Si salgo ahora de casa, el viento no me podría levantar, son 60 y pocos kilos de piel, huesos, grasa, emociones y corazón, difíciles de elevar como cometa, solo fáciles de hacer caer como un bulto de papas y rodar por el suelo de la isla. Por eso y por la amenaza de lluvia no salgo por ahora. Los diez habitantes de la isla cruzamos los dedos para que llueva, para que sean llenados los tanques de agua dulce que escurriría por los techos; única fuente de agua dulce en medio de toneladas y toneladas de agua salada. De ser así, podremos bañarnos a diario y no cada dos o tres días. Canto entonces la canción: Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva, la luna se levanta, los pajaritos cantan. Así es como mientras los pajaritos afuera cantan, yo (la bruja) me quedo en casa cantando la canción. En la comodidad de nuestro hogar por el siguiente mes, aprovecho domingo de no trabajo para pensar, leer, escribir, mirar por la ventana, reevaluar la vida, cocinar y comer.
Hoy completamos 5 días en la isla, y en cuatro días, 6 meses de viaje. Quien lo creería. Pienso en lo que estaba haciendo hace un año, el 25 de Septiembre del 2010: trabajando en el colegio y en la universidad, dando lo mejor de mí, buscando algo más, luchando por llegar a confiar en que podría en algún momento salir de esa rutina que parecía ganar una inercia loca de la que no podría salir nunca más. Sentí en los últimos cinco años que el miedo de salir de la rutina era lo que más me mantenía atada a la misma, dejando para después el hecho de viajar. Hoy, viviendo lo que estoy viviendo, confirmo todos los días que fui capaz de hacerlo, me doy cuenta una vez más que si es posible.
La muerte de mi hermana, La Linchi, es sin duda alguna, el corte entre una vida antes y una vida después. Ahora, estando lejos de casa, se que los cambios repentinos pueden ocurrir, que no existe tal suma matemática que me fue enseñada en la religión que indica: si haces las cosas bien, de la mejor forma posible, te es garantizado solo buenas cosas en tu vida… entrega a los pobres y no tendrás dolor alguno. No me fue dicho, o al menos no me acuerdo haber aprendido, que el dolor hace parte de cualquier humano, que el dolor, la risa, el amor y el miedo hacen parte de la estructura de cualquier humano.
El dicho que dice “el que peca y reza, empata” no es más que una frasecilla que habla de una tabla de salvación. No creo en la existencia de un tablero de conteo de los actos positivos y negativos de cada persona. No sé con certeza cómo funciona, pero con plena confianza aplico el “hacer el bien” porque así me siento mejor, no porque por ejemplo, por ayudar a pasar la calle a 1000 viejitos, el ganarme la lotería está a la vuelta de la esquina. Creo que los hechos en la vida tienen que ver con lo que cada individuo necesita aprender para su crecimiento espiritual. Creo que Dios hace parte de nosotros mismos y está en todo lo que vemos alrededor.
Todo lo anterior sonará muy zen o yogui o como sea, el hecho es que he vivido en carne propia que así funciona. Tal vez, al llegar a donde se llega al morir (quien sabe a dónde) me he de encontrar con quien me explique cómo funcionaba este carrusel loco de emociones, esta vida en la que soy Laura Cabrera Amézquita, un ser humano más de tantos otros. Imagino que ese alguien que me recibe (el cual me gusta pensar todo gentil y de alas, como las que también tendré en ese momento) me dirá que la obra de teatro de la que hicimos parte era solo eso, una obra de teatro. Haremos eso sí, con este individuo alado, no el balance de los actos buenos frente a los actos malos que hice para ver si soy mandada al cielo o al infierno, sino más bien un balance de cuantas veces hui o dejé de huir de los momentos difíciles de la vida. Haré un examen para saber cuánto aprendí sobre las personas y los seres vivos, sobre mi misión en esa vida… para dar con el resultado de en que bicho seré convertida al volver a la tierra.
Me encontraré entonces con mi hermana quien después de una buena bailada y varias carcajadas me contará a ciencia cierta qué pasó, porqué terminó su vida tan rápido, y ahí entenderé que el tiempo que sufrimos su ausencia fue perdido porque el reencuentro lo valió todo, ella también hacia parte de la obra de teatro. Así es como por días, meses o años, esperaré a ser devuelta en otro cuerpo, otro empaque a la tierra. Espero poder ser un Atobá, ave moradora del Parque Nacional Abrolhos, Bahía, Brasil (donde hoy me encuentro) de las que viven en el mismo parque, sin predadores, dedicando su día entero a volar, cazar pez, recibir visitas de ballenas y tortugas así como de enamorar, enamorar mucho.
El hecho es que así mi espíritu en una próxima vida sea empacado en un cuerpo humano, un sancudo, un marrano o un elefante, solo sé que en la vida actual, sospechando saber cómo es que funciona, voy haciendo lo posible por seguir mi misión, al menos por el camino que creo tener. Creo en la segundas y terceras oportunidades, en que al caerme, no me queda otra alternativa que levantarme, sacudirme las rodillas y seguir, en que la mente es solo una herramienta de trabajo; no somos mente, somos sensaciones, emociones acompañadas por pensamientos. Creo en que vinimos solos, que no somos dueños ni propiedad de nadie, solo de nosotros mismos. Creo en que todos estamos conectados energéticamente, que puedo ayudar a sanar la relación con otros sin necesidad de tenerlos en carne propia. Creo en que el miedo de vivir siempre existirá y solo puede ser disminuido cuando es lavado mil veces con jabón de amor.
Hablando de amor, cómo me gustaría enamorarme más veces. La informalidad en las relaciones de pareja me tiene un poco aburrida. No busco anillo de matrimonio y ni me quiero imaginar vestida de blanco caminando hacia el altar. Quiero parcería, admiración, una conexión que va más allá del cuerpo físico. Por ahora no me preocupo con ese temita. Para no pre-ocuparme, me ocupo. Me ocupo en entender lo que quiero, lo que soy. Me ocupo en vivir el hoy, de recibirlo de brazos abiertos. De hacer todo aquello que no atente contra mi misma ni contra otras personas. Me ocupo en ser profesora y ser alumna todos los días
Ahora mi gran amor, el mar está afuera de mi ventana recordándome hacerme presente una vez más. Voy a buscar a mi querida Claris para darnos un paseo por la isla antes de volver a preparar lo que necesitamos hacer antes de trabajar mañana. Ya que bajó un poco el viento y aun no empieza a llover, saldremos las dos brujas de la cueva a cantar “que llueva, que llueva, la vieja salió de la cueva, los pájaritos cantan, la luna se levanta” y así al ritmo de la luna saliendo, veremos si por fin llueve.....
El viaje continúa: vivencias, sensaciones, emociones, ilusiones, opiniones, creencias, revelaciones y más, mucho más.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Domingo de reflexión en la isla de los sueños
Si salgo ahora de casa, el viento no me podría levantar, son 60 y pocos kilos de piel, huesos, grasa, emociones y corazón, difíciles de elevar como cometa, solo fáciles de hacer caer como un bulto de papas y rodar por el suelo de la isla. Por eso y por la amenaza de lluvia no salgo por ahora. Los diez habitantes de la isla cruzamos los dedos para que llueva, para que sean llenados los tanques de agua dulce que escurriría por los techos; única fuente de agua dulce en medio de toneladas y toneladas de agua salada. De ser así, podremos bañarnos a diario y no cada dos o tres días. Canto entonces la canción: Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva, la luna se levanta, los pajaritos cantan. Así es como mientras los pajaritos afuera cantan, yo (la bruja) me quedo en casa cantando la canción. En la comodidad de nuestro hogar por el siguiente mes, aprovecho domingo de no trabajo para pensar, leer, escribir, mirar por la ventana, reevaluar la vida, cocinar y comer.
Hoy completamos 5 días en la isla, y en cuatro días, 6 meses de viaje. Quien lo creería. Pienso en lo que estaba haciendo hace un año, el 25 de Septiembre del 2010: trabajando en el colegio y en la universidad, dando lo mejor de mí, buscando algo más, luchando por llegar a confiar en que podría en algún momento salir de esa rutina que parecía ganar una inercia loca de la que no podría salir nunca más. Sentí en los últimos cinco años que el miedo de salir de la rutina era lo que más me mantenía atada a la misma, dejando para después el hecho de viajar. Hoy, viviendo lo que estoy viviendo, teniendo que confirmar todos los días que fui capaz de hacerlo, confirmo una vez más que si es posible.
La muerte de mi hermana, La Linchi, es sin duda alguna, el corte entre una vida antes y una vida después. Ahora, estando lejos de casa, se que los cambios repentinos pueden ocurrir, que no existe tal suma matemática que me fue enseñada en la religión que indica: si haces las cosas bien, de la mejor forma posible, te es garantizado solo buenas cosas en tu vida… entrega a los pobres y no tendrás dolor alguno. No me fue dicho, o al menos no me acuerdo haber aprendido, que el dolor hace parte de cualquier humano, que el dolor, la risa, el amor y el miedo hacen parte de la estructura de cualquier humano.
El dicho que dice “el que peca y reza, empata” no es más que una frasecilla que habla de una tabla de salvación. No creo en la existencia de un tablero de conteo de los actos positivos y negativos de cada persona. No sé con certeza cómo funciona, pero con plena confianza aplico el “hacer el bien” porque así me siento mejor, no porque por ejemplo, por ayudar a pasar la calle a 1000 viejitos, el ganarme la lotería está a la vuelta de la esquina. Creo que los hechos en la vida tienen que ver con lo que cada individuo necesita aprender para su crecimiento espiritual. Creo que Dios hace parte de nosotros mismos y está en todo lo que vemos alrededor.
Todo lo anterior sonará muy zen o yogui o como sea, el hecho es que he vivido en carne propia que así funciona. Tal vez, al llegar a donde se llega al morir (quien sabe a dónde) me he de encontrar con quien me explique cómo funcionaba este carrusel loco de emociones, esta vida en la que soy Laura Cabrera Amézquita, un ser humano más de tantos otros. Imagino que ese alguien que me recibe (el cual me gusta pensar todo gentil y de alas, como las que también tendré en ese momento) me dirá que la obra de teatro de la que hicimos parte era solo eso, una obra de teatro. Haremos eso sí, con este individuo alado, no el balance de los actos buenos frente a los actos malos que hice para ver si soy mandada al cielo o al infierno, sino más bien un balance de cuantas veces hui o dejé de huir de los momentos difíciles de la vida. Haré un examen para saber cuánto aprendí sobre las personas y los seres vivos, sobre mi misión en esa vida… para dar con el resultado de en que bicho seré convertida al volver a la tierra.
Me encontraré entonces con mi hermana quien después de una buena bailada y varias carcajadas me contará a ciencia cierta qué pasó, porqué terminó su vida tan rápido, y ahí entenderé que el tiempo que sufrimos su ausencia fue perdido porque el reencuentro lo valió todo, ella también hacia parte de la obra de teatro. Así es como por días, meses o años, esperaré a ser devuelta en otro cuerpo, otro empaque a la tierra. Espero poder ser un Atobá, ave moradora del Parque Nacional Abrolhos, Bahía, Brasil (donde hoy me encuentro) de las que viven en el mismo parque, sin predadores, dedicando su día entero a volar, cazar pez, recibir visitas de ballenas y tortugas así como de enamorar, enamorar mucho.
El hecho es que así mi espíritu en una próxima vida sea empacado en un cuerpo humano, un sancudo, un marrano o un elefante, solo sé que en la vida actual, sospechando saber cómo es que funciona, voy haciendo lo posible por seguir mi misión, al menos por el camino que creo tener. Creo en la segundas y terceras oportunidades, en que al caerme, no me queda otra alternativa que levantarme, sacudirme las rodillas y seguir, en que la mente es solo una herramienta de trabajo; no somos mente, somos sensaciones, emociones acompañadas por pensamientos. Creo en que vinimos solos, que no somos dueños ni propiedad de nadie, solo de nosotros mismos. Creo en que todos estamos conectados energéticamente, que puedo ayudar a sanar la relación con otros sin necesidad de tenerlos en carne propia. Creo en que el miedo de vivir siempre existirá y solo puede ser disminuido cuando es lavado mil veces con jabón de amor.
No hay nada seguro en la vida, por eso tantos luchan por aumentar la posibilidad de vivirla mejor al aumentar cosas materiales, porque a veces son menos probables de ser perdidas con el tiempo que las mismas personas que nos rodean. Me duele decir esto último porque considero que soy de las que necesitan poco material muerto (casas, carros y becas) y más bien muchos amores en la vida (enamorados, amigos, familias y hasta mascota, ay mi Crayola).
Cómo me gustaría enamorarme más veces. La informalidad en las relaciones de pareja me tiene un poco aburrida. No busco anillo de matrimonio y ni me quiero imaginar vestida de blanco caminando hacia el altar. Quiero parcería, admiración, una conexión que va más allá del cuerpo físico. Por ahora no me preocupo. Para no pre-ocuparme, me ocupo. Me ocupo en entender lo que quiero, lo que soy. Me ocupo en vivir el hoy, de recibirlo de brazos abiertos. De hacer todo aquello que no atente contra mi misma ni contra otras personas. Me ocupo en ser profesora y ser alumna todos los días
Ahora mi gran amor, el mar está afuera de mi ventana recordándome hacerme presente una vez más. Voy a buscar a mi querida Claris para darnos un paseo por la isla antes de volver a preparar el comienzo de semana. Ya que bajó un poco el viento y aun no empieza a llover, saldremos las dos brujas de la cueva a cantar “que llueva, que llueva, la vieja salió de la cueva, los pájaritos cantan, la luna se levanta”, a ver qué pasa…
Hoy completamos 5 días en la isla, y en cuatro días, 6 meses de viaje. Quien lo creería. Pienso en lo que estaba haciendo hace un año, el 25 de Septiembre del 2010: trabajando en el colegio y en la universidad, dando lo mejor de mí, buscando algo más, luchando por llegar a confiar en que podría en algún momento salir de esa rutina que parecía ganar una inercia loca de la que no podría salir nunca más. Sentí en los últimos cinco años que el miedo de salir de la rutina era lo que más me mantenía atada a la misma, dejando para después el hecho de viajar. Hoy, viviendo lo que estoy viviendo, teniendo que confirmar todos los días que fui capaz de hacerlo, confirmo una vez más que si es posible.
La muerte de mi hermana, La Linchi, es sin duda alguna, el corte entre una vida antes y una vida después. Ahora, estando lejos de casa, se que los cambios repentinos pueden ocurrir, que no existe tal suma matemática que me fue enseñada en la religión que indica: si haces las cosas bien, de la mejor forma posible, te es garantizado solo buenas cosas en tu vida… entrega a los pobres y no tendrás dolor alguno. No me fue dicho, o al menos no me acuerdo haber aprendido, que el dolor hace parte de cualquier humano, que el dolor, la risa, el amor y el miedo hacen parte de la estructura de cualquier humano.
El dicho que dice “el que peca y reza, empata” no es más que una frasecilla que habla de una tabla de salvación. No creo en la existencia de un tablero de conteo de los actos positivos y negativos de cada persona. No sé con certeza cómo funciona, pero con plena confianza aplico el “hacer el bien” porque así me siento mejor, no porque por ejemplo, por ayudar a pasar la calle a 1000 viejitos, el ganarme la lotería está a la vuelta de la esquina. Creo que los hechos en la vida tienen que ver con lo que cada individuo necesita aprender para su crecimiento espiritual. Creo que Dios hace parte de nosotros mismos y está en todo lo que vemos alrededor.
Todo lo anterior sonará muy zen o yogui o como sea, el hecho es que he vivido en carne propia que así funciona. Tal vez, al llegar a donde se llega al morir (quien sabe a dónde) me he de encontrar con quien me explique cómo funcionaba este carrusel loco de emociones, esta vida en la que soy Laura Cabrera Amézquita, un ser humano más de tantos otros. Imagino que ese alguien que me recibe (el cual me gusta pensar todo gentil y de alas, como las que también tendré en ese momento) me dirá que la obra de teatro de la que hicimos parte era solo eso, una obra de teatro. Haremos eso sí, con este individuo alado, no el balance de los actos buenos frente a los actos malos que hice para ver si soy mandada al cielo o al infierno, sino más bien un balance de cuantas veces hui o dejé de huir de los momentos difíciles de la vida. Haré un examen para saber cuánto aprendí sobre las personas y los seres vivos, sobre mi misión en esa vida… para dar con el resultado de en que bicho seré convertida al volver a la tierra.
Me encontraré entonces con mi hermana quien después de una buena bailada y varias carcajadas me contará a ciencia cierta qué pasó, porqué terminó su vida tan rápido, y ahí entenderé que el tiempo que sufrimos su ausencia fue perdido porque el reencuentro lo valió todo, ella también hacia parte de la obra de teatro. Así es como por días, meses o años, esperaré a ser devuelta en otro cuerpo, otro empaque a la tierra. Espero poder ser un Atobá, ave moradora del Parque Nacional Abrolhos, Bahía, Brasil (donde hoy me encuentro) de las que viven en el mismo parque, sin predadores, dedicando su día entero a volar, cazar pez, recibir visitas de ballenas y tortugas así como de enamorar, enamorar mucho.
El hecho es que así mi espíritu en una próxima vida sea empacado en un cuerpo humano, un sancudo, un marrano o un elefante, solo sé que en la vida actual, sospechando saber cómo es que funciona, voy haciendo lo posible por seguir mi misión, al menos por el camino que creo tener. Creo en la segundas y terceras oportunidades, en que al caerme, no me queda otra alternativa que levantarme, sacudirme las rodillas y seguir, en que la mente es solo una herramienta de trabajo; no somos mente, somos sensaciones, emociones acompañadas por pensamientos. Creo en que vinimos solos, que no somos dueños ni propiedad de nadie, solo de nosotros mismos. Creo en que todos estamos conectados energéticamente, que puedo ayudar a sanar la relación con otros sin necesidad de tenerlos en carne propia. Creo en que el miedo de vivir siempre existirá y solo puede ser disminuido cuando es lavado mil veces con jabón de amor.
No hay nada seguro en la vida, por eso tantos luchan por aumentar la posibilidad de vivirla mejor al aumentar cosas materiales, porque a veces son menos probables de ser perdidas con el tiempo que las mismas personas que nos rodean. Me duele decir esto último porque considero que soy de las que necesitan poco material muerto (casas, carros y becas) y más bien muchos amores en la vida (enamorados, amigos, familias y hasta mascota, ay mi Crayola).
Cómo me gustaría enamorarme más veces. La informalidad en las relaciones de pareja me tiene un poco aburrida. No busco anillo de matrimonio y ni me quiero imaginar vestida de blanco caminando hacia el altar. Quiero parcería, admiración, una conexión que va más allá del cuerpo físico. Por ahora no me preocupo. Para no pre-ocuparme, me ocupo. Me ocupo en entender lo que quiero, lo que soy. Me ocupo en vivir el hoy, de recibirlo de brazos abiertos. De hacer todo aquello que no atente contra mi misma ni contra otras personas. Me ocupo en ser profesora y ser alumna todos los días
Ahora mi gran amor, el mar está afuera de mi ventana recordándome hacerme presente una vez más. Voy a buscar a mi querida Claris para darnos un paseo por la isla antes de volver a preparar el comienzo de semana. Ya que bajó un poco el viento y aun no empieza a llover, saldremos las dos brujas de la cueva a cantar “que llueva, que llueva, la vieja salió de la cueva, los pájaritos cantan, la luna se levanta”, a ver qué pasa…
lunes, 19 de septiembre de 2011
De lo básico a lo complejo para ahora regresar a lo básico
De haber creado la “pulsénica”, pulsera para portar papel higiénico de la cual hablé en algún escrito anterior, no habría tenido inconveniente ahora que vuelvo a la vida de viajar a “lo básico”, al vivir entre otras cosas, al hecho de no tener papel en los bannos. El nordeste de Brasil revela lo que no esperábamos encontrar. El Brasil que conocimos hasta ahora, con su comportamiento de país de primer mundo, nos deja sorprenidas y contentas exponiendo a pleno rayo de luz la evidencia de tener tanto de básico como de complejo; un país de fachada de "primer mundo" y con corazón misturado entre primer y tercer mundo.
Viajando por el sureste de Colombia a finales de Marzo y luego degustando Ecuador, experimentamos el aire tan conocido de lo Andino, pura genética indígena con las marcas inexorables de lo europeo. Luego, pasando por Perú, la experiencia del aire de lo sencillo, de lo indígena se hizo aun más fuerte, no solo por la música llena de instrumentos de vientos, gorros lanudos de colores tapando las orejas, sino también por la tradición de lo natural, de lo ancestral, de la cultura de la vida simple, del consumo de más productos necesarios y menos productos de lujo, de lo habitual de tiendas para reparar todo lo reusable, de las cholitas dueñas de los mercados vendiendo su producción vistiendo ropas típicas, de la gallina viva patas arriba bien agarrada por la callosa mano del agricultor viajando en bus, de lo que más me gusta, de lo impredecible, del sazón inconfundible de la informalidad.
Bolivía también tuvo la fortuna de ser "hecha a mano" con similares características de Ecuador y Perú. Con sus precios bajos y cultura exquisita, nos dio la bienvenida este país, al que por muchos años no tuve planes de ir, por ignorancia, por ni siquiera ser mencionado como destino alguno por parte de la gente que conozco o de algún canal de televisión. Mi idea cambió una vez, mi antecesora de viaje mochilero por América del Sur y amiga del alma, Alda así como el mismo Ché en su “Diarios de Motocicleta”, me hicieron querer más que nunca sentir en carne propia, lo que muchos se pierden por pensar en que lo bueno se encuentra mucho más lejos de sus narices (en Europa y afines) = la experiencia Boliviana.
Fue así como hasta el último metro recorrido en Bolivia, vivimos lo que es conocido como "países de tercer mundo" o “subdesarrollados”. Subdesarrollo y Desarrollo son dos términos que a mi parecer suenan despectivos, odiosos casi siempre que son usados. Rara vez escucho quien los utilice con cuidado, siendo más común escuchar a la gente usarlas como quien “toca un violín prestado” (Término usado por mi mamá haciendo referencia a quien da mal trato a lo ajeno). Para no explayarme y evitando levantar polvo entrando en filosofías confusas, prefiero hablar de “diferente tipo de desarrollo” antes de categorizar a los países entre primer o tercer mundo. *(Annotación adicional pie de página)
Volviendo a la historia, después de dos meses en Brasil, viviendo su cara de país de primer mundo con solo rasgos lejanos de país de tercer mundo, ahora volvemos al ruedo. Evidenciamos ayer por primera vez desde que salimos de Ecuador, Perú y Bolivia; entre varias otros hechos, una gallina viva junto a otros víveres en una canasta en el portaequipajes del bus. Calles no del todo pavimentadas, ausencia de mega construcciones, más bicicletas y menos carros, mercados pequeños y disminución de productos light, hablan de una vida más sencilla en el pueblo que nos acoge ahora: Caravelas, Bahía.
Siendo este lugar básico e inmensamente afin con nuestra personalidad, nos lanzamos desde mañana a lo que es aun más básico y por lo tanto mejor para nosotras en este momento de la vida: trabajar por lo menos 30 días en una isla a 70 kms de tierra firme. La isla hace parte de un grupo de 5 islas, formación llamada Archipiélago de Abrolhos, donde solo pueden vivir investigadores y unos pocos militares. Cuentan la historia de cómo el nombre Abrolhos hace mérito a la descripción dada por un tripulante acompañando a Américo Vespucio en 1503 al ver el mismo Archipiélago: Abre los ojos = Abre os olhos = Abrolhos.
Agradecidas con la gente que ha hecho posible construir este suenno y soprendidas de los retos y situaciones que nos pone la misma vida que siempre hemos estado dispuestas a aceptar, nos vamos ahora al cuarto a volver a empacar mochilas para estar listas a las 6 am mannana. Espero estar contando pronto más experiencias de lo vivido, no solo para quien lo quiera leer, sino también para quien se anime a viajar y para que en 10, 20 o 30 annos cuando vuelva a leer lo que está aquí escrito pueda volver a ver los colores que hoy veo.
* Anotación adicional acerca de las connotaciones "Desarrollado" y "Subdesarrollado": De manera revolucionaria más inmensamente pacifista, creo fielmente en que nos merecemos ser vistos como países de diferente tipo de desarrollo ni mejor, ni peor, sencillamente un desarrollo que ES. Eso si, nunca como inferiores, característica que usualmente está incluida en la palabra “Subdesarrollo” en el mundo que apunta a que todo debe caminar hacia lo “Desarrollado”. He dicho
Viajando por el sureste de Colombia a finales de Marzo y luego degustando Ecuador, experimentamos el aire tan conocido de lo Andino, pura genética indígena con las marcas inexorables de lo europeo. Luego, pasando por Perú, la experiencia del aire de lo sencillo, de lo indígena se hizo aun más fuerte, no solo por la música llena de instrumentos de vientos, gorros lanudos de colores tapando las orejas, sino también por la tradición de lo natural, de lo ancestral, de la cultura de la vida simple, del consumo de más productos necesarios y menos productos de lujo, de lo habitual de tiendas para reparar todo lo reusable, de las cholitas dueñas de los mercados vendiendo su producción vistiendo ropas típicas, de la gallina viva patas arriba bien agarrada por la callosa mano del agricultor viajando en bus, de lo que más me gusta, de lo impredecible, del sazón inconfundible de la informalidad.
Bolivía también tuvo la fortuna de ser "hecha a mano" con similares características de Ecuador y Perú. Con sus precios bajos y cultura exquisita, nos dio la bienvenida este país, al que por muchos años no tuve planes de ir, por ignorancia, por ni siquiera ser mencionado como destino alguno por parte de la gente que conozco o de algún canal de televisión. Mi idea cambió una vez, mi antecesora de viaje mochilero por América del Sur y amiga del alma, Alda así como el mismo Ché en su “Diarios de Motocicleta”, me hicieron querer más que nunca sentir en carne propia, lo que muchos se pierden por pensar en que lo bueno se encuentra mucho más lejos de sus narices (en Europa y afines) = la experiencia Boliviana.
Fue así como hasta el último metro recorrido en Bolivia, vivimos lo que es conocido como "países de tercer mundo" o “subdesarrollados”. Subdesarrollo y Desarrollo son dos términos que a mi parecer suenan despectivos, odiosos casi siempre que son usados. Rara vez escucho quien los utilice con cuidado, siendo más común escuchar a la gente usarlas como quien “toca un violín prestado” (Término usado por mi mamá haciendo referencia a quien da mal trato a lo ajeno). Para no explayarme y evitando levantar polvo entrando en filosofías confusas, prefiero hablar de “diferente tipo de desarrollo” antes de categorizar a los países entre primer o tercer mundo. *(Annotación adicional pie de página)
Volviendo a la historia, después de dos meses en Brasil, viviendo su cara de país de primer mundo con solo rasgos lejanos de país de tercer mundo, ahora volvemos al ruedo. Evidenciamos ayer por primera vez desde que salimos de Ecuador, Perú y Bolivia; entre varias otros hechos, una gallina viva junto a otros víveres en una canasta en el portaequipajes del bus. Calles no del todo pavimentadas, ausencia de mega construcciones, más bicicletas y menos carros, mercados pequeños y disminución de productos light, hablan de una vida más sencilla en el pueblo que nos acoge ahora: Caravelas, Bahía.
Siendo este lugar básico e inmensamente afin con nuestra personalidad, nos lanzamos desde mañana a lo que es aun más básico y por lo tanto mejor para nosotras en este momento de la vida: trabajar por lo menos 30 días en una isla a 70 kms de tierra firme. La isla hace parte de un grupo de 5 islas, formación llamada Archipiélago de Abrolhos, donde solo pueden vivir investigadores y unos pocos militares. Cuentan la historia de cómo el nombre Abrolhos hace mérito a la descripción dada por un tripulante acompañando a Américo Vespucio en 1503 al ver el mismo Archipiélago: Abre los ojos = Abre os olhos = Abrolhos.
Agradecidas con la gente que ha hecho posible construir este suenno y soprendidas de los retos y situaciones que nos pone la misma vida que siempre hemos estado dispuestas a aceptar, nos vamos ahora al cuarto a volver a empacar mochilas para estar listas a las 6 am mannana. Espero estar contando pronto más experiencias de lo vivido, no solo para quien lo quiera leer, sino también para quien se anime a viajar y para que en 10, 20 o 30 annos cuando vuelva a leer lo que está aquí escrito pueda volver a ver los colores que hoy veo.
* Anotación adicional acerca de las connotaciones "Desarrollado" y "Subdesarrollado": De manera revolucionaria más inmensamente pacifista, creo fielmente en que nos merecemos ser vistos como países de diferente tipo de desarrollo ni mejor, ni peor, sencillamente un desarrollo que ES. Eso si, nunca como inferiores, característica que usualmente está incluida en la palabra “Subdesarrollo” en el mundo que apunta a que todo debe caminar hacia lo “Desarrollado”. He dicho
domingo, 4 de septiembre de 2011
El trabajo dignifica
Éramos dos: una peruana y yo. No recuerdo su nombre, imagino que ella tampoco el mío. Recuerdo que lo más importante era hacer la labor mejor que el día anterior y en menos tiempo. Cuando mi papá se enteró del trabajo que estaba haciendo me dijo con la angustia natural y entendible de un gran papá: “Lalita porqué estás trabajando en eso? Necesitas algo de dinero?” Le di la respuesta perfecta, la cual no olvido e imagino que él tampoco: “Papito, tú me enseñaste que el trabajo dignifica” seguido de una larga pausa seguí hablando: “Además te contaré un dato curioso que me enseñó mi compañera peruana y que hace más fácil nuestro trabajo: sabías que usando agua caliente logras usar menos jabón, haces menos esfuerzo y los baños quedan oliendo más rico?”
Gracias a este trabajo no volví a menos preciar el esfuerzo que hizo siempre Rosita lavando los baños de mi casa ni el de millones de personas que lo hacen. Entendí que es mucho trabajo y acepto con vergüenza que fue solo desde ese momento cuando valoré realmente el trabajo que requiere limpiar aquel lugar del que todos precisamos cada día a menos que vivamos en el medio salvaje y/o en condiciones precarias y/o de una manera alternativa: el baño.
Mesera, cocinera, asistente de campo, campesina, pescadora, policía entre otros, son algunos de los roles asumidos que nunca me quitaron cosa alguna, siempre me dieron más herramientas. Hoy pensé en el valor de los diferentes tipos de trabajo una vez conocí al pescador de Playa Almada, oriundo de la zona, pescador de pura cepa. Mi destino de atender todo el día a turistas en el centro de visitantes de tortugas cambió, gracias a la llamada de él mismo a 40 kms de la base donde yo trabajo. Tres tortugas cayeron en sus redes de pesca, quizás heridas, quizás no. Fue entonces cuando armados hasta los dientes con pesa, metro, kit de emergencia y hasta dos cajas de plástico grandes, que utilizaríamos solo en caso de tener que transportar a las tortugas al área de cuidados intensivos, fuimos con Enrique, el Director de Projeto Tamar en nuestra misión “detectivesca” a salvar a las tortugas.
Tal como no lo esperaba, tres tortugas estaban atrás de unas redes, con la panza hacia arriba y la cabeza descolgada mientras los pescadores jugaban cartas en su tiempo libre. Descubrí al acercarme y voltear a una de las pacientes, que afortunadamente estaban todas más vivas que nunca, esperando a ser volteadas para volver al tan anhelado mar. Una vez pesadas, medidas y con una marca para poder estudiarlas en un futuro en alguna playa del mundo, las llevamos de vuelta al mar. Los ojos se me agüaron pero claro, no era momento de llorar pues varios turistas cuasi pelados aprovechando tomar color gracias al sol se acercaron a la escena del anti-crímen, queriendo tomarse fotos con las tortugas, queriendo tocarlas y haciendo mil preguntas a la vez. De la manera más inteligente, el gran jefe enseñó a las personas la importancia de las tortugas mientras las mismas regresaban al mar. El trabajo estaba hecho.
Gracias al trabajo del pescador quien hizo la llamada hoy y la llamada de los miles de pescadores en los pasados 30 años, las tortugas en Brasil están cada vez mejor. El pescador quien antes mataba las tortugas por desconocimiento hoy trabaja por salvarlas porque alguien le enseñó la importancia de cuidarlas. No le prohibió, solo le dio una alternativa y varias razones para no continuar con las prácticas de antes, por medio del arte del convencimiento. Tal como me explicó el gran jefe hoy, la dificultad con el pescador es que pocos reconocen su trabajo: él no tiene la paciencia para explicar el por qué lleva tortugas en su red y el turista no tiene oídos para escuchar, solo para criticar su labor.
Pensé mucho en quienes trabajan la tierra, quienes limpian las ciudades, quienes enseñan; en todos aquellos que tienen los trabajos que realmente dan sustento básico a la sociedad. Pensé en lo injustos que somos al menos preciar una labor que es hecha con las mejores intenciones, en lo expertos que somos en transferir la responsabilidad de todo lo malo a alguien más por el gusto mismo de criticar, por desacreditar lo que no conocemos. El campesino es el culpable: la tierra esta sobre cargada de químicos. El pescador es el culpable: es irresponsable en el uso de la maya de pesca. La señora que hace el aseo es muy lenta: para tan pequeño espacio que hay para limpiar se toma demasiado tiempo. Despues de cada una de estas afirmaciones es donde cabe perfecto la respuesta que oí alguna vez y que yo también utilizaría si la crítica fuera hacia lo que yo hago: “si es tan fácil como dice, venga y hágalo”.
Pensé en el gran valor de trabajar, de arriesgarse a ser “de todero”. Para evitar confusiones, entiéndase “de todero” como aquella persona que realiza un trabajo que sabe desarrollar / cree saber desarrollar / reconoce que no sabe pero quiere aprender a desarrollar. Gusto de los “de toderos”. Gusto ser una “de todera” pues nada he perdido al hacer mientras que mucho he dejado de aprender al no hacer. Ojalá todos nos dieramos la oportunidad de ser “de toderos” y emprendieramos oficios varios para ver si en algún momento ganamos como sociedad la capacidad de ver el valor del vecino, de lo que hace, de quien es realmente el vecino.... de reconocer que cualquier trabajo de buena intención dignifica.
Gracias a este trabajo no volví a menos preciar el esfuerzo que hizo siempre Rosita lavando los baños de mi casa ni el de millones de personas que lo hacen. Entendí que es mucho trabajo y acepto con vergüenza que fue solo desde ese momento cuando valoré realmente el trabajo que requiere limpiar aquel lugar del que todos precisamos cada día a menos que vivamos en el medio salvaje y/o en condiciones precarias y/o de una manera alternativa: el baño.
Mesera, cocinera, asistente de campo, campesina, pescadora, policía entre otros, son algunos de los roles asumidos que nunca me quitaron cosa alguna, siempre me dieron más herramientas. Hoy pensé en el valor de los diferentes tipos de trabajo una vez conocí al pescador de Playa Almada, oriundo de la zona, pescador de pura cepa. Mi destino de atender todo el día a turistas en el centro de visitantes de tortugas cambió, gracias a la llamada de él mismo a 40 kms de la base donde yo trabajo. Tres tortugas cayeron en sus redes de pesca, quizás heridas, quizás no. Fue entonces cuando armados hasta los dientes con pesa, metro, kit de emergencia y hasta dos cajas de plástico grandes, que utilizaríamos solo en caso de tener que transportar a las tortugas al área de cuidados intensivos, fuimos con Enrique, el Director de Projeto Tamar en nuestra misión “detectivesca” a salvar a las tortugas.
Tal como no lo esperaba, tres tortugas estaban atrás de unas redes, con la panza hacia arriba y la cabeza descolgada mientras los pescadores jugaban cartas en su tiempo libre. Descubrí al acercarme y voltear a una de las pacientes, que afortunadamente estaban todas más vivas que nunca, esperando a ser volteadas para volver al tan anhelado mar. Una vez pesadas, medidas y con una marca para poder estudiarlas en un futuro en alguna playa del mundo, las llevamos de vuelta al mar. Los ojos se me agüaron pero claro, no era momento de llorar pues varios turistas cuasi pelados aprovechando tomar color gracias al sol se acercaron a la escena del anti-crímen, queriendo tomarse fotos con las tortugas, queriendo tocarlas y haciendo mil preguntas a la vez. De la manera más inteligente, el gran jefe enseñó a las personas la importancia de las tortugas mientras las mismas regresaban al mar. El trabajo estaba hecho.
Gracias al trabajo del pescador quien hizo la llamada hoy y la llamada de los miles de pescadores en los pasados 30 años, las tortugas en Brasil están cada vez mejor. El pescador quien antes mataba las tortugas por desconocimiento hoy trabaja por salvarlas porque alguien le enseñó la importancia de cuidarlas. No le prohibió, solo le dio una alternativa y varias razones para no continuar con las prácticas de antes, por medio del arte del convencimiento. Tal como me explicó el gran jefe hoy, la dificultad con el pescador es que pocos reconocen su trabajo: él no tiene la paciencia para explicar el por qué lleva tortugas en su red y el turista no tiene oídos para escuchar, solo para criticar su labor.
Pensé mucho en quienes trabajan la tierra, quienes limpian las ciudades, quienes enseñan; en todos aquellos que tienen los trabajos que realmente dan sustento básico a la sociedad. Pensé en lo injustos que somos al menos preciar una labor que es hecha con las mejores intenciones, en lo expertos que somos en transferir la responsabilidad de todo lo malo a alguien más por el gusto mismo de criticar, por desacreditar lo que no conocemos. El campesino es el culpable: la tierra esta sobre cargada de químicos. El pescador es el culpable: es irresponsable en el uso de la maya de pesca. La señora que hace el aseo es muy lenta: para tan pequeño espacio que hay para limpiar se toma demasiado tiempo. Despues de cada una de estas afirmaciones es donde cabe perfecto la respuesta que oí alguna vez y que yo también utilizaría si la crítica fuera hacia lo que yo hago: “si es tan fácil como dice, venga y hágalo”.
Pensé en el gran valor de trabajar, de arriesgarse a ser “de todero”. Para evitar confusiones, entiéndase “de todero” como aquella persona que realiza un trabajo que sabe desarrollar / cree saber desarrollar / reconoce que no sabe pero quiere aprender a desarrollar. Gusto de los “de toderos”. Gusto ser una “de todera” pues nada he perdido al hacer mientras que mucho he dejado de aprender al no hacer. Ojalá todos nos dieramos la oportunidad de ser “de toderos” y emprendieramos oficios varios para ver si en algún momento ganamos como sociedad la capacidad de ver el valor del vecino, de lo que hace, de quien es realmente el vecino.... de reconocer que cualquier trabajo de buena intención dignifica.
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