jueves, 9 de agosto de 2018

De 80 a 6 metros cuadrados

La fecha de salida planteada inicialmente (6 de Junio),  se fue postergando hasta el punto en el que en lugar de responder a la pregunta "Cuando se van?" con " la próxima semana" tuvimos que cambiarla por la respuesta "apenas podamos". La diferencia entre el viaje que estamos por hacer y un vuelo programado, es que en nuestro caso no hay horario obligatorio de partida ni nada que nos exija sí o sí tener que salir en un momento específico. El momento obligado ya pasó, el momento en el que se casó mi amigo Juanse, para el cual salimos pero tuvimos que volver, llamándolo así, "el viaje de prueba".


Hoy, con más de 2 meses de retraso de lo dicho, partiremos una vez podamos cerrar la puerta de la casa en la que vivimos, entregar la llave, chequear al menos gran parte de pendientes de la lista, subirnos al bus y arrancar. Hoy me trago las palabras que lancé al aire creyendo que el proceso de partida sería más fácil, haciendo válida la frase "del dicho al hecho, hay mucho trecho". Largo trecho el que hemos tenido que transitar para llegar a que hoy estemos cada vez más cerca de que sea un hecho!


Soñarlo fue fácil. Ahora, lograr terminarlo se asemeja a ordenar a 30 niños de 4 años para que salgan en una foto, peinados y mirando al frente para el anuario del colegio, casi imposible. Para salir y dar por terminado el capítulo de preparación, los ánimos se exacerban, las discusiones crecen, la incertidumbre se apodera. Una  extraordinaria avalancha de emociones ocurre, esa de nosotros con
nosotros mismos, pues los días, semanas, y hasta meses transcurren sin poder dar un punto final al momento de preparación.

Por eso, hoy hay que salir lo antes posible, sea como sea. Agradezco infinitamente los momentos en los que pudimos trabajar tranquilos y concentrados, riéndonos de nosotros mismos, de los errores, con un mate de por medio. Especialmente agradezco por esos 5 domingos en los que fue posible avanzar muchísimo, liberados de nuestros chiquitos revoltosos gracias a los abuelos, tiempo que aunque difícilmente se vió reflejado, valió oro y pesó a la hora de velar por cumplir con avanzar hacia la meta.


Ahora, así mismo ha resultado difícil sentarme a escribir. Hoy como siempre que me desahogo aquí soltando cuanta cosa en el teclado, es más de media noche y cruzo los dedos para que Ema, mi hija de 2 años no se levante, obligándome a dar por terminado un intento más de escritura. Hoy escribo sobre lo que es pasar de una casa de 80 metros cuadrados a una de 6 metros cuadrados... un poco menos que la décima parte del espacio que hoy tenemos y aunque el cansancio que tengo me pesa cada vez más en los párpados, necesito terminar de escribir.



Pensar en mudarme a 6 metros cuadrados me enloquece viendo mi casa y haciendo consciencia de
cuanto más tenemos que achicarnos. Evidentemente, aunque habría creído ser una chica zen, sin
ningún tipo de apego material, confieso que soy terriblemente apegada, especialmente a las cosas de mis hijos. Agradezco a Pilar Sordo, psicóloga chilena de quien escuché la semana pasada la charla titulada "Que viva la diferencia". Entre chiste y chanza de lo que de manera desparpajada decía, entendí y acepto que a pesar de que soy un espíritu en esencia libre, me cuesta soltar muchas cosas materiales: porque las mujeres, o más bien, el lado femenino, tiende a acumular mientras el masculino tiende a soltar. Lo difícil de soltar hoy en día para la mudanza a 6 metros cuadrados de casa, creo que tiene que ver con que ambos, Facu y yo, tenemos ese lado femenino bien acentuado, por lo cual, si salimos de cosas es más por obligación que por pura capacidad de desapego o elevación hacia la liviandad.


Por eso hoy me siento como las mamás de las que tanto me burlaba de chiquita porque llevaban millones de cosas en su cartera, todas cumpliendo la misión del "por si acaso". Hoy literalmente someto a la mamá que vive en mí, la que tiende a la acumulación del "por si acaso" intentando depurar al máximo, para así subirme a nuestro nuevo hogar de 6 mts cuadrados, con la familia, donde cabe menos de la 10 parte de lo que tenemos. Así es como sucederá inevitablemente una de tres cosas: o me vuelvo loca o tiro todo o salgo adelante.

Buscando entonces salir victoriosa y cuerda, o al menos victoriosa,  me encuentro con que el ejercicio de soltar es una maravilla..... claro, cuando se logra. Y esto se logra, gracias a cortos lapsos en los que coinciden la paz mental con independencia de los chiquitos.


Cuando de revisar lo que hay se trata, estamos juiciosamente dividiendo las cosas en cinco grupos:
1. lo de llevar sí o sí
2. lo de llevar si cabe
3. lo de regalar
4. lo de botar a la basura
5. lo de guardar


Pongo de último el de guardar porque muy adentro de mi ser, intento no guardar. Acudo entonces al movimiento yankee del que me habló mi primo Alejo hace un tiempo, el cuál me quedó sonando. Aquél que dice que los seres humanos actuales deberíamos tener no más de 100 cosas. Antes de hacer el ejercicio, habría apostado tener muchísimas menos de esta cifra. Cual fue para mí la vergonzosa sorpresa de ver que esta cifra no le hacía ni cosquillas a la real... mínimo unas 180, mal contadas.



Sinceramente, creo que nos acostumbramos a tener muchas cosas, tantas que desde chiquitos aprendemos a no apreciar lo que tenemos. Más aún, con la bendita moda de hacer las cosas más baratas y más desechables, las cuidamos menos porque sabemos que total, su vida útil es corta y como el costo es bajo, conseguirlas de nuevo no es tan difícil como antes. También siento que socialmente hemos intentado cubrir las carencias de interacción social, el estar en la naturaleza y el contacto con nuestra espiritualidad, atiborrándonos con lo material, razón por la cual, lo normal tiende a que seamos profesionales en la acumulación.


Hasta el momento, mis hijos afortunadamente no han demostrado gran apego material por ningún juguete en específico, pues de lo contrario, dejar o tener que abandonar en el camino alguno por necesidad de espacio sería labor titánica. Algo que intento aprender todos los días es la fácil adaptación de los niños. Al menos los míos, aunque tienen sus fuertes rasgos de ser consentidos cuando no les damos lo que quieren, usualmente se adaptan a lo que hay, a excepción de la casa de sus abuelos donde pueden y logran hacer lo que quieren, como lo quieren.... finalmente para eso son los abuelos.

Para cerrar, hoy aspiro a que nuestra "depuración" de casa sea efectiva: sin dolor, sin pausa pero sin prisa. Tenemos definida la estrategia pues no hayamos otra en medio de tanto caos: Apenas esté listo el bus, iremos organizando de a poco todo lo que si o si debe ir. Todo debe ir absolutamente organizado y en el lugar donde han de mantenerse durante todo el viaje cuando no están en uso. Una vez salgamos de lo indispensable, el plan es pasar a lo que queremos. Por último lo que va "por si acaso". Sospechando que aunque el bus lo ha diseñado y construido en su totalidad Facu como para almacenar todo lo que queramos, sospecho que hasta en la primera clasificación de "lo indispensable" habrá aquello que hemos de dejar por falta de espacio.


En fin, con la firme meta de terminar el bus lo antes posible, hacer todas las vueltas que hay detrás de escena y deshacernos de mucho de lo que tenemos, esperamos poder salir esta semana a más tardar en el fin de semana. Que así sea, antes de que empiecen a volar platos ante los ánimos revueltos o que quizás terminemos dejando entrar a los ladrones para que se lleven todo, quitándonos a propósito el problema de tener que elegir qué llevar, qué dejar y qué regalar.



Arriba el ánimo del desapego!

2 comentarios:

  1. Laurita y Facundo,
    Voy a seguir al pie de la letra tus consejos y estrategia a ver si puedo llegar a vivir con 1.000 cosas o serán 10.000 ????
    Que Dios y la virgen los acompaña en cada día, y te suplico que no vayas a dejar de escribir, así sea en el único día de descanso que tengas.....Abrazos muchos

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  2. Gracias Martica!! nosotros por espacio no deberíamos ni soñar con más de las 100... aún así, creo que cuando volvamos a instalarnos, es una buena filosofía de vida. Además, entre menos cosas, menos desorden y cosas por arreglar:)
    Gracias por tus buenos deseos y claro estaré escribiendo. No sé con cuanta periodicidad pero la idea es nunca dejar de hacerlo. Un abrazo grandote desde Cali!

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