domingo, 10 de julio de 2011

Una noche en la Plaza de Mercado... Oh Bolivia volveremos

El chofer me hizo cambiar de puesto con la señora: el tan anhelado puesto de la ventana que me salvaría de la asfixia por más de 5 horas, el que tenía espaldar completo… disgustada me cambié pensando en decirle “y es que mi plata no vale?” y creyendo que hay que ser mamita cholita (matronas campesinas, hermosas y robustas) para que me dejaran sentarme donde quisiera.

Miré a la señora de reojo más de inmediato recapacité pensando que no era su culpa, que razones de peso debe haber para dejarme en el puesto malo. Le sonreí entonces y ella se quitó el sombrero y arreglando su delantal me dio una de esas sonrisas que tanto me han gustado en el viaje: la de las cholitas, con al menos dos dientes de borde plateado.

Me preguntó de donde éramos, que hacíamos, si éramos hippies y al tener màs confianza fue diciendo que era el colmo de nuestra parte viajar así dejando a nuestros papás. Pensé entonces en mis papás, dándome consuelo al pensar y creer que cada quien tiene que hacer su vida y sabiendo que conociéndolos como los conozco, tienen nervios y les da nostalgia el que yo no esté pero estàn contentos de saber que estoy cumpliendo sueños.

Bueno volviendo a la cholita del bus, Francisca, resultamos siendo grandes amigas. Me fue contando sobre su vida, sobre sus aspiraciones, sus hijos. Compartimos lágrimas y risas, como me gusta. Mi nueva amiga Francisca, nos invitó a pasar la noche en el mercado. Ella debía trabajar de 1 am a 5 am por lo cual la noche era aun joven. Con lo aficionadas que somos a los mercados dijimos entonces que si, respuesta que sorprendió a Francisca.

Nosotras con mochila al hombro y ella con un trapo de colores terciado lleno de cobijas y claro con su sombrero bien puesto, tomamos el ómnibus que nos dejó en frente a la plaza. Francisca como honrosa matrona iba caminando ligero, dando largos pasos, mirada en alto y sin decir una palabra. Entramos al mercado, pareciendo más bien sus guarda espaldas cuando de repente a lo lejos las amigas, otras cholitas para quienes el día también acababa de empezar a las 10 pm dijeron: “Llegó con gringas!” todas soltaron risas y cuando se les fue pasando me volteé y les dije: “Cuales gringas, que les pasa?” Ya con ese comentario, Claris y yo eramos parte del parche del mercado. Nuestra noche empezaba con el pie derecho, hacer esfuerzos para hacer parte de la rosca ya era historia patria.

Tal como lo presentí, Francisca, lejos de ser una señora con su puestico de verduras, era la “pluma blanca” la que dirigía la orquesta de camiones de los cuales varios hombres sacaban bultos y bultos, todos bajo su instrucción llamàndola siempre "Doña". Fue así como nos cuidó y consintió la familia nocturna del mercado. Pudimos dormir un rato a la hora que ellos se durmieron. Curiosos, los jovencitos y las mujeres, nos preguntaban sobre nosotras, sobre cómo es el mundo más allá de la frontera de Cochabamba, màs allà de la frontera de Bolivia…

Sobre todo Yesenia, una niña de unos 21 años nos sorprendió al revelar que su vida entera la ha pasado en el mercado; que desde los 3 años ha estado acostumbrada a dormir poco y a las horas que nadie más duerme en el mercado, a ganarse la vida vendiendo verdura. Su personalidad masculina imagino era reflejo de tener que arreglárselas en ese mundo que para nosotras es un capítulo, para ella es todo el libro.

Nos fuimos del veintiunavo mercado que visitamos en el viaje con abrazos, la promesa de regresar, la barriga llena y el corazón contento. Y colorìn colorado, me despido queriendo dejar claro que no cuesta nada ser amables y que la vida nos sorprende generosamente cuando vamos haciendo el bien sin mirar a quien.

Me despido entonces de Bolivia al menos por ahora el día en que ellos no pasan la clasificación de futbol, nosotros si. Sorprendida con los bajos precios y con la similitud que tiene con nuestra querida Colombia, me voy queriendo regresar muy pronto. Dejo una vez màs amigos que dejaron y a quienes espero haber dejado huellas. Me alisto ahora para entrar a Brasil.... Amanecerà y veremos!

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