domingo, 23 de septiembre de 2018

De voluntarios con Tortugas Marinas en Isla Portete


Estaríamos en Isla Portete unas cuatro horas, al menos eso le dijimos al hombre que nos cuidaba a La Amarilla. Mientras caminábamos por la playa fuimos encontrando carteles que indicaban que allí había nidos de tortuga. Eran varios; tantos que deseé volver a ver una tortuga marina como aquellas con las que trabajamos y otras con las que nadamos con Clari cuando viajamos de mochila en dos proyectos diferentes en Brasil: Proyeto Tamar de Ubatuba y Parque Nacional Marinho dos Abrolhos.


Un hueco en la arena nos hizo frenar. En el fondo había un bicho negro. Desde ese ángulo a simple vista, parecía a una tarántula. Mi hijo fue quien emocionado dijo que era una tortuga. Pensando que tal vez estaría muerta por exceso de calor, Facu la sacó, Antonio la quiso llevar y juntos adelantaron unos metros hacia el mar. Era tan linda y solo hasta el momento en que la ayudaron a salir, sus movimientos comenzaron a ser bruscos, estaba más que viva!.

Juntos la acompañamos hasta el mar. Ella debía caminar y hacer todo el proceso de llegada pues caminar en tierra y luego encontrarse con las muchísimas olas que la arrastrarían como a no dejarla entrar, era lo que necesitaba en ese momento para enfrentar las inclemencias del mundo marino; para sobrepasar el primer gran reto de ser tortuga marina. Ema detrás le quería tirar arena encima, Antonio delante la quería alzar para llevarla pronto al mar. Por fortuna, la tortuguita ya para el momento llamada “Caparazoncito” por parte de mi hijo, era fuertísima y su instinto era tan evidentemente bien calibrado que nunca dudó que el mar quedaba hacia donde se dirigía.

Solo al llegar al agua y al ser medio cubierta por agua, fue que parecía como si intentara mirar por encima del agua su horizonte; como si mirando por encima del agua su brújula se calibrara con cada respiro. Y así, entre cortos avances caminando y largos avances nadando, logró después de muchos revolcones llegar a por fin nadar y escabullirse entre las olas. Un par de veces vimos su naricita asomarse en medio de la espuma de las olas que chocan, momentos en los que con emoción dimos gritos de ánimo para que “Caparazoncita” siguiera su camino para quizás un día encontrarnos de nuevo.

Qué emocionante fue el momento. Tan emocionante que nos terminó pasando lo que acontece con quien va al casino y en la primera apuesta de una moneda, se gana un billete: queda con la sensación de que si ganó esa primera vez, claramente será factible ganar muchas otras veces. Fue así como ni cortos ni perezosos nos ofrecimos como voluntarios para hacer los turnos nocturnos y así apoyar en el mundo de las tortugas marinas. En el día ayudaríamos en el arreglo y control de los nidos… cruzamos los dedos para que nos tocara algún nacimiento! En la noche haríamos turnos para revisar si alguna tortuga salía del mar a depositar los huevos. Tal como en el casino, si en la primera hora de playa habíamos liberado a una diminuta tortuga llamada Caparazoncito, ¿cómo no tendríamos el privilegio de ver mucho más, quedándonos unos dos o tres días? Esa tarde hasta pasamos horas pintando todos los tamaños de tortugas en la playa.

Y es que el tema del cuidado en esta isla es así: Desde hace 2 años tienen una gran amenaza por la cantidad de perros que tienen en la isla, alrededor de 30. Llegaron allí después del terremoto que sacudió toda la zona y según dicen Cristian y Ander, los funcionarios que trabajan con las tortugas,
son una terrible amenaza tanto para las tortugas que llegan a querer poner los huevos como para los nidos y las que nacen. 

Para las tortugas que llegan porque muchas veces las molestan tanto con ladridos que las tortugas se dan la vuelta y entran de nuevo al mar. Para los nidos porque muchas veces los encuentran antes que Ander y Cristian y se los comen como un gran manjar. Los casi 100 huevos depositados se los empacan en mucho menos tiempo que lo que tarda la mamá tortuga en salir, arrastrarse por la playa hasta un lugar adecuado, abrir el hueco, depositar los huevos, tapar el nido y salir de regreso al mar. Por último, son amenaza también las tortugas bebés quienes apenas nacen salen lo más rápido que pueden hacia el mar. Muchas veces los perros las quieren mordisquear y molestar, algo que las debilita y en muchos casos mueren antes de llega. A veces también están los humanos que meten la mano para aprovechar los huevos y venderlos en el mercado negro.

Habiéndonos quedado los tres días, junto con Cristian, Ander y otras dos muy queridas voluntarias, Pilar y Marina, no vimos ni desove ni nacimiento. Fuimos solo testigos de la muerte de una tortuga en tierra y de una segunda que llegó muy mal herida a recibir primeros auxilios: ambas evidentemente maltratadas por humanos. La primera la enterraron mis hijos, Facu y Cristian poniéndole una torre con palos en la superficie argumentando que así iba a poder transformarse rápidamente en algún otro animal. A la segunda tortuga le hicimos una pequeña piscina donde la cuidamos entre todos. Tenía un golpe en la cabeza. Hablando con Cristian, preguntándole su opinión acerca del hecho me dijo lo siguiente:

“Creo que es por frustración que les pegan. El pescador que emocionado empieza a sacar las mallas pensando en que pescó un gran pez y así va haciendo cuentas de lo que podrá hacer con el mismo. Después de mucho esfuerzo de sacar esos cerca de 25 kilos, se da cuenta ya en la superficie que es una tortuga. Golpea su cabeza para que se suelte fácilmente las redes sin romperlas y por la frustración de no haber podido conseguir una buena pesca. Así, saca su frustración, recupera el anzuelo de 1 dólar si es que la tortuga se había enrredado con uno y logra no tener que cortar las redes para liberarla.”

Qué dolor de historia; más dolor aún me da sospechar que tiene toda la razón. Somos una raza indolente. Hasta viendo ballenas lo noté: En el bote que nos llevó a verlas no hubo ningún tipo de exclamación de emoción ni de expresión facial que denotara algún tipo de sorpresa…. Solo éramos nosotros 4 quienes gritábamos y hasta lloré de la felicidad de ver esa mamá ballena jorobada nadando junto a su bebé. Los demás tomaron sus fotos y hasta ya querían volver. Supongo que la foto en el Facebook era lo que querían lograr… me imagino que de tanta costumbre de ver en televisión imágenes más impactantes, la naturaleza ya no les produce ningún tipo de emoción.

Ojalá volvamos a la naturaleza: a que nuestros oídos sonrían de tantos cantos de diferentes pájaros, a que nuestros ojos se maravillen de ver la grandeza de una ballena y la pequeñez de una tortuga recién nacida… y así, que con todos los sentidos podamos deleitarnos con lo aparentemente más simple de la vida.

Y volveremos a Playa Portete porque el nacimieto y/o desove de las tortugas no nos lo queremos perder!!!


lunes, 10 de septiembre de 2018

Cosas de viajar así

De haber cobrado la foto con La Amarilla, ese día nuestros bolsillos habrían reventado de dinero. Imaginé tarde que haber puesto un tapete rojo para quien quisiera subirse a nuestra mansión, habría sido una gran idea. Ya adentro, les habríamos contado la historia que hay detrás del viaje. De hecho es así como lo vamos a contar en una siguiente oportunidad:

Con Facu nos conocimos hace 6 años y medio en Bolivia, ambos de mochila. Muy pronto, cuatro meses después, aun viajando de mochila, nos enteramos que seríamos papás.


Luego, ya instalados en Argentina, la gana de volver a viajar fue tan fuerte, que soñamos con comprar un bus y hacerlo casa. Mientras lo conseguimos, viajamos por lugares turísticos con el carro lleno de mercancía: vino, pan relleno, mandalas, pulseras, gelatinas y hasta ensaladas de frutas. Una vez vendido todo, regresábamos a casa.
Mientras yo estaba embarazada poníamos un colchón arriba de las cajas de vino para poder dormir dentro del carro y sentirnos viviendo en un carro casa. Ya con Antonio a bordo, lo sentábamos dentro de su sillita en medio de toda la mercancía y entre venta y venta, parábamos a refrescarnos en el río.

Como buenos andariegos de alma gitana, conseguimos una Combi Volkswagen con el sueño de viajar con nuestro hijo de 1 año hasta
Colombia. Estaba tan destruida y los ánimos se agotaron tanto, que a los 4 meses de trabajarle, decidimos abortar la misión. Yo quería que intentáramos estar cerca de mi familia.

A los dos años de estar en Colombia, casi a punto de que naciera nuestra hija, conseguimos el bus amarillo escolar, el cual inicialmente llamamos La Peregrina. Nos aseguramos de que a diferencia de la Combi, el motor estuviera perfecto y que en cualquier lugar del viaje se pudieran conseguir repuestos en caso de necesitarlos. También un requisito fue que la carrocería estuviera intacta. Parqueada por más de 2 años en el centro de Bogotá, después de trabajar 15 como bus escolar y pareciendo como si su vida útil hubiese terminado, llegamos nosotros a convertirla en parte de nuestro sueño.

Nos tomó 2 años más salir a viajar pues al poco tiempo, viajando un mes por Colombia, entendimos que era muy pronto para hacerlo, pues nuestra hija de 1 mes debía estar más fuerte para emprender un viaje largo. Hoy, dos años después de aquella compra, salimos por fin, decidiendo que La Peregrina tiene más cara de La Amarilla y que como salimos a pesar de todo lo que la estructura mental nos indica y lo que la sociedad nos sugiere, nuestro lema es "Como sea pero viajo".

Ya terminada la breve historia que obviamente está mucho más llena de matices, las personas van a querer tomarse fotos adentro de La Amarilla. Imagino una típica foto de familia en la que el papá estará al volante, los demás adultos de la familia en los asientos del frente y luego por todo el bus un montón de caritas chiquitas sonrientes, todos listos para la foto "del facebook"

Después del recorrido, charla y fotos en la mansión, les diremos que el pago es de carácter voluntario y con los nuevos imanes y stickers seguro nos comprarán y será posible que al menos lleven una gorra. Qué lindo es generar en la gente el deseo de cumplir sus sueños. Qué lindo es inspirar. Fue pura emoción cuando un día de viaje, en Filandia, Quindío, una familia completa nos bombardeaba a preguntas para lograr entender cómo es que alguien hace algo así; cómo consigue un bus, lo modifica todo y luego emprende camino.

Adicionalmente, en términos generales los interesados se emocionan cuando se dan cuenta que la placa del bus es colombiana y que en la familia somos mitad colombianos. Al ver argentinos viajeros, la gente normalmente no se sorprenden. Siendo colombianos sí. Dicen que se emocionan al ver que colombianos como ellos mismos están viajando como lo hacemos; que si es posible.

"Ustedes están cumpliendo con lo que yo siempre he soñado" o "eres colombiana? pensábamos que quienes hacían algo así siempre eran de otros países". Qué lindo es inspirar y ojalá que esas manifestaciones de admiración, sigan opacando aquellas opiniones de miedo o gestos de desagrado de quienes no están de acuerdo con lo que hacemos.

Y si, viajar como lo hacemos es lindo, es muy lindo. No es siempre color de rosa pero es ahí, cuando hay retos que no son tan fáciles de capotear, cuando debemos repetirnos a nosotros mismos : "Finalmente, nosotros elegimos viajar así". En un siguiente escrito daré más detalles al respecto...


lunes, 3 de septiembre de 2018

Jugando con pantallas o con otros niños y en la naturaleza?


Desde lejos, no entendí a qué jugaban. Cuando me acerqué, el nivel de silencio y concentración de los 5 niños era casi absoluto. Mi hijo me dijo en secreto: "Buscamos un tesoro". Tarde me di cuenta que no era tan solo un tesoro sino varios, pues apenas lo encontraban, cada uno
hacía sonidos que simulaban super poderes, los cuales según ellos, les daban la posibilidad de transportarlos. Una vez abierto y sorprendidos por lo que observaban entre sus manos vacías, se lo quedaba el integrante que aún no tenía tesoro y comenzaban de nuevo la búsqueda.


Así transcurrió la mañana de mis hijos: Antonio al mando como el mayor de la gallada y Ema, la cola de la misma gallada. De vez en cuando necesitaban asistencia, para lo cual yo estaba allí pendiente, mientras Facu hacía el trabajo por el que estamos en esta finca "Casa de los Sueños" en Silvia, Cauca, Colombia: ayudarles al mejoramiento de su lugar turístico.  

Siento que estamos haciendo lo mejor como papás: dándole a nuestros hijos la oportunidad de viajar con nosotros, de conocer y jugar con niños de diferentes culturas, en espacios de naturaleza. Incluímos como parte importante el que participen en la forma en que hemos decidido financiar nuestro viaje, al menos por ahora: vendiendo gorras. Vamos a ver los alcances de la creatividad y el tiempo disponible..... mmm creo que por ahora veo que con la alta demanda de estos chiquitos, las gorras seguirá siendo una linda salida.





Ojalá siempre estuviera tranquila frente a las desiciones tomadas frente al estar viajando hoy en día. Por dar un ejemplo concreto, quedo con el corazón en la mano cuando pasa lo que pasó el otro día cuando estuvimos en la plaza de Pijao, Quindío: Los dos chiquitos jugaron hasta el cansancio con unos niños en la plaza. Hasta el cansancio es literal pues tuvimos que subirlos ya bien entrada la noche, hechos un mar de llanto al bus, ponerles piyama y lavarles los dientes a los empujones hasta al fin hacerlos dormir. A la mañana siguiente., Antonio, triste me pregunta:

“Y hoy no voy a tener nenas como las de la plaza con quien jugar?”

Queriendo tener solución inmediata para su tristeza, tuve que procurar convencimiento, cordura y serenidad, por lo cual dije: 

“Chiquito, en el viaje nos va a pasar muchas veces lo mismo. Vas a conocer personas muy lindas con las que estar y compartir, y vamos que tener que decir hasta pronto pues nuestro camino sigue”

Él no dijo más. De hecho, poco tiempo después ya estaba tranquilo compartiendo algo de comer con su hermanita. Mientras tanto, mi cabeza se quedó dando vueltas y a pesar de que han pasado unos días, a mí todavía me confunde el tener esta dinámica de desapego en la que él sufre. Pensamos en que tal vez ya deberíamos quedarnos a vivir en algún lugar en el que le demos la estabilidad de amiguitos que tanto manifiesta.

Afortunadamente, en poco tiempo vuelvo al convencimiento de estar haciendo lo mejor que podemos estar haciendo en este momento: cumplir el sueño de viajar con nuestros hijos en nuestra casa rodante la cual ha sido armada por nosotros mismos, con paciencia y perseverancia.

Pienso cuando los veo desarrollando la capacidad de jugar con tantos niños, en que el gringo experto en educación de quien escuché una charla hace unos meses atrás, tiene toda la razón y cada día lo corroboro una vez más.

El tipo decía tres cosas acerca de lo que él cree que debería tener en cuenta la educación de los niños actuales:

1. Debemos dejar de pensar que los niños son alumnos, palabra que viene de la raíz “sin –luz”. Viendo a los niños como contenedores vacíos a los que hay que llenar, como sociedad hacemos la interminable tarea de llenarlos de información confundiéndoles y a mi forma de verlo, haciéndoles creer que el que más sabe es el que más vale. Debemos entender que desde que nacen, cada niño ya viene completo, no le falta nada para ser perfecto. Están entonces llenos de un montón de cosas, a los cuales hay que motivar para que salga a la luz lo mejor de sí, para que ellos hagan lo que creen mejor de sí.
2.     
           2. Necesitamos niños que estén menos conectados para que estén más conectados; niños menos conectados a las pantallas y al "qué dirán", mal que los hace perderse del presente, con el fin que estén más conectados con su sentir y que así puedan entender el sentir de los demás, de la naturaleza, del mundo.

3.     3.  La empatía es lo que más debemos intentar fomentar sobre todo en la primera infancia porque si intentamos crearles espacios con otros solo cuando son mayores, quizás en ese momento ya no podrán desarrollar la capacidad de entender que existen otros además de ellos mismos, que sienten, duelen, ríen y tienen tantas necesidades como ellos mismos; que sienten miedo y amor.

Por todo esto, siento que hoy que mis hijitos tienen 2 y 5 años, es nuestra oportunidad de presentarles todo lo que puedan sentir, oler y vivir, en lo posible lejos de las pantallas y el mundo virtual para intentar acompañarlos a que estén más conectados con ellos mismos, con otros y con la naturaleza.

No intentamos prohibirles la tecnología, por ejemplo las pantallas. Siento que hoy en día es algo a lo que casi cualquier niño llegará tarde que temprano. Si desde chiquitos les fomentamos el necesitar estar conectados a pantallas para que puedan respirar, después no habrá vuelta atrás para fomentarles todo lo demás. Es tan rápido e invade tanto todos los sentidos una pantalla, que luego, intentar lograr que disfruten de la cantidad de sorpresas de la naturaleza sería casi imposible. 

Creo que como todas las herramientas hay que aprender a usarlas, no como un inhalador sin el cual no podemos vivir. Si hoy la relación más cercana de mi hijo fuera con las pantallas, que para lograrlo sería tan sencillo como tener celular y computador todo el día, y no procurando que pase más tiempo con su hermanita, demás niños y adultos, haciendo ejercicio, etc, supongo que el día de mañana le costaría más funcionar sin las pantallas.

Confío y procuro reiterar que el fomentarles la conexión consigo mismos, con sus gustos y manejo de emociones resulte en adultos más felices. Si desde chiquitos se conocen mejor en el aburrimiento, en el estar con otros y tener que resolver conflictos, en si mismos mientras a la orilla del río pasan horas pacientes esperando a pescar algo, ahí es cuando están menos conectados para estar más conectados.

Esperamos estar en lo cierto. Solo el tiempo dirá!