martes, 15 de noviembre de 2011

Persuadida por una Iglesia Cristiana


Un desafinado instrumento de viento llamó mi atención anoche cuando tranquila daba un paseo en bicicleta. No sé el nombre, solo sé que era soplado por alguien que no conseguía liderar adecuadamente la melodía de los otros varios instrumentos y voces que lo acompañaban. Para hacer peor la situación, era el instrumento principal. Puede que no me haya sido dado el don de tener una voz melodiosa, sensación en un Karaoke, lo que sé es que bueno oído tengo, ese si me fue dado, afortunadamente prudencia también para no estar haciendo mala cara a quien está desafinado. Hay quienes han sufrido de mi comentario "Oye, estás desafinado" el cual suelto cuando ya la copa está rebosada, cuando las horas de canto sobre pasaron mi paciencia. Cuando mis dientes empiezan a rechinar y comienzo a querer tapar mis oídos como lo hago al escuchar el fastidioso sonido de inflar las llantas de mi bicicleta o el de todos los sonidos con los que los dentistas viven a diario en su trabajo; a veces de verdad mis oídos no aguantan más: o me voy o no sobrevivo.

El sonar desafinado del instrumento de viento venía de un local al fondo de la calle. Debía ser una Iglesia cristiana, evangélica o de algún tipo como todas las que hay en Caravelas. Mal contadas he pasado en frente de 10 locales diferentes, de las cuales me he animado a entrar a dos: la del instrumento desafinado y una evangelista en la que la gente palmeaba los hombros de unos y otros con ojos cerrados y una fe inmensa. Creo que cuando hay un llamado a entrar en algún lugar o en general actuar de alguna forma, hay que acudir al sexto sentido; si después de pasar por este que yo llamo "filtro máximo de verdad" la voluntad continua, hay que hacer caso. El problema por lo menos en mi caso es cuando actúo desactivando ese sexto sentido, situación en la que recuerdo a mi última jefa en Colombia cuando irónicamente decía: "El sexto sentido fue el peor repartido y más mal administrado" al celebrar alguna burrada que alguien distinto a ella hizo.

En efecto era una Iglesia Cristiana. Me acordé del retorcer de cara que hacen las personas que he conocido en Caravelas cuando hablo de querer entrar a una iglesia. Aunque no sea representativa mi muestra (hablando como científica), concluyo "a vuelo de pájaro" que las personas de clase social más alta, identificables por ser más blancos y tener mayores intereses en las actividades de buceo e afines, tienen menor interés en asistir a algún tipo de culto religioso, pues hallan que es pérdida de tiempo. Por el contrario, las personas de clase más baja, usualmente de piel más oscura e intereses más básicos, son más devotas y es más común hallarlos en una de las tantas iglesias.

Yo, con mi querer ser ni de un tipo ni de otro de los descritos anteriormente, decido acercarme a la iglesia y deleitarme desde afuera por respeto, porque los hombres están de vestido de paño a pesar del calor y las mujeres están todas bien vestidas hasta de pañuelo blanco bordado en la cabeza. Recostada en la bicicleta que me prestó mi amigo Mitchel, de pantaloneta corta y comiendo pitanga madura que bajé de un árbol al salir del trabajo, me limito a recibir lo que veo, escucho y siento.

De repente un hombre se me acerca y entregándome un libro pequeño que no es la Biblia me invita a entrar. Le devuelvo una sonrisa mayor a la que me dio aceptando su ofrecimiento, no sin antes recordarle que no podré demorarme mucho (no es verdad pero hago la aclaración para que si me paro y me voy no vaya a parecer descortés). Entro por detrás y una mujer se acerca a mí, me toma delicadamente de la mano y me lleva a sentarme junto a ella y las demás mujeres y niñas. Intento jalarme lo que más puedo la pantaloneta consiguiendo bajarla máximo un centímetro creo, no vaya a ser que alguien me expulse por impura, quien sabe. La mujer abre el libro que me dio el señor que me invitó en la página que están siguiendo y con una sonrisa adicional siento la tranquilidad y por un momento me siento en familia, me siento muy a salvo.

El padre desde su andamio lleva un libro como el que tengo en una mano y una batuta en la otra, con certeza es director de orquesta antes que Padre pues tiene los ojos de 22 músicos listos para comenzar una siguiente canción. Al lado derecho de los músicos, hombres sin instrumentos musicales y sin pañuelo blanco en la cabeza. Al lado izquierdo, mujeres y niñas con pañuelo blanco en la cabeza; imagino que lo del pañuelo será por lo puras que deben ser o que deberían ser las mujeres y por lo impuros que son los hombres... solo sospecho que es así y claro con mis teorías sobre igualdad entre hombres y mujeres, el hecho me causa cierto escozor.

Justo antes de comenzar una siguiente canción, algunos hombres y mujeres, lanzan en voz alta una súplica, agradecen a Jesús, alaban a Dios. Me parece bonito. No lo hago porque no siento la necesidad de hacerlo en voz alta, más no me incomoda. Por el contrario me parece bonito que la gente lo haga sin pena. De repente comienza a sonar el instrumento de viento cuya melodía desafinada me llevó a estar sentada ahí. Es un hecho, el hombre bajo, de piel oscura y lentes gruesos, toca con pasión y sin afinación. Puede que no sea mal de oído, solo un instrumento que fácilmente puede pasar de 100 años y poco mantenimiento, me parece, y así salvo de cualquier juzgamiento al señor que toca con tanta pasión. Al ritmo de la batuta, los demás instrumentos comienzan a sonar y poco a poco entran las voces de hombre y mujeres. Hace mucho no estaba rodeada por tanta energía musical. Los pulmones de cantantes e instrumentistas daban todo de si levantando una melodía en común. Qué lindo, que gratificante a pesar de los y las desafinadas. El padre dice que es obra de Jesús el volumen que logran. Si es así, algunos de tantos otros coros que he asistido deberían convertirse al Cristianismo para ver si cantan con esa pasión, no como adolescentes sufriendo de vergüenza.

Imaginé por un momento la cara de dolor que tendrían personas de oídos prodigiosos en ese momento. Vino a mi mente la imagen de mi mamá y mi ex novio Julián a quienes siempre alagué por el oído que les fue dado. Yo por mi parte, como tengo buen oído más no prodigioso, y como mi interés era de tipo espiritual y antropológico, me deleité con el momento, sabiendo que como fuera, hoy día festivo en Brasil, estaría sentada en frente a un computador escribiendo lo que viví.

Mi tiempo en la iglesia acabó cuando después de una hora, parecía no haber fin. Los ojos de las niñas enfrente mío me mantuvieron más de la cuenta pues varias canciones las miré queriendo percibir qué estarían pensando, cómo sería su vida en los años que vienen. Aproveché hasta el cansancio mirarlas, ya que diferente a como nos pasa como adultos, los niños no se incomodan cuando una persona los mira, por el contrario, buscan hacer más y más cosas para mantener la atención viva, para mantener el vínculo, la fuente de comunicación. Me levanté, agradecí, entregué el pañuelo con el libro y me fui.

Me queda una sensación agradable de haber entrado. Mejor ni le cuento a las personas que conozco en Caravelas sobre esta experiencia, me la guardo como un regalo para ser compartida de esta manera, escribiendo para quien quiera la lea. De esta manera en unos años me sentaré a leer para sentir como fue el momento en el que una noche cualquiera en mi tiempo en Brasil, en Caravelas, fui seducida por un instrumento que a pesar de ser desafinado me llevó a vivir un momento que me hizo sentirme viva una vez más.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Tierra a la vista!

Grito "Tierra a la vista!!!" no porque vaya a contar una historia maravillosa de haber encontrado una nueva isla aunque hasta podría ser cierto. Así como ayer terminé en medio de un grupo de ambiciosos buzos que eufóricos hacen planes para encontrar un próximo submarino enterrado en el fondo del mar en la zona, yo por qué no podría estar encontrando una nueva isla?

Bajándome de la nube, cuento porqué grité "tierra a la vista!"... porque diferente a encontrar una isla, fui encontrada y traída de vuelta a tierra, casi jalada de una oreja. Procurando no saltarme más capítulos de viaje, cuento la historia de la llegada de vuelta a tierra firme a la que nos acercamos con prisa, dejando atrás el sueño de haber vivido en el Archipiélago de Abrolhos por 45 días.

Mi papá fue quien me hizo caer en cuenta de un pequeño detalle cronológico en el blog: dejé a un lado cómo fue volver al mundo real después de todo ese tiempo en el mar. Que como me siento? en un palabra, afortunada. En dos palabras: afortunada y perdida. En tres palabras Afortunada, perdida y agradecida. y en 15 palabras: Soy afortunada y aunque estoy perdida, tengo responsabilidad de compartir la experiencia, que agradecida estoy.

Cambiar el mar claro, lleno de peces, por un mar oscuro en el que mi mano no la alcanzo a ver a no más de 10 centímetros, es un cambio. Gente por montón gozando de la playa a su manera, hombres con música en el celular, cerveza en una mano, gafas siempre negras para despistar a las chicas que cazarán, diferente de Abrolhos, donde los turistas llegaban para permanecer poco, para dar un vistazo a la gran diversidad marina, a un hermoso atardecer y a ir de vuelta, es diferente.

Desde bien temprano, la última mañana en la isla, comenzamos a empacar lo que hacía falta. Como es habitual en mí, faltaba encontrar lo menos valioso en precio, más valioso en contenido: la cámara desechable subacuática que unas alemanas me regalaron. De ella (y la personifico por el gran amor que le tengo) no me despegué hasta el día antes de partir, momento en el que usualmente se pierden las cosas. Tal como decimos en Colombia: "En la puerta del horno, se quema el pan". Mi pan, después de haber sido bien amasado, consentido y cuidado estaba por quemarse: mi cámara, después de haberme acompañado en tantas aventuras subacuáticas y siendo usada solo en los momentos MÁS importantes cuando el tiburón limón daba su mejor sonrisa, o la tortuga verde mordía mi aleta, estaba por refundirse. Sin poder encontrarla, empaqué y desempaqué dos veces más. Le eché la culpa a los duendes, siempre se llevan las cosas (o al menos eso pensamos con Claris), momentos en los cuales les dije en voz alta: "Quiubo a ver duendes, devolviéndome mi cámara ahora!".

Bueno pero como es bien sabido por mí y por otras personas olvidadizas, apenas uno deja de buscar las cosas, los duendes las devuelven y aparecen en los lugares más extraños: en el lugar donde un día antes fueron dejadas. Por eso no me gusta organizar tanto. Cuando guardo un tesoro para que no se me pierda, queda tan bien escondido que la probabilidad de encontrarlo cuando la necesito es casi cero.

Supuse que la cámara pasaría a un mundo mejor, me despedí de ella y comencé a llevar todo el equipamiento al barco que nos esperaba. Atrás quedaban mis compañeros marineros con quienes últimamente casi ni hablé. Las ocasiones para hablar con ellos era más que todo en los "churrascos nocturnos" a los que nos invitaban para charlar un rato o como ellos dicen: "a bater papo!!!". La verdad es que cuando estaba con Clari, hacerme la loca y lograr escurrirme de una situación incómoda ante sus insinuaciones era más fácil. Por esto últimamente acostumbré a llegar temprano cuando el alcohol todavía no había infestado sus neuronas y despedirme cual Cenicienta, antes de la media noche, no fuera a ser que el encanto se me perdiera al tener que darle alguno un patadón después de haberle explicado gentilmente que no me interesaba el tipo de interacción que proponían.

Mi gran faro francés de 150 años se quedó allá atrás al fondo, todo lleno de líneas y alto como lo conocí. Hoy se despidió diferente a como me saludó hace 45 días: esa vez, una tarde de llovizna, parecía orquestar con su luz el arcoíris que se alzaba de un extremo al otro, todo lleno de aves, todo lleno de luz. Hoy mi faro me hizo una última despedida antes de que el resto de la isla estuviera en pie: a las 5:30 am, todos los elementos estaban en el cielo para que mi foto saliera perfecta, para que el rojo del amanecer con las aves y su luz intermitente quedaran retratadas en ese momento que era solo para mí, o al menos así lo sentí. Más tarde, con todos los moradores en movimiento, mi faro se despidió triste, apagado, con el cielo lleno de nubes, casi con una expresión gris. Ni las tortugas ni las ballenas salieron como acostumbraban a hacer todos los días, todas hicieron como yo prefiero hacer cuando una persona que quiero se va: no haciendo presencia en ese último momento para no aguar los momentos vividos.

Sumergiéndome por una última vez en el mar que me enamoró me despedí jurando una vez más construir lo mucho o poco que me quede de vida cerca de él. El gusto excesivamente salado, como ningún otro mar en el que estuve, me lo llevo después de tantas limpiezas de nariz, estómago y tripas. Me voy admirando todas las sorpresas que se guarda: bichos de todas las formas, colores, movimientos y texturas. Que Dios no existe? jajá me rio. Tiburones limón, rayas, morenas, ballenas, delfines, tortugas, pez cirujano, pez sargento, pez papagayo, corales, etc., etc., solo por nombrar algunos.

Como era de esperarse, para los demás tripulantes del barco, ver una vez más ese mar o no verlo daba igual. Durmieron todos, excepto el que manejaba y yo. Le hablé para mantenerlo despierto mientras mi querido Abrolhos se hacía atrás cada vez más chiquito, perdido en el horizonte. Mientras tanto el mar fue cambiando de color, el azul profundo se fue convirtiendo en marrón.

Desembarcamos y no hablé más. Mi expresión creo que lo dijo todo cuando uno de los compañeros me preguntó que si me hace falta María Clara. Dije si para no tener que explicar qué más pasaba por mi mente. Volver significa entrar de nuevo en el sistema significa volver a usar zapatos, llevar algo de dinero, buscar donde dormir, ver personas que vienen y van en sus motos, sus carros o bicicletas. Lauro mi amigo que trabaja en el parque conmigo me ayudó a ubicarme. Le pedí que me disculpe por lo aburrida que estaba. Tengo miedo de volver a la realidad. Aunque como bien me dijo Cesar mi jefe del trabajo con Aves, vuelvo a estar feliz porque respiro el aire de libertad. Libertad porque puedo estar acá sentada en frente del computador sin alguien estar cuestionándome lo que hago como pasaba en la isla, aunque el precio que hay que pagar sea el miedo de la incertidumbre.

Tal como les dije a mis amigos con quienes hablé hoy aprovechando el mejoramiento de internet al estar en tierra: Estoy atenta a las señales que el universo me quiera dar. El paso a seguir es incierto, sobre todo porque ahora mi permanencia en este lugar y seguir trabajando depende de otros. Aunque hoy fue un día difícil a nivel emocional (eso que lo diga Claris quien desde el otro extremo de skype me escuchó llorar) sé que mi almohada me aclarará cual es el siguiente paso. Camino dando un paso y después otro, si haciéndolo así me caigo, para eso tengo las manos, para pararme de nuevo.

Último dato curioso: los duendes devolvieron mi cámara: estaba escondida bien envuelta entre una camiseta que juro haber revisado mil veces antes de salir :)

domingo, 13 de noviembre de 2011

Unas por otras

Domingo en frente al computador no va conmigo sin embargo aquí estoy, refugiada en el mundo de lo que no exige ningún tipo de esfuerzo, en frente de este aparato inerte que casi como yo estoy hoy, se limita a estar ahí. Hoy lo que escribo se llama "Unas por otras" porque siempre una elección trae consecuencias. Mi elección de estar esta semana en Caravelas no ha sido fácil. Caravelas (como lo veo hoy) es como un pueblo pequeño a orillas del mar Caribe Colombiano: pocas personas, pocas cosas para hacer, gente viviendo en familia, hombres que gustan de mujeres extranjeras, mar mucho mar con playas no tan bonitas.

Porqué sigo aquí? por la oportunidad de trabajar con Conservación Internacional, ONG muy reconocida por sus proyectos en conservación ambiental. "Haciendo hoja de vida" se llama lo que hago ahora. Me confunde eso de estar "haciendo hoja de vida", me desconcierta pensar que es esa la razón por la cual me quedo en este lugar. También es cierto que así como las mujeres sufren de depresión post-parto al tener un hijo, ahora sufro de "depresión post-íslica" término que no existe en un diccionario pero que oficialmente existe desde hoy en mi diccionario, al describir lo que me pasa HOY, después de haber vivido y trabajado en una isla durante 45 días y estar de vuelta en el mundo real. Ya lo había vivido antes, no me acordaba que me diera tan duro.

El sentirme regular es resultado de la dificultad de administrar la soledad, creo. Tienen razón quienes dicen "No estás sola" y se a que se refieren. Yo me refiero a soledad de "compinchería", de confidente, de parcería, de amistad real. Por ratos es una maravilla, como estado casi constante, no me gusta. Estoy libre de hacer lo que quiero pues tengo bicicleta prestada, algo de dinero por TODO el ahorro que he vivido en este tiempo y aun así, el ánimo no me alcanza para salir, no por ahora. La cabeza es compleja, las emociones más, la mezcla de la cabeza y emociones una batalla... cómo llegar a un punto medio.

Bueno, adicionalmente estoy una vez más "namorando", a lo que nosotros llamamos en Colombia, al hecho de estar "saliendo con alguien". Lo único es que ese alguien no es para mí, razones que prefiero no discutir en este escrito. Por esta razón y porque mi intención se vuelve tan ansiosa de querer estar con él, que ya no quiero estar más... al menos por hoy... Pienso entonces en que mi lucha tiene de raíz aquello que la protagonista del libro "Comer, Rezar y Amar" y Julia Roberts en el filme del mismo libro dicen:

- Necesito no tener otra persona que me ame para llenarme de razones para amarme.

La frase me quedó plasmada y la quiero para ser aplicada en mi vida, en mi día a día: quiero no necesitar que alguien más me admire por fuera y por dentro, me trate bien, me haga sentir especial, etc., etc., para ENTONCES yo justificar el amarme. Quiero no necesitar tener aprobación de alguien más para tener luz verde para amarme, quiero que MIS justificaciones me sean suficientes.


Qué error en el que caemos: Tal como lo hacen los pajaritos en plena lluvia al estar buscando lugares para protejerse, buscamos "paraguas" (parachuva en português) para estar mientras escampa, muchas veces sin ser conscientes de estar siendo o no AUTÉNTICOS con lo que nuestro ser pide a gritos: De esta forma, mientras estamos cómodos en una situación, ALGUIEN MÁS se encarga de nuestro estado emocional: una pareja, un trabajo, los amigos, el dinero, la religión, el psicólogo, el cigarrillo, el alcohol, la comida, etc...

De esta manera, vamos saltando de "paraguas" en "paraguas". Cuando los paraguas se rompen o no los vemos y sigue lloviendo, no nos queda nada más por hacer diferente a rendirnos. El rendirse no es bien visto en nuestra sociedad: estar en la lucha es lo que vale. Así como en el mismo libro "Comer, rezar y amar", cuando la protagonista se rinde al estar "sin un paraguas" es cuando termina de rodillas en el suelo, entregada al llanto. Ella decide entregar todo. La entrega la hace a Dios. Está "tercerizando" la responsabilidad aunque finalmente es su forma de tocar fondo, la mía también es. Igual como hice el 20 de Diciembre del año pasado cuando mi vida tenía que sufrir un cambio, pues el miedo no podía seguir siendo el protagonista después de 4 años de serlo: me recogí varias noches pidiendo una respuesta, entregando lo que estaba sintiendo pues lo que estaba a mi alcance estaba ya todo hecho.


Fue entonces cuando el día 26 de Diciembre del 2010, me desperté con una idea que no esperé tener pero que con certeza cambió mi vida: pude ver escrito en mi cabeza: "América del Sur". Pasó por mi cabeza la imagen de mi misma con morral caminando kilómetros por una avenida gigante, con la suela de las botas acabada, con una sonrisa de estar caminando el camino. En mi imagen venía detrás otra persona, era María Clara. Abrí los ojos y la llamé: Claris? en Febrero comenzamos a mochilear por América del Sur? Sin dudarlo dijo sí.

Ahora cómo lo contaría a mis papás? cómo renunciaría a mis trabajos? cómo dejaría a mi Crayola (mi perra)? Cómo me privaría de estar con mi familia y amigos? Cómo dejaría a mis papás con quienes en ese tiempo habíamos creado una relación desequilibrada por la partida de mi hermana? cómo conseguiría estar una semana por fuera si llevaba 4 años con miedo de pasar más de una noche fuera de casa? algo podría pasarme, la muerte podría venir.... Mi consuelo: cuando es la hora de morir, es la hora. Alojados en el miedo no vamos a llamarla más rápido ni lograr permanecer más tiempo en vida en el cuerpo en el que estamos ahora: la hora es cuando DEBE ser, no antes ni después.

Desde ese día, comencé a respirar diferente. Mis poros, uno a uno, comenzaron a despojarse de ese miedo que los tenía tapados. Las alas de las que ya hablé en otro escrito empezaron a perder su gris característico de ese tiempo de hibernación. No quiere decir que en esos años no aprendí nada, de hecho aprendí más que nunca antes, tema que tocaré en otro escrito. Volviendo al título "Unas por otras" al salir de casa estaría venciendo el miedo, sería un proceso de romper un muro gigante.

Me pregunté si estaría huyendo. Mi respuesta fue y lo es para todos los cambios en la vida: lo importante es que esa energía de huir se transforme en el hecho de cerrar. "Cerrar" diferente de "huir" significa que a pesar de querer salir corriendo, se tiene PACIENCIA para no hacerlo y así, todo de lo que queremos huir elegimos despedirlo. He huido de personas, de situaciones de puertas que se abren... En ese momento supe que huir no sería mi estrategia. Cerraría como hacemos las personas grandes, o bueno las que queremos ser grandes no por la edad edad sino por el espíritu. Sabía de antemano que habría momentos como este en los que tendría ganas de empacar mi mochila y salir corriendo, seguir mi camino huyendo de una situación que POR ALGO estoy viviendo.

Por eso este escrito me da el espacio para compartir que hoy vuelvo a aceptar que no hay CASUALIDADES sino más bien CAUSALIDADES. Hoy mi causa es estar aquí, es hacerme cargo de las posibilidades que en este momento tengo en las manos. Si me quiero ir lo voy a hacer con conocimiento de causa, habiendo cerrado lo que dejé abierto conmigo... bueno de salir también quisiera cerrar la relación amorfa y abstracta, libre y a término fija que comencé con este amigo con quien salgo ahora....

Aun así, tengo planes con Claris. Después de casi un mes separadas, ella va a volver esta semana para trabajar juntas en Caravelas y para luego seguir viajando, ese es el plan. Me da miedo su regreso porque no quiero volcar mi atención en ella desde la energía de CARENCIA que siento tener en este instante. No quiero volcar mi atención en ella para que entre a llenar un espacio que yo ahora estoy queriendo llenar sin conseguirlo del todo. Quiero que nos apoyemos, de hecho en este momento no quiero seguir viajando sola, eso sí que lo sé... y no quiero seguir viajando con cualquiera, quiero que sea con ella como desde un principio lo fue.

Siendo así, sigo asumiendo que todo funciona bajo el dicho “Unas por otras”. Me quedo acá acudiendo a lo más lindo y desconocido de mi ser para buscar reestablecer el equilibrio emocional que en estos días he perdido. Como todos los días, agradezco a Dios, reconociendo su existencia como esa fuerza creadora y sabia. Al mirar hacia adentro también lo estoy buscando, al estar al tanto en cada momento, al buscar que el MIEDO se reemplaza por AMOR solo cuando es aceptado. No es una cuestión religiosa, es una cuestión energética en la que cada día creo más.

Por lo menos por hoy decido no culparme por ser frágil, por no aprovechar al máximo (aparentemente) todo lo que se me presenta, por ser humana… recuerdo la idea que leí un día: La mejor forma de no culparnos es reconociendo que en el momento que hicimos o dejamos de hacer eso por lo cual nos culpamos, hicimos lo que mejor pudimos hacer en ESE momento... teniendo las herramientas que tuvimos en ESE momento. Tal vez si la situación se nos presenta ahora que nos sentimos culpables, actuaríamos igual, o tal vez diferente, quien sabe; la situación se tendría que presentar para saberlo... hoy somos diferentes a ayer, manana diferentes a hoy... escribo y consigo respirar...

Respiro y consigo entender... entiendo y consigo asumir la responsabilidad... asumo la responsabilidad y recibo las situaciones como son... Le pongo felicidad al momento, así recibo lo mejor.

domingo, 6 de noviembre de 2011

El acordionista que por una tarde robó mi corazón

Ni la mosca parada en su frente, ni la mujer desde la cocina pidiéndole bajar un poco volumen, evitaban que Gerardo dejara de lograr las canciones más lindas del mundo con su acordeón. Tanto era el amor con el que este hombre abría y cerraba su instrumento que Lauro y yo desde la distancia no tuvimos otra opción que desviar nuestro camino para entrar en esta humilde casa donde Gerardo, desde que entramos hasta que la mosca despegó de su cabeza para volar, se paró una sola vez para traer un par de sillas, para acompañarlo en su tarde de domingo.

Cuando menos nos dimos cuenta, el yerno ya estaba cortando unos cocos para refrescar la tarde musical, la esposa nos dio a probar dulce de cajú hecho por ella misma y hasta la nieta nos ofrecía la pandereta para demostrar nuestros dotes musicales. Con todos los sentidos puestos recibiendo el instante, fui interrumpida por Lauro cuando dice: "Creo que están haciendo una fiesta, es mejor irnos antes que no podamos salir". Miré a mi alrededor y era cierto: de la nada y después de llegar cuando Gerardo era acompañado solo con la mosca en su cabeza, su instrumento algunas gallinas y la olla de barro con la cena hirviendo, pasamos a ser varias personas de diferentes edades y vínculos mientras Lauro con sus ojos expresivos, callado desde su silla y yo estábamos perdidos en el momento con dulce de cajú en una mano, coco en la otra.

Liberé mis manos para acompañar al gran acordeonista con la pandereta cuando la misma había sido tocada horriblemente al lado del majestuoso acordeón dos canciones atrás: de hacerlo mal, no podría hacerlo peor que los anteriores, pensé. Creo que lo hice mejor; al menos la gente me miraba con cara de estar aprobando mi ritmo, supongo que habrían tenido caras largas si con la pandereta hubiese logrado ser todo un "anti-ritmo".

Entre canción y canción hubo solo un sorbo de café y una sonrisa. Con las uñas de trabajador de campo, el pantalón roto y el semblante típico de su ochenta y pocos años, respiraba amor talentoso por su acordeón. La única interrupción en adelante fue cuando su mujer pidió encarecidamente para él, dejar de tocar para conseguir escuchar la llamada a larga distancia. En este tiempo, solo acariciaba su instrumento mientras nos contaba que era nuevo y que no se arrepentía de haberlo comprado después de haber vendido el antiguo. Me sentí muy contenta al entender todo lo que decía: después de todo según la experiencia que he tenido aprendiendo idiomas diferentes a español, es que el mayor reto es entender lo que habla una persona de edad y que moró toda su vida en frente al mar. La falla: que él entendiera todo lo que yo decía. El acento se compone, ya verán...

La fiesta no duró mucho, no porque el acordeonista o el acordeón se hubieran cansado. Lauro y yo debíamos partir. Así es como después de un día de sentirme un poco desubicada, de vuelta en tierra, el gran acordeonista me recuerda que una de las 100 cosas para hacer antes de morir (escritas en mi diario de viaje) consiste en aprender a tocar acordeón. Gerardo se va a encargar de enseñarme, vamos a ver cuanto logro aprender. Que sea con Gerardo mis primeros pinitos respirar el arte de tocar el acordeón es más que todo la excusa perfecta para deleitarme de sentir la energía de este ser que pierde toda noción cuando hacer lo que ama.

La foto me la quedo debiendo, se la quedo debiendo a este escrito. Preciso cuando más la necesité no la tuve. No se que me pasa con eso de compartir fotos en mi blog. Es tan lindo ver blogs escritos por otras personas con fotos intercaladas con el escrito y me sentí tan feliz la vez que haciendo referencia de mi en un blog salí en unas fotos... creo que siento tener que describir mejor las cosas cuando no hay foto... voy a empezar a poner. Mañana comienza otro ciclo de trabajo, ahora en Caravelas, amanecerá y veremos. Ahora si a trabajar en lo que tengo que trabajar!!! El informe para cerrar el trabajo de Parque Nacional Marinho dos Abrolhos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Teoría: Nacemos con alas que son podadas, crecen, cambian.

Dispuesta para salir de casa e ir al mar siguiendo el consejo de RESPIRAR para tranquilizarme, me encuentro en la puerta con mi jefe actual, el admirable y estricto Cesar: “traje trabajo para ti” dice en portugués. Qué excusa daría para escaparme? Mientras pensaba sin hallar salida alguna para recuperar la paz, él va volteando la bolsa gigante sobre la mesa cubierta por la sábana, cuadrada perfectamente, como él, absolutamente cuadriculado en su actuar. Estruendo metálico inunda el espacio mientras caen unas sobre otras, imagino más de 100 ratoneras.

Ponerme esta labor sería como meterme en un cubículo lleno de papeles sin ventana y en frente a un computador, pensé… Solo esto me faltaba. Mentira, aunque no afin con el no querer matar ningún tipo de bicho, prefiero esta actividad que la del cubículo, así que manos a la obra! Sin saber alistar las agresivas gillotinas de las que tanto me reí en las caricaturas, ahora en vivo, en el plano real, perdieron toda gracia. Les doy vueltas curiosa, imagino mi dedo atrapado si por despistada activo una, imagino la cabeza del ratón… es cruel pero como ecóloga pensante y no solo aficionada, debieron pensar qué hacer con el problemita de los barcos distribuyendo ratones por todos lados. Gran danno que hacen sobre todo en islas. Aunque mi compannero radicalmente vegetariano no concorda con llegar a esta estrategia en un parque nacional, yo sigo en con mi idea y siguiendo curiosa la labor pienso “Alguien tiene que hacer el trabajo sucio”. Después de haber limpiado de pies a cabeza el banno de la casa que es casi del tamaño de nuestro cuarto y después de voltear la pila de residuos orgánicos, este sería un trabajo aunque de otro tipo, “sucio” igual.

Ideándome la forma de hacerlo “a mi manera”, como usualmente lo hago, me encontré de nuevo con la razón que me quería llevar a respirar a la orilla del mar hace unos minutos: Cesar dice que así como lo hago no se puede hacer. Trato de defenderme, me rindo, sabiendo que llegaremos al mismo punto, a hacer las cosas “como deben ser hechas”. Aunque el resultado no se ve afectado por mi toque a mi manera, el deseo de ellos de que las cosas solo se pueden hacer de una única manera, atropella mi creatividad, chocando aunque muy levemente mis alas de libertad.

Aquí es donde va mi teoría: Nacemos con unas alas que se van modificando por nuestra genética, por la sociedad en la que nacemos, por la vida que llevamos. Los mayores alrededor nuestro, van “podando” esas alas siguiendo la forma como lo hicieron con ellos u opuesto a la forma como lo hicieron con ellos, como les parece que es más adecuado. En el colegio nos encontramos con ninnitos con alas de todas las formas, colores y cortes. Los mayores siguen podando nuestras alas cada vez exigiendo más, queriendo que las alas combinen con el uniforme. Entre los mismos niños tratan de cortarse las alas entre unos y otros. Los que más se salvan de que el proceso sea traumático son aquellos cuya materia prima es más adecuada para tener el tipo de alas que la sociedad necesita que tengan. Su autoestima se eleva usualmente soportada por columnas fuertes de ego, no de espíritu. Los que comienzan a dudar sobre si mismos despuntan sus alas, pelean por tenerlas de un tipo u otro, las esconden, avergonzándose de ser diferentes. Estan también los adultos que nos ayudan, nos empujan, nos ayudan a podarlas a nuestra manera. Se hace más fácil para quien mira hacia dentro de sí mismo, me parece, para quien confía en que existe un orden que no conocemos que solo conoce un ser superior a nosotros mismos, también creo.

Las alas fueron hechas para volar tan alto como un condor, tan corto como una gallina, pero para volar. Los moldes exactos se hacen para hacer ladrillos, que son todos del mismo contenido, no para humanos quienes somos tan diferentes. Afortunadamente las alas se regeneran y la mejor noticia es que ya no con un material que se corta con cualquier tijera. Bueno, como en cualquier obra, depende del obrero y del material.

Mis alas siento que crecieron significativa después de ser desenpolvadas desde Diciembre del ano pasado. No son blancas, son de colores, claro. Cuando lloro como lo hice hoy se recogen en la espalda y me hacen sentir en el lugar más seguro del mundo: dentro de la barriga de mi mamá.

Lloré porque cuando tuve rabia de sentir continuamente la sensación de estar TENIENDO que agradar y controlada por bobadas, me dio rabia, mucha rabia. En este punto del escrito siento estar revelando algo adicional que usualmente no revelo: SER MUY DEBIL, TAMBIÉN. Cuando me di el espacio de hacerlo y como una ninnita, me senté en la playa cuestionando en voz alta, “porqué no me siento bien?” repasé mi día, repasé mis días desde que la incomodidad que tengo comenzó. Sin cuestionarlo más, acordándome de Nati para no JUZGAR y de Ani Mahecha quien hoy me sugirió RESPIRAR, así lo hice, pedí a Dios, lo comenté con mi hermana al mirar al cielo.

Lloré y ahora me siento mejor. Llorar obliga a respirar profundo. Si alguien no se ha dado cuenta de este detalle, martílleze un dedo o busque un recuerdo bien triste. Creo que los controladores de mi casa en la isla pensaron que me estaba fumando algo extranno en la playa. Lo que no creo que se hayan sospechado es que mi desaparición no fue más que una pataleta, fue un despertar.

Manana quitaré todas las ratoneras del mueble de la entrada después de sacudir mis alas tantas veces despuntadas, alimentadas, amputadas, de colores, ahora en crecimiento, confío en que son fuertes. Manana en la salida de campo a Isla Reonda les voy a dejar ver a mis companneros mis alas cada vez que traten de despuntarlas. Les dejaré despuntar unas plumas que ya no están agarradas para que crean que los dejé hacerlo. Juego el juego de ellos y así no quedo envuelta en la escala de poderes en el que me quieren incluir. En vez de hacer el esfuerzo por agradar, voy a amar, mientras me acordaré sin mencionarles nuestra frase favorita subiendo a Ciudad Perdida con mi prima Cami y con Nati: “Dejar Ser"

Ahora a dos días de volver a tierra. Clari no está conmigo y sigo viajando sola por ahora, por algo será.....