lunes, 3 de septiembre de 2018

Jugando con pantallas o con otros niños y en la naturaleza?


Desde lejos, no entendí a qué jugaban. Cuando me acerqué, el nivel de silencio y concentración de los 5 niños era casi absoluto. Mi hijo me dijo en secreto: "Buscamos un tesoro". Tarde me di cuenta que no era tan solo un tesoro sino varios, pues apenas lo encontraban, cada uno
hacía sonidos que simulaban super poderes, los cuales según ellos, les daban la posibilidad de transportarlos. Una vez abierto y sorprendidos por lo que observaban entre sus manos vacías, se lo quedaba el integrante que aún no tenía tesoro y comenzaban de nuevo la búsqueda.


Así transcurrió la mañana de mis hijos: Antonio al mando como el mayor de la gallada y Ema, la cola de la misma gallada. De vez en cuando necesitaban asistencia, para lo cual yo estaba allí pendiente, mientras Facu hacía el trabajo por el que estamos en esta finca "Casa de los Sueños" en Silvia, Cauca, Colombia: ayudarles al mejoramiento de su lugar turístico.  

Siento que estamos haciendo lo mejor como papás: dándole a nuestros hijos la oportunidad de viajar con nosotros, de conocer y jugar con niños de diferentes culturas, en espacios de naturaleza. Incluímos como parte importante el que participen en la forma en que hemos decidido financiar nuestro viaje, al menos por ahora: vendiendo gorras. Vamos a ver los alcances de la creatividad y el tiempo disponible..... mmm creo que por ahora veo que con la alta demanda de estos chiquitos, las gorras seguirá siendo una linda salida.





Ojalá siempre estuviera tranquila frente a las desiciones tomadas frente al estar viajando hoy en día. Por dar un ejemplo concreto, quedo con el corazón en la mano cuando pasa lo que pasó el otro día cuando estuvimos en la plaza de Pijao, Quindío: Los dos chiquitos jugaron hasta el cansancio con unos niños en la plaza. Hasta el cansancio es literal pues tuvimos que subirlos ya bien entrada la noche, hechos un mar de llanto al bus, ponerles piyama y lavarles los dientes a los empujones hasta al fin hacerlos dormir. A la mañana siguiente., Antonio, triste me pregunta:

“Y hoy no voy a tener nenas como las de la plaza con quien jugar?”

Queriendo tener solución inmediata para su tristeza, tuve que procurar convencimiento, cordura y serenidad, por lo cual dije: 

“Chiquito, en el viaje nos va a pasar muchas veces lo mismo. Vas a conocer personas muy lindas con las que estar y compartir, y vamos que tener que decir hasta pronto pues nuestro camino sigue”

Él no dijo más. De hecho, poco tiempo después ya estaba tranquilo compartiendo algo de comer con su hermanita. Mientras tanto, mi cabeza se quedó dando vueltas y a pesar de que han pasado unos días, a mí todavía me confunde el tener esta dinámica de desapego en la que él sufre. Pensamos en que tal vez ya deberíamos quedarnos a vivir en algún lugar en el que le demos la estabilidad de amiguitos que tanto manifiesta.

Afortunadamente, en poco tiempo vuelvo al convencimiento de estar haciendo lo mejor que podemos estar haciendo en este momento: cumplir el sueño de viajar con nuestros hijos en nuestra casa rodante la cual ha sido armada por nosotros mismos, con paciencia y perseverancia.

Pienso cuando los veo desarrollando la capacidad de jugar con tantos niños, en que el gringo experto en educación de quien escuché una charla hace unos meses atrás, tiene toda la razón y cada día lo corroboro una vez más.

El tipo decía tres cosas acerca de lo que él cree que debería tener en cuenta la educación de los niños actuales:

1. Debemos dejar de pensar que los niños son alumnos, palabra que viene de la raíz “sin –luz”. Viendo a los niños como contenedores vacíos a los que hay que llenar, como sociedad hacemos la interminable tarea de llenarlos de información confundiéndoles y a mi forma de verlo, haciéndoles creer que el que más sabe es el que más vale. Debemos entender que desde que nacen, cada niño ya viene completo, no le falta nada para ser perfecto. Están entonces llenos de un montón de cosas, a los cuales hay que motivar para que salga a la luz lo mejor de sí, para que ellos hagan lo que creen mejor de sí.
2.     
           2. Necesitamos niños que estén menos conectados para que estén más conectados; niños menos conectados a las pantallas y al "qué dirán", mal que los hace perderse del presente, con el fin que estén más conectados con su sentir y que así puedan entender el sentir de los demás, de la naturaleza, del mundo.

3.     3.  La empatía es lo que más debemos intentar fomentar sobre todo en la primera infancia porque si intentamos crearles espacios con otros solo cuando son mayores, quizás en ese momento ya no podrán desarrollar la capacidad de entender que existen otros además de ellos mismos, que sienten, duelen, ríen y tienen tantas necesidades como ellos mismos; que sienten miedo y amor.

Por todo esto, siento que hoy que mis hijitos tienen 2 y 5 años, es nuestra oportunidad de presentarles todo lo que puedan sentir, oler y vivir, en lo posible lejos de las pantallas y el mundo virtual para intentar acompañarlos a que estén más conectados con ellos mismos, con otros y con la naturaleza.

No intentamos prohibirles la tecnología, por ejemplo las pantallas. Siento que hoy en día es algo a lo que casi cualquier niño llegará tarde que temprano. Si desde chiquitos les fomentamos el necesitar estar conectados a pantallas para que puedan respirar, después no habrá vuelta atrás para fomentarles todo lo demás. Es tan rápido e invade tanto todos los sentidos una pantalla, que luego, intentar lograr que disfruten de la cantidad de sorpresas de la naturaleza sería casi imposible. 

Creo que como todas las herramientas hay que aprender a usarlas, no como un inhalador sin el cual no podemos vivir. Si hoy la relación más cercana de mi hijo fuera con las pantallas, que para lograrlo sería tan sencillo como tener celular y computador todo el día, y no procurando que pase más tiempo con su hermanita, demás niños y adultos, haciendo ejercicio, etc, supongo que el día de mañana le costaría más funcionar sin las pantallas.

Confío y procuro reiterar que el fomentarles la conexión consigo mismos, con sus gustos y manejo de emociones resulte en adultos más felices. Si desde chiquitos se conocen mejor en el aburrimiento, en el estar con otros y tener que resolver conflictos, en si mismos mientras a la orilla del río pasan horas pacientes esperando a pescar algo, ahí es cuando están menos conectados para estar más conectados.

Esperamos estar en lo cierto. Solo el tiempo dirá!

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