Decir que somos colombianas despierta algún tipo de gesto en quien preguntó. Miedo, emoción, decepción, curiosidad, o encanto son algunos de los sentimientos evidentes en el rostro de quien pregunta, seguido de alguna pregunta o comentario, siempre pasa.... bueno contadísimos son quienes seguro escucharon hablar sobre Colombia únicamente en la primaria quienes sencillamente responden con un "a ya" siguiendo su camino. Por hacernos responsables de mejorar la idea usualmente macabra del común de la gente/mochileros/turistas sobre qué diablos es Colombia, nos tomamos nuestro tiempo para responder de la mejor manera, respondiendo lo queremos transmitir partiendo de la base de lo que quien pregunta quiere escuchar. La mayoría de veces resulta el experimento: "viento en popa", pocas son las veces en las que la única idea que ronda en mi cabeza encubierta con una sonrisa es "deje así", ante tanta testarudez.
Ante la insistencia de mantener el paro en la frontera Perú - Bolivia y por nuestra ausencia de interés en entregar una costilla y media para poder pasar de la manera más elegante navegando por el Titicaca, estamos con ausencia de baño formal de cuatro días despues de estar en el Cañón del Colca, acampando en un hostal al lado de una piscina natural, la cual nos ofrecimos a lavar a la vez que colaboramos lavando platos a cambio de lograr un mejor precio en la estadía. Fue allí donde se superó la expectativa de nuestra carpa de $20.000 pesos, quien ahora merece una corona de flores en un pedestal, pues dio lo mejor de si, sin llamar la atención de pillos del camino y ofreciendo el servicio necesitado: ser la cobija de las cuatro noches estrelladas en ese lugar de ensueño.
El gran plan del fondo del cañón donde cóndores vuelan, enormes montañas se levantan a lado y lado, muchos turistas llegan en un tur y pocos lo hacemos por cuenta propia, surgió a partir de la última y menos sonada opción: modificar la ruta (Plan C). El Plan B era pasar de la frontera a pie desde donde el bus nos dejaría “botadas” entre gente armada de piedras hasta los grandes colmillos... no sería gran idea ser carnada de algún boliviano o peruano enfurecido. En medio de todo entiendo su furia, lo entiendo como agricultores que quieren modificar ante la invasión minera (he aquí mis opiniones izquierdosas de las que el Che hablaba en su “Diarios de motocicleta”). Así es como mientras la frontera sigue atascada y mientras Keiko y Olllanta siguen pintorreteando las paredes Peruanas pretendiendo tener poder de recordación en el pueblo peruano para ser elegidos presidentes, Clari y yo optamos por modificar la ruta sin saber bien inicialmente en que nos meteríamos al ir al Colca, saliendo más que satisfechas con haber conocido un lugar ni siquiera imaginado por los más soñadores.
Es importante mencionar que sobrevivimos hace unos días una vez más al ataque insolente de las bacterias, ahora peruanas. Esta vez fue la garganta la víctima del atentado el cual, con seguridad no se vio favorecido con el clima de alta montaña en Puno (3.800 msnm). Nos costó una ida al doctor, aunque es de confesar que esa mañana no aguantamos nadar en el Titicaca lanzándonos desde las islas flotantes de una familia de Uros (población indígena local). Me arrepiento el no haber tenido un gorrito para pasar por las balsas locales repletas de turistas tomándonos fotos, a nosotras, las sirenas del Titicaca. A este momento, de haber pasado un gorrito por cada barca, el número de soles entre el bolsillo, aunque mojados, sería suficiente para un mes más de viaje. Bueno pero no es momento de arrepentimientos, la visita a ver cómo vive la gente y el haber tenido un rato con esta gente que ha construido su propio terreno fue excepcional.
La experiencia de ser colombianas, el cambio de planes por paro en la frontera, el Cañón del Colca y el ataque de las bacterias peruanas resulta un coctel bomba como siempre sincero aunque confuso de lo que quise contar hoy. Me disculpo por la mezcolanza, esperando ante todo no causar indigestión.
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