viernes, 6 de mayo de 2011

Del frío de Huaráz al calor del desierto en Huacachina. Hoy: Cuzco

La heladera se llama la piedra que escalé en Hatun Machai, lugar rodeado por las cordilleras blanca y negra, cercano a Huaráz bien conocida como la “Suiza Peruana”. Mis manos convertidas en hielo a los dos metros de escalada hicieron honor a su nombre, mientras un ecuatoriano y un israelí me animaban desde la base, casi debajo de mí. Vaya escena patética la cual merece quedar plasmada como evidencia de no ser super heroína. Finalmente logré subir después de varias groserías y pataletas desde la altura. El bosque misterioso que podría parecer más bien un zoológico podía ser el albergue de sin número películas de miedo.

Como por arte de magia, después de dormir en un bus durante la noche llegamos de nuevo al calor, a Paracas después de pasar por el ladito de Lima. En Paracas, como siempre encontramos a dos ángeles materializados quienes nos llevaron como asistentes de campo al Parque natural Paracas. Almorzamos con ellos comida típica entre la cual me sorprendió la chicha morada, bebida que toma color y sabor gracias a la piña y a la mazorca morada con la que se cocina. Nos regalaron un llavero de Lima y como siempre intercambiamos un par de sonrisas, un rato amable, correos electrónicos y un adiós inolvidable.

En Huacachina, las dunas de arena cercanas eran chiquitas, seguro llegaríamos rápido a la cima antes de que el sol cayera, con la cámara en una mano y la tabla de surfear en arena en la otra. Aun así rápidamente nos dimos cuenta que la cima era para nosotras como el oasis lo es para los sedientos caminantes por el desierto. Habiendo llegado no había otra opción que bajar rodando no sin antes admirar el oasis modificado que es Huacachina, cerca a Ica, al sur de Lima. Despues de unos botes al mejor estilo hollywoodense y con arena hasta en las orejas nos lanzamos, jugamos, cumpliendo el sueño dorado de todo infante, una arenera gigante haciendo angelitos como los que se hacen en la nieve pero con la temperatura del sol que calienta todo el día.

El día siguiente debíamos estar dominando la tabla antes de salir a las dunas reales, a las que nos llevarían en boggies (carros especiales) con otros turistas. Esta vez contábamos con lo que nos llevaría al doble de velocidad hasta abajo: la cera de una vela que raspamos en toda la base de la tabla. Una vez encerada no hubo nada más que hacer que tomar impulso y lanzarnos por la montaña a toda velocidad. Clari fue primero. Luego me lancé, claro con un poco más de velocidad. Por las carcajadas que me generó la actividad y ante el salto que dio Clari para no atropellarla mi destino final fue ese pozo de agua estancada de la cual hasta una rata acuática habría salido más rápido que yo. Por fortuna la aventura seguía y aunque mis compañeros de boggie no querían ser amistosos conmigo seguramente por el olor, sin duda les dimos a todos una paliza en el arte de surfear en la arena.

Tal fue nuestra aventura en Huacachina después de pasarle por el ladito a Lima, después de haber dejado atrás las frías montañas de Huaráz. Los ángeles se siguen materializando ante nosotras. Siempre hay quien quiere ayudarnos, invitarnos a almorzar, mostrarnos el lugar. Hoy, después de 17 horas de bus llegamos Cuzco y claro debemos ir a reunirnos con quienes ahora son nuestros ángeles materializados. Mañana esperaremos a nuestra Cami Pardo quien se une a la aventura por unos días. Alguien más se le mide?

1 comentario:

  1. Laurita sólo me imagino como se te “floreció” el lenguaje y fuiste todo un manojo de buenas maneras ante la escalada de la montaña y deslizándote “a toda” por las dunas de arena para terminar en una porqueriza. Dios santo ¡Espero que la honra de la familia salga a flote!

    Te amamos , cuidate.

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