viernes, 15 de febrero de 2013

No estoy enferma, solo estoy embarazada


Mirando de reojo mi panza en crecimiento, el portero del edificio dice: “la oficina que buscan queda en el segundo piso, tomen el ascensor al respaldo de ustedes”. Veo las escaleras y lo miro de vuelta pensando en que siempre (a menos que tuviese que cargar más de mi peso o que por enfermedad o algún inconveniente mayor no pudiese mantenerme en pie) la elección es subir las escaleras para llegar a un segundo piso.  Recordé entonces las veces en que subimos bicicletas con mi hermana a un cuarto piso, peleando cada dos escalones, riendo y botando todo, piso de por medio y las veces que subimos con la familia todo el mercado por miedo a que el ascensor se quedara atascado en un piso intermedio.

El señor gobernador de la puerta del edificio, no tenía porque conocer este antecedente de años "escalísticos", razón por la cual agradecí su consideración y pregunté el porqué de su sugerencia. Dijo entonces - “Mi señora, quien calculo tiene como los mismos meses que usted en embarazo, no debe subir escaleras, ni hacer esfuerzo de ningún tipo. Así sea poco, lo que puede es caminar”. Para justificar su posición con mayor fuerza, dio su millar de explicaciones, argumentando que lejos de ser su opinión, era el médico quien lo decía. Hizo la demostración con sus brazos de cómo al subir las escaleras se ejercía un esfuerzo inadecuado para el útero y por ende, para la mamá y el bebé. Seguimos la charla en la cual, como buena curiosa que soy, seguí corroborando la cantidad de fantasmas que perseguían a este hombre, a su mujer y a quien sabe cuantas personas sobre lo que significa estar en embarazo.
 Así fue como opté por las escaleras, por supuesto, no sin antes agradecer el cuidado propuesto. Subiendo recordé a las embarazadas que he tenido cerca y todos los mitos y leyendas que hay alrededor del tema. Recordé la creencia de tener que “comer el doble” y aquí me quiero detener. Si en promedio las mujeres tenemos un peso de 40 a 70 kilos, cómo es que habría que comer el doble para crear a una criatura, quien en caso de crecer “tipo lechón” como lo fue mi novio recién nacido,  pesará máximo 4 kilos y poco? Para defender a todas las embarazadas, creo fielmente que terminamos comiendo más por el hecho de ser el momento en el que es aceptado socialmente que comamos más y porque así es como recibimos el cariño de los seres queridos. Sabemos que diferente a cuando no estamos embarazadas, al terminar de comer a dos manos, no existe el reflejo de intentar esconder la barriga, porque no hay nada que esconder, pues para los demás es la consecuencia del embarazo, mientras tanto, nosotras sabemos que mitad es embarazo, la otra mitad es abuso. Aunque afortunadamente en mi caso el abuso alimenticio no ha sido mucho, las veces que lo he hecho, me acaricio la panza en círculos, orgullosa de su grandeza, sabiendo que es el momento de la vida en el que si o si estoy orgullosa de tenerla.

Lo otro que me causa curiosidad es el tema de los antojos. Dicen los que saben que es el juego de las hormonas lo que hace que la mujer se despierte a media noche pidiendo un helado. A más de mitad de tiempo de estar embarazada, y analizando de cerca los comportamientos de las pocas embarazadas que he tenido alrededor, me arriesgo a sugerir que aunque puede que a veces sea una necesidad física, la mayoría de veces el antojo no es más que un capricho. Si, capricho. El embarazo resulta el momento en el que las mujeres podemos acudir a las excusas más básicas y deliciosamente empalagosas para comer cualquier cosa argumentando siempre que culpa del embarazo. 

Igualmente, tendemos a victimizarnos frente al papá de nuestro hijo aprovechando que él no sabe y nunca llegará a saber lo que es llevar adentro un bebé por nueve meses. La panza creciendo con el ombligo cada día más salido, hace que ellos caigan en la trampa de creer que todo síntoma que argumentamos tener pueda ser cierto…. Y aquellos que seguramente serán buenos padres como es en mi caso Facundo, quieren comenzar haciendo lo mejor por sus hijos desde que está en la barriga, no vaya ser que al salir, el bebé le reclame no haberle cumplido tantos caprichos a mamá y a él mismo. Por eso, es comprensible la tan famosa ida a la heladera a buscar algo de helado a media noche, el cual afortunadamente no ha sido mi caso en el amplio mundo de los caprichos. Aunque eso si, cada vez que me regalan algo para el bebé, me lo como con todo gusto aprovechando que son estos los únicos meses en los que cualquier regalo comestible para mi hijo debe pasar por mi boca primero, haciendo un estallido de tooooodos mis sentidos antes de llegar al bebé.

El último tema que toco por ahora, el cual me hace casi enfermar, es la famosa elección de colores: rosa si es niña o azul si es niño. Muñecas o balones, flores o autos, corazones o zapatillas para correr, una o la otra, nada de las dos juntas. A quien se le habrá ocurrido esta asignación de colores según el sexo que hoy en día parece un “deber ser”?. Quise mantener en secreto la revelación del médico para evitar limitar la acuarela de colores a quienes quieran regalarle algo. Aun así, debo contar que fue graciosos cuando durante la ecografía apuntó a la pantalla diciendo “Aquí está una bolita, aquí el pitito y aquí la otra bolita”. Aunque no sepa con seguridad cual será el nombre que le pondremos, sé que el azul solo será un color más dentro de la amplia gama de colores que sus cosas tendrán. No quiero que el día de mañana dude ante qué color escoger, como el otro día cuando en el supermercado un niñito le preguntó a la abuela después de varios minutos de estar contemplando los dulces: “Abuela, está bien si escojo este dulce así sea de color rosa?” Afortunadamente la abuela se lo compró del color que el nieto quiso, tal como anhelé que hiciera, y así el niño se fue saltando y saboreandolo feliz, sin más preguntas ni fantasmas sobre lo correcto o incorrecto a la hora de escoger un color “no adecuado para los machos”.

Cerrando por ahora el tema, lejos de estar enferma, solo estando embarazada, quiero que me consientan y quiero que este bebecito llegue sin tantas limitaciones. Intento desmentir algunos de los mitos que nos intentan meter en la cabeza a quienes gozamos de llevar al bebé e intentando guiar a quienes nos acompañan. Me gusta creer y respetando lo que los médicos dicen, que hay que intentar llevar una vida normal al estar en embarazo. Me gustó escuchar a mi médico cuando me dijo: "Lo que a ti te hace un bien real, le hace un bien real al bebé".  Por los caprichos, que vivan todos los que pueda haber sin exagerar ni agotar la paciencia de las personas cercanas y menos del dueño de ese 50% de la panza quien quiere ayudar y hacer un buen papel. Bueno y por último por ahora, propongo no esperar a que saber si es niño o niña....  que vivan los colores!.



1 comentario:

  1. Laura, identificada totalmente con lo que escribes aqui, hay tantos mitos alrededor del embarazo que a veces no se sabe ni en que creer, creo que lo mejor es pensar que todo va a estar bien y eso hace sentirse bien.
    Aprovecho para felicitarte, tener un hijo es una maravillosa experiencia, me alegré mucho cuando Patricia a través de un correo me lo contó, disfruta al máximo esta etapa y te dejo con un fuerte abrazo y muchos recuerdos para toda la familia

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