domingo, 9 de octubre de 2011

Berna, Patrimonio Cultural de la isla.

De tener ojos, el farol que todos los días es encendido a las 5:30 de la tarde podría atestiguar lo ocurrido en 150 annos de historia de la isla Santa Bárbara. Más reciente que el farol está Berna, mujer de sonrisa fácil, sin pelos en la lengua y carácter fuerte; protectora de la ilsa durante más de dos décadas. Hace mucho tiempo no veía una persona con un cuerpo tan bien llevado. De contextura bien gruesa, luce su piercing en el ombligo y una tanga pequenna mientras en el tiempo libre, nos cuenta historias que sacian nuetra curiosidad, abriendo la mente y el corazón a ver la vida desde un ángulo diferente. A la hora de trabajar, se pone su uniforme del parque, nos entrega una camiseta a cada una con el logo "Parque Nacional Abrolhos" la cual nos dice tener que lucir siempre y bien limpia para recibir turistas.

De familia humilde de la zona de Paraná (norte de Brasil), Berna crece cercana a una otra familia de mucho dinero. Sin olvidar su origen y contando con una mente brillante, Berna crece con esa curiosidad de investigadora, apreciendo la simpleza, llenando su mente de lecturas, empapando su vida de experiencias junto al mar. Llega a la Isla Santa Bárbara como acompañante de su primer marido, sin saber que su visita se convertiría en una estadía definitiva. Al paso de las semanas, el gusto con el que llegó se transforma en rabia, por sentirse aislada, por existir en esta isla nada diferente a bichos y agua salada, poca agua dulce. Al darse por vencida, su gusto por habitar la isla comienza a crecer, momento en el cual es contratada como funcionaria del Parque Nacional Abrolhos.

Cuenta sobre esos primeros annos de vida islenna, sobre su marido quien gustaba mucho del buceo a pulmón libre, gusto que en ella comenzó a despertar. Cada vez con mejor resistencia, su marido un día cualquiera colapsa en el agua, su cuerpo deciende al fondo del mar y días después es encontrado de color morado e hinchado de agua, tan irreconosible que Berna casi llega a la locura con solo tener que afirmar con la cabeza que era él.

Berna vuelve a tierra firme y después de dos meses de tristeza decide regresar a la isla queriendo reencontrarse con su alma gemela. Lo encuentra en cada atardecer y cada ola del mar lleva consigo el sabor amargo de los últimos momentos, el sabor salado de los momentos difíciles como pareja y poco a poco deja el sabor dulce que solo se logra cuando la rabia pasa, cuando hay un entendimiento, cuando el amor fue verdadero.

Es así como Berna consigue permanecer en la isla. Vuelve a tierra cada mes para descansar unos días, para ver crecer a su hija, para vivir con su nuevo marido. Aunque lleve annos en la isla, Berna se emociona con un lindo atardecer, quiere pasar horas en el agua tomando fotos del millón de colores, formas y comportamientos subactáticos, saluda a las aves de la isla a los cabritos y hasta a las lagartijas hablando de ellas como sus “amigas”. Su sorpresa no acaba, menos su gusto por hacer su trabajo de la mejor manera posible.

No envano una persona que trae turistas a la zona desde hace bastantes annos llama a Berna “Patrimonio Cultural de la Isla”. Si alguien quiere saber algo sobre la historia del lugar, solo necesita acercarse a esta mujer que con orgullo lleva el nombre en alto del Parque del cual se puso literalmente "la camiseta".

A pesar que mi rebeldía choque a veces con su forma de ser estricta, la admiro y se que tengo mucho que aprender. Hago las cosas como ella dice pues creo que no envano me llama la atención cuando quiero hacer las cosas a mi manera. Juntas bailamos en el "Churrasco" que uno de los marineros decide hacer una tarde cualquiera. Nos reimos a carcajadas. Bailamos. Ella aprende de Clari y de mi. Nosotras aprendemos de ella. El Parque Nacional Abrolhos deja de ser un lugar extranno donde pasamos un mes de vida. Es un lugar lleno de vida que nos acoje y envuelve gracias al mar y a gente como Berna, los 8 marineros y los turistas que vienen y van, de quienes siempre hay tanto que aprender.

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