Si salgo ahora de casa, el viento no me podría levantar, son 60 y pocos kilos de piel, huesos, grasa, emociones y corazón, difíciles de elevar como cometa, solo fáciles de hacer caer como un bulto de papas y rodar por el suelo de la isla. Por eso y por la amenaza de lluvia no salgo por ahora. Los diez habitantes de la isla cruzamos los dedos para que llueva, para que sean llenados los tanques de agua dulce que escurriría por los techos; única fuente de agua dulce en medio de toneladas y toneladas de agua salada. De ser así, podremos bañarnos a diario y no cada dos o tres días. Canto entonces la canción: Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva, la luna se levanta, los pajaritos cantan. Así es como mientras los pajaritos afuera cantan, yo (la bruja) me quedo en casa cantando la canción. En la comodidad de nuestro hogar por el siguiente mes, aprovecho domingo de no trabajo para pensar, leer, escribir, mirar por la ventana, reevaluar la vida, cocinar y comer.
Hoy completamos 5 días en la isla, y en cuatro días, 6 meses de viaje. Quien lo creería. Pienso en lo que estaba haciendo hace un año, el 25 de Septiembre del 2010: trabajando en el colegio y en la universidad, dando lo mejor de mí, buscando algo más, luchando por llegar a confiar en que podría en algún momento salir de esa rutina que parecía ganar una inercia loca de la que no podría salir nunca más. Sentí en los últimos cinco años que el miedo de salir de la rutina era lo que más me mantenía atada a la misma, dejando para después el hecho de viajar. Hoy, viviendo lo que estoy viviendo, teniendo que confirmar todos los días que fui capaz de hacerlo, confirmo una vez más que si es posible.
La muerte de mi hermana, La Linchi, es sin duda alguna, el corte entre una vida antes y una vida después. Ahora, estando lejos de casa, se que los cambios repentinos pueden ocurrir, que no existe tal suma matemática que me fue enseñada en la religión que indica: si haces las cosas bien, de la mejor forma posible, te es garantizado solo buenas cosas en tu vida… entrega a los pobres y no tendrás dolor alguno. No me fue dicho, o al menos no me acuerdo haber aprendido, que el dolor hace parte de cualquier humano, que el dolor, la risa, el amor y el miedo hacen parte de la estructura de cualquier humano.
El dicho que dice “el que peca y reza, empata” no es más que una frasecilla que habla de una tabla de salvación. No creo en la existencia de un tablero de conteo de los actos positivos y negativos de cada persona. No sé con certeza cómo funciona, pero con plena confianza aplico el “hacer el bien” porque así me siento mejor, no porque por ejemplo, por ayudar a pasar la calle a 1000 viejitos, el ganarme la lotería está a la vuelta de la esquina. Creo que los hechos en la vida tienen que ver con lo que cada individuo necesita aprender para su crecimiento espiritual. Creo que Dios hace parte de nosotros mismos y está en todo lo que vemos alrededor.
Todo lo anterior sonará muy zen o yogui o como sea, el hecho es que he vivido en carne propia que así funciona. Tal vez, al llegar a donde se llega al morir (quien sabe a dónde) me he de encontrar con quien me explique cómo funcionaba este carrusel loco de emociones, esta vida en la que soy Laura Cabrera Amézquita, un ser humano más de tantos otros. Imagino que ese alguien que me recibe (el cual me gusta pensar todo gentil y de alas, como las que también tendré en ese momento) me dirá que la obra de teatro de la que hicimos parte era solo eso, una obra de teatro. Haremos eso sí, con este individuo alado, no el balance de los actos buenos frente a los actos malos que hice para ver si soy mandada al cielo o al infierno, sino más bien un balance de cuantas veces hui o dejé de huir de los momentos difíciles de la vida. Haré un examen para saber cuánto aprendí sobre las personas y los seres vivos, sobre mi misión en esa vida… para dar con el resultado de en que bicho seré convertida al volver a la tierra.
Me encontraré entonces con mi hermana quien después de una buena bailada y varias carcajadas me contará a ciencia cierta qué pasó, porqué terminó su vida tan rápido, y ahí entenderé que el tiempo que sufrimos su ausencia fue perdido porque el reencuentro lo valió todo, ella también hacia parte de la obra de teatro. Así es como por días, meses o años, esperaré a ser devuelta en otro cuerpo, otro empaque a la tierra. Espero poder ser un Atobá, ave moradora del Parque Nacional Abrolhos, Bahía, Brasil (donde hoy me encuentro) de las que viven en el mismo parque, sin predadores, dedicando su día entero a volar, cazar pez, recibir visitas de ballenas y tortugas así como de enamorar, enamorar mucho.
El hecho es que así mi espíritu en una próxima vida sea empacado en un cuerpo humano, un sancudo, un marrano o un elefante, solo sé que en la vida actual, sospechando saber cómo es que funciona, voy haciendo lo posible por seguir mi misión, al menos por el camino que creo tener. Creo en la segundas y terceras oportunidades, en que al caerme, no me queda otra alternativa que levantarme, sacudirme las rodillas y seguir, en que la mente es solo una herramienta de trabajo; no somos mente, somos sensaciones, emociones acompañadas por pensamientos. Creo en que vinimos solos, que no somos dueños ni propiedad de nadie, solo de nosotros mismos. Creo en que todos estamos conectados energéticamente, que puedo ayudar a sanar la relación con otros sin necesidad de tenerlos en carne propia. Creo en que el miedo de vivir siempre existirá y solo puede ser disminuido cuando es lavado mil veces con jabón de amor.
No hay nada seguro en la vida, por eso tantos luchan por aumentar la posibilidad de vivirla mejor al aumentar cosas materiales, porque a veces son menos probables de ser perdidas con el tiempo que las mismas personas que nos rodean. Me duele decir esto último porque considero que soy de las que necesitan poco material muerto (casas, carros y becas) y más bien muchos amores en la vida (enamorados, amigos, familias y hasta mascota, ay mi Crayola).
Cómo me gustaría enamorarme más veces. La informalidad en las relaciones de pareja me tiene un poco aburrida. No busco anillo de matrimonio y ni me quiero imaginar vestida de blanco caminando hacia el altar. Quiero parcería, admiración, una conexión que va más allá del cuerpo físico. Por ahora no me preocupo. Para no pre-ocuparme, me ocupo. Me ocupo en entender lo que quiero, lo que soy. Me ocupo en vivir el hoy, de recibirlo de brazos abiertos. De hacer todo aquello que no atente contra mi misma ni contra otras personas. Me ocupo en ser profesora y ser alumna todos los días
Ahora mi gran amor, el mar está afuera de mi ventana recordándome hacerme presente una vez más. Voy a buscar a mi querida Claris para darnos un paseo por la isla antes de volver a preparar el comienzo de semana. Ya que bajó un poco el viento y aun no empieza a llover, saldremos las dos brujas de la cueva a cantar “que llueva, que llueva, la vieja salió de la cueva, los pájaritos cantan, la luna se levanta”, a ver qué pasa…
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