"Debes llegar a la calle Godoy Cruz con Suipacha" me dijo el tipo de la fotocopiadora elevando el brazo como quien indica a otro la orientación que debe seguir. Si el señor hubiese sido algo observador en mi expresión de ojos apretados y boca torcida que largaba un sonido "mmmmmmmm", se habría dado cuenta que en mi cabeza ni siquiera había registro de haber siquiera escuchado las palabras mencionadas en mis 29 años de vida. Le pedì indicaciones y al no ser tan simples como ir a la izquierda y luego a la derecha, tuve que sacar papel y lapiz, escribir las calles y dirección hacia la cual debía caminar.
Debo decir que siempre, o casi siempre defiendo el ser creativo por encima de cualquier forma de ser. Como hay excepciones para cada regla, en este caso, no entiendo. Sinceramente no entiendo porque debe haber creatividad en algo que no debería ser creativo como es en ponerle nombre a las calles. Suena lindo desde afuera, eso si aunque de funcional no tenga ni un pelo. Hay que ver el mapa: personajes importantes desde Einstein hasta un tan General E. Mosconi son nombres usados para bautizar las calles, así como nombres de plantas, lugares del mundo y hasta varios otros que parecen inventados.
Después de un mes y medio de vivir en este nuevo lugar, reconozco que encuentro algo mas que extraño de Bogotá además de mi familia y amigos: las calles numeradas. En Bogotá, por más que tenga más de 500 cuadras de sur a norte, es posible encontrar una dirección por cuenta propia. Así sea calle sur 22 con 13 por dar algún ejemplo, ya se sabe hacia que punto cardinal hay que caminar. Si al menos, los creativos de las calles de San Rafael y de tantas otras ciudades víctimas de este mismo invento, tuviesen al menos nombres puestos de sur a norte en orden alfabético, este escrito de queja no tendría sentido. El sancocho de nombres y de calles que además pueden tener hasta dos nombres, uno de un lado de la avenida y el otro del otro lado, es una historia de no creer.
Será que quienes desplegaron su creatividad asignando un nombre a cada calle, lo que pretendían era obligar a quienes venimos de afuera a perder la timidez preguntando por indicaciones hasta al perro y el gato? Si lo vemos por el lado positivo, para todo aquel tímido en proceso de querer perder la timidez, debe ser un excelente ejercicio al pasear por una ciudad de tan solo 200.000 habitantes como lo es San Rafael, Mendoza.
En mi, después de hacer el ejercicio de perder la timidez al andar preguntando y retener solo nombres más no ubicación geográfica, opté por acudir al mapa. Debo admitirlo de una vez por todas si voy a vivir aquí:, no soy turista. Como no lo soy, debe aprender y despegarme del karma de ser desubicada. El mapa me hace independiente, ajena, poco amistosa y lo más parecido a aquel adicto a su celular quien clava sus ojos en la pantalla mientras camina y de vez en cuando tropieza, haciendo caso omiso del mundo en medio de la multitud.
Y que pasa si la ciudad se sigue expandiendo? Ya que es un ejercicio de creatividad, propongo que al menos cada calle nueva, lleve el nombre de algo representativo de la calle: Por ejemplo Calle Doña Tránsito, porque la señora del Kiosko a media cuadra quien es la más querida, lleva ese nombre... o que tal Calle Pelos de película, porque hay una peluqueria a media cuadra que lleva ese nombre. Voy a proponerlo. Que tal que con tanta creatividad me nombren alcaldesa de San Rafael. Haría una propaganda en televisión nacional promoviendo el turismo empezando "Es usted muy tímido?... venga, pierda la timidéz!, venga a San Rafael!". La gente se harìa amiga, los negocios màs representativos se harìan conocidos por pequeños que fueran y bueno los turistas y nuevos habitantes quedarìan màs locos que nunca.
Por ahora me voy a dormir. Mantengo mi queja por ridícula que sea. Está bien hacer amigos por aquí y por allá. Lo que no está bien es promover que el extranjero quien quiere vivir en el lugar, se sienta inútil al ni siquiera ser capaz de ubicarse sin un mapa. Una sensación más de la extranjera en el sur.
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