El viaje continúa: vivencias, sensaciones, emociones, ilusiones, opiniones, creencias, revelaciones y más, mucho más.
martes, 23 de agosto de 2011
Lo que aconteció en una piscina de pelotas: Museo de Arte de Sao Paulo
Nadar en una piscina de pelotas de plástico en la que me dejen entrar, mi sueño plateado. Nadar en una piscina de bolas de chocolate, de maní crocante, “goodies” y en general las bolitas comestibles, mi sueño dorado. Debo aceptar que no fue el arte lo que me llevó a ese museo. Fue el efecto que tuvo en mi la llamada de Clari quien emocionada dijo por el teléfono: "No me vas a creer: como parte de la exposición, hay una piscina como la que hemos soñando, tienes que venir!!!"
Llegué y el sueño plateado estaba a punto de cumplirse a pesar de no ser exactamente esta la piscina de los sueños: tamaño para niños con profundidad para niños pero bueno, lo importante si se cumplía al pie de la letra: gente de todas las edades era permitida. Por supuesto, cualquier persona de más de 10 años de edad se veía ridícula apenas "flotando” sobre tan apetecido colchón de pelotas rojas, aspecto que no impidió que tal construcción causara en mí la emoción similar a la del chavo del 8 (Chavez en Brasil) en una dulcería.
Bien parada en el borde, sin zapatos con las rodillas medio dobladas y los brazos meciéndose, olvide mi edad y mi peso ni se cruzó por la mente (Datos importantes que piensa una persona centrada antes de saltar para no incomodar a otros)…
Ni un tsunami habría podido causar la alteración que causé: bolas rojas volaron por los cielos en todas las direcciones llegando a los pies de visitantes sorprendidos quienes con seguridad imaginaron que la actividad en el museo se limitaría a admirar obras de arte.
Las personas que compartían conmigo el lujo del inigualable roce de las bolas plásticas que me transportan a lo más tangible de mi infancia, solo rieron, mientras Clari, para disimular la vergüenza no dudó en zambullirse en el mundo plástico.
Después de practicar todos los estilos de natación: libre, espalda, pecho, mariposa, tiburón, perrito, correcaminos y hasta demonio de Tasmania, era hora de volver a saltar ya consciente de la profundidad de la piscina y de "las diferentes variables que influirían en el desplazamiento de los cuerpos plásticos". Esta vez concentrada en querer asustar a Clari, haciéndola creer que caería encima de ella, caí en mi pie derecho doblándolo hasta traquear. Como según Clari, mi cara fue de alegría al aterrizar y nunca de terror ni de dolor viceral como el que estaba sintiendo, ella lanzaba pelotas en mi cara mientras un río de lágrimas se aproximaba a salir de mí hasta por las orejas.
"Nadando“ regresé a la orilla mientras me retorcía de dolor y pude ver la cara de dos turistas quienes habían dejando a un lado las obras de arte por estar gozando conmigo mi gusto por la piscina... mas ahora no sabían que hacer por devolverme la alegría.... No pasó mucho tiempo antes de estar sentada en una silla de ruedas paseando por el museo con hielo en el pie, intentando distraer el dolor respirando arte, jugando a andar y frenar en la silla de ruedas.
En reconciliación con el servicio médico, el cual nos ha sorprendido por su lentitud más que por cualquier otra cosa, nos mandaron un taxi Peugeot a la entrada del museo. Un taxi Peugeot en mitad del trancón de Sao Paulo y la atención en el Hospital Sirio Libanés, era un lujo como ningún otro ante el cual soy capaz de perdonar, te perdono sistema de salud!
Una pulsera verde fosforescente que bien podría ser el tiquete de entrada a un bar o la constancia de ser huésped de un hotel cinco estrellas, unas radiografías tomadas en un cuarto que parecía más bien una atracción de Disney y un yeso moderno al mejor estilo “terminator” es lo que me queda, para aliviar mi pie adolorido tipo mogolla de panadería…. Eso si con todos y cada uno de los huesos completicos.
Ahora desde el escritorio de mi amigo, con la pata de terminator en alto, pienso en el cuento fantástico que inventaré para explicar cómo llegué e tal lesión. "Iba cabalgando en un caballo blanco, cuando de repente, por no atropellar a un niño, frené y salí volando y etc...etc" ....... o que tal: "A una viejita le robaron la cartera en pleno centro de Sao Paulo y después de agarrar al ladrón y darle una golpiza con la cartera regresé corriendo a devolverla, tropecé y.... etc..." una heroína en cualquier caso, que tal??? solo aquí cuento la historia como fue, en la privacidad del papel...
Ahora se que las piscinas de pelotas, aunque usted o crea o no, son lugares donde hay que tener mucho cuidado. El peligro de accidentes es evidente. Apenas pueda, haré el deber ciudadano de regresar al museo a hablar con el administrador para lograr que cierren la atracción....mmmm no... mejor, que pongan un letrero inmenso a la entrada que diga:
"Apreciado/a turista: Antes de ingresar a la piscina de pelotas, respire profundo diez veces para lograr disminuir la emoción incontrolable que tiene como efecto actos impulsivos que pueden llevarlo a sufrir lesiones graves. Tome consciencia de sus dimensiones corporales frente a las dimensiones de la piscina antes de saltar. Siga las instrucciones. El museo no se hace responsable de ningún accidente. Aun así, en caso de accidente, solicite una silla de ruedas, tenemos una única. Gracias. Att: Administración Museo de Arte de Sao Paulo"
Por fin, alguna evidencia fotográfica, al menos del efecto de tan doloroso acontecimiento.... debo la foto del salto mortal...
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