martes, 2 de agosto de 2011

Tercera semana en Brasil

A las 4:43 am vuelvo a comenzar a escribir. Seguro la inspiración vuelve. Ya había cerrado un trato con las musas de la inspiración de quienes escribí el otro día aunque el pacto parece no ser claro… tendré que negociar de nuevo eso de los horarios de inspiración, quiero escribir con todas las de la ley. Acabo de leer el blog de un amigo y compruebo que las fotos hacen mucho por el escrito. Como no he podido bajar las que tengo de los últimos dos meses y Clari es la chacha (la mejor) del equipo en términos de tecnología (entre otros cuantos roles), intentaré ser lo más descriptiva posible para transportar al menos por un rato a quien lea algunos de los momentos que viví, esos que pasaron pero que quedan en mi memoria, en la foto de la memoria de la cámara y en esta hoja.


Contando con la compañía del Chavo del Ocho en televisión en portugués, sigo en el aprendizaje del tan anhelado nuevo idioma por aprender. La chilindrina llora igual, pero el Chavo y Don Ramón se llaman Chavez y Senor Madruga. Son varios los relatos que me tienen cabezona hoy; todos tan diferentes en sabor y color: voluntarias en Campo Grande, Festival en Bonito y de Carona por los aires. Como no supe cómo ligarlos para hacer de este un texto agradable, desligo los tres y hago de este texto una bandeja paisa bien hecha con todo junto pero nada revuelto.

Como voluntarias de Rotary en Campo Grande

La sala a la que fui asignada vistiendo dotación de unos guantes de látex y una bata fue la de los mayores de la fundación. Ojos perdidos, conexión repentina con el mundo y un millón de historias sin contar tenían esas diez personitas a quines ayudé a alimentar, limpiar, consentir siempre queriéndolos mucho. En un momento dado, Clari y yo quedamos a cargo de mi sala. La vi a ella, en frente de dos niñas de nuestra misma edad. La diferencia: ellas en su silla de ruedas en la que llevan toda la vida, sin la posibilidad de llegar a tomar decisiones, de ser autosuficientes. Nos vi a nosotras: con todo al alcance de nuestras manos. Me sentí triste y a la vez tan afortunada. Fue una prueba fuerte. Dos días con estos niños y otros más con niños con VIH me ayudaron a agradecer mi realidad mientras di lo mejor de mi.

Admiré profundamente a las mujeres que trabajan para estos niños, que berracas. Creo que todos deberíamos buscar la oportunidad de hacer estos voluntariados para ser concientes de lo afortunados que somos, para entregar amor del que no precisa de palabras, para admirar, respetar y pagar mejor a las personas que tienen que cuidar a estos niños o quienes por elección de vida deciden hacerlo.


Festival en Bonito

Aprender a “Sambar” es labor de dedicación. Solo se que quien pierde el miedo de lo que piensen los asistentes a tan gracioso espectáculo de ver a la extranjera bailar están ya al otro lado, del lado de quienes ya saben. Mientras batía mis pies con locura al lado de dos niñas locales frente a la orquesta en el festival, sentí que mil ojos burlones se posaban sobre mí. Si yo, que soy de una zona latitudinal similar, cuento con raza igual y costumbre de bailar similar tengo dificultades, no culpo al ario y/o gringo quien debe preferir el puesto del espectador.

Al ritmo de varios artistas Brasileros nos dimos a la tarea(perdón por la redundancia) de hacer la tarea. Bonito nos sorprendió haciendo mérito a su nombre. Los amigos del voluntariado en Corumbá nos hicieron parte de su familia, el festival nos dio varias palmaditas en la espalda y la fiesta fue el puente para seguir en el ruedo de los sueños a seguir cumpliendo.


De Carona por los aires

Pegar Carona = ser arrastrado en un medio de transporte de un punto A un punto B. En un país donde las distancias son muy largas y los precios también, “pegar carona”es lo nuestro. Para entender lo que hoy cuento en este escrito, hay que entender, masticar y aplicar las siguientes premisas: “nada se pierde con preguntar”, “la peor vuelta es la que no se hace” y “de tener un NO, lo que hay que buscar es un SI”. Estas tres frases sabias son las que hoy explican la extensión de nuestro viaje.

La primera vez que pegamos carona fue en Pasto, en un camión de Servientrega, empresa de entrega de paquetes, ese día de dos personas también. Pasando por hacer lo mismo en el carro de unas señoras elegantísimas de Ecuador, una camioneta en Bolivia donde terminamos blancas de polvo, un camión en el cual viajamos en la cabina 7 personas, entre tantas otras oportunidades, hoy hemos sabido... como se diría... “hacer la jugada campeona”. Debo decir antes de morderme la lengua que hoy, algo parecido a un pájaro, que hace lo mismo que superman y del tamaño de un elefantito bebé fue en lo que nos dieron la carona…. Quien adivina?..... si, un avión!!!

Creyendo haber entendido mal por la barrera del lenguaje, nuestra amiga de Sao Paulo nos confirmó ayer en la noche: este señor junto con su amigo piloto y otras dos amigas, esposas (o algún papel intermedio) nos propusieron llevarnos por los aires acortando el camino de 4 horas a 20 minutos. Como un nino en una dulcería, tomamos fotos de esas que harían quedar en ridículo a la gente usualmente, entre esas, claro está, la de empujar el avión. Como era de esperarse, el lograr encontrar buses desde el aeropuerto donde los viajeros salen elegantísismos en taxi, nos tomó dos horas y media.



Como resumen de lo escrito postulo lo siguiente: A grandes oportunidades, grandes responsabilidades. Gracias a este postulado, hace varios días estoy más ansiosa de lo común al punto que si mis codos fueran accesibles ya me los habría comido enteritos. Unos se comen las unas, otros beben, otros pelean, yo como (asunto a seguir resolviendo). Sigo el camino segura de que si respiro profundo y abro bien los ojos, la vida misma me irá mostrando las oportunidades, también las responsabilidades a cumplir.

Mientras los niños de las fundaciones visitadas, los ángeles que hemos hallado en el camino y las personas de la casa donde estoy duermen, yo sigo adhiriendo sueños en el papel, fijándolos a la punta de los árboles desde donde cualquiera los pueda leer bien. Inspirada por quien quiere leer y por el interminable sueño de seguir escribiendo aquí sigo, creyendo que la felicidad solo es felicidad cuando es compartida con otros.

Sambar, trabajar, conseguir un posgrado, conocer realidades, saber portugués y ahora conseguirme una bicicleta para viajar por la costa brasilera son varias de las actividades que resumen mi paso por este país de encanto. A dormir me dice mi reloj biológico, aunque sea un rato...

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