miércoles, 20 de abril de 2011

Batalla contra las bacterias Ecuatorianas

A las tres semanas de viaje soy víctima de lo que ningún viajero mochilero que conozca, está exento: bacterias. La razón? Seguramente por probar las delicias típicas n plazas y calles. Pasé entonces una noche difícil, una de aquellas en las que uno desea profundamente que salga el sol y mira el reloj cada rato pero el minutero no parece querer pasar de las 3 am. Finalmente salió el sol y con este volé a tomar el primer taxi para llegar al hospital lo antes posible. Al llegar al hospital que parecía ser propiedad del portero y mía, tuve que sentarme a esperar a la enfermera y allí fue cuando me dio mamitis y papitis, esa sensación de querer que mis papás me consintieran ante el ataque fulminante y cruel de las bacterias ecuatorianas.

Así fue como después de varios trámites administrativos, finalmente pude pasar de madrear a agradecer el tener el famoso seguro de viajero. Me atendió una dulce doctora Cuencana quien me conectó a una enorme bolsa de suero, tomó muestra de sangre y conectó una bolsa más chiquita de antibiótico. Mientras tanto, yo trataba de dormir, de ver que después de todo finalmente la batalla contra las bacterias era a muerte y que las cortinas de la sala de emergencia debían ser todas coloridas y floreadas para que pacientes poco pacientes como yo, no nos sintiéramos tan mal de perder un día de viaje en una sala de emergencia. Al terminarse la primera bolsa de suero apareció Claris de la nada, un poco más verde que las flores de la cortina, algo más pálida de cuando la dejé durmiendo. Al parecer las bacterias habían colonizado también su intestino ante lo cual nos dábamos consuelo mutuo mientras la enfermera me conectaba a otra bolsa de suero.

Toda la mañana estuvimos allí impacientes por salir. Que gusto fue tener a Claris cerca, las cortinas floreadas y una tía quien llevó a su sobrina a ser revisada por haber recibido un golpe en el colegio. El escucharlas me hizo olvidar los retorcijones; la tía con su acento pidiendo al doctor que “le hiciese la bondad” de “llevizar” a la niña y el doctor con su léxico avanzado pero todo en su acento Cuencano.

Tarde y noche convertimos el hogar de nuestra amiga Catherine un hospital, vimos una película y escribimos a personas que posiblemente nos pueden recibir en sus casas en diferentes lugares de Perú. De resultarnos, iremos “surfeando” de sofá en sofá de personas en la web quienes han decidido ofrecer un espacio en sus casas para que viajeros como nosotras podamos encontrar un lugar de paso para descansar.

Hoy fue un día grandioso habiendo ganado la batalla a las bacterias, pudiendo comer de nuevo sin miedo a desfallecer, llevando a los padres de Catherine a conocer las ruinas de Ingapirca como traductoras y rematando el día con un buen refajo con arepa en un restaurante Colombiano. Aunque estamos desfasadas en fechas, la enfermedad hizo parte del viaje. Estar en Cuenca un día más tuvo total sentido. Mañana estaremos unas 8 horas en un bus hasta llegar a nuestro siguiente destino: Vilcabamba para finalizar Ecuador con Broche de oro y seguir hacia Perú donde esperamos, las bacterias pierdan la batalla contra nuestra flora intestinal fortalecida.

1 comentario:

  1. Que chevere, Laurita!!! Espero que sigas adelante. Nos estas dando toda una lección de geografía humana. Ten cuidado con esos animaluchos y cuanto envuelto y aborrajado te tiente tu curiosidad culinaria . No te olvides del zoológico bacteriano sobre el cual no tienes todavía antídoto. Pero sigue antojada por esa inmensa identidad cultural Suramericana con la que nos enriqueces en cada uno de tus relatos.

    Un beso a las "docitas" y especialmente para mi guagüita.

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