domingo, 17 de febrero de 2013

A dos días de cumplir 30


A dos días de llegar al tercer piso, al inevitable escalón de los 30 años, celebro como se debe, desde la escritura aunque la inspiración me tenga abandonada. Escribo para cumplir lo que Picasso dijo sabiamente “Que cuando la inspiración llegue, me encuentre trabajando”. Me siento en un lugar estratégico para estar bien visible a las musas de la inspiración, para que en cualquier momento del escrito, me atropellen y me hagan escribir ideas bonitas, o al menos coherentes.

Sin ser atropellada por tales musas, quienes insisten en no querer encontrarme, empiezo a navegar en San Google buscando algo que tenga relación con la siguiente frase “Significado de cumplir 30 años de vida”. Tal como lo esperaba, encontré a la mano el blog de una persona quien como yo, en su momento de pasar este “determinante” paso de la vida, escribe algo sobre el tema.  Encuentro a medida que voy avanzando en la lectura, que va pareciendo cada vez más un escrito de ayuda a gente que está por contagiarse de una terrible enfermedad y a quienes ella escribe como testimonio de superación. Luego, cambia la tónica de la idea y cierra el escrito haciendo una enumeración de diez razones por las cuales cumplir 30 es lo máximo.


  Con el fin necesario de resumir lo que ella escribe tomo las siguientes ideas:
“ cumplir 30 años es dejar atrás inseguridades… es dejar atrás una etapa de cometer errores,  de experimentar, de probar, de ser inocente, terca, caprichosa, dramática o de tener miedos… es saber lo que se quiere…  es tener independencia, perseverancia, reinventarse, realización y renovación de sueños… no le da pena decir lo que piensa o tomar decisiones…. se traduce a no tener que quedar bien todo el tiempo ni a sentirnos obligadas. Es muy chistoso como antes si no salía o no iba al plan de viernes o sábado en la noche sentía que mi vida no tenía sentido. A los treintas nadie te ve raro si decides quedarte a ver una película en lugar de ir a un bar ¡Raro pero es lo máximo!” A la izquierda, una foto de como me vería si al cumplir 30 llegara a convertirme en lo que ella asegura.

Al terminar de leer, me doy cuenta que tengo una papa caliente que no se ni como manipular. Me dan ganas de conocer a la escritora para entender en qué estaba pensando, para comprobar con mis propios ojos que ella llegó al punto máximo de ascenso emocional y espiritual cuando cumplió los 30, como para haber escrito lo que escribió. Miro mi vida y mi forma de ser y encuentro que diferente a lo que ella asegura, tengo un montón de inseguridades y miedos, que tomar decisiones me cuesta, que cometo errores, que sigo queriendo experimentar, que soy inocente, terca caprichosa y dramática y que por el contrario, no me cuesta ni nunca me costó decir lo que pienso, reinventarme, renovar los sueños ni mucho menos llevar una vida en la que llega el viernes y no me angustió ni me angustia no salir a un bar.   

Releo los “diez mandamientos” y pienso que si al cumplir años no tendré miedo alguno (que es en lo que se traduce toda esta transformación mágica), mejor me voy a rascarme la panza y a dejar de pensar tanto, porque ella encontró el secreto de la felicidad: CUMPLIR LOS 30!!!!!!!!!!! Le digo entonces a mis amigos (unas de mis grandes amigas a la derecha) que están en las mismas, que ese podría ser el secreto.

Aterrizando en porqué es algo a lo que se le da importancia, creo que el real pánico reside en que socialmente tenemos tanto miedo a ese monstruo que año tras año se acerca, el tal llamado Vejez, hacemos todo lo posible por detener el tiempo para no sufrirlo. Hay quienes nos asustamos solamente y otros, con miedo y todo, se arman de maquillaje, ejercicio, dietas, cirujías, silicona y siguen millares de consejos para intentar escapar de lo que como sociedad dijimos que hay que escapar.

Queriendo pelear este mundo que dice que sumar años es negativo, recuerdo una anécdota que me pasó, la cual tal vez he mencionado en algún escrito del blog, experiencia que menciono cada vez que alguien se queja de lo viejo que está: Hace unos años, cuando terminé de escalar un muro de escalada, escuchaba sin mirar a una señora que preguntaba curiosa sobre tan innovador deporte al guía de escalada, mientras yo me quitaba arnés y zapatillas. Después de una larga charla instructiva, la señora argumenta “Solo hay una cosa que me preocupa al hacer este deporte; mi estatura”. Al escuchar este comentario, di vuelta para comprobar que en efecto la señora debía medir no más de 1.40mts. Cuál fue mi sorpresa al ver sus manos totalmente arrugadas, las cuales revelaban una edad bien avanzada. Siendo que en la mayoría, con seguridad la imposibilidad habría sido el estar viejo, en ella ese no era obstáculo alguno, si lo era su corta estatura. Adoro la enseñanza y admiro a quienes se dan cuenta que el sentirse viejo es un estado de la mente. Tal como dijo una mujer mayor el otro día "Viejos los trapos".

Cierro entonces este escrito con poca inspiración pero si con mucho sentimiento del cursi. Haré la promesa de no darme golpes de pecho si al despertar el primer día de tener 30 años descubro que sigo teniendo miedos e inseguridades porque sé que el camino es largo y de mucha paciencia. Tal como año tras año lo he venido haciendo, celebraré a mi manera pasado mañana y luego desde el 27 de Febrero en Bogotá, agradeciendo a la vida por un año más, por la salud, por el amor que doy y que recibo. Y el camino sigue.....




viernes, 15 de febrero de 2013

No estoy enferma, solo estoy embarazada


Mirando de reojo mi panza en crecimiento, el portero del edificio dice: “la oficina que buscan queda en el segundo piso, tomen el ascensor al respaldo de ustedes”. Veo las escaleras y lo miro de vuelta pensando en que siempre (a menos que tuviese que cargar más de mi peso o que por enfermedad o algún inconveniente mayor no pudiese mantenerme en pie) la elección es subir las escaleras para llegar a un segundo piso.  Recordé entonces las veces en que subimos bicicletas con mi hermana a un cuarto piso, peleando cada dos escalones, riendo y botando todo, piso de por medio y las veces que subimos con la familia todo el mercado por miedo a que el ascensor se quedara atascado en un piso intermedio.

El señor gobernador de la puerta del edificio, no tenía porque conocer este antecedente de años "escalísticos", razón por la cual agradecí su consideración y pregunté el porqué de su sugerencia. Dijo entonces - “Mi señora, quien calculo tiene como los mismos meses que usted en embarazo, no debe subir escaleras, ni hacer esfuerzo de ningún tipo. Así sea poco, lo que puede es caminar”. Para justificar su posición con mayor fuerza, dio su millar de explicaciones, argumentando que lejos de ser su opinión, era el médico quien lo decía. Hizo la demostración con sus brazos de cómo al subir las escaleras se ejercía un esfuerzo inadecuado para el útero y por ende, para la mamá y el bebé. Seguimos la charla en la cual, como buena curiosa que soy, seguí corroborando la cantidad de fantasmas que perseguían a este hombre, a su mujer y a quien sabe cuantas personas sobre lo que significa estar en embarazo.
 Así fue como opté por las escaleras, por supuesto, no sin antes agradecer el cuidado propuesto. Subiendo recordé a las embarazadas que he tenido cerca y todos los mitos y leyendas que hay alrededor del tema. Recordé la creencia de tener que “comer el doble” y aquí me quiero detener. Si en promedio las mujeres tenemos un peso de 40 a 70 kilos, cómo es que habría que comer el doble para crear a una criatura, quien en caso de crecer “tipo lechón” como lo fue mi novio recién nacido,  pesará máximo 4 kilos y poco? Para defender a todas las embarazadas, creo fielmente que terminamos comiendo más por el hecho de ser el momento en el que es aceptado socialmente que comamos más y porque así es como recibimos el cariño de los seres queridos. Sabemos que diferente a cuando no estamos embarazadas, al terminar de comer a dos manos, no existe el reflejo de intentar esconder la barriga, porque no hay nada que esconder, pues para los demás es la consecuencia del embarazo, mientras tanto, nosotras sabemos que mitad es embarazo, la otra mitad es abuso. Aunque afortunadamente en mi caso el abuso alimenticio no ha sido mucho, las veces que lo he hecho, me acaricio la panza en círculos, orgullosa de su grandeza, sabiendo que es el momento de la vida en el que si o si estoy orgullosa de tenerla.

Lo otro que me causa curiosidad es el tema de los antojos. Dicen los que saben que es el juego de las hormonas lo que hace que la mujer se despierte a media noche pidiendo un helado. A más de mitad de tiempo de estar embarazada, y analizando de cerca los comportamientos de las pocas embarazadas que he tenido alrededor, me arriesgo a sugerir que aunque puede que a veces sea una necesidad física, la mayoría de veces el antojo no es más que un capricho. Si, capricho. El embarazo resulta el momento en el que las mujeres podemos acudir a las excusas más básicas y deliciosamente empalagosas para comer cualquier cosa argumentando siempre que culpa del embarazo. 

Igualmente, tendemos a victimizarnos frente al papá de nuestro hijo aprovechando que él no sabe y nunca llegará a saber lo que es llevar adentro un bebé por nueve meses. La panza creciendo con el ombligo cada día más salido, hace que ellos caigan en la trampa de creer que todo síntoma que argumentamos tener pueda ser cierto…. Y aquellos que seguramente serán buenos padres como es en mi caso Facundo, quieren comenzar haciendo lo mejor por sus hijos desde que está en la barriga, no vaya ser que al salir, el bebé le reclame no haberle cumplido tantos caprichos a mamá y a él mismo. Por eso, es comprensible la tan famosa ida a la heladera a buscar algo de helado a media noche, el cual afortunadamente no ha sido mi caso en el amplio mundo de los caprichos. Aunque eso si, cada vez que me regalan algo para el bebé, me lo como con todo gusto aprovechando que son estos los únicos meses en los que cualquier regalo comestible para mi hijo debe pasar por mi boca primero, haciendo un estallido de tooooodos mis sentidos antes de llegar al bebé.

El último tema que toco por ahora, el cual me hace casi enfermar, es la famosa elección de colores: rosa si es niña o azul si es niño. Muñecas o balones, flores o autos, corazones o zapatillas para correr, una o la otra, nada de las dos juntas. A quien se le habrá ocurrido esta asignación de colores según el sexo que hoy en día parece un “deber ser”?. Quise mantener en secreto la revelación del médico para evitar limitar la acuarela de colores a quienes quieran regalarle algo. Aun así, debo contar que fue graciosos cuando durante la ecografía apuntó a la pantalla diciendo “Aquí está una bolita, aquí el pitito y aquí la otra bolita”. Aunque no sepa con seguridad cual será el nombre que le pondremos, sé que el azul solo será un color más dentro de la amplia gama de colores que sus cosas tendrán. No quiero que el día de mañana dude ante qué color escoger, como el otro día cuando en el supermercado un niñito le preguntó a la abuela después de varios minutos de estar contemplando los dulces: “Abuela, está bien si escojo este dulce así sea de color rosa?” Afortunadamente la abuela se lo compró del color que el nieto quiso, tal como anhelé que hiciera, y así el niño se fue saltando y saboreandolo feliz, sin más preguntas ni fantasmas sobre lo correcto o incorrecto a la hora de escoger un color “no adecuado para los machos”.

Cerrando por ahora el tema, lejos de estar enferma, solo estando embarazada, quiero que me consientan y quiero que este bebecito llegue sin tantas limitaciones. Intento desmentir algunos de los mitos que nos intentan meter en la cabeza a quienes gozamos de llevar al bebé e intentando guiar a quienes nos acompañan. Me gusta creer y respetando lo que los médicos dicen, que hay que intentar llevar una vida normal al estar en embarazo. Me gustó escuchar a mi médico cuando me dijo: "Lo que a ti te hace un bien real, le hace un bien real al bebé".  Por los caprichos, que vivan todos los que pueda haber sin exagerar ni agotar la paciencia de las personas cercanas y menos del dueño de ese 50% de la panza quien quiere ayudar y hacer un buen papel. Bueno y por último por ahora, propongo no esperar a que saber si es niño o niña....  que vivan los colores!.



miércoles, 13 de febrero de 2013

Viajando los dos... los tres

Al no querer negociar el vino, el dueño de la vinoteca nos dice a Facundo y a mí: - "Por la alta competencia de vino en la zona, lo que ustedes están haciendo es una labor Quijotesca". Miro a Facu y me hace recordar al mismo Don Quijote por sus características: alto de estatura, derecho, determinante, convencido de tener éxito en una siguiente oportunidad y con un eterno deseo de idealismo y aventura. Mientras el dueño de la vinoteca sigue hablando de las tragedia del mundo, haciendo mérito para arrepentirnos de haber pisado su negocio, encuentro gracioso estar derecha buscando mis pies y no encontrar más que mi panza moldeada por este chiquitín que viene en camino. Con una evidente sonrisa, ante la cual el señor parlanchín parece creer que le celebro sus inservibles comentarios sobre lo difícil que está el mundo, pienso en este escrito, en cómo Don Quijote y Sancho Panza vamos en nuestras aventuras por el mundo, viajando los dos, los dos y el tercero que viene en pocos meses: Viajando los tres.

Emprendemos entonces viaje hacia el nor-oriente más cercano, San Rafael - San Luis - Merlo - Mina Clavero, buscando hallar posibles distribuidores interesados en trabajar el vino en San Luis y parte de Córdoba, mientras la pasión por el viaje se cumple, mientras la aventura continúa.


A pesar de no ser a cuestas de Rocinante (el caballo) y Rucio (el burro), tal como lo hicieron Don Quijote y su compañero en su momento, emprendemos nuestro viaje abordo del super automovil-casa rodante-bodega "La Nubecita". 
Día 1:

Desde nuestra nueva "casa rodante" escribo casi a media noche. Queríamos pasar desapercibidos durmiendo arriba de la Nubecita, la cual hace parte de la familia hace pocos días. Siendo lo mas cercano al sueño compartido de tener una van tipo "Scooby Doo", la de los viajeros que recorren el mundo, quisimos ensayar dormir en el auto a pesar de tener este estructura de vehículo de carga para vendedores de vino como nosotros, no casa rodante. 


A pesar de la negativa de un vendedor con años luz de experiencia como Facundo, quien estoy segura podría vender hasta un perro muerto, me bajé en Monte Comán, entre polvo, calor y desolación, lista para demostrar mis habilidades en el único almacén y  síntoma de vida del lugar.

Quien se llamaba a si mismo "Don Alfredo", tendero, propietario y rey del negocio, todo de punta en blanco, me miraba con desconocimiento como quien intenta reconocer el acento extraño de quien habla, tal como tantas veces me ha pasado en estos casi tres meses de experiencia argentina. Para mi sorpresa y después de desalentarme con su respuesta ante el ofrecimiento de mi producto, el cual miro y remiró a trasluz, Don Alfredo me hizo un pedido: Cuatro botellas. A pesar de la costumbre de bajar por poco dos cajas cuando el producto ha sido aceptado, regresé victoriosa al auto a revelar lo que el papá de mi hijo creyó hasta ese momento imposible: que en Puente Comán pudiese vender siquiera un alfiler. Más allá de alfileres, vendí las cuatro botellas, el equivalente a 70 pesos argentinos, casi 10 dólares. Permaneciendo un poco más en el lugar orientados por Don Alfredo para llegar alguien que el creía que podría estar interesado en comercializar los vinos en masa, solo conseguimos la confusión y risas pues quienes intentaban orientarnos en el camino tenían una curiosa característica en común: hablaban de ir hacia mano derecha apuntando a mano izquierda y de ir hacia la mano izquierda apuntando a la derecha. Después de un rato más de polvo, calor e indicaciones absurdas, decidimos partir, seguros de que Don Alfredo había sido un golpe de suerte en este pueblo de fantasmas.

Después de uno y otro intento de venta fallido en el siguiente pueblo, San Luis, Facundo celebró y reveló de manera jocosa con sus familiares, y amigos que gracias a la venta de la vendedora estrella del día, yo, tendríamos como comprar la comida del día. A mano izquierda, la foto de la vendedora estrella del día cocinando algo de lo que traíamos desde casa.


Habiendo caído la noche, localizamos la casa del distribuidor de San Luis, estacionamos en frente, apagamos la Nubecita y nos dispusimos a acomodarnos lo mas silenciosos posible para evitar llamar la atención de los envidiosos que quisieran llamar a la policía denunciando a una pareja de un barbudo y una embarazada durmiendo arriba del auto.


El estruendo de la maquina inflando el colchón rompió el anhelado silencio de la clandestinidad. Al parecer no llamo lo suficiente la atención como para poner el riesgo nuestro plan de hacer de la nubecita un carro casa. El colchón arriba de las cajas de vino, una toalla simulando ser la cortina de la ventana y el sonido de las gotas de lluvia cayendo arriba del techo metálico fue el mejor regalo para terminar con broche de oro el día de pocas ventas.




Día 2:

"Se nos va el cliente, me voy, me voy!"
De un salto, hizo tormenta el aire del colchón inflable mientras buscaba un camiseta limpia y al menos un chicle de menta. De un segundo salto ya estaba en la calle y lo vi alejarse de la Nubecita mientras se peinaba y acomodaba la camisa, seguramente planeando las palabras para convencer a quien llevabamos esperando en frente de su casa desde la noche anterior.

Mientras hacía la presentación del vino y explicación de su repentino y mañanero encuentro, Facu me miraban de vez en cuando, seguro mientras le explicaba al señor toda la historia de cómo nos conocimos en pleno Bolivia, de cuando seguimos viajando a Colombia y de como ahora somos los dos y uno en miniatura dentro de mi panza, viajando y vendiendo por Argentina. Una vez desinflado y doblado el colchón inflable, dobladas las sabanas y ordenadas cajas de vinos y canasta de comida de viajeros partimos. Haber dormido cuales espías en el barrio residencial en Potrero de los Funes había dado resultado, el hombre al ver el empeño Quijotesco y/o convencido por el producto aceptó comprar.

Así fue como una vez más, Don Quijote y Sancho Panza partimos buscando nuevo clientes en este día que hasta ahora empezaba a revelar síntomas de calor como digno día de verano. A medio día la interrupción de labores para almorzar la hicimos junto al lago. A mano izquierda, alistándome para el chapuzón. (La foto fue elegida para dar evidencia de que si ha crecido).

La segunda noche ya no tuvimos tanta suerte en el arte de pasar desapercibidos ante la ley. La razón? Hicimos caso omiso a la regla fundamental de manejo de la suerte: la suerte de principiante no se repite dos veces. Así fue como al dejar la Nubecita estacionada en el mismo lugar de la noche anterior mientras lavábamos pies, cara, manos y dientes en el río, provocó levantar sospecha. Cuatro policías con verdadera cara de espías malosos rodeaban la nubecita intentando poder detectar el contenido del misterioso auto que por segunda noche descansaba en barrio residencial.

Hay algún problema señor oficial?" Pregunta Facu al aparente líder de la manada. 
-"Necesito ver sus papeles" por no ser una petición de chiste, corrimos a sacar los documentos, él su identificación argentina, yo mi pasaporte colombiano. Desafortunadamente la nacionalidad colombiana usualmente provoca dudas sobre mi legalidad. En este caso por fortuna, mi evidente estado de embarazo acompañado de nuestras palabras refinadas propias de quien no mata ni una mosca, dio como resultado una posterior compinchería con los policías. Fue así como de charla en charla en bajo volúmen para que los vecinos del barrio no creyeran que había negocios mal habidos, ni siquiera fuimos requisados pero si tuvimos que buscar un lugar de camping para pasar una noche más. A la derecha, foto del camping.


Lo que aconteció los siguientes días lo quedo debiendo. A continuación, algunas fotos




Facu cocinando desayuno colombiano : Huevos con cebolla y tomate
Construcción de represa en Mina Clavero
Nido del Condor - Mina Clavero - Córdoba
En el río de Mina Clavero - Córdoba
De vuelta en casa San Rafael - Mendoza