mochilero


Con ganas de escribir todos los días no escribo. En la vida sin ruedas, porque no tenía tiempo; ahora sobre ruedas porque tampoco lo tengo.  Hoy termino este escrito porque lo termino.

Dicen que una vez pica el bicho de viajar, ya se quiere viajar para siempre. Es peor que cualquier vicio. Es una adicción de sentir una y otra vez la sensación de libertad, siendo como niños, intentando vivir el presente absoluto... y aunque digo y repito que aunque el viaje que hacemos no es color de rosa todo el tiempo, pues tiene sus altibajos como la vida misma, hoy lo seguimos eligiendo.

Jugar con mis hijos hace unos días a orilla del mar, no tiene comparación. Jugamos al lanzamiento de bolas de arena acompañados de un heróico gito “Jerónimo!!!!!!!”. Mientras tanto, abrímos desesperadamente dos huecos en la arena imaginando estar haciendo grandes lagos que nos protegerían (aún no se de qué). Sin saber en qué momento, el juego se convirtió en una interminable guerra entre nosotros; un delicioso “ponchados de arena”. Entre risas y llanto por la arena que sin permiso se colaba en los ojos, pasamos la tarde haciendo lo que queremos priorizar en el viaje: estar con los chiquitos. 

Pensé en el momento en el que decidí viajar de mochila por primera vez. Hasta que salí de mochilera, el “ser mochilero” era para mi un término que abarcaba un ser a quien sin importarle nada ni nadie salía a caminar el mundo, sin miedo de nada y eso sí, siempre con poco dinero. Los pocos que había conocido hasta el momento, sacaban un paño desbaratado de su morral, lo desenrollaban y en él traían todo tipo de artesanías. Con la mochila de espaldar, pasaban horas y días sentados en cualquier esquina con el paño sobre el suelo, esperando que alguien se acercara a comprar mientras tejían pulseras o charlaban con el vecino de paño. Ellos, con evidente falta de agua y jabón, y usualmente con pelos decorados de rastas o shakiras, saludaban amablemente con acento extranjero a quien se acercaba y contentos intentaban dar a conocer un poco de lo ya recorrido y la expectativa del camino por recorrer. Cabe la pena aclarar que con la cortísima descipción no hay pretensión alguna de juzgar, solo de contar cuál era mi impresión.

En mi corto conocimiento sobre el tema, para mí eso era ser mochilero. Adicional a esto, ni en mi familia ni en el entorno social en el que siempre anduve, supe de alguien que hubiese arrancado con mochila al hombro a recorrer. Esto hacía que el tema fuese extraño, de locos, tan ajeno para mí como un viaje a la luna.

Cuando salimos con Clari no veíamos que podríamos haber llegado a ser ese tipo de mochilero; y lo repito, sin juzgar de ninguna manera a quien viaja así. No nos veíamos con el paño de artesanías esperando a que alguien quisiera comprar. Queríamos ser mochileras con algo diferente de lo que creíamos que hacían todos los mochileros. Nos veíamos trabajando en conservación, con animales, con medio ambiente, educación; pudiendo trabajar en los temas que habíamos estudiado en la Universidad. Así fue. Habiendo salido a la ruta con el dinero que en Bogotá nos habría alcanzado para vivir dos meses según lo estipulado, logramos viajar juntas un año y siete meses con la mochila a cuestas, trabajando en 5 proyectos diferentes en los cuales aunque no nos pagaban en dinero, si eran períodos de tiempo en los que los gastos los tuvimos pagos.

Al salir, mi concepto sobre “el ser mochilero” fue cambiando. Entendí que los modelos mentales que la sociedad tiene sobre quien agarra una mochila y sale no pueden ser generalizados. Decir lo que he escuchado decir: que los mochileros son marihuaneros, vagos, que les cuesta enfrentar la realidad, no tienen porqué ser generalidades de tantas que hay. Si creo que se puede generalizar que quien agarra una mochila y sale, necesariamente es valiente y tiene deseo por vivir aventuras; por reventar la burbuja en la que creció. Especialmente el que sale corto de dinero, listo a enfrentarse con lo que haya que hacer en el camino; no tiene otra opción que confiar en los pasos que da. Sin excepción, al mochilero le toca decidir. Siempre hay decisiones que tomar: qué comer, donde dormir, si ir a la montaña, a la playa o a la ciudad.... y eso sí, si en el camino encuentra un lugar donde se encuentre excesivamente cómodo porque lo tratan como a un familiar más, porque come rico, porque se baña con agua caliente a diario, etc, es muy difícil tomar la decisión de continuar.

Nos fuimos dando cuenta en el camino con Clari y hoy lo corroboro 7 años después y viajando por Sur América, que hay tendencias que no se han modificado: de Sur América el más viajero de mochila es el Argentino, seguido por el Chileno. Colombianos, Brasileros y Uruguayos somos menos pero hay. De los demás países es casi imposible encontrar mochileros. En el viaje con Clari, había familias en carro casa pero casi todas europeas. En esta ocasión, nos hemos cruzado y compartido con 5 familias francesas sin vender en el camino y cómodos; en carros casas con todas las comodidades en pequeñísimos espacios. También con una familia chilena que viaja como nosotros: viajando y trabajando a la vez.

Hoy corroboro una vez más que si se quiere se puede. Soñamos con hacer este viaje y lo estamos haciendo. Sin ser fácil pues hay días difíciles, porque ir recorriendo, siempre teniendo que tomar decisiones y compartiendo 6 metros cuadrados, no debe ser fácil ni para el Papa con la Madre Teresa de Calcuta, menos para gente tanto menos santa como nosotros. Adicionalmente para Facu y para mí el cambio es importante entre lo que fuimos y lo que somos. Viajar con hijos y sin hijos es MUY
diferente. No me quejo en lo absoluto aunque la verdad, a veces si quisiera tener un tiempo de Laura con Laura. Hoy lo decido y lo vuelvo a decidir. Hoy somos mochileros con más responsabilidad que uno común. Hemos charlado que posiblemente si nunca hubiésemos salido de mochileros sin hijos, posiblemente hoy no nos habríamos animado a hacerlo. Quizás porque no tenemos familias cercanas, amigas o familiares, que viajen en familia por un tiempo ilimitado, en su propia casa. Creo cada día con más fervor, que cuando no se ha salido, se cree que el mundo está mucho más lleno de riesgos de lo que realmente está.

Y es que la sociedad, las noticias y en general los medios de comunicación, se encargan de eso: de hacernos estar miedosos constantemente para no vivir la vida al máximo. Estando bastante alejada de estas fuerzas, siento que nos han querido meter miedo para que haya más control, para que consumamos más por el hecho de sentirnos siempre incompletos, para que creamos que corremos riesgo constantemente. Y es que me voy a un ejemplo muy sencillo: Siendo absolutamente sinceros, si una mamá no tuviera miedo de los virus y bacterias que se adhieren a los teteros y que pueden enfermar al bebé, cómo harían las empresas que venden la máquina exclusiva de lavar teteros para tener tanto éxito? En donde está el negocio si las mamás para lavar los teteros solo usan agua hirviendo y jabón?. Cómo hacemos para que la gente invierta en vestirse con ropa de marca si no se les vende la idea de que solo con ropa de marca pertenecen a un grupo social? Y de pertenecer, “son alguien”? y de “ser alguien” ya tienen control de su vida porque así tienen dinero, poder, belleza y juventud eterna?

Perdón que me meta tanto. Me meto porque lo veo desde aquí, desde afuera. Veo cómo nos consume el miedo. Hasta a veces me subí y permanecí en el barco del miedo cuando durante los últimos meses antes de salir, nos hacían preguntas de miedo acerca de nuestra partida y no por malos sino porque no entienden nuestra forma de pensar. Hoy, intentando dejar ir al barco del miedo veo que en términos generales, queremos guiarnos y guiar a nuestra gente a través del miedo porque solo así logramos tener la ilusión de estar con todo nuestro sistema bajo control.

Fui mochilera soltera y hoy somos mochileros con hijos. Agradezco a Dios cada día y cada noche por poder elegir perdiendo el miedo de ejecutar; por cada despertar de consciencia, cada reflexión. Si el haber salido hace 7 años fue algo de lo que nunca me arrepentiré, hoy sé que a pesar de lo difícil que fue tomar la decisión y de que a veces se presenten dificultades, no vamos a arrepentirnos de lo que elegimos vivir hoy: apreciando lo simple; del hoy. Necesitamos confiar en que el futuro traerá todo lo que necesitamos para seguir viviendo bien.



Así como dice Maestro Oogway en Kunfu Panda “ Ayer es historia, mañana es un misterio, hoy es un regalo, por eso se llama presente”
“Yesterday is history, tomorrow is a mistery, today is a gift… that´s why it is called a present” 


martes, 2 de octubre de 2018

Algunas preguntas y respuestas sobre el viaje



1. Son interminables las preguntas que nos hacen y que nosotros mismos nos hemos hecho hasta el momento para poder cumplir con el sueño de hacer este viaje. He aquí algunas para quien tenga curiosidad por simple curiosidad o porque algún día quiera animarse a emprender un viaje en familia sobre ruedas.

  1. Cuando surgió la idea de viajar así?

Viajando por Sur América del 2010 al 2012 con Clari y después con Facu, entendí que hay muchas formas de vivir, que no eran esas  pocas que hasta el momento yo ya conocía. Solo hasta ese entonces fue que entendí
que hacer familia no necesariamente implica vivir en una ciudad, tener un estilo de vida como en el que crecí. Recuerdo especialmente una familia francesa que me impactó mucho. Tiraron el ancla de su velero en la zona donde no podrían pasar la noche en el Parque Nacional Marinho dos Abrolhos. Con Clari fuimos nadando hasta el barco para indicarles lo que debían hacer, tal como lo hacíamos con todos los barcos cercanos a la isla. Eran cuatro en la familia: Papá, Mamá, niña de 7 años y niño de 9 años, ambos criados desde siempre en el velero.

“Cómo viven en el barco durante 9 años?” le pregunte absolutamente emocionada a la mamá de la familia. Con un tono pausado y amoroso nos explicó largamente lo que resumo a continuación: Decidieron vivir fuera de Francia desde 10 años atrás porque era mucho más costoso vivir en tierra que en los 7 mares. Tuvieron hijos y la vida continuó en su velero. Junto con 11 veleros más, en los cuales a su vez también viven familias con niños pequeños, forman una pequeña comunidad acuática durante 3 meses del año, cerca a alguna costa, En ese momento es cuando trabajan: ella dicta clases a los niños de los doce barcos. Él trabaja junto con un amigo de otro barco en tierra: el arreglando motocicletas, su amigo arreglando automóviles. Ella va en un pequeño bote inflable pasando a buscar a los niños para llevarlos a su velero. Dicta clases, al final de la temporada les hace presentar los exámenes que les exige la ley de cada país y así los mantiene el día en cuanto a los conocimentos acordes con la edad según el país del que provienen.

“No podemos parear esos 3 meses en cualquier lado del mundo pues lo crean o no, todavía existen piratas, hasta quizás más de los que  existían antes. Necesitamos costa, si, pero no puede ser cualquier costa, debe ser una segura”

2 Porqué un bus escolar?


La elección de La Amarilla fue exhaustiva. Soñábamos con modificar un bus como lo habíamos visto que lo hacían en películas. Queríamos un bus bien largo pero pensábamos que estacionarlo en cualquier lado sería más difícil, y así es. Nuestro busesito tiene el tamaño de una camioneta grande, tanto de ancho como de  largo. Eso si, es mucho más alta.

Renunciamos a tener una Combi Volkswagen cuando nos enteramos que conseguir los repuestos es más difícil que lo que tenemos ahora. De dañarse nuestro bus, cualquier repuesto es más fácil de conseguir y en cualquier pueblo podemos hallar quien tenga el conocimiento para revisarlo. Con una Combi Volkswagen no es así: sus repuestos son caros, más difíciles de conseguir y ante cualquier daño en pueblos pequeños, es casi imposible conseguir quién le meta la mano. 

Aunque este sea este nuestra casa hoy, "estacionable" en cualquier lugar y con posibilidades de arreglo fáciles ante cualquier percance, la verdad es que al menos 3 metros de casa, no nos vendrían mal. Será nuestro próximo proyecto de casa rodante.

Es suficiente el espacio en el bus para vivir?


Es chiquito el espacio, son 6 metros cuadrados. Si en una casa de tamaño normal el desorden era el estado común y corriente, en este espacio con solo mirarlo ya el desorden es dueño del lugar. Hemos tenido que intentar ser hiper-ordenados. Ya casi con 2 meses de viaje, no hay día en el que encontremos una nueva forma de almacenar, una nueva idea de hacerlo más eficiente, alguna manera de guardar algo que no sabíamos como hacerlo. Por ejemplo: enrollando bien apretado el mat de yoga detrás del extintor a la entrada de la puerta, es el único lugar en el que no estorba, está a la mano y sirve como soporte de la escobita del bus la cual usamos a diario.

4. Cómo producen dinero para viajar?


Las gorras, imánes y calcomanías han sido una buena forma de ir trabajando mientras viajamos, especialmente porque la informalidad del negocio nos da la posibilidad de estar permanentemente con nuestros hijos.

Recuerdo el día que inventamos lo de las gorras. Habíamos ido al centro de Bogotá a conseguir algo para llevar en el camino que pudiéramos vender, lo único que se nos ocurría era artesanías. Facu necesitaba una gorra así que estando en el lugar donde se conseguirían más baratas, compramos la gorra. Pensamos que podríamos llevar gorras para vender, con algún diseño interesante, siendo este un producto que no ocuparía mucho espacio y que nos permitiría hablar de nuestro viaje como un proyecto.


El artículo a vender ya estaba elegido. En el peor de los casos le podríamos ganar 100% sobre el precio al que las habíamos comprado. Salimos del lugar ya dejando unas encargadas: les mandaríamos a imprimir unas placas y el mapa de Sur América, uno bordado y el otro que brillaba en la oscuridad. Volviendo en Transmilenio alguno de los dos, no recuerdo quien, dijo cuando pensábamos cómo modificaríamos un bus de semejante tamaño en casa rodante:

“Es que yo como sea viajo”

De ahí comenzó una interminable lluvia de ideas al rededor del lema ya elegido: sería un hombrecito que viaja de mil maneras, en tortuga, atado al cuello de un avestruz, en las garras de un águila, en ballena, en un triciclo, en una máquina retroexcavadora, en esquíes halado por una cometa, colgado de un globo aerostático, entre tantas otras formas. Así fue como el lema “Como sea pero viajo” se convirtió en el título de nuestro viaje pues sentimos que para nosotros es un logro inmenso estar viajando como lo hacemos. No sabíamos cómo volver a viajar de una manera similar a cuando viajábamos de mochila: sin tiempos, sin lujos, dejando que la vida nos sorprendiera, viviendo de manera sencilla.

Así como para nosotros es un gran logro viajar como lo hacemos, sabemos que  para muchos también lo podría llegar a ser de decidir hacerlo. Por eso es que hoy, aunque no vendemos todos los días, aquellos que vendemos usualmente encontramos varias personas que quieren apoyarnos, a quienes les gusta lo que hacemos y sobre todo y más importante, a quienes inspiramos y dicen querer un día viajar como nosotros lo hacemos.

5.       
         5. Cuanto tiempo va a durar el viaje?

Inicialmente creímos que serían 3 meses. Aun así, llevamos casi dos meses y solo llevamos recorridos Colombia y mitad de Ecuador. Por esta razón hoy nos es incierto pensar cuanto tiempo nos demoremos. Nos es tan fácil encontrar lugares en los que nos sintamos cómodos por la gente, la naturaleza, la forma de vida, que salir es difícil… creemos llegar para quedarnos un par de días y terminamos quedándonos varios más.

Hoy por ejemplo seguimos en Canoa. Llegamos el viernes 28 de Septiembre. Hoy, 5 días después no hemos salido aunque inicialmente pensamos estar una única noche. Aunque no nos fue tan bien vendiendo en el fin de semana, encontramos un buen hostel donde estacionamos para dormir, donde usamos ducha, baño, cocina y wifi, todo por $3 us/ día. Además y más importante, conocimos a Kiki, profesor de surf de mi hijo quien ama lo que hace, es un amante absoluto de la naturaleza, de la vida sencilla, de enseñar, de vivir como vive. Así, cómo nos vamos? Nos toca esforzarnos por hacerlo. En el caso de Kiki, Antonio solo se quiere quedar. Dice que quiere que Kiki sea siempre su profesor.

6.     6. Cómo hacen con el baño?

Por fortuna tenemos un baño chiquito para los niños en el bus. Lo amo cada vez más cuando a media noche alguno de los dos, especialmente Ema, necesitan ir al baño. Usándolo en caso de emergencia nos ha salvado de que los chiquitos aguanten el tener que ir al baño.
Las bombas de servicio son un gran parador para usar el baño. Eso si, siempre bajamos con todo el kit: protector de taza, papel higiénico y jabón. También, afortunadamente, los chiquitos han aprendido a que cuando deben ir al baño en medio del bosque, no hay problema en abrir un hueco, hacer y tapar. Queremos que puedan ser descomplicados y que cuando se necesita no sientan que es un problema.
7.       
      7. Cómo hacen con la ducha?

Hasta el momento ducha es lo que hay. En todos lados conseguimos cómo bañarnos y cuando no hay ducha, hay río o mar.
8.      
         8. Cómo hacen para cocinar?

Llevamos una estufita de camping en el bus la cual nos la regalaron mis papás. Hasta el
momento ha servido de maravilla. Cocinamos cuando necesitamos en el escalón del bus para evitar que el viento apague la llama. Teniendo 4 pipetas de repuesto, todavía no terminamos la primera. Realmente es un gran invento.

Esto acompañado de un lavaplatos / lavamanos que tenemos dentro del bus. Facu puso un tanque de 60 litros de agua corriente el cual llena con manguera donde se puede. Este queda al lado del botellón de agua potable, el cual aquí en Ecuador es muy barato: $1us!

Nunca nos ha faltado agua. Lo más maravilloso es poderse lavar las manos mientras el bus anda con solo abrir la canilla de agua dentro del bus... parece magia!. El agua ya usada va por un tubo afuera del bus. La opción es recoger el agua por debajo si estamos en algún lugar donde no se pueda tirar afuera, pero hasta ahora no hemos tenido que hacerlo.
9.     
          9. Y el colegio? No es necesario tener a su hijo grande en un colegio?

Consideramos que no lo es. Por ahora creemos que él está aprendiendo lo más  importante que puede estar aprendiendo en este momento: el contacto con la naturaleza, jugar constantemente al aire libre, aprender a convivir dentro de su propia familia, a ser hermano, a ser hijo, a hacerse responsable de sus cosas, a identificar lo que le gusta, a aprender sobre animales, a surfear, a interactuar con niños y adultos de otras culturas, a desapegarse de cosas materiales, a comer lo que hay, a disfrutar del cambio, a entender que el dinero se hace trabajando.

Esta última lección nos parece importante. El hoy nos ve hacer el esfuerzo de vender. Cuando quiere, él nos ayuda vendiendo, clasificando, negociando y haciendo todo lo relacionado con nuestro negocio actual que en realidad es muy sencillo. Con ese dinero, nos ayuda a conseguir lo que hace falta. De esta manera, se da cuenta que el dinero se gana, no sale de un árbol como a veces nos suele pasar a las personas cuando somos chiquitas: no entendemos bien qué es lo que nuestros padres hacen afuera todo el día mientras que nosotros vamos al colegio.


10. De qué te arriepientes?

Me arrepiento de no haber salido antes. Aun así, miro hacia atrás y me doy cuenta que todos los esfuerzos para estar aquí valieron la pena. Bueno, y cuando digo que me habría gustado salir antes, lo hago cuando por momentos me olvido que ha sido muy importante salir cuando Ema ya no es tan bebé, cuando al menos ya ha dejado los pañales.

Así es como confirmo una vez más que los tiempos son perfectos. En nuestro caso tuvimos que pasar por mucha indecisión, momentos difíciles, desacuerdos, y demás para estar aquí hoy, cumpliendo nuestro sueño de viajar... y aunque no sea siempre color de rosa porque no es como un viaje de una semana con todas las comodidades, intentamos cuando estamos muy cansados o aburridos con alguna situación, pensar que al fin y al cabo estamos cumpliendo nuestro sueño.