sábado, 16 de julio de 2011

Pìcaras con suerte en Brasil

Me acabo de acordar que hoy es viernes. Podría salir de fiesta porque nunca está de más ir a mover el esqueleto como Dios manda pero, cuando se es una hija adoptada en una familia con hijos chiquitos y no se cuenta con llaves para volver a la hora que plazca, ni modo. Ahora, desde el hotel más elegante de la zona, en la ciudad de Corumbà, situada en Matto Grosso en Brasil, escribo porque decidimos con Claris no seguir el viaje e invertir lo que nos queda de ahorros, en una semana en este hotel cinco estrellas....

El que me conoce creería esta mentira??? Somos amigas del recepcionista por lo cual tenemos unos minutos para revisar correo, escribir y salir corriendo a marcar tarjeta con nuestra familia adoptiva aunque claro, no sin antes pasar un rato por el bar del dueño del hotel al que fuimos gentilmente invitadas: ante todo, la cordialidad.

Desde Corumbá en Brasil, a quince minutos de Bolivia escribo cumpliendo con contar algo más, porque siempre tengo algo que contar... màs aùn después de lograr estar en Brasil, después de haber tenido una presentación en “portugués” frente a 20 personas elegantísimos miembros de Rotary Foundation, después de haber sido adoptada por dos presidentes y sus familias (el del sindicato de taxistas y el del club rotarios), habiendo firmado para hacer un voluntariado en educación ambiental en el pantanal Matogrosso por 7 días, es necesario contar aunque sea algo.

El sábado pasado, todavía en Bolivia, el pánico de entrar a lo desconocido nos invadió... las historias de enfrentarnos a precios descomunales y a gente que habla una lengua tan similar pero tan ajena, eran los dos cocos mayores (entiéndase coco como el bicho peludo y colorido que asusta a niños chiquitos cuando no quieren comer). La suerte ya estaba echada... solo debíamos recorrer La Plaza de mercado abasteciéndonos de comida no perecedera que nos salvarìa de "la quiebra" en Brasil. Después de equiparnos con avena, leche en polvo, pastas para preparar con agua caliente y claro las siempre infaltables latas de atún, no quedaba otra cosa que cruzar la frontera. Lo hicimos cargadas de coraje, llenas de emoción y con el corazón contento de haber comido una última... unas cuantas últimas empanadas... como si fueran los últimos jugos de lulo helado en medio del desierto. El día anterior habíamos visto al otro lado del río, aquello a lo que nos enfrentaríamos... un pueblo supuestamente parecido al lado boliviano pero con edificios y muchas casas... no podría ser ni similar……..

Cambie dólares por reales y aunque me duela decirlo, debo confesar (para liberarlo y así por fin perdonarme del todo) perdí 20 reales por despistada, por contar mal, chistecito que amargó ligeramente mi heròico paso al lado brasilero. En la frontera, tal como lo había advertido nuestra biblia de Suramérica, el sistema estaba fallando por lo cual no tuvimos otro remedio que hacer amigos de Brasil para suavizar la situación, intentando hacer a un lado a los fantasmas colectivos de entrar al tan anhelado paìs. Para hacer corto el cuento, después de 5 horas de paciente espera y de enfrentamientos en la ventanilla con funcionarios que sospechaban de nuestro cargamento (mochilas llenas de ropa arrugada y comida para el combate) entramos victoriosas por una carretera larga y asfaltada.... escenario que no me es familiar en los pueblos que he conocido a lo largo de este viaje.

Finalmente en nuestra meta, caminamos esperando encontrar algún buen samaritano que nos llevara a un hostal, pues nos habían dicho que los taxis eran carísimos (cuestión que hasta ahora no me consta). El buen samaritano estaba en su auto y le estaba preguntando a un policía acerca de su procedimiento para detener carros... o al menos fue eso lo que entendí. Fue nuestro primer ángel de ruta, aquel que nos adoptó y ante nuestro precario portugués dio varias vueltas hasta entender que no sabíamos que hacer... como decía alguien a quien quiero mucho: no sabíamos si comernos un banano o irnos pa´ Miami. El hombre nos llevó a la sede Del Sindicato de Taxistas y dijo: si no les importa, ustedes pueden quedarse acá; Tienen baño con ducha... está bien? Después de escuchar esas palabras (música para nuestros oídos) hicimos de ese salón nuestra casa por esa noche, poniéndonos el lugar "de ruana"... como diría mi mamá.

El día siguiente debíamos partir pues seguir arrimadas no era posible. Sin rumbo fijo, fuimos por el pueblo que parecía una gran ciudad repitiendo la actividad que tanto hice cuando de muy pequeña abandonaba el analfabetismo: leer emocionada todos los avisos de la ciudad. Nuestra suerte estaba echada y el día fue pasando sin poder conseguir información turística certera o algún lugar donde hospedarnos. Finalmente en un letrero estaba escrito en nombre del presidente de los rotarios y su número, ante lo cual, mi querida compañera de viaje además rotaria, llamó enseguida.

En cuestión de media hora, después de un día lleno de incertidumbre, poca comida y mucho calor, estábamos de nuevo sintiendo el calor de un hogar acogedor. El presidente de Rotary Foundation y su familia, se convirtieron en nuestros anfitriones.

La “paciencia” de nuestra profesora de portugués (una criança de 5 anos) y la ininterminable curiosidad de leer todo lo que se presentaba a nuestro paso, fue el entrenamiento que nos permitió hacer una presentación frente al club de rotarios, sobre nuestra experiencia y anhelos. Entre gente elegantísima y encantadora logramos despertar mucha curiosidad acerca de nuestro viaje, su financiamiento, nuestra percepción sobre los encuentros con la cultura de algunos de los sitios visitados, y como siempre, acerca de Colombia. Cada vez nos convencemos màs de la riqueza que estamos atesorando gracias a nuestra epopeya: Aprender de cada persona con la que nos cruzamos, su experiencia de vida en culturas y circunstancias muy variadas.

Finalmente, quiero contar que hoy firmamos nuestro primer contrato escrito en portugués: un voluntariado de una semana en una reserva del Pantanal Matogrosso. Nuestros deseos han sido cumplidos. Mañana a las 7 am debemos estar listas para subir al barco para trabajar, estudiar portugués y cumplir con un sueno más. Me disculpo por lo mal escrito: poco tiempo, un teclado en portugués y un programa de Word que no quiere corregir ningún otro idioma aparte del propio.

Las pícaras con suerte se marchan ahora, seguras de estar provocando a más de uno de emprender un viaje similar... de entrar en la dinámica de la incertidumbre, de perderse en el tiempo, de vivir el momento, de conocer mil personas, de abrirse al mundo. Sin más ni más.... oubrigado! Cuidado, quizás en una semana el español ya no sea lo mío.... portugués lo será....


Laura Cabrera Amézquita

2 comentarios:

  1. Lauriiiisss!!! Qué maravilla de historias las q andas tejiendo por este continente de colores y selvas y montañas. Espero que estés tomando muchas fotos para el libro q vas a publicar con la crónica de tus viajes fantásticos. Haces mucha falta por aquí, me muero de ganas de oír tus risas y de ver tu nueva colección de seres bonitos del camino.

    ResponderEliminar
  2. Es un sueño que siempre he querido realizar...con tus relatos logro trasportame a las situaciones y lugares...felicitaciones...
    SANDRA MILENA MELO
    FUNDATERNURA

    ResponderEliminar