lunes, 25 de julio de 2011

Revelando algo de lo no revelado, un día cualquiera en Brasil

Después de pocos minutos de haberme encontrado una garrapata en un lugar donde no da la luz del sol, necesito aceptar que temo de algunos bichos. Por primera vez en mi historia revelo el secreto de temer a algo de la naturaleza y reafirmo querer convivir con y por la naturaleza siempre y cuando pueda mantenerla fuera de mi sistema.

Después de tan abrumador suceso, entré a la ducha ante lo cual debo aceptar algo adicional: amo las duchas limpias en las que se puede escoger tomar un baño de agua caliente o fría. Por supuesto, si estoy aceptando este hecho es porque llevo casi cuatro meses bañándome en condiciones precarias y a veces sin posibilidad de baño. Por eso, hoy me di el baño de la vida, el que merezco. Sin culpas ni remordimientos de ir a acabar el agua potable de la tierra y mucho menos temiendo estar promoviendo la eventual flacidez de mi piel, me bañe con mucha agua y muy caliente, la bien conocida como “quema pollos”.

Ya habiendo revelado los dos secretos de los cuales no habría estado orgullosa y tal vez mañana me arrepienta haber revelado, sigo contando donde estoy. Estamos con una familia en una casa muy bonita de Campo Grande, ciudad Brasilera de 800,000 habitantes. Campo Grande nos muestra su cara amable, muy llena de lujos y vivimos dos eventos que hoy en la mañana no podía imaginar que podrían llegar a vivir. El primero, Jackie, la señora de la casa nos llevó al parque central a ver “capivaras” nombre en portugués. Estos animalejos son los bien llamados chigüiros, de los que tenemos por cantidad en Colombia más poca gente conoce. Por el parque central caminaba tranquila una familia de 12 chigüiros, grandes y chiquitos. Nota: Si usted no tiene registro en la memoria de qué es un Chigüiro, acuda a algún buscador de internet. No es posible que animales tan nuestros sean tan ajenos, no como una zebra, un león o una jirafa, los cuales no tenemos en Colombia.

A la media hora de tal espectáculo, me encontraba en la actividad que tanto hice muchos años de mi vida y cuya coordinación motriz algo se mantiene: jugando tenis con el dueño de casa, Carlos. Aunque batíe varias bolas, algunas entraron de maravilla, después de todo el tenis no creo olvidarlo. Aquí es donde acudo a nuestro dicho popular:”el que aprende a montar bien bicicleta, nunca lo olvida”. Así era?

Ahora, queriendo ir a dormir, dejo plasmado en este cyberpapel como mensaje claro al Universo que Clari y yo estamos a la espera de cuál es nuestro siguiente destino. Si conseguimos el trabajo a una distancia de casi dos Colombias de aquí, Fortaleza en el Noreste de Brasil, ese es el lugar. Si resulta algo un poco más al sur, ese será el lugar. De no salir nada iremos a Sao Paulo donde nos esperan en una escuela para dar una charla en una clase de Geografía para contar sobre Colombia, su situación Ambiental actual y sobre nuestro viaje. El universo sabe que tenemos más ganas que dinero para seguir viajando…

Mañana temprano iremos a hacer un voluntariado con una fundación de niños con parálisis cerebral con los rotarios, estoy contenta con esto. Termino mi escrito para tener aun cabeza para estudiar un poco el libro de gramática del colegio de mi profesora actual (Ana Luisa, 7 anos). Espero estar libre de garrapatas y quiero agradecer a las personas que nos han acogido en sus casas para ser por unos pocos días parte de su dinámica familiar, cenas inolvidables, risas y claro, duchas de las que nos gustan.

Amanecerá y veremos….

jueves, 21 de julio de 2011

Voluntariado Pantanal Brazil - Fundación Homen Pantaneiro

“Pero mi amor, por favor ten cuidado. Mira que a donde vas es pleno pantano, quizás el punto con más diversidad en el mundo... No toques los pájaros, te transmiten enfermedades. No toques nidos de arañas, se te suben y ponen huevos bajo la piel. No te metas al río, las pirañas se comen cualquier cosa. Ah bueno, y por favor ten cuidado con los cocodrilos y usa repelente, hay muchos mosquitos” dijo mi papá por teléfono cuando los compañeros de la Fundación, Claris y yo estábamos en el puerto listos para partir, mientras yo contestaba –“si si papi, tienes razón, tendré cuidado, tranquilo."

Fue entonces cuando recordé que sus peticiones y advertencias fueron las mismas en diferentes momentos de mi vida solo que con diferentes actores involucrados. Por ejemplo, cuando trabajé de guarda parques en Islas del Rosario en Colombia, los tiburones y los pobladores de la región eran su angustia, quizás porque para él ambos podrían morder por igual. Siempre he entendido a mi papá y ahora lo entiendo más: tenerme como hija, con fascinación por la aventura en lugares menos poblados por humanos y más poblados por el resto de la naturaleza en vez de preferir la ciudad, no debe ser fácil. Más aun, debe ser difícil en tiempos en que la televisión educa muchas veces con mucho amarillismo, siempre contando historias de animales miedosos con el infaltable acompañamiento de música de terror en las historias de inocentes personas que mueren entre garras y colmillos.

Seguras de estar bien cuidadas y libres de amenazantes garras o colmillos, subimos a la famosa lancha (y no gran barco como imaginamos) que nos llevaría a conocer el tan anhelado pantanal. Con el chaleco bien puesto comenzamos el voluntariado gracias al que saltamos en una pata de la dicha firmando el contrato. En ese momento ya llevábamos cinco días en el país que nos generó la mayor ansiedad previa entre todos los anteriores países conocidos del viaje. Al momento, Brazil nos había ofrecido mucho más de lo esperado y ahora nos ponía en bandeja de oro mucho más de lo soñado.

Después de cuatro horas en un recorrido alucinante, por fin llegamos a la reserva, la cual, lejos de contar con una chozita precaria de paja, ofrecía una casa toda protegida por mallas y en el interior, camas cómodas y una toalla limpia, grande y suavecita esperaba por nosotras. El trabajo comenzó entonces subiendo el mercado a la casa, organizando y cuando creí que habría una rutina loca que cumplir, la tarde nos fue dada libre. Embobadas permanecimos toda la tarde intentando contar el número de tipos depájaros que podía haber alrededor. El árbol del frente, fue bien llamado "el condominio", lleno de vecinas de barrio con rulos coloridos en la cabeza peleando por el marido compartido.

El atardecer es difícilmente descriptible. Desde la lancha en la que fuimos por todo el río mientras nuestros compañeros repartían encargos a la gente de la reserva, el cielo se tornaba de mil colores, cambiando segundo a segundo. Ibamos desesperadas con los mosquitos. Los compañeros mientras tanto ya inmunes a las picadas insistían en que debemos estar agradecidas por la época, que en Diciembre y Enero es mucho peor.

El siguiente día, tal como lo hemos hecho durante tres días a hoy conocimos los senderos haciendo el trabajo de investigación. Me sentí contenta de ver que mi formación como ecóloga daba resultado, que lo hecho en el pasado a nivel profesional cobraba sentido en ese instante en que me volví a sentir útil trabajando profesionalmente.

Ayer los niños de una escuela de Sao Paulo llegaron a visitar el centro. Fue emocionante como profesores y alumnos sonreían al saber que somos colombianas, que llevamos viajando por Sur America casi cuatro meses, buscando vivir una aventura como la que hemos vivido, las dos solas y con bajo presupuesto. Al ver que a los niños les exijen hacer un diario y que como me pasó a su edad, el diario se vuelve algo lleno pobre lleno de hojas en blanco, decidí traer el nuestro y explicarlo. Sus ojos se llenaban de alegría escuchando sobre lo importante de plasmar las experiencias con mi aun precario “portuñol”. (Nota: sobre este punto, es preciso aclarar que cada día estamos mejorando)

Despues de llevarlos por un sendero unos niños me entrevistaron. Aunque fue difícil entenderles, después no queríamos parar de hablar. Ellos llenos de curiosidad y yo con un mapa de Colombia en la mano todo dibujado y rayado fueron las herramientas suficientes para lograr lo acometido: compartir vivencias y abrir un espacio para soñar juntos. Corroboro una vez más que experiencias de lo que se vive trae consigo una gran responsabilidad: compartirla.

Hoy, en mi último día de voluntariado miro mi vida y digo “Quiero poder llegar al final Del camino decir: si, así es como quise vivir mi vida”. Las oportunidades se siguen presentando y estoy segura que a grandes oportunidades, grandes responsabilidades. Todo lo que estoy pidiendo, lo estoy recibiendo. Me siento muy pequeña en un gran mercado bien agarrada de mi papá, antojada de todo, pidiéndole que me compre todo, logrando que me lo compre… confio en que así funciona el mundo. Se que debo retornar lo recibido de alguna forma. Lo estoy haciendo y se que el único camino de hacerlo es por medio del amor, el miedo si es imposible descartarlo, solo hay que usarlo para tomar impulso.

Vaya impulso que nos ha dado!!!

sábado, 16 de julio de 2011

Pìcaras con suerte en Brasil

Me acabo de acordar que hoy es viernes. Podría salir de fiesta porque nunca está de más ir a mover el esqueleto como Dios manda pero, cuando se es una hija adoptada en una familia con hijos chiquitos y no se cuenta con llaves para volver a la hora que plazca, ni modo. Ahora, desde el hotel más elegante de la zona, en la ciudad de Corumbà, situada en Matto Grosso en Brasil, escribo porque decidimos con Claris no seguir el viaje e invertir lo que nos queda de ahorros, en una semana en este hotel cinco estrellas....

El que me conoce creería esta mentira??? Somos amigas del recepcionista por lo cual tenemos unos minutos para revisar correo, escribir y salir corriendo a marcar tarjeta con nuestra familia adoptiva aunque claro, no sin antes pasar un rato por el bar del dueño del hotel al que fuimos gentilmente invitadas: ante todo, la cordialidad.

Desde Corumbá en Brasil, a quince minutos de Bolivia escribo cumpliendo con contar algo más, porque siempre tengo algo que contar... màs aùn después de lograr estar en Brasil, después de haber tenido una presentación en “portugués” frente a 20 personas elegantísimos miembros de Rotary Foundation, después de haber sido adoptada por dos presidentes y sus familias (el del sindicato de taxistas y el del club rotarios), habiendo firmado para hacer un voluntariado en educación ambiental en el pantanal Matogrosso por 7 días, es necesario contar aunque sea algo.

El sábado pasado, todavía en Bolivia, el pánico de entrar a lo desconocido nos invadió... las historias de enfrentarnos a precios descomunales y a gente que habla una lengua tan similar pero tan ajena, eran los dos cocos mayores (entiéndase coco como el bicho peludo y colorido que asusta a niños chiquitos cuando no quieren comer). La suerte ya estaba echada... solo debíamos recorrer La Plaza de mercado abasteciéndonos de comida no perecedera que nos salvarìa de "la quiebra" en Brasil. Después de equiparnos con avena, leche en polvo, pastas para preparar con agua caliente y claro las siempre infaltables latas de atún, no quedaba otra cosa que cruzar la frontera. Lo hicimos cargadas de coraje, llenas de emoción y con el corazón contento de haber comido una última... unas cuantas últimas empanadas... como si fueran los últimos jugos de lulo helado en medio del desierto. El día anterior habíamos visto al otro lado del río, aquello a lo que nos enfrentaríamos... un pueblo supuestamente parecido al lado boliviano pero con edificios y muchas casas... no podría ser ni similar……..

Cambie dólares por reales y aunque me duela decirlo, debo confesar (para liberarlo y así por fin perdonarme del todo) perdí 20 reales por despistada, por contar mal, chistecito que amargó ligeramente mi heròico paso al lado brasilero. En la frontera, tal como lo había advertido nuestra biblia de Suramérica, el sistema estaba fallando por lo cual no tuvimos otro remedio que hacer amigos de Brasil para suavizar la situación, intentando hacer a un lado a los fantasmas colectivos de entrar al tan anhelado paìs. Para hacer corto el cuento, después de 5 horas de paciente espera y de enfrentamientos en la ventanilla con funcionarios que sospechaban de nuestro cargamento (mochilas llenas de ropa arrugada y comida para el combate) entramos victoriosas por una carretera larga y asfaltada.... escenario que no me es familiar en los pueblos que he conocido a lo largo de este viaje.

Finalmente en nuestra meta, caminamos esperando encontrar algún buen samaritano que nos llevara a un hostal, pues nos habían dicho que los taxis eran carísimos (cuestión que hasta ahora no me consta). El buen samaritano estaba en su auto y le estaba preguntando a un policía acerca de su procedimiento para detener carros... o al menos fue eso lo que entendí. Fue nuestro primer ángel de ruta, aquel que nos adoptó y ante nuestro precario portugués dio varias vueltas hasta entender que no sabíamos que hacer... como decía alguien a quien quiero mucho: no sabíamos si comernos un banano o irnos pa´ Miami. El hombre nos llevó a la sede Del Sindicato de Taxistas y dijo: si no les importa, ustedes pueden quedarse acá; Tienen baño con ducha... está bien? Después de escuchar esas palabras (música para nuestros oídos) hicimos de ese salón nuestra casa por esa noche, poniéndonos el lugar "de ruana"... como diría mi mamá.

El día siguiente debíamos partir pues seguir arrimadas no era posible. Sin rumbo fijo, fuimos por el pueblo que parecía una gran ciudad repitiendo la actividad que tanto hice cuando de muy pequeña abandonaba el analfabetismo: leer emocionada todos los avisos de la ciudad. Nuestra suerte estaba echada y el día fue pasando sin poder conseguir información turística certera o algún lugar donde hospedarnos. Finalmente en un letrero estaba escrito en nombre del presidente de los rotarios y su número, ante lo cual, mi querida compañera de viaje además rotaria, llamó enseguida.

En cuestión de media hora, después de un día lleno de incertidumbre, poca comida y mucho calor, estábamos de nuevo sintiendo el calor de un hogar acogedor. El presidente de Rotary Foundation y su familia, se convirtieron en nuestros anfitriones.

La “paciencia” de nuestra profesora de portugués (una criança de 5 anos) y la ininterminable curiosidad de leer todo lo que se presentaba a nuestro paso, fue el entrenamiento que nos permitió hacer una presentación frente al club de rotarios, sobre nuestra experiencia y anhelos. Entre gente elegantísima y encantadora logramos despertar mucha curiosidad acerca de nuestro viaje, su financiamiento, nuestra percepción sobre los encuentros con la cultura de algunos de los sitios visitados, y como siempre, acerca de Colombia. Cada vez nos convencemos màs de la riqueza que estamos atesorando gracias a nuestra epopeya: Aprender de cada persona con la que nos cruzamos, su experiencia de vida en culturas y circunstancias muy variadas.

Finalmente, quiero contar que hoy firmamos nuestro primer contrato escrito en portugués: un voluntariado de una semana en una reserva del Pantanal Matogrosso. Nuestros deseos han sido cumplidos. Mañana a las 7 am debemos estar listas para subir al barco para trabajar, estudiar portugués y cumplir con un sueno más. Me disculpo por lo mal escrito: poco tiempo, un teclado en portugués y un programa de Word que no quiere corregir ningún otro idioma aparte del propio.

Las pícaras con suerte se marchan ahora, seguras de estar provocando a más de uno de emprender un viaje similar... de entrar en la dinámica de la incertidumbre, de perderse en el tiempo, de vivir el momento, de conocer mil personas, de abrirse al mundo. Sin más ni más.... oubrigado! Cuidado, quizás en una semana el español ya no sea lo mío.... portugués lo será....


Laura Cabrera Amézquita

domingo, 10 de julio de 2011

Una noche en la Plaza de Mercado... Oh Bolivia volveremos

El chofer me hizo cambiar de puesto con la señora: el tan anhelado puesto de la ventana que me salvaría de la asfixia por más de 5 horas, el que tenía espaldar completo… disgustada me cambié pensando en decirle “y es que mi plata no vale?” y creyendo que hay que ser mamita cholita (matronas campesinas, hermosas y robustas) para que me dejaran sentarme donde quisiera.

Miré a la señora de reojo más de inmediato recapacité pensando que no era su culpa, que razones de peso debe haber para dejarme en el puesto malo. Le sonreí entonces y ella se quitó el sombrero y arreglando su delantal me dio una de esas sonrisas que tanto me han gustado en el viaje: la de las cholitas, con al menos dos dientes de borde plateado.

Me preguntó de donde éramos, que hacíamos, si éramos hippies y al tener màs confianza fue diciendo que era el colmo de nuestra parte viajar así dejando a nuestros papás. Pensé entonces en mis papás, dándome consuelo al pensar y creer que cada quien tiene que hacer su vida y sabiendo que conociéndolos como los conozco, tienen nervios y les da nostalgia el que yo no esté pero estàn contentos de saber que estoy cumpliendo sueños.

Bueno volviendo a la cholita del bus, Francisca, resultamos siendo grandes amigas. Me fue contando sobre su vida, sobre sus aspiraciones, sus hijos. Compartimos lágrimas y risas, como me gusta. Mi nueva amiga Francisca, nos invitó a pasar la noche en el mercado. Ella debía trabajar de 1 am a 5 am por lo cual la noche era aun joven. Con lo aficionadas que somos a los mercados dijimos entonces que si, respuesta que sorprendió a Francisca.

Nosotras con mochila al hombro y ella con un trapo de colores terciado lleno de cobijas y claro con su sombrero bien puesto, tomamos el ómnibus que nos dejó en frente a la plaza. Francisca como honrosa matrona iba caminando ligero, dando largos pasos, mirada en alto y sin decir una palabra. Entramos al mercado, pareciendo más bien sus guarda espaldas cuando de repente a lo lejos las amigas, otras cholitas para quienes el día también acababa de empezar a las 10 pm dijeron: “Llegó con gringas!” todas soltaron risas y cuando se les fue pasando me volteé y les dije: “Cuales gringas, que les pasa?” Ya con ese comentario, Claris y yo eramos parte del parche del mercado. Nuestra noche empezaba con el pie derecho, hacer esfuerzos para hacer parte de la rosca ya era historia patria.

Tal como lo presentí, Francisca, lejos de ser una señora con su puestico de verduras, era la “pluma blanca” la que dirigía la orquesta de camiones de los cuales varios hombres sacaban bultos y bultos, todos bajo su instrucción llamàndola siempre "Doña". Fue así como nos cuidó y consintió la familia nocturna del mercado. Pudimos dormir un rato a la hora que ellos se durmieron. Curiosos, los jovencitos y las mujeres, nos preguntaban sobre nosotras, sobre cómo es el mundo más allá de la frontera de Cochabamba, màs allà de la frontera de Bolivia…

Sobre todo Yesenia, una niña de unos 21 años nos sorprendió al revelar que su vida entera la ha pasado en el mercado; que desde los 3 años ha estado acostumbrada a dormir poco y a las horas que nadie más duerme en el mercado, a ganarse la vida vendiendo verdura. Su personalidad masculina imagino era reflejo de tener que arreglárselas en ese mundo que para nosotras es un capítulo, para ella es todo el libro.

Nos fuimos del veintiunavo mercado que visitamos en el viaje con abrazos, la promesa de regresar, la barriga llena y el corazón contento. Y colorìn colorado, me despido queriendo dejar claro que no cuesta nada ser amables y que la vida nos sorprende generosamente cuando vamos haciendo el bien sin mirar a quien.

Me despido entonces de Bolivia al menos por ahora el día en que ellos no pasan la clasificación de futbol, nosotros si. Sorprendida con los bajos precios y con la similitud que tiene con nuestra querida Colombia, me voy queriendo regresar muy pronto. Dejo una vez màs amigos que dejaron y a quienes espero haber dejado huellas. Me alisto ahora para entrar a Brasil.... Amanecerà y veremos!