miércoles, 1 de junio de 2011

Algo de introspección a punto de regresar a Machu Picchu

Volvemos entonces recogiendo los pasos. Hace tanto que no llegaba a un lugar conocido que la sensación de comodidad fue incomparable. El precio del taxi ya lo sabíamos de memoria y no había necesidad de escuchar la carreta de los acechadores de la salida del terminal con tarifas locas de estadía. Cuzco nos pareció tan conocido, un dejá vu que necesitaba tener para sentirme como en casa. Doña Gloria, la mujer del hostal más económico a pesar de lo cercano a la Plaza de Armas nos recibió cual mamá. El ceviche de pejerrey en la plaza de mercado, una pisca de pisco y la fiesta en le noche hizo todo parte de lo antes vivido, que lindo estar en casa así sea prestada.

Una vez más, los encuentros con nuevas personas, me llevan a entender mejor porqué somos como somos, a entender que así como yo, las demás personas tiene miedo, tiene emociones fuertes y que ante todo, la libertad nos hace vivir el ahora de una mejor manera. Sigo sanando heridas del pasado. Sigo encontrándome con esos diablitos internos que aparecen para hacer amistad, no para ser desechados porque así reaparecen con más fuerza. Agradezco todos esos encuentros causales, no casuales que finalmente me hacen entender que estamos todos conectados energéticamente de alguna manera, haciéndome amar cada vez más el camino, perdiendo el miedo de vivirlo.

Desorden fue lo que nos hacía falta, el cual Cuzco nos entrega con todo su esplendor. Ahora, de regreso a la naturaleza, al comienzo del Valle Sagrado en Urubamba, volvemos a centrarnos, recogiendo lo vivido, a la expectativa de lo que viene. Es aquí donde por fin me encuentro en la cumbre de la enfermedad faltante del trío dinámico, la gripa. Cumplo con el mal de estómago, la amigdalitis y la gripa, el trío dinámico que siendo enfermedades familiares las logro sobrellevar con dignidad y en lugares llenos de amor y de lugares calientes donde dormir , afortunadamente.

Cada vez que estoy a punto de perder la confianza en cuanto a lo que viene, la vida me pone nuevas posibilidades. Aunque aparentemente estemos atascadas en esta zona del mundo, el volver para poder ir a trabajar en Machu Picchu en el mariposario en esta época de celebración de 100 años de descubrimiento, es una gran oportunidad. Es hora de ir al valle sagrado a seguir recogiendo pasos. Aunque mañana el camino es de 1 hora en bus, una hora de mercado y 9 horas a pie, volveremos a respirar el aire del Valle sagrado, a pensar en re direccionar las intenciones del camino, a aportar lo mejor de nosotras mismas en un trabajo soñando, a recibir de las personas, a sacar el mejor provecho a lo vivido.

1 comentario:

  1. Qué luz, mi lalis. Te felicito por esa luz que llevas por dentro y que estás volviendo a ver.
    Por cierto: existirá alguna palabra tan bonita como mariposario?

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