Mirando de reojo mi panza en crecimiento, el portero del edificio dice: “la oficina que buscan queda en el segundo piso, tomen el ascensor al respaldo de ustedes”. Veo las escaleras y lo miro de vuelta pensando en que siempre (a menos que tuviese que cargar más de mi peso o que por enfermedad o algún inconveniente mayor no pudiese mantenerme en pie) la elección es subir las escaleras para llegar a un segundo piso. Recordé entonces las veces en que subimos bicicletas con mi hermana a un cuarto piso, peleando cada dos escalones, riendo y botando todo, piso de por medio y las veces que subimos con la familia todo el mercado por miedo a que el ascensor se quedara atascado en un piso intermedio.
El señor gobernador de la puerta del edificio, no tenía porque conocer este antecedente de años "escalísticos", razón por la cual agradecí su consideración y pregunté el porqué de su sugerencia. Dijo entonces - “Mi señora, quien calculo tiene como los
mismos meses que usted en embarazo, no debe subir escaleras, ni hacer esfuerzo
de ningún tipo. Así sea poco, lo que puede es caminar”. Para justificar su
posición con mayor fuerza, dio su millar de explicaciones, argumentando que lejos de ser su opinión, era el médico quien lo decía. Hizo la demostración con sus brazos de cómo al subir las escaleras se
ejercía un esfuerzo inadecuado para el útero y por ende, para la mamá y el
bebé. Seguimos la charla en la cual, como buena curiosa que soy, seguí corroborando la cantidad de fantasmas
que perseguían a este hombre, a su mujer y a quien sabe cuantas personas sobre lo que significa estar en embarazo.
Lo otro que me causa curiosidad es el tema de los antojos.
Dicen los que saben que es el juego de las hormonas lo que hace que la mujer se
despierte a media noche pidiendo un helado. A más de mitad de tiempo de estar embarazada, y
analizando de cerca los comportamientos de las pocas embarazadas que he tenido
alrededor, me arriesgo a sugerir que aunque puede que a veces sea una necesidad
física, la mayoría de veces el antojo no es más que un capricho. Si, capricho.
El embarazo resulta el momento en el que las mujeres podemos acudir a las excusas
más básicas y deliciosamente empalagosas para comer cualquier cosa argumentando siempre que culpa del embarazo.
Igualmente, tendemos a victimizarnos frente al
papá de nuestro hijo aprovechando que él no sabe y nunca llegará a saber lo que
es llevar adentro un bebé por nueve meses. La panza creciendo con el ombligo cada día más salido, hace que ellos caigan en la trampa de creer que todo
síntoma que argumentamos tener pueda ser cierto…. Y aquellos que seguramente
serán buenos padres como es en mi caso Facundo, quieren comenzar haciendo lo
mejor por sus hijos desde que está en la barriga, no vaya ser que al salir, el bebé le reclame no haberle cumplido tantos caprichos a mamá y a él mismo. Por eso, es comprensible la
tan famosa ida a la heladera a buscar algo de helado a media noche, el cual
afortunadamente no ha sido mi caso en el amplio mundo de los caprichos. Aunque eso si, cada vez que me regalan algo para el bebé, me lo como con todo gusto aprovechando que son estos los únicos meses en los que cualquier regalo comestible para mi hijo debe pasar por mi boca primero, haciendo un estallido de tooooodos mis sentidos antes de llegar al bebé.
El último tema que toco por ahora, el cual me hace casi enfermar, es la
famosa elección de colores: rosa si es niña o azul si es niño. Muñecas o
balones, flores o autos, corazones o zapatillas para correr, una o la otra, nada de las dos juntas. A quien se le
habrá ocurrido esta asignación de colores según el sexo que hoy en día parece un “deber ser”?. Quise mantener en secreto la revelación del médico para evitar limitar la acuarela de colores a quienes quieran regalarle algo. Aun así, debo contar que fue graciosos cuando
durante la ecografía apuntó a la pantalla diciendo “Aquí está una bolita, aquí
el pitito y aquí la otra bolita”. Aunque no sepa con seguridad cual será el
nombre que le pondremos, sé que el azul solo será un color más dentro de la
amplia gama de colores que sus cosas tendrán. No quiero que el día de mañana dude ante qué color escoger, como el otro
día cuando en el supermercado un niñito le preguntó a la abuela después de
varios minutos de estar contemplando los dulces: “Abuela, está bien si escojo
este dulce así sea de color rosa?” Afortunadamente la abuela se lo compró del color que el nieto quiso, tal como anhelé que hiciera, y así el niño se fue saltando y saboreandolo feliz, sin más preguntas ni fantasmas sobre lo correcto o
incorrecto a la hora de escoger un color “no adecuado para los machos”.
Cerrando por ahora el tema, lejos de estar enferma, solo estando embarazada, quiero que me consientan y quiero que este bebecito llegue sin tantas limitaciones. Intento desmentir algunos de los mitos que nos
intentan meter en la cabeza a quienes gozamos de llevar al bebé e intentando guiar a quienes nos acompañan. Me gusta creer y respetando lo que los médicos dicen, que hay que intentar llevar una vida normal al estar en embarazo. Me gustó escuchar a mi médico cuando me dijo: "Lo que a ti te hace un bien real, le hace un bien real al bebé". Por los caprichos, que vivan todos los que pueda haber sin exagerar ni
agotar la paciencia de las personas cercanas y menos del dueño de ese 50% de la panza quien quiere ayudar y hacer un buen papel. Bueno y por último por ahora, propongo no esperar a que saber si es niño o niña.... que vivan los colores!.



Laura, identificada totalmente con lo que escribes aqui, hay tantos mitos alrededor del embarazo que a veces no se sabe ni en que creer, creo que lo mejor es pensar que todo va a estar bien y eso hace sentirse bien.
ResponderEliminarAprovecho para felicitarte, tener un hijo es una maravillosa experiencia, me alegré mucho cuando Patricia a través de un correo me lo contó, disfruta al máximo esta etapa y te dejo con un fuerte abrazo y muchos recuerdos para toda la familia