martes, 5 de junio de 2018

Fin de semana de trabajo en el bus


A ratos quisiera poderme camuflar en medio de la masa pareciendo una más y así, una vez a favor de la corriente, poder sentir que estoy cumpliendo mi misión de vida. Quisiera poder aullar como una loba más en medio de la manada de lobos en la que crecí, aunque muchas veces no sienta saber cómo hacerlo y también no quiera aprender a hacerlo. Como quisiera a veces sentirme más parte y dejar de intentar dar explicaciones que siento que otros no han de entender, pues racionalmente ni yo misma las entiendo. Cómo quisiera confiar en que tenemos la razón en actuar como actuamos, en pretender llevar adelante la vida que queremos llevar, especialmente hoy cuando tenemos la enorme responsabilidad de darle lo mejor a nuestros hijos y no menos importante, nos debemos la gran responsabilidad de vivir la vida de la mejor manera posible.



El gran ejemplo es lo que pasa actualmente al estar armando el bus. Llegan mis papás a casa con nuestros hijitos dormidos, después de un largo día de parque de diversiones. Estamos con Facu tranquilos almorzando a las 7 de la noche porque el día fue tan ocupado que una vez más, así como el resto del fin de semana, se nos pasó la hora de comer trabajando. Nos preguntan qué tal fue el día, e igualmente preguntamos qué tal fue el de ellos, sin antes agradecer enormemente el habernos cuidado a los chiquitos porque es una gran ayuda. La respuesta nuestra es corta y precisa, pues a propósito la opaco pidiendo que más bien ellos nos cuenten sobre su gran aventura de abuelos y nietos.

Siento y tal vez sea una apreciación errada aunque lo dudo, que ellos dos, mi papá y mi mamá no se emocionan ante los adelantos del bus por lo cual decido contar poco aunque haya tanto que contar. Realmente, aunque fue un día largo, estemos cansados y con los pies fríos de tanta lluvia, hoy día festivo, tal como sábado y domingo, fueron geniales porque logramos trabajar en equipo avanzando un montón en el bus. Tenemos los días contados, dos para ser exactos, antes de salir a nuestro viaje de prueba y aunque hubo machucones, malos entendidos y ratos incómodos por contratiempos como la lluvia, la pasamos genial remando juntos hacia nuestro sueño. Nos habría encantado estar en el parque con ellos pero realmente trabajar en el bus fue muy satisfactorio porque estamos luchando juntos por lo que sentimos que hoy debemos hacer.

Aun así y aunque quisiera que ellos se emocionaran, siento que no entienden lo que hacemos. Por eso no piden entrar al bus a ver cómo está quedando ni conocer detalles del proceso, porque en medio de todo, les parece absurdo y desearían que lo hiciéramos diferente. Tal vez, si hoy y el sábado les hubiese pedido que me cuidaran a Antonio y Ema por hacer un importante trabajo profesional, creo que el contarles cómo nos fue habría sido más amplio. Siento entonces, y no es con ganas de ofender, que preguntan por cordialidad más que por interés real sobre lo que está pasando con el proyecto. Siento que han esperado toda la vida tanto de mí, o al menos algo de mí acorde a lo que esperaban que yo fuera, que muchas veces (aunque cada vez menos) me siento triste de no poderlos recompensar y que se sientan satisfechos por lo que soy.

Sé que quieren que seamos felices y también sé que hoy la actitud que tienen surge a partir
del dolor que sienten de que nos vayamos. Yo también lo siento. Es una dualidad que me carcome desde adentro. Quisiera no ser tan emotiva estando ahora a punto de llorar porque de verdad siento la dualidad entre cumplir este sueño de viajar o quedarnos para mantenerlos cerca de sus nietos. Por momentos tengo tanto dolor de sentir que por mi decisión hoy los separo de lo que más alegría les ha traído en los últimos años después de la amargura de no tener a mi hermana. Me siento injustamente responsable y aunque hoy mis escritos solo deberían ser de alegría por estar dando este paso, hay en mí a ratos tanta amargura por una responsabilidad que racionalmente sé que no me corresponde pero que emocionalmente me parte el corazón en dos.







Cansada de tener esta fuerte sensación de división, hoy solo pido a Dios fuerzas para
poder actuar desde el amor y no desde el miedo. Hoy sigo adelante con el proyecto segura que los días que quedan no serán fáciles porque la sensación de estar separando me confunde. Como loba no aprendí a aullar como los demás del clan en el que crecí, en el cual siento que algunos aprendieron por convicción, otros por costumbre y los últimos por sentir más fácil aprender a aullar que pretender hacer algo diferente. No siento que el aullar sea malo ni mucho menos. De hecho, el hacerlo o tener la noción de cómo se hace me ha dado más herramientas para mucho, lo cual agradezco. Aun así, sé que el respetar hoy el no saber aullar me acerca más a mi verdad.

En cuanto a mis papás los quiero, los adoro, los respeto y por siempre espero honrarlos. Hoy vuelo porque como ya sé que la vida se nos puede terminar en cualquier momento, necesito hacer lo posible por vivirla acorde a lo que siento, no porque quiera separarme de ellos. Ojalá el anhelo profundo de tenerlos cerca siempre se haga realidad, no por necesidad sino por gusto de que llevemos una vida juntos; y que así se gocen al máximo a sus nietecitos y por devolverles tanto de lo que siempre me han dado.





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