
A ratos quisiera poderme camuflar en medio de la masa pareciendo una más y así, una vez a favor de la corriente, poder sentir que estoy cumpliendo mi misión de vida. Quisiera poder aullar como una loba más en medio de la manada de lobos en la que crecí, aunque muchas veces no sienta saber cómo hacerlo y también no quiera aprender a hacerlo. Como quisiera a veces sentirme más parte y dejar de intentar dar explicaciones que siento que otros no han de entender, pues racionalmente ni yo misma las entiendo. Cómo quisiera confiar en que tenemos la razón en actuar como actuamos, en pretender llevar adelante la vida que queremos llevar, especialmente hoy cuando tenemos la enorme responsabilidad de darle lo mejor a nuestros hijos y no menos importante, nos debemos la gran responsabilidad de vivir la vida de la mejor manera posible.
El gran ejemplo es lo que pasa actualmente al estar armando el bus.
Llegan mis papás a casa con nuestros hijitos dormidos, después de un largo día
de parque de diversiones. Estamos con Facu tranquilos almorzando a las 7 de la
noche porque el día fue tan ocupado que una vez más, así como el resto del fin de
semana, se nos pasó la hora de comer trabajando. Nos preguntan qué tal fue el
día, e igualmente preguntamos qué tal fue el de ellos, sin antes agradecer
enormemente el habernos cuidado a los chiquitos porque es una gran ayuda. La
respuesta nuestra es corta y precisa, pues a propósito la opaco pidiendo que
más bien ellos nos cuenten sobre su gran aventura de abuelos y nietos.
Siento y tal vez sea una apreciación errada aunque lo dudo, que ellos
dos, mi papá y mi mamá no se emocionan ante los adelantos del bus por lo cual
decido contar poco aunque haya tanto que contar. Realmente, aunque fue un día
largo, estemos cansados y con los pies fríos de tanta lluvia, hoy día festivo,
tal como sábado y domingo, fueron geniales porque logramos trabajar en equipo
avanzando un montón en el bus. Tenemos los días contados, dos para ser exactos,
antes de salir a nuestro viaje de prueba y aunque hubo machucones, malos
entendidos y ratos incómodos por contratiempos como la lluvia, la pasamos
genial remando juntos hacia nuestro sueño. Nos habría encantado estar en el
parque con ellos pero realmente trabajar en el bus fue muy satisfactorio porque
estamos luchando juntos por lo que sentimos que hoy debemos hacer.
Aun así y aunque quisiera que ellos se emocionaran, siento que no entienden lo
que hacemos. Por eso no piden entrar al bus a ver cómo está quedando ni conocer
detalles del proceso, porque en medio de todo, les parece absurdo y desearían
que lo hiciéramos diferente. Tal vez, si hoy y el sábado les hubiese pedido que
me cuidaran a Antonio y Ema por hacer un importante trabajo profesional, creo
que el contarles cómo nos fue habría sido más amplio. Siento entonces, y no es
con ganas de ofender, que preguntan por cordialidad más que por interés real
sobre lo que está pasando con el proyecto. Siento que han esperado toda la vida
tanto de mí, o al menos algo de mí acorde a lo que esperaban que yo fuera, que
muchas veces (aunque cada vez menos) me siento triste de no poderlos recompensar y que se sientan
satisfechos por lo que soy.
Sé que quieren que seamos felices y también sé que hoy la actitud que
tienen surge a partir
del dolor que sienten de que nos vayamos. Yo también lo
siento. Es una dualidad que me carcome desde adentro. Quisiera no ser tan
emotiva estando ahora a punto de llorar porque de verdad siento la dualidad
entre cumplir este sueño de viajar o quedarnos para mantenerlos cerca de sus
nietos. Por momentos tengo tanto dolor de sentir que por mi decisión hoy los
separo de lo que más alegría les ha traído en los últimos años después de la
amargura de no tener a mi hermana. Me siento injustamente responsable y aunque
hoy mis escritos solo deberían ser de alegría por estar dando este paso, hay en
mí a ratos tanta amargura por una responsabilidad que racionalmente sé que no
me corresponde pero que emocionalmente me parte el corazón en dos.
Cansada de tener esta fuerte sensación de división, hoy solo pido a Dios
fuerzas para
poder actuar desde el amor y no desde el miedo. Hoy sigo adelante
con el proyecto segura que los días que quedan no serán fáciles porque la
sensación de estar separando me confunde. Como loba no aprendí a aullar como
los demás del clan en el que crecí, en el cual siento que algunos aprendieron
por convicción, otros por costumbre y los últimos por sentir más fácil aprender
a aullar que pretender hacer algo diferente. No siento que el aullar sea malo
ni mucho menos. De hecho, el hacerlo o tener la noción de cómo se hace me ha
dado más herramientas para mucho, lo cual agradezco. Aun así, sé que el
respetar hoy el no saber aullar me acerca más a mi verdad.
En cuanto a mis papás los quiero, los adoro, los respeto y por siempre
espero honrarlos. Hoy vuelo porque como ya sé que la vida se nos puede terminar
en cualquier momento, necesito hacer lo posible por vivirla acorde a lo que
siento, no porque quiera separarme de ellos. Ojalá el anhelo profundo de
tenerlos cerca siempre se haga realidad, no por necesidad sino por gusto de que
llevemos una vida juntos; y que así se gocen al máximo a sus nietecitos y por
devolverles tanto de lo que siempre me han dado.


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