Como sea pero viajo
El viaje continúa: vivencias, sensaciones, emociones, ilusiones, opiniones, creencias, revelaciones y más, mucho más.
jueves, 30 de abril de 2020
Tanto tiempo después de no escribir
"Hoy vivimos de vacaciones obligadas!" decía la señora frente a mí en el supermercado. Con la debida distancia y viendo solo sus ojos tras el intento de tapabocas hecho a mano, quise imaginar cómo serían su naríz y boca. A pesar de no sentir agrado en general ante el exceso de contacto humano, fue ahí cuando lo extrañé, en medio de todos estos marcianos conservadores de distancia, saludandose codo con codo, con solo sus ojos visibles y siendo yo un marciano más, obligada a comprar rápido lo indispensable para luego volver a casa.
Mirando hacia atrás cómo en Enero China peleaba contra el ya innombrable, quién pensaría que hoy, cuatro meses después, estaríamos obligados a estar en nuestras casas? Yo al menos no. En mi ignorante e incrédula imaginación, esa era una "batalla de los chinos". Era como ver una película en la que el malo, con capa y superpoderes, revolucionaba grandes ciudades paniqueando a la gente ante su masiva destrucción. Casi a la mitad de la película, llegaba el super heroe, a quien todos admiraban, a combatir al malo y finalmente todo volvía a la normalidad en la que como por arte de magia, salía el sol y los daños se autoregeneraban. .
Hoy estar viviendo la película es de no creer. El super heroe, dicen que existe y luego lo niegan, y así van pasando los días con los humanos en encierro y la naturaleza avanzando en su merecida recuperación. Será que como en la película, una vez el malo es combatido por el bueno, todo volverá a la normalidad? volveremos a vivir como antes? a pensar como antes? a ser los de antes? a relacionarnos como antes?
Recuerdo el día que salí de la clínica con Moana mi tercera hija, el 11 de Marzo, hace un poco más de un mes. El idilio del nacimiento se transformó rápidamente en miedo, cuando en el auto fue mencionado el número de casos de contagio y de lo cerca que comenzaba a acechar el enemigo. Los contagiados en Europa y en nuestro continente ya daba para mencionar la posibilidad de un aislamiento social. Y así fue: dos días después ya fue dada la obligación de permanecer en casa y al tercero fue cuando de un grito carente de tolerancia pedí en plena cena: "basta de datos, de cifras, de enfermos y muertes!!!"
Estar en doble cuarentena, con el alboroto de hormonas ante el reciente nacimiento de Moana, tres niños bajo nuestra responsabilidad, y una falta de comprensión frente a lo que estaba ocurriendo era suficiente para que la intolerancia estuviese a flor de piel. Afortunadamente para ese momento ya sabíamos que mis papás tendrían que permanecer con nosotros hasta que les permitieran volver a Colombia. "No hay mal que por bien no venga!" dice la famosa historia, dicho que en mi caso, el bien se hizo evidente a pesar de la situación.
Y hoy, por fin después de más de un mes de estar aquí me siento a escribir. Veo el título de mi blog y me doy cuenta que ni porque quisiera podría hacerlo. "Como sea pero viajo"... será???
"Viajo a Viena" comenzaría el chiste...terminando en "Vien adentro de mi casa!"
y no queda otra... es a donde voy, a donde vamos todos, adentro de nuestras casas, adentro de nuestras cabezas, creando rutina en medio de tanta incertidumbre.
Y mientras estamos a la espera de un super heroe que combata al malo para todos poder salir, los días pasan, sin mucha proyección a futuro... cada día con su afán. Queda entonces la esperanza de que en el momento de salida, el sol brille y la destrucción, que creo que es social y económica, se haya autoregenerado; tal como en la película. En la espera, agradecidísima por estar con tan valioso grupo familiar, por Facu, por mis hijos, por mis papás, por tener comida rica a diario, por estar en el campo. Sé que de nosotros depende cómo transcurran los días. De nuestra estabilidad emocional como adultos depende en gran parte cómo es el pasar emocional de nuestros niños a cargo. En los momentos de desasosoego pienso: cómo quiero que mis hijos recuerden ésta época de sus vidas?
Queriendo escribir mucho más, hoy cierro acá porque si no, no termino cuando el mundo despierte con dos monitos en la cabeza con su eterno "mamá quiero esto!, mamá quiero aquello!" y una monita recién nacida valiente por habernacido en esta época, llore desde su cuna.
jueves, 27 de diciembre de 2018
Lo que respondo a la pregunta que me hizo facebook
Al abrir Facebook el otro día, apareció en la pantalla la siguiente pregunta:
- Cree usted que facebook crea cambios positivos en la sociedad?
La pregunta no fue hecha tal cual la escribí, aunque el sentido sea el mismo. Fue ahí cuando vi mi foto de perfil y la última foto que posteé en Instagram. Ambas gozaban a mi manera de verlas, de bienestar, color, viaje, magia, libertad y familia.
Cualquiera que vea mis fotos del viaje y que sabe que en este momento llevamos casi cinco meses girando, podría pensar que todos nuestros días son así; solo risas y buenos ratos. Hasta hay quienes me han preguntado
Cómo van sus vacaciones?
El viaje que llevamos tiene altibajos, con muchos buenos momentos, momentos de incertidumbre, momentos mágicos y otros de discusión, como la vida misma. Afortunadamente hasta el momento, más momentos altos que bajos. Claro que no tengo ganas de publicar fotos de cuando todos nos intoxicamos con un pescado que comimos en una playa de Ecuador ni del momento en el que nos angustiamos cuando no encontrábamos quien nos rescatara intentando cruzar a 4200 msnm de Chile a Argentina, ni algunos otros en los que lo último que se me ocurrió fue sacar una cámara.
Hoy mastico la misión de Facebook y de las poquísimas redes sociales que conozco y me lo cuestiono. Sinceramente, cuando subo a mi página fotos como las que publico, lo que busco sobre todo es inspirar a otros y que quede para mi y mis hijos un recuerdo de lo que estamos haciendo. Hoy específicamente busco que otros que ven las fotos quieran agarrar la mochila y salir a comerse el mundo a mordiscos o que empaquen a la familia en su carro y se atrevan a cruzar fronteras... o que hagan algo con lo que han soñado pero que por mil y una razones no se han animado a hacer hasta el momento. Aun así, sé que las fotos que subo pueden también fastidiar aunque esa no sea mi finalidad al publicarlas.
Sin hoy ser de quienes pasan tiempo revisando historias y fotos de la gente vinculada como amigos a mi facebook, reconozco que en la época en la que lo hice a ratos sentía malestar al ver fotos de otros constantemente sonrientes y en lugares fantásticos. Dejé casi por completo facebook cuando me di cuenta del tiempo que perdía y que lo que generaba en mí la mayor parte de lo que veía, era juicio hacia mi misma comparándome con los demás. Es como que a mi cerebro así como al de varios con quienes he tocado el tema, le costaba asimilar los momentos "posteados" como momentos "mostrables al mundo"; el cerebro se quedaba dando vueltas de trompo asimilando que lo que veía era la vida de los demás, no solo una parte; lo de mostrar.
Por todo esto, hoy quisiera que entendamos de una vez por todas que detrás de las sonrisas de facebook, no necesariamente hay perfección; no necesariamente una vida perfecta acompaña a una foto en la que hay gente sonriendo. He visto gente, mucha gente pasando horas tomándose "selfies" intentando lograr imágenes merecedoras de ser subida a facebook. El otro día una familia llegó a la hermosa playa en la que estábamos en Ecuador, Playa Negra, en donde habíamos pasado todo el día entre pintarnos el cuerpo con la arena negra y saltando al mar para quitarnos la pintura. Sin perder tiempo y como domesticados para hacerlo, se ubicaron abrazados de espalda al mar. Con la sonrisa más amplia también entrenada y una leve inclinación de cabeza, arreglo de pelo y gafas de sol, tomaron varias fotos y dejaron de hacerlo solo cuando al verlas, estuvieron de acuerdo en que " ésta ya está buena para el facebook!"
Rápidamente y sin mucha vuelta, cada uno de los 4 integrantes se volcaron a su celular y como abstraídos absolutamente de los sonidos, olores y colores de la playa, su visita al mar terminó con la indiferencia de quien mira por horas una pared blanca. Fue como si la magia de la playa nunca hubiese existido para ellos. Solo era importante mostrarle a otros donde estuvieron, en ningún momento el ESTAR allí. Me atrevo a pensar que igual que argumento en el escrito pasado, es para mí como que la gente que publica más momentos felices, será quien es más propenso a pertenecer, más digno de ser envidiado, alabado, admirado. Puede que me equivoque y como siempre, no creo que sea siempre.
Me atrevo entonces a pensar que con la adicción a las redes sociales, la mentira en la que fácilmente podemos estar cayendo es en creer que todos menos nosotros mismos tienen una vida perfecta; que los demás sí la tienen. Al menos eso fue lo que pensaba antes de renunciar a ser absorbida por las redes sociales como inhaladores de oxígeno. Me di cuenta que me estaba alimentando de lo que hacían otros y que sin proponérmelo, me estaba juzgando constantemente acerca de lo que yo soy, tengo, hago... y en si distrayéndome de mi propia vida; de darle valor por lo que es y enfocarme en lo que quería hacer, sin estar perdiendo el tiempo en lo que los demás hacen o dejan de hacer.
No envano hay tanta gente sobreviviendo gracias a fármacos que los desconectan levemente de la realidad, tantos que van por la vida en adicciones bien vistas como el alcohol o clandestinas y regularmente vistas como las demás drogas. Con razón que hay tantos que se suben a la rueda para poder sobrevivir y atiborrados de trabajo y condicionamientos sociales, anulan su propio yo porque al final de cada día les resulta más fácil alabar y dar valor a lo que hacen los demás que a lo que hacen ellos mismos y a lo que podrían llegar a ser y hacer.

Valorar más a los otros y compararnos constantemente, cayendo en fuertes críticas hacia nosotros mismos solo a partir de ver lo bonito de la vida de los demás, creo que es una de las peores condenas que carcomen a nuestra sociedad. Por eso hoy quiero invitar a todo aquel que se conecta a las redes sociales, a las noticias, a todo eso que está afuera, que revisen si les está sirviendo para construirse o para destruirse por dentro. No todo es malo claro que no. Hay cosas hermosas en las redes sociales de las que podemos aprender un montón y que nos están ayudando a ser mejores seres humanos. Facu es por ejemplo un experto en encontrar cosas interesantes en facebook; temas que lo construyen y no lo destruyen.
Hoy, miedosa de esa pregunta que me hizo facebook, creo con el corazón que debemos enfrentarnos a a las redes sociales con criterio, sabiendo que lo que me hace bien a mi no necesariamente le hace bien a mi compañero y viceversa. Conectarnos a redes sociales debería ser una actividad que realicemos a consciencia preguntándonos si las redes nos están invitando a alimentarnos de la vida de los otros o a disfrutar de lo que los otros hacen, aprovechando la nuestra.
Me quedo entonces pensando cómo haré con mis hijos en el momento en el que ellos quieran también navegar en las redes sociales. Como no tengo la respuesta como a tantas otras preguntas que tengo, supongo que intentaré guiarlos de la mejor manera. Así como ayer, cuando me di cuenta que estaban viendo un video en youtube sobre una niña que jugaba con plastilina, salí corriendo por la plastilina, les apagué el computador y nos pusimos a jugar. Ahí pude actuar. Ahora puedo actuar que son chiquitos. Creo que la única forma será ir de a poquitos explicándoles todo el rollo que narré en este escrito de a poquitos para que el día en el que ellos tengan la independencia suficiente para hacerlo, tengan las herramientas para elegir de la mejor manera posible.... ojalá de la manera en la que ellos primero, se estén haciendo bien a sí mismos, segundo, a los demás.
- Cree usted que facebook crea cambios positivos en la sociedad?
La pregunta no fue hecha tal cual la escribí, aunque el sentido sea el mismo. Fue ahí cuando vi mi foto de perfil y la última foto que posteé en Instagram. Ambas gozaban a mi manera de verlas, de bienestar, color, viaje, magia, libertad y familia.
Cualquiera que vea mis fotos del viaje y que sabe que en este momento llevamos casi cinco meses girando, podría pensar que todos nuestros días son así; solo risas y buenos ratos. Hasta hay quienes me han preguntado
Cómo van sus vacaciones?
El viaje que llevamos tiene altibajos, con muchos buenos momentos, momentos de incertidumbre, momentos mágicos y otros de discusión, como la vida misma. Afortunadamente hasta el momento, más momentos altos que bajos. Claro que no tengo ganas de publicar fotos de cuando todos nos intoxicamos con un pescado que comimos en una playa de Ecuador ni del momento en el que nos angustiamos cuando no encontrábamos quien nos rescatara intentando cruzar a 4200 msnm de Chile a Argentina, ni algunos otros en los que lo último que se me ocurrió fue sacar una cámara.
Hoy mastico la misión de Facebook y de las poquísimas redes sociales que conozco y me lo cuestiono. Sinceramente, cuando subo a mi página fotos como las que publico, lo que busco sobre todo es inspirar a otros y que quede para mi y mis hijos un recuerdo de lo que estamos haciendo. Hoy específicamente busco que otros que ven las fotos quieran agarrar la mochila y salir a comerse el mundo a mordiscos o que empaquen a la familia en su carro y se atrevan a cruzar fronteras... o que hagan algo con lo que han soñado pero que por mil y una razones no se han animado a hacer hasta el momento. Aun así, sé que las fotos que subo pueden también fastidiar aunque esa no sea mi finalidad al publicarlas.
Sin hoy ser de quienes pasan tiempo revisando historias y fotos de la gente vinculada como amigos a mi facebook, reconozco que en la época en la que lo hice a ratos sentía malestar al ver fotos de otros constantemente sonrientes y en lugares fantásticos. Dejé casi por completo facebook cuando me di cuenta del tiempo que perdía y que lo que generaba en mí la mayor parte de lo que veía, era juicio hacia mi misma comparándome con los demás. Es como que a mi cerebro así como al de varios con quienes he tocado el tema, le costaba asimilar los momentos "posteados" como momentos "mostrables al mundo"; el cerebro se quedaba dando vueltas de trompo asimilando que lo que veía era la vida de los demás, no solo una parte; lo de mostrar.
Por todo esto, hoy quisiera que entendamos de una vez por todas que detrás de las sonrisas de facebook, no necesariamente hay perfección; no necesariamente una vida perfecta acompaña a una foto en la que hay gente sonriendo. He visto gente, mucha gente pasando horas tomándose "selfies" intentando lograr imágenes merecedoras de ser subida a facebook. El otro día una familia llegó a la hermosa playa en la que estábamos en Ecuador, Playa Negra, en donde habíamos pasado todo el día entre pintarnos el cuerpo con la arena negra y saltando al mar para quitarnos la pintura. Sin perder tiempo y como domesticados para hacerlo, se ubicaron abrazados de espalda al mar. Con la sonrisa más amplia también entrenada y una leve inclinación de cabeza, arreglo de pelo y gafas de sol, tomaron varias fotos y dejaron de hacerlo solo cuando al verlas, estuvieron de acuerdo en que " ésta ya está buena para el facebook!"Me atrevo entonces a pensar que con la adicción a las redes sociales, la mentira en la que fácilmente podemos estar cayendo es en creer que todos menos nosotros mismos tienen una vida perfecta; que los demás sí la tienen. Al menos eso fue lo que pensaba antes de renunciar a ser absorbida por las redes sociales como inhaladores de oxígeno. Me di cuenta que me estaba alimentando de lo que hacían otros y que sin proponérmelo, me estaba juzgando constantemente acerca de lo que yo soy, tengo, hago... y en si distrayéndome de mi propia vida; de darle valor por lo que es y enfocarme en lo que quería hacer, sin estar perdiendo el tiempo en lo que los demás hacen o dejan de hacer.
No envano hay tanta gente sobreviviendo gracias a fármacos que los desconectan levemente de la realidad, tantos que van por la vida en adicciones bien vistas como el alcohol o clandestinas y regularmente vistas como las demás drogas. Con razón que hay tantos que se suben a la rueda para poder sobrevivir y atiborrados de trabajo y condicionamientos sociales, anulan su propio yo porque al final de cada día les resulta más fácil alabar y dar valor a lo que hacen los demás que a lo que hacen ellos mismos y a lo que podrían llegar a ser y hacer.

Valorar más a los otros y compararnos constantemente, cayendo en fuertes críticas hacia nosotros mismos solo a partir de ver lo bonito de la vida de los demás, creo que es una de las peores condenas que carcomen a nuestra sociedad. Por eso hoy quiero invitar a todo aquel que se conecta a las redes sociales, a las noticias, a todo eso que está afuera, que revisen si les está sirviendo para construirse o para destruirse por dentro. No todo es malo claro que no. Hay cosas hermosas en las redes sociales de las que podemos aprender un montón y que nos están ayudando a ser mejores seres humanos. Facu es por ejemplo un experto en encontrar cosas interesantes en facebook; temas que lo construyen y no lo destruyen.
Hoy, miedosa de esa pregunta que me hizo facebook, creo con el corazón que debemos enfrentarnos a a las redes sociales con criterio, sabiendo que lo que me hace bien a mi no necesariamente le hace bien a mi compañero y viceversa. Conectarnos a redes sociales debería ser una actividad que realicemos a consciencia preguntándonos si las redes nos están invitando a alimentarnos de la vida de los otros o a disfrutar de lo que los otros hacen, aprovechando la nuestra.
Me quedo entonces pensando cómo haré con mis hijos en el momento en el que ellos quieran también navegar en las redes sociales. Como no tengo la respuesta como a tantas otras preguntas que tengo, supongo que intentaré guiarlos de la mejor manera. Así como ayer, cuando me di cuenta que estaban viendo un video en youtube sobre una niña que jugaba con plastilina, salí corriendo por la plastilina, les apagué el computador y nos pusimos a jugar. Ahí pude actuar. Ahora puedo actuar que son chiquitos. Creo que la única forma será ir de a poquitos explicándoles todo el rollo que narré en este escrito de a poquitos para que el día en el que ellos tengan la independencia suficiente para hacerlo, tengan las herramientas para elegir de la mejor manera posible.... ojalá de la manera en la que ellos primero, se estén haciendo bien a sí mismos, segundo, a los demás.
viernes, 21 de diciembre de 2018
Re significando la Navidad
Este fue un escrito hecho hace 5 días. Hoy estamos en el cruce Chile - Argentina.
Desde la tranquilidad
de la casa de Jaime y Mane escribo. Son ellos un par de ángeles más de los que
nos hemos encontrado en el camino. Jaime dos días atrás cuando nos vio llegar
en La Amarilla a estacionar en Bahía Inglesa, nos ofreció venir a su casa a
pasar la noche. La primera noche le propusimos postergar el ofrecimiento con el fin de aprovechar que estábamos ya estacionados en el lugar perfecto para vender todo el Domingo. Sospechábamos que de encontrar una casa con el calor de hogar que él refelajaba, el Domingo nadie trabajaría. Le pedimos entonces dejar la invitación de Domingo a Lunes con el fin de tener el lunes para
acomodar el bus.
Tal fue su amabilidad que el Domingo en la mañana fue donde ya estábamos instalados vendiendo, junto con su esposa Mane, a preguntarnos qué nos apetecía para comer en le noche. Después, en la noche vinieron por nosotros y nos esperaron a que termináramos de vender para llevarnos a su casa. Su explicación de porqué lo hacen es la misma de Margarita en Antofagasta: porque se han acostumbrado a dar la mano en lo que pueden.
Así es como dichosa de haber pasado el día de hoy fuera de La Amarilla para así darle un debido orden y limpieza, estamos listos para seguir nuestro camino mañana en la mañana rumbo a Copiapó. Sabiendo que a esta misma hora deben estar en Colombia rezando novela y comiendo natilla con bueñuelos en víspera de Navidad, siento un nudo en la garganta, el cual se me pasa cuando recuerdo la congestión vehicular y humana que hay que resistir cuando se aceptan las invitaciones los días antes de Navidad; situación que se multiplica el mismo día de Navidad. Así es como a pesar de querer que mis hijos tengan la oportunidad de empaparse de Navidad, rezar la novena, empalagarse de natilla y buñuelos y cantar el "Burrito Sabanero" hasta el cansancio, estar de viaje es lo que elegimos por lo menos para este año.
Recuerdo hace 4
días cuando entramos a un centro comercial de Antofagasta. Los villancicos me
hicieron sonreír y sentir de nuevo la nostalgia de estar lejos de mi familia y algunos amigos que viven en Bogotá.
Rápidamente la nostalgia fue reemplazada por una ola de alivio, cuando frente a
mí una mujer al parecer en gran apuro, lanzaba unos osos de peluche en
promoción, arriba de un montón de juguetes más que llevaba en su carrito. A
medida que la pandereta de los villancicos en inglés se hacía más galopante, la
señora se apuraba más. Ella era solo una de tantas personas que me parecieron
estar apurados por la llegada de Navidad. Convencida de que el villancico a todo volúmen en los centros comerciales no es más una estrategia para que la gente se vuelva loca y compre más, me alegro por no tener ese apuro loco de tener que comprar porque es Navidad.
Mis hijos querían
cada uno llevarse uno de los inmensos muñecos de peluche como los que se llevó la señora. En broma les dije que entonces ellos tendrían que ir amarrados al techo para que
sus peluches tuviesen un espacio adentro del bus. Riéndose por la situación,
aceptaron abrazar a un par solo para tomarse una foto. Afortunadamente
después de la foto Antonio entendió la lógica de no poder llevar semejante muñeco
desproporcionado mientras vivamos en 6 metros cuadrados y lo dejó sin problema donde correspondía ante lo cual Ema hizo lo mismo. Se los agradecí en el alma pues de haber habido berrinche
comunal, hasta de pronto habría tenido que comprar uno de los bichos y al
llegar a La Amarilla, Facu nos habría echado con todo y peluche.
Fue ahí cuando
respiré livianito al recordar que estoy lejos, aunque una vez más, quise vivir y que mis hijos vivan el espíritu navideño, pues el fondo es muy lindo; es el compartir, es estar, es quererse unos a otros. Nunca me identifiqué y ahora
menos con el hecho de angustiarse y volverse loco por comprar en Navidad. El
exceso de regalos es algo que nunca entendí y de hecho recuerdo la carta que le
escribí al Niño Dios a los 11 años, en la cuál le pedía más tiempo con la gente
que quería. Hoy entiendo que ese tiempo de más, mis papás no me lo podían
conceder porque eligieron una vida altamente exigente con el fin de darnos a mi
hermana y a mi lo que ellos creyeron ser lo mejor del mundo: todas las
oportunidades para que a nosotras no nos faltara nada. Recuerdo de todas formas
con ilusión abrir tantos regalos que nos daban y siempre entendí que esa era su
manera de hacernos entender lo mucho que siempre nos han amado. No lo juzgo, solo lo entiendo y cuando veo el mismo modelo en otras familias, entiendo más que nunca el trasfondo de intentar llenarnos de excesos materiales; es estar inmersos en una sociedad que compró que el haber más amor debe ir directamente relacionado con el comprar más, con el tener más y obviamente para poder hacerlo, con el producir más... y el producir más es usualmente contrario a poder tener más tiempo.
Peleas no
faltaron con mi papá cuando tantas veces preguntó qué queríamos y ambas
contestamos: nada papito, no necesitamos nada. Entiendo porqué se enojaba, porque esa siempre fue una de sus formas de demostrar cariño. Si él hubiese entendido que para mí el quererlo más o menos no era ni es acorde con la cantidad de cosas materiales que me regalaba, la historia
creo que habría sido otra. No me sentía poco merecedora de lo material; más
bien, el compartir siempre ha sido para mí tan importante que los regalos pasan
a un segundo plano.
En su momento lo propuse y hoy sigo proponiendo: que el movimiento navideño de demostración de cariño consista en regalar algo hecho por uno mismo. Es ahí donde usualmente a quien se lo proponga me dirá o que no tiene tiempo o que no sabe hacer nada con las manos; que es más fácil comprar algo ya hecho y va a gustar más. Ciertamente, me atrevo a pensar que niños que estén acostumbrados a recibir regalos comprados de última tecnología año tras año, que además estén hiper-estimulados con los comerciales en televisión anunciando cuales son los juguetes que deben tener y que además estén inmersos en una sociedad que mide unos a otros de acuerdo con su capacidad de adquirir, difícilmente se podrían enganchar con una dinámica de regalos hechos por cada quien. Habría que hacer la prueba. Hago constantemente la prueba y sueño con tener navidades en las que nos demos más de nosotros mismos, no de lo que la moda diga que debemos poseer.
Hoy que soy mamá,
agradecida por lo que me enseñaron, elijo dar más tiempo y menos regalos
materiales. Considerando que esa es nuestra mejor elección, hoy el estar lejos
de la familia, aunque me cuesta en el alma porque no les puedo dar tantos
abrazos para expresarles todo mi cariño y porque no podrán compartir Navidad
con mis hijos, agradezco el estar lejos para intentar darle a la Navidad el
significado que para mí corresponde: el agradecer, el pasar un tiempo en tranquilidad, dando de lo que soy y de lo que tengo. Es tanta la gente que nos ha dado la mano que Navidad es una época de dar la mano, no de atiborrarse con mensajes en cadena de whatsapp ni de angustiarse por comprar.
Decirle a la gente que queremos cuanto la
queremos no creo que sea algo de Navidad y que se expresa solo con un regalo
comprado. Creo en más besos, abrazos y si estamos lejos mensajes de amor vía internet… no necesariamente hay que esperar a que Papá Noel marque la parada para abrazarnos.
La Navidad del 2018 la pasaremos tocando villancicos con los instrumentos que
llevamos a bordo de la mejor manera posible.
Tal vez el día de
mañana mis hijos se acuerden de como pasaron su Navidad del 2018, lejos del
exceso de consumo y dirán “Ay, habría querido miles de regalos e ir de novena
en novena en una ciudad a pesar del tráfico”. Hoy solo puedo asegurar una y
otra vez que en este momento hacemos lo que estamos convencidos que es lo mejor
que podemos estar haciendo hoy: por nosotros, por nuestros hijos y por inspirar
a todos aquellos que quieren dar un nuevo significado a sus vidas: dar más tiempo y experiencias y menos regalos materiales.
Así nos vamos
entonces de Bahía Inglesa, agradecidos por estos nuevos amigos que representan
a toda la gente que nos han dado la mano en el viaje y tantas veces en la vida. Creo que el
juego consiste en crear una cadena de favores en la que al recibir una mano, le
vayamos tendiendo la mano a alguien más y no solo en Navidad, sino como manera
de vivir la vida. Gracias a todos los que me han dado la mano y gracias a Dios
por las oportunidades en las que he podido dar una mano.
Con Margarita en Antofagasta
miércoles, 12 de diciembre de 2018
Seguimos habiendo recargado pilas con los abuelitos
Aprovecho el tiempo que dure la dicha de escribir mientras me lo permitan aquí sentada en la Municipalidad de Antofagasta (Ciudad al norte de Chile). Habiendo conocido ayer a Valentina, una adorable mujer que nos compró gorra y pulsera, hoy aprovecho que ella trabaja aquí y que me permitió entrar, para sentarme a escribir. Por fin, después de unas dos semanas, estoy aquí sentada gracias a la sumatoria de algunos hechos fortuitos
computador con batería + lugar cómodo y fresco + wi-fi + papá a cargo de niños en la playa + hora del día en la que el cuerpo aún no pide desesperadamente descanso. De convertirse la última en un problema, siempre están los palillos de ojos, un chicle y mate bien cargado de dulce, formula anti-sueño.
Habiendo cargado pilas con el amor de los abuelos en Paracas (Sur de Perú), seguimos camino. Así el cargar pilas haya incluido una inmensa mal crianza de besos, chocolates y caprichos concedidos y demás melcochería por parte de los abuelos, hoy no tengo más que agradecimiento hacia ellos. Espero que en mi mente siempre quede grabado, entre tantos otros recuerdos, ese primer abrazo del abuelo con sus nietos, quien a la 1 de la mañana saltaba mientras giraba con cada uno en sus brazos. Y que hay de la intensidad de la abuela con sus historias, acompañamiento a la salita de niños, etc, etc... en ambos una entrega total, una demostración de estar en un constante modo presente.
Claro que los mimos también fueron para mí. Les reclamé abrazos, acordándoles que cuando partimos el 10 de Agosto, me los habían quedado debiendo, así las lágrimas vinieran después. Entiendo que les haya dolido nuestra partida,a mí también me dolió. Mimos también recibimos cuando con Facu pudimos a ratos desentendernos de lo que pasaba o dejaba de pasar con nuestros hijos y aunque quisimos al menos salir los dos una noche, nuestro ADN ya parece haberse modificado asemejándose al de la gallina; durmiendo temprano para despertar también temprano.
La estadía fue en un lindo hotel en Paracas el cual yo nunca habría elegido por nuestro constante modo de ahorro durante el viaje. Aun así entendí que en la corta visita de nuestros adorados visitantes, para ellos era lo más cómoda que podía ser. La Amarilla quedó estacionada afuera de la habitación, y aunque se notaba destemplar con el lugar, los dueños del hotel no tuvieron problema en que estuviera allí. Camas lindas, blancas y acolchadas que juntas se convertían en una larga plaza de botes, risas y maromas, fue el escenario perfecto para el disfrute adentro cuando afuera ya hacía frío. La playa repleta de aves de variadas familias, un larguísimo muelle, una piscina helada, un salón de juegos de niños y un pueblo con ricas comidas, eran el escenario cuando todavía era de día.
Después de tan largo viaje para alcanzar a encontrarnos con los abuelitos en la fecha estipulada, unos días de quietud nos sentarían bien. Las únicos dos actividades que nos hicieron movilizarnos fueron: la visita de las Islas Ballestas, paraíso interminable de vida y la ida a hasta la Playa la Mina, atravezando la Reserva Nacional. Incalculable resultaba la cantidad de vida de las islas Ballestas a pesar de lo absolutamente desértico de la zona. Piedras inmensas cubiertas por millones de familias de aves y en la base, lobos marinos quienes seguramente acostumbrados a tanto turista, solo dormían de panza al cielo, como quien estresado se toma unas vacaciones en el mar. Diferente al turista disfrutando de la siesta, los lobos descansaban de cualquier manera, sobre filudas rocas, en cualquier pose que ni el más yogui aguantaría y menos de jeta colgada, dejando en evidencia su entrega absoluta al mundo de los sueños.
Alucinante me resultaba imaginar la incalculable cantidad de vida marina sub-acuática que debe existir de la superficie del mar hasta lo más profundo para soportar la vida visible del mar hacia el cielo. Es tal la población de aves, que nos contaba la guía de turismo que cada 3 meses se hace un raspado de las piedras con el fin de recolectar toneladas de guano: estiércol de las aves considerado el oro blanco para hacer abonos y nutrir suelos degradados.
Hasta la familia de pingüinos se hizo presente. Los que supongo serían sus dos papás junto con el bebecito pingúino, revestido en plumón y todo enclenque en su forma de caminar, se acercaron al agua para lo que parecía su primera sumersión. Antonio y Ema estaban felices. Antonio con la cantidad de animales, Ema con la cantidad de espuma que había en el agua cada vez que la lancha arrancaba de nuevo.
Al llegar a la fecha de partida de la abuelita, debíamos decidir si aventurar por la zona de Cusco y
Macchu.-Picchu o si seguiríamos por la costa. A pesar de que uno de los sueños del abuelito es conocer Macchu-Picchu, decidimos no ir porque los chiquitos tenían gripa fuerte... y llevarlos a 4000 metros sobre el nivel del mar después de tantos días a nivel del mar, podía llegar a ser un atentado en contra de su salud. El destino sería entonces Atacames. Lo haríamos en tres días, sin prisa pero sin pausa. Puerto Lomas y Mollendo fueron nuestros lugares de parada y estadía en medio de tantísimo desierto.

El compartir no tuvo fin. Películas, libros, comida, horas de sueño y hasta instrumentos musicales hicieron parte de las formas de entretenimiento durante los más de 1000 kms de viaje. Atacames sería donde poniéndonos las pilas podríamos comenzar con las modificaciones pertinentes del bus, aprovechando dos factores muy importantes: 1. El que mi papá estaba con nosotros y 2. el hecho que Atacames es puerto libre por lo cual se encuentra lo que uno se imagine y a mejor precio.
Gozando de rica comida, televisión en la habitación y el amor del abuelito los días pasaron, demasiado rápido para mi gusto. Al partir el abuelito, quedamos con toda la modificación de la mansión en proceso.... y es que reformar una casa en la que uno misma habita resulta fácil cuando se puede clausurar zonas de la casa, trabajar en otras y vivir en otras. Así como lo hemos hecho se ha convertido en un reto a la paciencia; como un reality en el que lo único que aseguramos a diario es el que los niños tengan forma de dormir muy cómodos, de comer bien, de estar tranquilos y de jugar.
Ya con ganas de terminar la reforma de La Amarilla y orgullosos de estar lográndola a pesar del esfuerzo, Chile nos recibe con brazos abiertos. El camino sigue y aunque esté atrasada en anécdotas y vivencias para quienes nos siguen o quieren hacer un viaje en familia, aquí vamos, lento pero seguro...en todo sentido.
Habiendo cargado pilas con el amor de los abuelos en Paracas (Sur de Perú), seguimos camino. Así el cargar pilas haya incluido una inmensa mal crianza de besos, chocolates y caprichos concedidos y demás melcochería por parte de los abuelos, hoy no tengo más que agradecimiento hacia ellos. Espero que en mi mente siempre quede grabado, entre tantos otros recuerdos, ese primer abrazo del abuelo con sus nietos, quien a la 1 de la mañana saltaba mientras giraba con cada uno en sus brazos. Y que hay de la intensidad de la abuela con sus historias, acompañamiento a la salita de niños, etc, etc... en ambos una entrega total, una demostración de estar en un constante modo presente.
Claro que los mimos también fueron para mí. Les reclamé abrazos, acordándoles que cuando partimos el 10 de Agosto, me los habían quedado debiendo, así las lágrimas vinieran después. Entiendo que les haya dolido nuestra partida,a mí también me dolió. Mimos también recibimos cuando con Facu pudimos a ratos desentendernos de lo que pasaba o dejaba de pasar con nuestros hijos y aunque quisimos al menos salir los dos una noche, nuestro ADN ya parece haberse modificado asemejándose al de la gallina; durmiendo temprano para despertar también temprano.
La estadía fue en un lindo hotel en Paracas el cual yo nunca habría elegido por nuestro constante modo de ahorro durante el viaje. Aun así entendí que en la corta visita de nuestros adorados visitantes, para ellos era lo más cómoda que podía ser. La Amarilla quedó estacionada afuera de la habitación, y aunque se notaba destemplar con el lugar, los dueños del hotel no tuvieron problema en que estuviera allí. Camas lindas, blancas y acolchadas que juntas se convertían en una larga plaza de botes, risas y maromas, fue el escenario perfecto para el disfrute adentro cuando afuera ya hacía frío. La playa repleta de aves de variadas familias, un larguísimo muelle, una piscina helada, un salón de juegos de niños y un pueblo con ricas comidas, eran el escenario cuando todavía era de día.
Después de tan largo viaje para alcanzar a encontrarnos con los abuelitos en la fecha estipulada, unos días de quietud nos sentarían bien. Las únicos dos actividades que nos hicieron movilizarnos fueron: la visita de las Islas Ballestas, paraíso interminable de vida y la ida a hasta la Playa la Mina, atravezando la Reserva Nacional. Incalculable resultaba la cantidad de vida de las islas Ballestas a pesar de lo absolutamente desértico de la zona. Piedras inmensas cubiertas por millones de familias de aves y en la base, lobos marinos quienes seguramente acostumbrados a tanto turista, solo dormían de panza al cielo, como quien estresado se toma unas vacaciones en el mar. Diferente al turista disfrutando de la siesta, los lobos descansaban de cualquier manera, sobre filudas rocas, en cualquier pose que ni el más yogui aguantaría y menos de jeta colgada, dejando en evidencia su entrega absoluta al mundo de los sueños.
Alucinante me resultaba imaginar la incalculable cantidad de vida marina sub-acuática que debe existir de la superficie del mar hasta lo más profundo para soportar la vida visible del mar hacia el cielo. Es tal la población de aves, que nos contaba la guía de turismo que cada 3 meses se hace un raspado de las piedras con el fin de recolectar toneladas de guano: estiércol de las aves considerado el oro blanco para hacer abonos y nutrir suelos degradados.
Hasta la familia de pingüinos se hizo presente. Los que supongo serían sus dos papás junto con el bebecito pingúino, revestido en plumón y todo enclenque en su forma de caminar, se acercaron al agua para lo que parecía su primera sumersión. Antonio y Ema estaban felices. Antonio con la cantidad de animales, Ema con la cantidad de espuma que había en el agua cada vez que la lancha arrancaba de nuevo.
Al llegar a la fecha de partida de la abuelita, debíamos decidir si aventurar por la zona de Cusco y
Macchu.-Picchu o si seguiríamos por la costa. A pesar de que uno de los sueños del abuelito es conocer Macchu-Picchu, decidimos no ir porque los chiquitos tenían gripa fuerte... y llevarlos a 4000 metros sobre el nivel del mar después de tantos días a nivel del mar, podía llegar a ser un atentado en contra de su salud. El destino sería entonces Atacames. Lo haríamos en tres días, sin prisa pero sin pausa. Puerto Lomas y Mollendo fueron nuestros lugares de parada y estadía en medio de tantísimo desierto.

El compartir no tuvo fin. Películas, libros, comida, horas de sueño y hasta instrumentos musicales hicieron parte de las formas de entretenimiento durante los más de 1000 kms de viaje. Atacames sería donde poniéndonos las pilas podríamos comenzar con las modificaciones pertinentes del bus, aprovechando dos factores muy importantes: 1. El que mi papá estaba con nosotros y 2. el hecho que Atacames es puerto libre por lo cual se encuentra lo que uno se imagine y a mejor precio.
Gozando de rica comida, televisión en la habitación y el amor del abuelito los días pasaron, demasiado rápido para mi gusto. Al partir el abuelito, quedamos con toda la modificación de la mansión en proceso.... y es que reformar una casa en la que uno misma habita resulta fácil cuando se puede clausurar zonas de la casa, trabajar en otras y vivir en otras. Así como lo hemos hecho se ha convertido en un reto a la paciencia; como un reality en el que lo único que aseguramos a diario es el que los niños tengan forma de dormir muy cómodos, de comer bien, de estar tranquilos y de jugar.Ya con ganas de terminar la reforma de La Amarilla y orgullosos de estar lográndola a pesar del esfuerzo, Chile nos recibe con brazos abiertos. El camino sigue y aunque esté atrasada en anécdotas y vivencias para quienes nos siguen o quieren hacer un viaje en familia, aquí vamos, lento pero seguro...en todo sentido.
sábado, 24 de noviembre de 2018
Perú ante la llegada de los abuelitos
Su llegada fue después de la media noche. Habían contratado un taxi que no los llevaría hasta donde habíamos acordado encontrarnos: en Paracas, al sur de Lima. Así fue como tuvieron que tomar un bus expreso que los llevó bastante más allá de la parada ( Ica) y luego tomar un taxi de regreso.
Mis hijos no aguantaban más aplazar el momento de dormir. Después de haber recorrido algo más de 1000 kms en La Amarilla en la última semana y ante la expectativa de por fin estar con sus tan prometidos abuelitos, necesitaban ya encontrarlos y entregarles todos los tesoros que en el camino habían coleccionado para ellos.
"Mamá, cuando llegan los abuelitos?" Preguntaba Antonio desde el primer día que se enteró que ya tenían una fecha para visitarnos.
"En 2 semanas" le decía, tal como lo hacía día tras día en igual ansiedad ante la cuenta regresiva.
"Y... cuántas son 2 semanas?"
Con mi respuesta contestando en número de días, después de horas, de minutos y finalmente de segundos, parecía que nunca fuese a llegar tan anhelado momento. Igualmente, su respuesta después de tan largo análisis de tiempo era siempre el mismo "Yupi! y qué me van a traer?, seguro los dulces que les dije..."
Abriendo sus brazos más que orangután desperezándose y abriendo los ojos como si estuviese hablando de una piscina llena de monedas de oro, contaba lo grande que sería el cargamento de dulces que supuestamente traerían. Si por él fuera, hasta las camas del bus tendríamos que hacer desaparecer de obedecer a su pedido...sería un bus "dulcísiamente dulce".
Los mensajes de encargos vía whatsapp habían ido y venido varias veces. Él, escondido y en voz muy baja les pedía a sus abuelitos traerles a él y a Ema muchos, muchísimos dulces; solicitud a la cual su abuelito le contestaba de manera afirmativa adicionando que juntos se esconderían bajo una mesa a comer todo el cargamento mientras miraban películas, razón que la abuelita intentaba corregir haciéndola un poco más coherente. Como niños traviesos, planeaban la escapatoria como si el régimen de sometimiento de los papás a cargo (Facu y yo) fuese hasta el momento, absolutamente rígido y libre de dulces y tecnología.
Desierto, mar, desierto, mar. Ese fue el paisaje que disfrutamos en esas dos semanas en las que
apretamos el acelerador para poder cumplir con tan anhelada cita. Y es que salir de Ecuador, de la zona de Cuenca, ciudad a mediana altura hacia el mar al sur de Ecuador, es un viaje hacia el desierto. Nos habíamos quedado unos días más en Cuenca y alrededores para aprovechar las fiestas y así cubrir los días que no habíamos podido vender gorras por la falta de sol y exceso de lluvia a lo largo de la costa Ecuatoriana. Aunque fue exigente el quedarnos unos días de más, dió resultado hacerlo; más ecuatorianos se decidieron a lucir nuestras gorras de "Como sea pero viajo".
apretamos el acelerador para poder cumplir con tan anhelada cita. Y es que salir de Ecuador, de la zona de Cuenca, ciudad a mediana altura hacia el mar al sur de Ecuador, es un viaje hacia el desierto. Nos habíamos quedado unos días más en Cuenca y alrededores para aprovechar las fiestas y así cubrir los días que no habíamos podido vender gorras por la falta de sol y exceso de lluvia a lo largo de la costa Ecuatoriana. Aunque fue exigente el quedarnos unos días de más, dió resultado hacerlo; más ecuatorianos se decidieron a lucir nuestras gorras de "Como sea pero viajo".
Justo antes de cruzar la frontera, dormimos a pocos kilómetros, en una estación de servicio en la que reinaban los mosquitos y el ruido de los camiones que circulaban. Afortunadamente hasta el momento, los cuatro gozamos de sueño profundo a prueba de ruido, aunque lo de los mosquitos si fue un caso a resolver durante toda la noche a punta de raqueta mata-mosquitos, palo santo, citronella en spray y antimosquitos sobre la piel. Cruzar la frontera fue sencillo, lo hicimos el 7 de Noviembre y lo único que recibimos fue admiración por hacer un viaje así por parte del policía de salida quien argumentaba querer algún día hacer el mismo viaje con su familia. Una vez más, La Amarilla recibió elogios por haber tenido un cambio extremo pasando de ser transporte escolar por 15 años en Bogotá, a casa viajera en la actualidad.
La primera parada al entrar a Perú fue Máncora, playa conocida por los surfistas por ser supuestamente lo mejor de lo mejor. Sin ser surfista profesional, apenas una principiante, no me sentí cómoda ensayando mejorar mi técnica de principiante. Con hermosas olas que a un lado terminaban en piedras con erizos entre medio y con un exceso de surfistas en la pista, no me sentí a salvo. De hecho, Facu, tanto esta vez como la anterior cuando hace 7 años hicimos parte de las mismas olas en el mismo lugar, terminó la jornada acostado en el piso adolorido, y yo haciéndole una especie de cirugía en el pie, utilizando una navaja para sacarle las espinas de erizo negro que se le habían clavado al meter el pie entre las piedras.
Nos gustó Máncora pero no nos encantó como Organos, pueblo un poco más al sur en donde estuvimos algo más de 4 días en la playa principal, haciendo parte de la comunidad de carros casas que allí hacen una especie de ciudadela. Eramos en total 5 casas rodantes de diferentes tipos y 2 carpas. Todos Suramericanos, ninguno con niños, casi todos con perro a bordo. Desierto, tortugas, agua fría, viajeros, ballenas y mucho viento fue el resúmen de Organos, uno de los varios lugares que nos atrapó y casi no nos suelta por su increíble belleza, por haber podido nadar con tortugas en el muelle y por haber visto esos 4 aletazos y varios saltos de ballena jorobada aquella tarde de jueves.
La siguiente parada fue Pacasmayo, ciudad que parecía haberse detenido en el tiempo, con una larguísima playa visible desde un peñasco, donde según Kiki, el profe de Surf de Antonio en Ecuador, existía la ola más larga de Perú para surfear. Eran largas, larguísimas las olas por lo cual era increíble ver a los surfistas agarrar las olas que parecían no tener fin. Desde el faro se veían los lobos marinos, especie de la que Ema cada vez que escucha mencionar, cuenta que uno se había dañado un bracito, pues hace un mes y medio en Salinas, Ecuador, vimos el primer lobo marino al que efectivamente le habían herido una aleta.
Después de una noche allí, pasamos a Playa Tortuga donde diferente a la mayoría de playas ya visitadas, no había tortugas, solo una gran isla en forma de tortuga. Fue ahí donde nos regalaron ostras para cocinar que aun vivas nos mordían los dedos y donde los polícías nos dieron una gran bienvenida y emocionadas con los chiquis les pedían que se quedaran con ellas.
La penúltima parada fue Lima, realmente a las afueras de Lima hacia el sur en una finca donde los dueños siempre estaban dispuestos a recibir viajeros. La montaña parecía caerse sobre el terreno y el ambiente seguía siendo seco como en los demás lugares que ya habíamos vivido a lo largo de Perú. Qué agradable fue estar un par de días en ese lugar, con otros niños, con más viajeros, en Lima pero sin la congestión de Lima. Tanto nos gustó que hicimos las vueltas estrictamente necesarias. Pensando en las muchas vueltas que haríamos en Lima, nos limitamos a lo indispensable: cambio de aceite, limpieza de filtro y carga de gasolina.
Paracas fue nuestra siguiente parada. En el camino en el que había absoluta ausencia de vegetación, era gracioso que los carteles dijeran "cuide la flora y fauna", sobre la carretera absolutamente carente de cualquier forma de vida, al menos visible a los ojos. La única forma de pensar en la coherencia de esos carteles habría sido en que de manera explícita dijeran: "No arroje basura, protejamos el mar"un letrero así, sí habría sido de inmensa pertinencia ya que con tristeza hay que reconocer que las playas en Ecuador y Perú, aunque todas sin excepción son hermosas, tienen basura, mucha basura. Hasta en frente de lujosísimos hoteles, poca o mucha basura parece ser parte del paisaje.
A punto de llegar a Paracas un camión nos hizo varias veces cambio de luces. Creyendo que era un local más que había simpatizado con nuestro bus, Facu se despedía cálidamente, como siempre lo hace. Los del camión, un camión de helados, nos pedían estacionar. Facu, queriéndo proteger a su familia,estacionó y esperó a que vinieran en lugar de él bajarse. Un hombre sonriente nos pregunta por la ventana: "Se les ofrece esta caja de helados?" Sin contar con una heladera real, solo una conservadora con un par de botellas aún con hielo de la última parada, le dijimos que sí. Era emocionante recibir helados como caídos del cielo. Una caja era una caja. Había al menos unos 20 helados que después de la emoción y de comer varios, resolveríamos qué hacer con ellos. Al cabo de realizar un pertinente trueque de helados por calcomanías e imanes de nuestro proyecto "Como sea pero viajo", nos tomamos la foto para la posteridad y fuimos comiendo helado hasta Paracas donde esperamos por lo menos 3 horas a que los abuelitos llegaran.
Esperando frente a su hotel con los niños dormidos, al fin llegaron. Con un abrazo sentí cómo recuperé el cariño que me hizo falta recibir cuando partimos de su apartamento en Bogotá, el 10 de Agosto. El lujoso hotel esperaba por ellos y por estar hospedados, a nosotros nos dejarían dormir en el estacionamiento. Como si hubiese olfateado la llegada de sus abuelitos, Ema hizo lo que no hace desde hace un tiempo a menos que esté enfermita: se despertó y nos pidió bajarse del bus. Emocionada de lo que sería el encuentro con su nietecita, la llevé a la recepción donde mis papás coordinaban su entrada al hotel.
Espero nunca olvidar ese momento en el que ambos, pareciendo derretirse como melcochas, con sonrisa de oreja a oreja y riendo de amor la reciben en sus brazos. Lástima que no tuve una cámara para registrar el momento en el que la besuquean toda y en el que mi papá, como niño chiquito que recibe un juguete muy deseado, da vueltas saltando con Ema en sus brazos mientras canta de alegría.
Aunque la historia sobre tan feliz encuentro seguirá con su mejor parte: el momento en el que Antonio se encuentra con sus abuelitos, por ahora cierro para no aburrirme y no aburrir, Eso sí, como araña que teje siempre con propósito, esta vez tejo asegurando un "continuará..."
martes, 20 de noviembre de 2018
a casi 100 días de viaje
Dudando en
comenzar este escrito, me puse a "pajarear" en "que haceres" siempre pendientes, perdiendo así valioso tiempo. Dudé en hacerlo porque sé que en cualquier
momento mi hija se despertará y querrá saltarme encima y/o mi hijo cruzará por la puerta del bus y viéndome con el computador va a gritar “Ay mamita! Qué haces? Vemos una peli?”
Me he vuelto una
desperdiciadora profesional de mi tiempo a solas. Apenas tengo esos escasos destellos de tiempo, los temo porque sé que
si comienzo un escrito y no logro terminarlo en una misma sentada, éste corre
el riesgo de quedarse a medias por la eternidad. Y si esto sigue pasando, también las
musas de la inspiración pueden abandonarme y las imagino argumentando: “Total,
para qué nos desgastamos si ella no tiene tiempo por haberse dedicado de lleno
a ser mamá, comerciante, de todera y ahora
encima a viajar?”. Y sí, si tuviese que reunirme con ellas, les diría que sí, que tienen razón, que entiendo que me abandonen, pero que por favor no lo hagan!!!
encima a viajar?”. Y sí, si tuviese que reunirme con ellas, les diría que sí, que tienen razón, que entiendo que me abandonen, pero que por favor no lo hagan!!!
Por eso, hoy, la
última tarde en Organos, una hermosa playa al norte de Perú, donde a esta hora
confluyen todos los vientos y un sol que a cualquiera le parte la cabeza en dos, me siento a escribir. Pido a las musas asistencia de Morfeo para que mi hija
duerma más de la cuenta y pido que la magia invada a la niñera del clan de viajeros con quien está mi hijo, para que juntos tengan una interminable aventura de colores, dibujos y de historias sin fin.
Hoy, a punto de
cumplir 100 días en ruta, quiero compartir cuestiones del viaje, de este viaje
que nos inventamos titulado “Como sea pero viajo”. A veces el "como sea" quisiera
que no se aplicara mucho a nuestro caso. Quisiera que el único que viajara como sea fuese el hombrecito que nos inventamos; protagonista de las gorras, imánes y calcomanías. El, siempre con su mismo morral, sombrero y semblante escuálido pero aventurero viaja en tortuga, avestruz, máquina escabadora, triciclo, águila, globos, parapente, y hasta en ballena; para nosotros aspiro la misma alma aventurera pero con un poco más de comodidad.
Hoy reconocemos con Facu que por la prisa de salir de donde vivíamos a aventurar en nuestra casa rodante, hubo cosas que no nos quedaron del todo bien. El aprovechar del espacio es realmente un arte. Es más si hoy yo fuese directora de una universidad en la que se crean nuevos programas especializados, la carrera "diseño y armado de casas rodantes y diminutas" sería mi nombre predilecto para una maestría y doctorado. Facu, como gran estudiante aventajado, va haciendo de nuestra Amarilla un laboratorio de ideas la cual con paciencia vamos juntos modificando.
que no se aplicara mucho a nuestro caso. Quisiera que el único que viajara como sea fuese el hombrecito que nos inventamos; protagonista de las gorras, imánes y calcomanías. El, siempre con su mismo morral, sombrero y semblante escuálido pero aventurero viaja en tortuga, avestruz, máquina escabadora, triciclo, águila, globos, parapente, y hasta en ballena; para nosotros aspiro la misma alma aventurera pero con un poco más de comodidad.
Hoy reconocemos con Facu que por la prisa de salir de donde vivíamos a aventurar en nuestra casa rodante, hubo cosas que no nos quedaron del todo bien. El aprovechar del espacio es realmente un arte. Es más si hoy yo fuese directora de una universidad en la que se crean nuevos programas especializados, la carrera "diseño y armado de casas rodantes y diminutas" sería mi nombre predilecto para una maestría y doctorado. Facu, como gran estudiante aventajado, va haciendo de nuestra Amarilla un laboratorio de ideas la cual con paciencia vamos juntos modificando.
En cuanto a La Amarilla se trata, hablemos de la cocina. Durante los primeros dos meses y medio, nos la arreglamos con una
cocina de camping. A decir verdad, no hemos cocinado todos los
días. En el viaje tuvimos la fortuna de hospedarnos con amigos y con mi
queridos tíos de Cali, Colombia, momentos en los cuales La Amarilla estuvo de vacaciones. Haciendo cuentas rápidas, quizás fue un mes y medio en el que
cocinamos en la cocina de camping y en muchas ocasiones optamos por hacernos sánduches o algo que no
requiriera cocina. Fue aquel día, cuando por segunda vez se me regó lo que
estaba cocinando cuando decidimos comprar una cocina. Fue en ese momento y habiendo conocido otras casas rodantes, cuando decidimos que una cocina de verdad no podía seguir siendo una idea a postergar. Quienes habían pasado por las mismas en su viaje, nos sugerían que esperáramos a llegar a Perú para hacer cualquier tipo de modificación, argumentando que los precios serían mucho menores. Cuando se regó la comida esa segunda vez por el peso de la olla, más la inestabilidad del piso,
sentimos la necesidad de hacer la modificación, que hace mucho había dejado de ser un lujo. Fue en Cuenca donde recorrimos la avenida de las cocinas en la cual, evidentemente al ir preguntando el precio, este iba disminuyendo tienda tras tienda. Al llegar a la última y aún titubeando sobre la decisión, compramos lo que se necesitaba: garrafa grande, cocina y manguera. Procurando el mejor precio posible, logramos conseguirla y hoy me parece estar escuchando nuestra fiesta cuando la utilizamos por primera vez. “Tenemos cocina! Tenemos cocina”. La modificación fue grande. Facu, gracias a su ingenio, a que carga en el bus varias herramientas y tablones del material que había sobrado en la construcción del bus, hizo la mesada, una linda y espaciosa mesada para por fin cocinar a salvo.
El segundo cambio
que le hicimos al bus tiene que ver con la ducha. Recuerdo el día en que riendo
a carcajadas nos bañábamos afuera del bus con una ducha portátil solar de 5
galones. Fue en Playa Rosada, cerca de Ayampe en Ecuador, donde usando cada uno
la menor cantidad posible de agua, nos bañamos los cuatro con agua caliente calentada por
el sol junto a nuestro bus. Supimos en ese momento que eventualmente necesitaríamos una ducha lo suficientemente buena como para bañarnos a diario y dejar atrás el baño "a baldazos" o con ducha solar pequeña. Valga la pena aclarar que en cuanto a duchas se trata, los grandes somos quienes con facilidad nos hemos ido a dormir después de un duchazo de agua de mar; los chiquitos en cambio, como reyes de la manada que son y dado su pequeño tamaño, han gozado de duchas en la tina que llevamos arriba del techo con aguita caliente cada vez que lo han necesitado.
En la playa de Organos hicimos la segunda modificación notoría: una ducha. Hicimos es mucha gente porque Facu fue quien compró y ensambló los materiales, yo fui por el tubo que se le quedó en una tienda e hice asistencia básica. Por ahora nuestra ducha ha de funcionar afuera del bus pues adentro, por la distribución que tenemos no cabe pero bueno en algún momento seguro gozaremos de ese lujo.
el sol junto a nuestro bus. Supimos en ese momento que eventualmente necesitaríamos una ducha lo suficientemente buena como para bañarnos a diario y dejar atrás el baño "a baldazos" o con ducha solar pequeña. Valga la pena aclarar que en cuanto a duchas se trata, los grandes somos quienes con facilidad nos hemos ido a dormir después de un duchazo de agua de mar; los chiquitos en cambio, como reyes de la manada que son y dado su pequeño tamaño, han gozado de duchas en la tina que llevamos arriba del techo con aguita caliente cada vez que lo han necesitado.
En la playa de Organos hicimos la segunda modificación notoría: una ducha. Hicimos es mucha gente porque Facu fue quien compró y ensambló los materiales, yo fui por el tubo que se le quedó en una tienda e hice asistencia básica. Por ahora nuestra ducha ha de funcionar afuera del bus pues adentro, por la distribución que tenemos no cabe pero bueno en algún momento seguro gozaremos de ese lujo.
El tercer cambio tiene que ver con el interior del
bus. Hemos visto suficientes casa rodantes como para darnos cuenta de que hoy La
Amarilla no debería denominarse una “Casa rodante” sino más bien una “cama
rodante”. Así es, tenemos exceso de espacio para tener dulces sueños pero muy
poco espacio para funcionar en el día a día. Es tal el espacio que tenemos, que hasta
nos hemos dado el lujo de clausurar por completo una de las camas de mis hijos
y la otra utilizarla a medias solo porque en la cama grande logramos caber los cuatro, como diría el famoso poeta Maluma "felices los 4". Nuestra sobredimensionada cama es la culpable de otorgarnos siempre dulcísimos sueños pero nos damos cuenta que para hacer una cómoda vida sobre ruedas, es necesario que todo tenga el tamaño justo y necesario; lo espacioso hay que dejarlo para afuera del bus.
Este tercer cambio requiere un poco más de tiempo, ingenio y materiales. Habiendo visto ya más de 15 casas rodantes de variadas dimensiones, necesidades, nacionalidades y exigencias, hoy si o si, nuestra cama debe ir arriba de la cabeza del conductor y copiloto. Será una cama que gracias a unas sofisticadísimas visagras (al menos así lo veo) se baja cuando está en uso y se sube contra el techo cuando no lo está. Comenzando con esta modificación, el liberar todo el espacio que hoy es nuestra cama ya hará la diferencia; y este es solo la punta del iceberg de todos los cambios que se desatan. El espacio de almacenamiento que tenemos estará más disponible que lo que lo que está hoy, habrá espacio para ducha y baño adentro, sala comedor, cocina, sala de juegos, etc...... bueno ya me emocioné por los cambios venideros pero debo respirar porque todo vendrá a su debido tiempo. Tendremos tal casa sobre ruedas que para qué pensar en una sin ruedas.
Los demás cambios y modificaciones las seguiré contando con el tiempo. Hoy, solo leyendo lo que he escrito, esperaría que todos los humanos pasáramos por el proceso de entender las cosas que recibimos "normalmente" como lujos de la sociedad moderna. El haber pasado por un tiempo de cocinar incómodos, de tener una pequeña ducha portátil, de tener poco espacio y entre otras tantas "incomodidades" nos hacen entender una vez más el valor de las cosas. De pasar por algo así los hombre y mujeres que lo tenemos todo, seguramente seríamos más conscientes de el lujo que es tenerlo, de lo valioso que son los recursos, que no hay porqué tener algo y usarlo en exceso, sin conciencia. Hoy por lo menos espero que nos quede a nosotros como enseñanza para una vida más agradecida por lo que tenemos; para que ojalá mis hijos tengan mayor consciencia, para sentir lo que sentimos que es lo más correcto hacer en este momento.
martes, 6 de noviembre de 2018
"Ustedes son pobres?"
Mientras cocino,
lo escucho atentamente hablando con un niño al otro lado del bus. Como siempre,
me gusta saber de qué habla con otras personas diferentes a Facu y a mí.
“Si, este bus es
mi casa” dice Antonio con tono de estar respondiendo repetidas veces a una
misma pregunta.
“No, este es tu
carro. ¿En él van a su casa que queda dónde?”
“Esta es mi casa,
mi casa sobre ruedas”
“Y entonces
ustedes son pobres?”
Con la sospecha
de que mi hijo no sabría responder a tan inmensa pregunta, me acerco. Haciendo el esfuerzo de estar presente sin decir
una sola palabra, solo observo. Antonio levanta los hombros y con su típica
cara de timidez me mira. Al hacerlo siento que necesita que le lance un
salvavidas…
“Imagínate que
lejos de ser pobres, somos muy ricos porque en nuestra casa sobre ruedas, podemos
ir donde queramos!” le cuento al niño.
Sabiendo que en
mi tono de voz había algo de ironía como leona defendiendo a su cachorro, quise mantenerme en una conversación de
niños. Con mi intervención, la conversación terminó. El niño se fue con su
familia quienes parecían estar pensando igual que el niño. Tal vez sea mi
interpretación, pero a veces se siente cuando la gente mira con cara de no
estar entendiendo en absoluto porqué una familia viaja como lo hacemos; quizás ese niño manifestó
verbalmente lo que para la familia éramos: pobres. De repente, mi hijo quien
pensé que se daría vuelta para correr a jugar me pregunta:
“Mamá, qué es ser
pobre?”
Sentí entonces
por primera vez el escalofrío de una pregunta grande, cuya respuesta debía ser
inteligente y a la vez masticable para un niño de 5 años.
Pensé entonces en
la riqueza material; en gente que conozco que tiene mucho o poco a nivel
material. Casi a punto de responder, pensé entonces en la pobreza y riqueza: a
nivel familiar, social, espiritual.
Tardando mucho en contestar queriendo no responder a la ligera, le pedí que me diera un tiempo para pensarlo. Recordé entonces a la gente más rica que conozco y a la más pobre que conozco. Sin siquiera proponérmelo, los más ricos aparecían en autos lujosos, grandes mansiones y elegante forma de vestir. Los más pobres, al contrario: gozando poco de cosas materiales.
Tardando mucho en contestar queriendo no responder a la ligera, le pedí que me diera un tiempo para pensarlo. Recordé entonces a la gente más rica que conozco y a la más pobre que conozco. Sin siquiera proponérmelo, los más ricos aparecían en autos lujosos, grandes mansiones y elegante forma de vestir. Los más pobres, al contrario: gozando poco de cosas materiales.
Presionada por
esos ojos de quien aún siente que sus papás poseen la verdad, se me ocurrió una respuesta
que no era mía pero que agradezco a las musas de la inspiración por haberme
rescatado en ese momento:
“Creo que los más
pobres son los que teniendo mucho o poco no disfrutan,
mientras los ricos, teniendo mucho o poco, disfrutan.”
Agradecida con
haber compartido esa respuesta la cual no estaba dentro de mis posibles
conclusiones, me sentí inmensamente rica con haberle compartido a mi parecer tan brillante respuesta con mi hijo.
Y así, con el
aparente mayor entendimiento de la situación me dice Antonio:
“Ah! Así que nosotros
somos ricos y pobres!”
Una vez respondió
con gran desparpajo, salió corriendo tras su hermana a la playa.
Mientras tanto yo, inmersa en la confusión de su respuesta me quedé ahí,
esperando que me explicara un poco más. Supuse entonces que mi análisis era
propio para un adulto no para un niño de 5 años, que las musas se habían equivocado en darme ese mensaje para ese momento.
Ahora resulta que
al pasar los días y en estos casi 3 meses de viaje, me voy dando cuenta que mi
hijo, en su contestación alocada y sin mucho filtro, tiene toda la razón: a veces somos ricos y a veces pobres.
Viajando de la
manera como lo hacemos, nos enfrentamos constantemente a experiencias nuevas,
donde siempre se pone a prueba la paciencia, nuestro nivel de agradecimiento y
de recibir o no la vida tal como es.
Quisiera decir que hemos sido solamente ricos, pero estaría mintiendo. Ricos hemos sido cuando hemos estado agradecidos de correr por la playa con nuestros hijos, de una comida sencilla, de aceptar con felicidad las incomodidades del camino, de disfrutar de estar en el presente, de respirar, de agradecer.
Quisiera decir que hemos sido solamente ricos, pero estaría mintiendo. Ricos hemos sido cuando hemos estado agradecidos de correr por la playa con nuestros hijos, de una comida sencilla, de aceptar con felicidad las incomodidades del camino, de disfrutar de estar en el presente, de respirar, de agradecer.
Aun así, pobres
también hemos sido. Hay veces en que el día a día nos cuesta. A veces no hemos
sido agradecidos y cansados, terminamos esperando más de los demás, no somos
pacientes y así, vamos perdiendo también momentos que no vuelven en los que no
logramos disfrutar. De cuando hemos sido pobres solo puedo pensar que sencillamente no hemos estado presentes...
Así es como mi
hijo tiene toda la razón, somos ricos y pobres. Hoy solo espero y es mi meta, ser más rica que pobre. Hoy pido todos los días tener a nivel material lo que
necesitamos y lo que queremos para estar bien. Pido que tengamos buena salud, que estemos siempre agradecidos de las situaciones que se nos presentan dispuestos a aprender y
a la vez que seamos inmensamente ricos para lograr disfrutar cada momento al
máximo.
La pregunta del
niño de la playa la veo como el reflejo del tabú de una sociedad que está ciega
por conseguir los medios materiales para “ser felices”.
Siento que la gente le tiene miedo a no tener, a tener menos y así, a sentirse menos. También lo he sentido, es un sentir totalmente humano. Hoy lo veo a diario. En términos generales quienes se detienen a hablar con nosotros, que son la mayoría, admiran lo que hacemos y muchas veces quisieran hacerlo ellos mismos. Hacer una pausa de una vida convencional para viajar con la familia es un sueño que muchos tienen pero que pocos nos animamos a cumplir.
Siento que la gente le tiene miedo a no tener, a tener menos y así, a sentirse menos. También lo he sentido, es un sentir totalmente humano. Hoy lo veo a diario. En términos generales quienes se detienen a hablar con nosotros, que son la mayoría, admiran lo que hacemos y muchas veces quisieran hacerlo ellos mismos. Hacer una pausa de una vida convencional para viajar con la familia es un sueño que muchos tienen pero que pocos nos animamos a cumplir.
Hoy me doy cuenta
que es normal que eso suceda. Estamos en una sociedad que nos ha acostumbrado a
sentir carencia, a sentir fobia de ser menos, de ser pobres (a nivel material).
Hoy con nuestro
viaje buscamos hacernos ricos de muchas maneras. Tal vez no necesariamente a
nivel material, o tal vez sí. Quien quita que se cumpla mi sueño de poder vivir
de escribir, de motivar a otros a que cumplan sus sueños, con charlas, con
escritos; pues motivar me motiva.
Así es como una vez más, la vida, el camino y esta vez mi hijo me dan una lección; una lección poderosísima que espero no olvidar.
Así es como una vez más, la vida, el camino y esta vez mi hijo me dan una lección; una lección poderosísima que espero no olvidar.
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