El que se hubiera agachado a recoger algo me pareció muy extraño pues llegó a la isla ligero de equipaje: con una filmadora en su mano. Quizás se encontró algo de alguien más. Al acercarse al final del sendero de la isla, era visible que lo que traía era una concha de caracol pala la cual inútilmente, intentaba esconder detrás de la cámara. Me puse las gafas oscuras y esperé a ver su respuesta. Sus manos ya estaban puestas en la masa pero de apresurarme a pedirle que la devolviera antes de que el "crimen" fuese evidente, me arriesgaba a no lograr mi cometido: hacerlo avergonzar consigo mismo para que nunca más quisiera volverlo a hacer.
Mientras lo veía actuar pensé que tal vez las reglas para estar en la isla no fueron bien dadas o que él y su mujer, cómplice del intento de hurto, no entendían la importancia de no llevarse conchas, corales, caracoles, huesos o cualquier material encontrado en la isla. Volví mentalmente al momento en que les dimos la bienvenida y la información inicial; pudimos olvidar hablar sobre las aves, moradoras y dueñas de la isla, sobre los animales en agua pero nunca sobre no llevarse los tesoros de la isla; o se acordaba Clari o me acordaba yo.
Mientras se acercaba el señor con su mujer no supe si reir o llorar pues de la manera más evidente murmuraban la estrategia para llevarse el caracol. Ella se acercó rápidamente a mí con una sonrisa picaresca para entregarme su cámara de fotos, él mientras tanto permanecía con sus ojos clavados en mí y yo con los míos clavados en el caracol para no perderlo de vista… no fuera a ser que las habilidades de mago que hasta ahora había demostrado no tener, las sacara a relucir haciendo desaparecer el tesoro.
“moza, você pode tirar uma foto por favor?”.
Mientras él se daba la vuelta como si estuviera acomodándose para la foto y demostrando no tener ningún conocimiento sobre magia, menos de como ser disimulado, se guardó el caracol en el bolsillo son dificultad de movimiento, con la delicadeza de un elefante en una cristalería. Recordando la frase de mi mamá “duro con el problema, suave con la persona”, le entregué mi mejor sonrisa mientras le pedí devolverme el caracol. Sin ni siquiera sonrojarse o demostrar algún tipo de vergüenza, el descarado me lo entregó explicándome que lo guardaba para entregármelo más adelante. Le di las gracias mientras quería darle un caracolazo en la cabeza, por tan terrible actuación de mago y de mentiroso.
Les tomé la foto y seguí con ellos mientras pedía a los demás turistas tener cuidado con los nidos en el suelo. Por increíble que parezca y aunque en este momento me dé hasta risa, la famosa pareja de malos magos y pésimos mentirosos, seguía intentando hacerme distraer para llevarse algo. Al ver que yo todavía llevaba el caracol en la mano, me enfrentaron diciéndome que yo me iba a llevar el caracol que ellos se había encontrado y además, que porqué no se podían llevar solo uno habiendo tantos en la isla?
De la manera más calmada y recordando la frase “el cliente siempre tiene la razón” le expliqué, sabiendo que en este caso, con dificultad lo que yo dijera lo haría entrar en razón pues razón en su interior no parecía existir. Le conté que esos caracoles sirven como casa de muchos otros bichos, que todo el material orgánico es reutilizado y reciclado por la misma naturaleza, que de llevarlo a casa, acabaría en un cajón y luego en la caneca... entre tantas otras razones más. No se si fue ilusión pero vi como mis palabras entraban por su oído derecho y salían por el izquierdo. De pie frente a los botes en la arena, fui pidiendo a cada grupo de turistas devolver lo que le pertenecía a la isla.
Teniendo como ejemplo a esta pareja como el tipo de turistas más difíciles de trabajar en cuestiones de educación ambiental, cómo lograr convencer a las personas de que cuidar la naturaleza es responsabilidad de todos? No puede sonar más trillada esta frase pero es verdad. Todos queremos lugares bonitos para visitar, playas llenas de piedras y conchas, ver animales exóticos, gozar de agua limpia, etc, etc. Sigo pensando en cómo construir un mejor discurso para convencer a otras personas de que la responsabilidad es de todos y no solo de quienes trabajamos en este medio.
Entregar la responsabilidad a alguien más es lo más fácil, esperando a que otros actúen. Seguimos todos los que creemos en el cuento, trabajando por convencer, para que cada vez haya
más gente que entienda las razones por las cuales es responsabilidad de todos. De esta forma tendremos más gente que tenga como hábito actuar responsablemente, menos gente haciéndolo por obligación, aun menos incumpliendo por negligencia y mucha menos por ignorancia.
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