Después de largo tiempo de no sentarme a escribir por puro susto de no encontrar las palabras, me siento, pongo la tetera a calentar y me encuentro embalada escribiendo ignorando la tetera que desesperada grita ser rescatada de las llamas. Esa última descripción le queda corta a una novela policiaca cuando la mujer no sabe si saltar del edificio en llamas o esperar un rescate heroicamente imposible. Bueno pero así es la escritura, toda llena de cursilerías, frases de bolsillos, clichés y chistes que cobran sentido en la cabeza de quien escribe pero que al menos en mi caso, siento brillantes en mi cabeza aunque tan rápidas que los dedos índices no alcanzan a “puntillear” cada detalle en el teclado.
Bueno pero aquí voy volviendo a la práctica de llenar espacios en blanco, de contestar al deseo inminente de poner en el papel desde sandeces hasta sentimentalismos, pasando por toda la paleta de colores. Volviendo a la tetera escandalosa, finalmente me par’e una vez había madreado cuando el escrito que se me borro por burra, por no guardar, por ir despotricada como si no pudiera parar. Así fu como, al ignorar que la ley de Murphy existe, unos cables se cayeron por la lluvia, privándonos así de luz hasta mañana y privándome de releer lo escrito en el momento del “despotricamiento”. Aclaro que el diccionario Larousse de la lengua española esta lejos por lo cual no hay ni chance de ir a buscar palabras aceptadas en nuestra lengua, por eso en mi escrito al menos por hoy, va el florecimiento de la lengua según mi cerebro vaya inventado términos obtusos. Al menos los pondré “encomillados”.
Decía entonces en el escrito perdido que tengo…. Listo el pollo! Me encanta ese término tan ordinario pero a la vez tan diciente porque al haber cocinado un ave de corral no queda otra actividad que comérselo. Bueno el pollo en este caso hace referencia literal a Sur America. En mi caso, la pata viene siendo Venezuela, Surinam y las Guyanas. La carne que podía pertenecer mas bien a un buen pernil de pavo gringo rostisado de parque de diversiones, lo componen los demás países. Así de soñadora ando con mochila terciada a punto de comenzar la expedición de la vida. Bueno y así como le dije a mi compañera de viaje: “tiene mías vuelta atrás un camión a toda mecha cargado de cerdos por toda la circunvalar que nuestro viaje”.
Para renunciar al trabajo, después de todo el miedo de los días anteriores, las piernas no me temblaron tanto al renunciar al trabajo ante la realeza escolar. Las razones dadas fueron incompletas por mi propio bien profesional pero eso si, así mi mama me diga que yo de glamour tengo poco hasta para haberme metido a unas clasecillas, me habría encantado que me hubiese visto en el ruedo, enfrentando a las arpías pluma blanca – lengua viperina con estilo, con clase, delicadeza y sensatez. Como será que a pesar de las características temibles de mis superiores, me quieren, me piden que no me vaya pero supongo que ven en mi mirada la decisión más sólida que la del camión en-puercado del que hablé anteriormente.
Así es como estamos mirando el mapa cada rato para verificar la ruta, para incluir lugares nuevos, para soñar con lo que viene. He tratado de convencer a amigos cercanos quienes podrían hacerlo ya que como nosotras, no tienen hijos ni con-yugue. Les hablo de las maravillas que veremos, de los andenes en los que nos sentaremos a comer lo que coma el pueblo, del éxtasis que sentiremos al fotografiar ese mundo tan afín a nuestra Colombia pero tan aparentemente lejano. Aunque los ojos se les hacen agua así como le pasa en la boca al niñito con el helado enfrente, no han hecho mas que decirme que la idea es sensacional, que desearían poder hacerlo, que bla, bla, bla…. Pero que lo que pasa es que la plata, que fue que la responsabilidad, que fue que el carro que me voy a comprar, que fue que….
Como nos vamos adulterando los adultos... Debe ser por eso la cercanía del lenguaje entre ambas palabras. Nuestras promesas van siendo falsas, cada día que pasa añadimos un barrote labrando jaula sin querer ver el tamaño de alas que nos fueron dadas. Vamos a ver si alguien decide a último momento emprender el sueño de muchos, la realidad de pocos. Mi clarinetito y yo nos vamos para comernos ese pernil enorme a mordiscos. Si alguien quiere viajar, vivir desprevenido, amar el camino, tener paciencia cuando se requiera, viajar ligero de equipaje con las manos bien abiertas y el corazón dispuesto, desesperarse de vez en cuando, no es sino que llame en el siguiente mes, hay cupo en esta mochila pa’ “mochili’aaaa”.