miércoles, 13 de abril de 2011

¿A dónde va la gente? Donde dice Vicente

¿A dónde va la gente? Donde dice Vicente… La gente: Claris, Michael (nuestro compañero australiano) y yo, Vicente: todos los ángeles y personas del común quienes desde su buena fe nos han dado tips de viaje, de esos que no se encuentran en los libros, de los que se logran al hablar con la vecina, el tendero, el maestro quien como yo, descansa en las aguas termales. Llego a la conclusión que la mejor guía es la gente de buena voluntad, no hay libro que valga. El libro abona al conocimiento para que uno, al nutrirse con esa información, no llegue tan ignorante a preguntar y para tener harto que charlar.

Por otro lado, ha tenido un éxito absoluto, el preguntar siempre a alguien ajeno del servicio que uno esté dispuesto a tomar cuánto vale, con eso cuando le ven la cara y le cobran el doble, uno dice, por ejemplo en el bus,: “uy no señor pero si ese pasaje no costaba 2 dólares sino 1”. El hombre entonces se da cuenta de que uno sabe, le saca los dedos de la boca y sigue su camino, haciendo su labor, prestando el servicio al precio que es. Esta es la gran ventaja de ser “de por acá”: Que difícilmente nos tumban…. Malicia indígena + acento pastuso + regatear = precios justos, lo que llevamos en la sangre los colombianos (cualidad que hasta ahora me encuentro).

Bueno y después de una larga jornada de bus el día de ayer, pasando desde el nivel del mar a piso térmico elevado (páramo), hoy hicimos lo que no vinimos preparados a hacer…. Como Vicente dijo que hiciéramos el tour en Bicicleta desde Baños hasta Puyo, así lo hicimos, 60 kms de inmensidad forestal entre montañas a lado y lado, avisos de hacia dónde evacuar en caso de una erupción volcánica, avisos guiando exclusivamente al turista y calles perfectamente diseñadas para que pudiéramos disfrutar de un viaje largo pero seguro. Claro, como en Colombia, a veces la seguridad no la logran del todo… entonces está el túnel por donde hay que pasar pero es angosto y pasan camiones de todos los tamaños. Es debido informar, para que no se vayan a asustar, íbamos los tres con los ojos bien puestos, pitos y todos los sentidos bien puestos. Así fue como realizamos la ruta visitando la cascada más grande que he visto (el pailón del diablo) cuyo nombre era bien otorgado. También los árboles de guayaba nos acompañaron y nutrieron todo el camino.

Al llegar a Puyo, nos devolvimos en bus, con las bicicletas en la parte de abajo, como debe ser, hecho para que el turista vaya cómodo. En quienes más pensé fue en mi papá a quien le habría encantado la ruta y en mi Colombia, que tiene todo el potencial y más para hacer un montón de lugares como este. Finalizamos el día en las aguas termales cuya temperatura, con seguridad ascendía gracias a la abundancia de humanos. Claris y yo, como buenas raspa fiestas nos quedamos hasta que al desocupar la piscina no quedaba ni una gota de agua. Como ya el Vicente de hoy nos había dado la información para continuar nuestro camino, la gente (nosotros) quedamos satisfechos y listos para una aventura más.

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